Artes Plásticas

REFLEXIÓN QUIRÚRGICA
SOBRE UN CUERPO DE BALLET *
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(Observaciones críticas sobre una secuencia de telas al óleo de RAMIRO LACAYO DESHÓN,
expuestas en Galería Códice, en Managua, durante julio y agosto de 2009)
Por
Donaldo Altamirano

Ramiro Lacayo Deshón

La presente exposición de Ramiro Lacayo Deshon ha sido concebida y se propone como un paso adelante, como un despliegue progresivo con relación a su anterior muestra individual (Galería Códice, octubre de 2007).

En tal sentido, debemos destacar algunos hechos sustanciales: En primer lugar, la visión holística del artista sobre su trabajo y sobre el universo cultural que afecta y condiciona su obra. Esta muestra representa dos años de intenso trabajo creativo y de aún más intensa reflexión y sana autocrítica. Ramiro concibe su obra con mentalidad de conjunto, como una argumentación concatenada, como un discurso continuo, a lo largo del cual se podrán advertir etapas, fases, segmentos sucesivos, pero igualmente deberá notarse una columna vertebral estilística, un esqueleto conceptual  persistente, que dota de sentido a la existencia del conjunto, considerado como reunión de los elementos de un proceso. Esta muestra actual constituye pues el eslabón más desarrollado de una deliberada cadena evolutiva.

En segundo lugar, subrayemos el énfasis puesto en crear y desarrollar un lenguaje gestual, un lenguaje que tiende a quemar etapas y saltar por encima de las barreras de los lenguajes verbales. En algunos momentos prevalece una lógica caligráfica, pero el proceso puede ser también sujeto de interpretación coreográfica. De tal manera, que este grupo de obras conformarán un Cuerpo de Baile (“Corps de Ballet”*). Expresiones para ser leídas por la memoria autónoma de nuestro cuerpo, un lenguaje que más que leído debiera ser gozado físicamente, como un complejo de sensaciones motoras placenteras, que apelan a la sutileza de nuestro tacto carnal, para ser disfrutado no solamente por bailarines profesionales, sino por cualquier persona que hubiera experimentado alguna vez el gozo de la danza, como una experiencia mística, de comunicación entre lo terrestre y lo estelar.

Materia primigenia.

La figura humana es la materia primigenia. Avanzando gradualmente hacia conceptos de mayor abstracción, hasta ser reducida a los puros valores estructurales, donde no son casuales las derivaciones o referencias escultóricas. Valores rítmicos vitales, el cuerpo gozoso representado por el dinamismo de su capacidad de movimiento, y ese movimiento reducido a una expresión gráfica, sintetizada y escueta, como una secuencia de ideogramas orientales. Construcción de una armonía arquitectónica, donde se funden los poderes expresivos de la danza y la música dionisíaca (a veces inaudible) que lo alienta y lo sustenta.

Estas obras nos exigen una doble lectura complementaria, fructífera y rica en sugerencias en ambas modalidades. Tanto desde lejos como desde cerca. Desde lejos advertiremos totales insinuados, aunque nunca definidos por completo, fusiones de masas coloridas, tonalidades híbridas, fugas y contrapuntos tonales, abundantes chorros de luz. El colorido se nos impondrá masivo, se acentuarán los esqueletos primordiales de trazos negros, cubiertos poco a poco por gamas contrastantes de tonos apastelados, notando siempre cierto predominio de los tonos que evocan la carne, la piel humana, la celeste carne de mujer que cantara Rubén Darío.

Desde cerca, imantados por una aproximación fascinada, atraídos por una aceptación del desafío que las pinturas le proponen a nuestro tacto, advertiremos la muchedumbre de accidentes del empaste, la vibración minuciosa, el fervor de multitud que agita una miríada de trazos convergentes, descifraremos detalles en la mezcla libre, en la ars combinatoria, en los juegos de azar que sustentan el contracampo de la composición intencional. Sentiremos en carne viva la hondura de algunos tajos, la agilidad muscular de los espatulazos, la fuerza orgánica desplegada por los trazos gestuales.  

Afinidades electivas.

Un artista es un punto de convergencias, que son con frecuencia insólitas, milagrosas a veces. En la obra de Lacayo Deshon encontraremos, por una parte: Estelas y homenajes. Referencias tácitas o expresas a la iconografía maya, a nuestros petroglifos chorotegas. Producto de una fascinación arcaica por nuestro pasado prehispánico, confirmada y reafirmada por un reciente viaje a Tikal. Estelas borradas o borrosas, signos de signos, señales peregrinas en el tiempo, que evocan y preservan de manera sigilosa las nuevas señales de este artista, lanzadas hacia otras miradas futuras que todavía ignoramos.

Por otra parte: Encontraremos afinidad, simpatía, cariño, una animada predisposición cordial hacia los neoexpresionistas: Anselm Kiefer, Georg Baselitz, Francisco Clemente, Julian Schnabel, A. R. Penck.

Actitudes afectuosas hacia (y técnicas compartidas con) algunos expresionistas abstractos, en particular Wilem De Kooning, pero con una carga humorística más amena, más simpática, menos agresiva, de mucho menos crueldad.

Y por supuesto, evocaciones de, o referencias a, la ironía y el humor negro de los expresionistas clásicos: Ludwig Kirchner, Georg Gross, Max Beckman, Emil Nolde, James Ensor, Edvard Munch.

Otra necesaria doble lectura, que en la medida de lo posible debiera ser simultánea, es la lectura de referencias constantes, de elementos de enlace con otras fases anteriores en el trabajo de este artista. Ejemplo de ello: “Figuras con bicicleta”, un óleo de tres o cuatro años atrás, menos luminoso, más oscuro, menos espontáneo. O “Mujer sentada”, un tanto más reciente, donde encontraremos una alusión o descripción anatómica más literal, más fiel a las leyes de articulación de los modelos. Además de recursos técnicos tales como la utilización de polvo de ladrillo, más otras materias y texturas aplicadas. Las que posteriormente fueron desechadas, abandonadas en aras de una pintura más desnuda de accesorios. Hasta restringirse al pigmento puro, en total goce de sus capacidades plásticas.

Finalmente, durante una visita reciente al estudio de Ramiro, hemos tenido ocasión de ver una secuencia de estelas rectangulares, bloques escultóricos bañados por un lujurioso y luminoso colorido, como si hubieran sido “cagados por el ave del paraíso”, como dijera Carlos Martínez Rivas de la paleta del pintor español Pancho Cossío. Son los  elementos iniciales de una serie futura. “A ver hasta donde llego por ahí”, nos dice el artista, como quien deja de pensar unos instantes en el terreno conquistado, para concentrarse y disponerse a partir hacia nuevas exploraciones, hacia nuevas aventuras, hacia nuevos territorios.

Desierto Municipal deManagua,
21 de julio de 2009


“CORPS DE BALLET”: En español: “Cuerpo de Baile. El cuerpo coreográfico, o sea el conjunto de bailarines y bailarinas de un teatro” (Diccionario de la Real Academia Española, XXa edición, tomo uno, página 412).


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