Crítica

EL LEGADO MUSICAL DE CARLOS MEJÍA GODOY
por Carlos Mántica A.

La catalogación y clasificación de la obra musical de Carlos Mejía Godoy, es una labor que podría resultar tan vasta como la propia obra, habida cuenta de que el cantautor nicaragüense ha transitado del rescate folklórico a la música de protesta, de la crónica urbana a la revaloración de las expresiones rurales, todo con singular acierto. Más allá del testimonio de amistad o del homenaje al músico, Carlos Mántica en este texto lanza una invitación, que es también una incitación, para acometer la empresa de “inventariar” la obra del autor de Quincho Barrilete y María de los Guardias.

Carlos Mántica

Al levantar un “inventario” del legado musical de Carlos Mejía Godoy se corre el peligro de olvidar que no se trata de una lista o de una ristra de canciones sino de composiciones que durante varias décadas cautivaron al público de varios países, muchas de ellas verdaderas filigranas de versificación, de auténticos poemas; o de  proyectos que necesitaron serio estudio y una gran disciplina de trabajo.
Conocí a Carlos en casa de Erwin Kruger donde nos cantó composiciones que obligaron al autor de Barrio de Pescadores a “parar la oreja” y prestar atención a aquel chavalo de sólo 21 años que, con carita de “yo no fui”, llegaba a apantallarnos. Corría el año 1964. Cuarenta y tantos años de amistad con Carlos me acreditan al menos como testigo de una trayectoria artística que tuve el privilegio de seguir “al vivo y en directo”.
Metido a publicista y artista radial empezó a trabajar para la Publicidad Centroamericana de Carlos Cuadra y de Gonzalo Cardenal quienes me pidieron patrocinar su programa “Corporito” en el que Carlos estrenaba diariamente parodias musicales de corte político que le ganaron de inmediato la simpatía del pueblo y la antipatía del Coronel Luna quien, a causa suya, multó no pocas veces a Radio Corporación. A las 6 de la tarde se trasmitía El Son Nuestro de Cada Día donde Carlos estrenaba sus nuevas composiciones. Como todavía le sobraba música, componía melodías como La Quebradita, y Cenizas que antes de tener letra, nacieron como “puentes” para el programa de Pancho Madrigal. Durante este tiempo Carlos es su propio y único intérprete.
Desde sus parodias y primeras canciones Carlos se destaca ya como un gran versificador. Su metro es impecable y su rima, casi siempre asonante, fluye con tal naturalidad que cuesta discernir si es fruto de una cuidadosa preparación o de una admirable riqueza de lenguaje que le permite improvisar. Incansable lector y con estudios de bachillerato, de Teología, de Leyes y de Periodismo, combina en sus canciones un lenguaje culto y con frecuencia poético con un espontáneo y nunca rebuscado uso del habla nicaragüense, que es su habitual y auténtico modo de hablar, mamado en su niñez somoteña y enriquecido en el contacto con centenares de personas de todos los rincones y estratos del país. Sus nombres y apodos se consignan en muchas de sus canciones como una bibliografía viviente.
A principios del 2009 Carlos Mántica A. y Sergio Ramírez Mercado lo propondrán como miembro honorario de la Academia Nicaragüense de la Lengua y es aceptado por unanimidad de sus miembros. Muchas de sus canciones son auténticos poemas que merecerían un lugar destacado en las antologías de la poesía nicaragüense.


De sus primeras canciones conocemos -de nombre solamente- las siguientes: Las Arepitas , Ariana, Nena, Cuando Cae la Brisa, Violento Verano. Nostalgia, Cuando Viajamos Juntos, Estamos Solos, y Despierta América. La canción que lo lanzará a la fama será su Alforja Campesina que fue primero un poema de adolescencia escrito durante sus estudios de secundaria en “mil novecientos calzón chingo.”
