Pertenece a la Generación del 60, también llamada de la crisis. Por su trayectoria y su obra es un referente cultural de singular relieve y proyección.
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EL GUERRERO
A la memoria de Enrique Ruiz Corbo
¿Dónde fuiste, guerrero, la batalla a librar?
¿Por qué camino oblicuo te allegaste
hasta el borde del continuo agujero?
Si torcido fue el paso que te llevó hasta el pozo
- o túnel o cloaca o senda o madriguera -
también fue sorda tu garganta de Orfeo
sin antorcha ni Eurídice.
Si al abismo se llega de costado
vos entraste de pie
erguida tu estatura
y entera tu osamenta
para alcanzar – con huella firme
y extendida toda la palma de tu mano –
el secreto encendido del silencio.
Nos dejaste el cuerpo y la sombra de tu sombra.
Intactos.
Pero no nos alcanza.
porque a veces me llego a vislumbrarte
en lo alto o debajo de una escalera rota
vos te quedás arriba y
yo me quedo abajo
otras veces extraviado allá abajo
te miro desde arriba
y más nunca se miran
los ojos y los ojos.
Se quebraron peldaños. Se soltó la polea.
CON MARTHA EN FLORENCIA
Comienza a hacer oscuro y es el frío.
Intemperie.
La tarde entra en el sueño
y torna a su pesebre como
cansados caballos camina a su establo
al deslizarse la nocha por el aire.
La noche cubre el aire.
La noche cubre al durmiente y al insomne.
Ella duerme. Yo velo.
Escucho su respirar acompasado
su batalla de amor contra los días
escucho el palpitar jugoso de sus libros
su espada de palabras y sonidos
Los platos de la cena
quedaron apilados
y en ese rincón de la cocina
- como pájaro durmiendo acurrucado –
se escucha un amplio respirar de vida.
Cada tanto nos vemos
En alguna vuelta imprevisible de las horas.
Y estamos más cansados porque estamos más
Viejos.
Quizá también más tristes. Y acaso más serenos.
Esta es la cuota que nos tocó en la vida
con vida y muerte y amor y desamor
y amor de nuevo
.........................y gana
.....................................y esfuerzo
.................................................y la fatiga.
Y volvemos a hablar
yo le cuento y ella me cuenta y yo le digo
de mi hermano muerto
y juntos recordamos
sus ojos tan azules que azulaban los ojos de los
otros.
Le cuento que una mañana en Benares
(Varanassi la llamaban hermosamente los hindúes)
he visto a un perro
cocmerse la oreja de un cadáver
y le cuento que mi hermano tenía ya
en su cuerpo de luz
el tenebroso color de lo podrido
porque toda la muerte es una sola e igual
y es siempre un acto de barbarie
y siempre su sombra va
delante, detrás, o dentro de nosotros.
Le cuento que pienso a veces
en las nubes como pastores blancos
que preparan la mesa roja de la resurrección
y allí estaremos todos sentados y serenos
mirándonos mirar la cabecera
donde nos estará mirando Dios.
EL OFICIANTE
Intenta arrancar las palabras del silencio
a golpe a veces de martillo o punta de punzón
bloque feroz o muro de clausura
otra de cincel estéril labranza de la piedra
extirpa alternada esquirlas de sonido
polvareda aislada de sílabas o letras
ofrendarlas en altares no se sabe
a qué dioses en secreta oración
plegaria minuciosa desplegada
sobre un eco venido de no se sabe
donde lo desprendido sobrevuela
retorna entonces el reino original
se ve aquello que se escucha
se palpa se huele cada voz
se saborea ya no la piel
sí la semilla se aprende a pelar
cada vocablo de su cáscara
como devotamente se pela cada fruta
se desprende la envoltura sedosa del durazno
hasta alcanzar toda la arruga del carozo
una a una regresan las palabras al silencio
cumplido fuera el oficio de los nombres
lo que no se nombró dormita en la antesala
de la ausencia aguarda el oficiante
la clausura del círculo del rito
la sinfonía frutal se calla reposa
resplandece.
Para Enrique Ruiz Corbo
AUTO DE FE
Escucha
mira
..........palpa
el crepitar el humo rojo
abierto
en la alfombra púrpura de brasas
atrévete
atraviesa
..............imprime
tu planta y
............traga
el hilo salobre de tu lágrima
porque ya estás en el umbral del miedo
y entre su remolino te ves entreverado
avanza
estás dentro del fuego
mientras el viento te arroja a sus hogueras
mientras los otros te miran asombrado
los que nunca
.............escucharon
la mano
............desplegarse
en un bosque humedecido de caricias
cuando chispea el carbón de la mandrágora
EL BOSQUE DE LAS COSAS
Nunca están todas las cosas en su sitio.
Ni antes ni después de la tormenta. Siempre
hay un desborde una arruga un pliegue
fuera de lugar. Una vez sola – a veces –
se juntan la aguja del reloj que da la hora
con el eje del minutero y del segundo.
Pero una sola vez. Y no se advierte.
Porque aquel aire que fue primero brisa
luego ventisca o ráfaga de tornado
no vuelve más al aire. Y el ventarrón
arranca la careta feliz de la sonrisa y muestra
la mueca del dolor y el disimulo
la raja de la angustia electrizada
la que se esconde la que no se nombra
la que se calla la que no se escribe
- pudor vergüenza miedo rebeldía –
la que aparece cuando el verso llega
sin llamarlo y pretende oficiar de bálsamo
o consuelo en tanto el escudero que lo blande
no lo quiere ni blando ni manso ni sereno
porque en combate singular será feroz
torrentoso en combatida antemural filoso
como punta de flecha como lanza venablo
daga sable puñal tijera espada
que destripe el torpe remiendo de la máscara
para mostrar al descubierto al descampado
a cara limpia sin afeites ni adorno
la desdentada faz de la intemperie.