Pronto se manifiesta en Carlos una peculiaridad que deseo destacar. Si a Erwin Kruger se le ha llamado alguna vez nuestro gran paisajista, Carlos es nuestro mejor retratista, con el carisma de poder dibujar un personaje y narrar su historia con cuatro pinceladas. Baste recordar: Abuelita, Chas Mejía, Beatriz la Meretriz, Chinto Jiñocuago, Clodomiro el Ñajo, Firuliche, Juancito Tiradora, Julián el Organillero, La Pingüina, La Tula Cuecho, Lencho Escaliche, María de los Guardias (que escribió de un tirón mientras viajaba en un autobús), Panchito Escombros, Tata Bucho, y Terencio Acahualinca de su racha post-terremoto y  Quincho Barrilete que ganará el primer premio en un Festival de la O.T.I.  Son las preferidas del público porque tienen melodías pegajosas, son fáciles de interpretar y de conservar en la memoria y porque, como tantas más de su cosecha, llevan siempre una dosis de picardía. Pero a diferencia de quienes buscan la picardía abusando de la vulgaridad de nuestro hablar nicaragüense, no encontraremos en las canciones de Carlos una sola palabra soez.
Igual talento muestra para las narraciones en las que una vez más resaltan su gran talento gráfico y sus cualidades de versificador. Recordemos:
Ticuantepe sin Vos; La Honra de la Juana, (basada en un cuento de Salarrué), La Carmen Aseada (en una historia que le “palabreó” Carlos Cuadra), Las Pipilachas de Oro (Marcela Muchacha Paladina, del Poeta Pablo Antonio), suscorridos a Rafaela Herrera y a La Batalla de San Jacinto; Cuando La Marucha llegó al Cielo y La Viejecita de Mozambique basada en una experiencia de la vida real, y escrita de un tirón minutos después de escucharla de boca de Don Victoriano Arizti, y que jamás necesitó pulir.
A su pasmosa fecundidad se suma una versatilidad no superada por ninguno de nuestros compositores. Tiene en su haber: Innumerables Son Nicas, boleros como Estás Enamorada y Por Culpa de la Cigüeña, huapangos como Estelí, baladas como la Jalalela del Esclavo Bueno (musicalización de un poema de PAC), polkas como La Flaquita de la Tunosa, corridos como Que Viva Managua, pasillos como Alforja Campesina, rancheras como su Leona de Tiempo Completo dedicada a su madre, habaneras como El Almendro de Onde La Tere, mazurcas como Cuando Yo La Vide, y María Estelí; sones de pascua como Un Gajo de Chilincocos, sones de toros como sus Bombas a Mingo, instrumentales como El Remolino, corales como Moropotente, varias marchas al Frente Sandinista, tangos como Le Postdate; un swing: El Tatuado; un vallenato: Chuchú Martínez Murió, un calipso: Desde la Loma de Bluefields, sambas como Luna de Palo, bossa novas como Un Bossa Nova Para Tí, uncha-cha-cha: Minifalda Papacito de la década de los 60s, un rock lento: Tierna Luna; Vamonós pa’ la Cuesta que suponemos un mambo pues lo interpretó Perez Prado en Nicaragua... y otros ritmos que escapan a mis escuálidos conocimientos musicales.
Experimentando siempre con ritmos y estructuras musicales tomó hace muchos años la estructura de Flor de mi Colina de Camilo Zapata y la usó en Panchito Escombros. Ni la melodía ni la letra tienen ningún parecido, pero sí una misma estructura musical. Siempre “travesiando” prepara ahora un “Homenaje a Agustín Lara” que lleva las siguientes canciones: Noche de Luna, con la estructura de Noche de Ronda, El Amor Llegará, con la estructura de Solamente Una vez, y El Farol de la Esquina con la estructura de Farolito.
No puedo dejar de señalar que a diferencia de la mayoría de nuestros mejores compositores que empezaron a crear para enamorar a alguna chavala, no se le conocen muchas canciones románticas. Sin duda las tiene, pero son un secreto celosamente guardado, que no sabemos si lamentar o aplaudir. Conozco las siguientes que le hemos escuchado en la intimidad: Nena; Intermezzo del Bosque (o Niña de Ojos Claros) Noche de Luna (O Noche Bohemia), Palomita, y Beso con Alas.
Durante la década de los 70, Carlos se adentra en la Canción Protesta, que antecede a su identificación con la Revolución Sandinista. De ese período recordamos:
Algún Día mi Amor, inspirado en un poema de Edwin Castro, Chile, Chile Hermano, Cuando Venga la Paz (Co autor Allan Bolt), Cuando Todos los Seres se Amen, De las Cenizas, Desde Siuna con Amor, El Salvador en la Víspera de su Alborada, El Cristo de Palacagüina. La Vende Raspados (Hasta Cuando); La Tumba del Guerrillero y Las Campesinas del Cuá inspiradas en poemas de Ernesto Cardenal; Fulgencio el Carretero, Labra Carpintero, Los Entierritos, Los Pescaditos del Lago, Mulukukú, Navidad en Libertad, Niña del Vietnam, No Puedo Callar, Pinocho Pinochet, Rompe el Arado, Rompe; Señor Juez de Mesta, Sos Obsoleto, Tasba Pri, y Vivirás Monimbó. Poco a poco trasladará su canto a las calles y plazas de Managua y de todo el país.
Durante quince años, un grupo constituido por Los Bisturices Armónicos, (Dres. César A. Ramírez Fajardo, César Zepeda Monterrey y Wilfredo Álvarez), Carlos Mántica y Erwin Krüger, metidos a folkloristas, (que en 1970 montaron en la Feria Ganadera de Managua el Primer Festival Folklórico Nicaragüense), Salvador Cardenal Arguello, y su hijo Lorenzo (Chocoyo) Cardenal, José Floripe Fajardo, compositor; poetas: Pablo Antonio Cuadra y Luis Rocha; médicos: Fernando Silva, César Amador Kuhl, Luis Favilli, José Fabio Góngora, Paulino Castellón, y Juan Ignacio Gutierrez, se reúne religiosamente todos los Jueves por la noche.
Ahí, entre tastases y zocorocos, se estrena una canción, un nuevo poema; se comparten las piezas recogidas, se invita a los mejores intérpretes que hemos ido descubriendo en cada localidad, se hacen grabaciones que alguna vez se ponen en disco y se cocina alguna versión exótica de nuestra carne de monte: venado, cusuco, guatuza, guarda tinaja, pato, conejo... y hasta algún cuchusapo.
Carlos Mejía Godoy se incorpora al grupo desde muy temprano. Ya había iniciado el Taller de Sonido Popular y en la década de los ochentas se convertirá, junto con Wilmor López en el principal recolector del canto nicaragüense. A ellos debemos la “Brigada de Salvación del Canto Nicaragüense” que recorriera lo largo y ancho del país en busca de la canción perdida. De 1973 a la fecha ha grabado 37 discos en Nicaragua e ignoramos cuantos más en el extranjero.
Frutos de ese largo trabajo de recolección serán además: Dos Long Plays de los Bisturices Harmónicos, el libro Cantares Nicaragüenses, Picardía e Ingenio, publicado en 1995 por el Dr. César A. Ramírez Fajardo y este servidor en el que se recoge la letra de cerca de trescientas canciones, coplas y “bombas” de nuestro folklore, y dos C.D.s musicales, que llevan el mismo nombre, producidos en el 2009 por la firma Mántica-Waid.
Durante ese tiempo Carlos pone letra a sones folklóricos como: Comadre Téngame al Niño que escuchó a Mundo Sandoval, y Flor de Pino que le escuchó en violines de talalate a los “Soñadores de Saraguasca”; a sones de Pascua como La Viejade Alejandro Vega Matus que titula La Chepa Calero; al Tema de William y en su Misa Campesina pondrá letra a la Moralimpia de Justo Santos y a varias piezas de nuestro folklore.