Porque nunca vuelven las cosas a su sitio.
Alguna vez – alguna – forman un círculo
el círculo del bosque. Y desafiando
la ley de gravedad un chorro de agua
se eleva se sostiene y canta. Es una fuente
un surtidor oculto una vertiente un río.
O acaso nada más un caño roto.
Aquí
La nombro fuente
Pues necesito soñar el manantial.
El vuelo de la torcaz borda la siesta.
Con hilo delicado
al tejido del bosque va hilvanando
el tiempo y el espacio de las cosas.
Velan su reposo los cirios encendidos
- sin principio ni fin -
en el regazo sosegado de su Gracia.
A Leonardo Garet
y a Selva Casal
HISTORIA
Voy a llorarme lágrimas adentro
voy a llorarme un llanto como un muro
como una lluvia de lágrimas de aguja
una lluvia con filo sin final.
voy a llorarme un llanto
tan largo como un río
tan hondo como el mar
voy a llorarme hasta encontrar
el nudo donde brotan las lágrimas
alegres
para buscarte y descubrirte
detrás de tanto llanto
más limpio más claro más erguido
que la luz entera
y rescatarte de adentro de la Niebla
y arrastrarte a que me cuentes
tu juego huérfano en la calle
de tu casa en el porteño barrio Caballito
cuando al mundo mirabas con asombro
colgado
entre tus dos hermanos
evanescente la sombra de tu padre
y de tu madre el párpado temblando
matrona viuda empobrecida
más viuda más extraña y extranjera
que su desolación.
Voy a pasarte mi mano
por la afiebrada frente
de tus cinco años
con perpleja sorpresa
de ojo abierto y lágrima guardada
con el miedo rotundo entre las piernas
más sólido más firme más seguro
que el ausente juguete que anhelabas.
Voy a pasarte mi caricia
enmohecida y marrón de tanta manchadura
como los perros lamen con su lengua
la pata lastimada y voy a acariciarte
las rodillas tristes y abrigaré
el hueco de tus pies descalzos
cuando clamabas sin eco por tu madre
hundido en el silencio de tu desmemoria
entreverados para siempre la noche con el día
quebrados sin rumbo
la brújula la ruta la huella
tu mirada
Aquí te espero, Padre. Entra despacio
ya no hay prisa. Te enseñaré
el verdadero perfil de cada cosa.
El diario está doblado
y en orden la mesa de escribir.
Están prontos los lápices
para trazar de nuevo nuestra historia.
LA CAMA CON BARROTES
Fue en el tiempo de la humedad
cuando las horas destilan su sudor
en el monumento del sonido más grave
en la hora aquella de la cama infantil
con los barrotes. Para no caerse. Para
no saltar. Para la trampa y para la emboscada.
Para el designio el color y el dibujo
en filigrana de la culpa, cuando
el embrión del pecado asoma
su hocico, entreverado en el mugido
de la baja voz, cuando el hilo del dolor
se trenza con la soga del gozo y derrama
la siesta su aceite de estirpe pasionaria.
cuando la flor del miedo asciende
desplegando su corola nocturna.
cuando refulge en oro la danza
de pistilo y estambre entre
vueltas con giros de nupcias y combates.
(la madre tigra lame sus cachorros,
en tanto el padre, bocado por bocado, los devora)
Lenta, la brisa del Perdón los sobrevuela.
CONTRACANTO
Adelante
Señora de la Ausencia
y la dueña del Vacío,
la Oscura
la que no se nombra
la Descalabrada,
no te quedes allí
en el umbral
de toda la Aventura.
Estás en el vestíbulo
del arduo jardín que se avizora
de pie
en la antesala
del último edén con que se sueña.
Tan triste siempre
como un mar sin agua
como aguja de Sombra
o flecha de silencio
Clavada en la vena de luz de las palabras,
allí, en la bruma entreverada, atisbando
detrás de la muralla de los hielos.
Eterna enemiga del amanecer.
Recoge
tu huella de la arena
dale forma de pie y sóplale
el aire del camino y de la marcha.
Atraviesa
los círculos del fuego
asómate
de lleno a los calderos
donde se cuecen las células del oro
y al jugo del durazno empapa
la entrepierna sangrante del verano.
Escucha.
Es el ruido del mar.
Es su mirada.
Porque el ojo del mar
no tiene
párpado pupila ni pestaña.
La mirada del mar nunca termina.
Tú y yo. Los dos. Únicos.
Amigos y enemigos. habitantes
somos de este espacio, uno
adentro, otro afuera
de todos los espejos.
Los cuatro ángulos rectos de la Cruz
nos delimitan el perímetro. Cada uno
ocupa la mitad exacta de su círculo.
Porque sombra y claridad allí se entienden
en un feliz acuerdo de balanza.
Y está bien.
Lo de arriba no baja.
Lo de abajo no sube.
Es rígida y precisa la frontera.
Respetamos el pacto. Y convivimos.
Intacta está la hoja de ruta ya trazada
en este desierto donde el viento borra
todo lo escrito sobre el médano.
Apenas se derrumba vuelve la duna
a contornear su esfera
y escribimos nuestra cifra allí, aunque
se borre.
Las sílabas del Aire
Se agrupan crecen y se expanden.
En lo alto del álamo perfecto
Vuelve a brillar
El blanco sonido de la Misericordia.