En una de esas “guitarreadas” semanales conoce al Padre Victoriano Arizti, el trotamundo Vasco de su Viejecita de Mozambique, quien lo induce a viajar a España, ofreciéndole introducirlo en ciertos medios musicales. El 31 de enero de 1974 y con temperaturas cercanas al punto de congelación, aterrizan Carlos y los primeros “Palacagüinas” en el Aeropuerto de Barajas vistiendo cotonas, blue jeans y caites. Ahí los espera Don Victoriano quien cumple con lo prometido y pasadas las primeras dificultades logran un triunfo rotundo con 125 conciertos de gala en toda España auspiciados por la C.B.S.

Llevan en su morral Son Tus Perjúmenes Mujer, recogida en Cosigüina por los Bisturices Armónicos y que le dará la vuelta al mundo, El Cristo de Palacaguina que le grabó Elsa Baeza, María de los Guardias que le cantó La Massiel y la grabación hecha en Nicaragua de La Misa Campesina que se había venido incubando a lo largo de varios años, con su Canto de Entrada, Kirie, Ofertorio, El Credo, El Gloria, Canto de la Comunión, y el Canto de Despedida, a la que  ha agregado el precioso Canto de los Pájaros de Pablo Téllez, “El Guadalupano”. En su Misa recoge todos los ritmos de nuestro folklore, a excepción de la polka Segoviana.
Su re-grabación en España, con arreglos de C. Hewson, arreglista de los Beatles y la participación de la London Orchestra le merecerá un disco de oro en 1979 y ha sido posteriormente traducida al Sueco, al Francés, al Noruego, al Danés, al Finlandés, al Inglés y al Alemán con incontables ediciones.
A la Misa de la Alegría de autores de diversas partes del mundo contribuirá en el 2008 con su Oración de la Mesa.
En España nacerán: Girasol de Andalucía, La Niña de los Ojos de Avellana, La Viejecita de Mozambique, Julián el Organillero, Palabra de Piedra, su segunda versión de El Tatuado, Mi Barrilete de Colores, La Servilleta, y Muchacha Mía.
La música nicaragüense había cruzado “el charco” y llegará a muchas partes del mundo.
A su labor de divulgación debemos agregar la musicalización de un amplio poemario. En 1973 invité a nuestro inolvidable Pablo Antonio a inaugurar el auditorio de Culturama con una conferencia sobre Los Cantos de Cifar y a Carlos con la musicalización de varios de sus poemas. Treinta años más tarde culminaría con su apoteósica presentación en el Teatro Nacional Rubén Darío. Su obra incluía ahora: Una Obertura, La Barcarola, Nacimiento de Cifar, Las Bodas de Cifar, El Pirata (Inconcluso), El Maestro de Tarca, La Desgracia (Cifar en la Cárcel), Piolín, La Noche es una Mujer Desconocida, Telón Rodríguez Vaquero de Apompoá, A Eufemia, La Cadejo (La Rufiana), Tomasito el Cuque, Marcela Muchacha Paladina y Jalalela del Esclavo Bueno.
Pero los poemas de PAC fueron sólo los primeros en musicalizarse. Les seguirían: De Joaquín Pasos: Las Bodas del Carpintero; De Luis Rocha: La Mesa y Domus Aurea; De Julio Cortázar: Noticia para Viajeros; De José Coronel: Las Poponé, Luna de Palo, San Carlos, e Idilio en 3 Endechas; De Carlos Martinez Rivas: El Paraíso Recobrado; De Julio Valle: Ronda Tribal; Guillermo Rothchuth Tablada: El Pájaro Muerto (Ars Poética); De Ernesto Cardenal, Oración por Marilyn Monroe; De Octavio Robleto: La Mula y el Buey; De José Cuadra Vega: Josecito y su Dña Julia.; De Rubén Darío: Oda a Roosevelt; De Bruno Mongalo, poeta callejero, Me Decís que soy Errante Gorrión Y a No me Mueve mi Dios para Quererte, soneto antiguo atribuido a Santa Teresa y a otros autores.
También pondrá música a lo que tituló Las Vaquitas de Don Nelo, una canción anónima que el Padre Azaharías H. Pallais escuchó una vez en Poneloya y cuya letra recitó a Don Nelo Bravo. O escribirá simpáticas parodias de canciones como Yesterday, que titula Yestergüey. 
En 1992 y con motivo del Centenario del Colegio de la Asunción de León compone una Cantata casi desconocida y de no pocos méritos que no puedo dejar fuera de este inventario, pues es también testimonio de su fecundidad y versatilidad. Consta de 13 partes: Obertura, La Vida de Ma Eugenia, Nueve hermanas, Ave María Auxiliadora, El Mundo no es..., Un Estremecimiento, Quién es la Asunción, Llegada a León, Tedeum, La Tiniebla y la Luz, Final de Fiesta, e Himno del Centenario.
Y así llegamos a la labor de Carlos como militante del Frente Sandinista.
Hace tiempo aprendí que las cosas deben ser juzgadas en su momento histórico. La Revolución Sandinista fue una revolución soñada e idealizada por muchos miles de nicaragüenses, que estuvieron incluso dispuestos a dar la vida por aquel sueño. Pero ninguna revolución de la historia ha soportado la carga de frustración o desengaño que el paso y el peso del tiempo les impusieron.
Muchas de las canciones de Carlos son anteriores al triunfo de la revolución y lo que hacen es compartir un sueño. Cantar su propia revolución idealizada. (Las revoluciones son a veces inventadas por los poetas.) Y Carlos canta a unos ideales y no a una ideología.
Su Nicaragua nicaragüita, se seguirá cantando mientras existan soñadores de una Nicaragua mejor. Y Carlos sigue soñando: Yo Quiero Una Nicaragua Linda, Nicaragua es un Chischil, Yo te Amo Nicaragua, Vamos Nicaragua, Soy Nicaragüense, Güegüence, Quien es esa Muchacha, Mi Patria Bendita...
Gran parte de su Canto Épico al Frente Sandinista está dirigido más bien a la persona y a la gesta del General Augusto César Sandino, el hombre-símbolo apropiado y expropiado por El Frente, a cuyo nacimiento asisten los Arboles: La Ceiba, El Malinche, El Chilamate, El Jocote, El Espavel, El Granadillo, El Genízaro, y El Jícaro. Somos los Libertadores, Es Sandino que Vive, Moropotente (Qué es Aquella Luz) y Un Nica de Niquinohomo.
Canta también la gesta heroica de los muertos en combate, muchos de ellos amigos suyos: A Leonel Rugama, Gaspar García Laviana, Camilo Ortega,  Arlen Siu (El Zenzontle pregunta por Arlen), a laanónima Muchacha del Frente Sandinista, a Casimiro Sotelo, a Julio Buitrago, a Luisa Amanda Espinoza, al Comandante Marcos, a Pablo Úbeda, al Comandante Carlos Fonseca y a las gestas de Raití, Bocay y Pancasán.
Pero son relativamente pocas las canciones dedicadas al Frente como organización o partido y ninguna dedicada a sus líderes sobrevivientes.
     De sus canciones al F.S.L.N. recuerdo solamente: El Nacimiento (Como un Chilotito Tierno), La Consigna, Aquí no se Rinde Nadie (El Ave Canta Aunque la Rama Cruja), No Pasarán (Coautora Gioconda Belli), En el Mero Corazón de las Segovias, El Rapto, Himno del Frente Sandinista, 19 de Julio, el Himno de la Unidad Sandinista y su Himno a la Alfabetización.
No voy a dejar fuera de inventario algunas canciones del disco “Guitarra Armada” que casi todos preferimos olvidar: El Garand, Qué es el Fal, Las Municiones, Carabina M1, Los Explosivos, Memorandum Militar 1-79, Nicaragua es una 50 (Coautor Tomás Borge)
A quienes creen que sin duda cubrí ya la totalidad de su producción musical les agrego esta otra retahíla de canciones:
A Rosendo Alvarez, Al Chocolatito, Al Quiebra Jícara, Al San Fernando le Zumba el Mambo, Viva el Boer, A Rigoberto López Pérez, Cuando Camilo llegó a Nejapa; Tengo Siete Chavalos, Dos Hermanitos Guardabarranco (Boyoy y Kathya Cardenal) A Masaya (El Caballito de Palo), Somos Quetzalnahuatl, Somoteña, Antojitos Nicaragüenses, Machalá, Batiendo Pinol, Chigüincita Campesina, Tu Lunar, La Flaquita de La Tunosa, Atenéte al Santo, El Alcaraván, Entre los Escombros cuya paternidad no quiso reconocer juzgándola cursi, En Esta Navidad, La Guitarra y la Mujer, Dña Esdrújula, La Herencia, Las Abejitas que cantó una sola vez en mi casa y luego perdió la letra, cosa que acontece con frecuencia; Madre Nicaragüense, Soy Un Ciego, Súbete, Una Señora de Telpaneca, Los Orincitos del Niño, Fermín el Grillito Moclín (todavía inconclusa), Amor Chimirringo, Ángel de los Niños (Al P. Ángel Torellas), Abadía de la Paz (Abby Peace), La Suegra, (Carne Asada), Don Tránsito,Tu Lunar, A Radio Mujeres en su Primavera, Tinajita Sudada, La Tiburona y Estoy Como Cucaracha en Visagra.
Hay canciones que sólo canta en la intimidad: Sus canciones juveniles, como La Pingüinay Cuando cae la Brisa. Las familiares, como Mamá; Ese Chigüincito y Cuando Tú llegues, dedicadas a sus hijos. O a los amigos: Al Clarinero Mayor (Camilo Zapata), A Mundo Sandoval, a Felipe Urrutia, a Heriberto Gadea, A Chale Mántica, Hermano Flavio Galo, A Tolentino (Hijo del Dr. Edmundo Jarquín), La Angelito (a una hijita de Eduardo Araica), a Chagüitillo, a Pancho Madrigal (dedicada a Fabio Gadea Mantilla) y a Herty Lewites: Porque lo Quiere la Gente, Herty será Presidente.
Y otras que no canta nunca, como sus “jingles institucionales”, a pesar de que algunos, como Vení para Acá Juanita que compuso para la industria azucarera y Vamos a Tomar las Cosas a Pecho, para promover la lactancia materna, son legítimas canciones que más de uno envidiarían para su repertorio.
Pero la lista no está completa todavía. En los últimos meses le hemos escuchado: El Águila, Pajarito Azul (dedicada a Los Pipitos), Xochitl Acatl (dedicada a su futura esposa “suya de él”), Mi Burrito Somoteño, El Chiripazo cuya letra perdió durante 25 años, Los Nicas de San Pancho dedicada a los que viven en California y Mi Patria Bendita, a los nicas en Costa Rica. Canción de Cuna para Rubén Darío, Había una Niña, Cuando se nos sale la Cotona, Tata Cura, San Isidro Labrador y San José de los Remates, Soy de Salamací, De Ticuantepe a La Concha, y Todos Contra Ortega.
El 10 de septiembre 2009, Carlos presenta en el Teatro Nacional Rubén Darío  su “Mural Sonoro a los Héroes de la Patria”, un laborioso trabajo didáctico dirigido al estudiantado nicaragüense, con abundantes gráficas y escrito casi totalmente en verso, con los siguientes temas musicales: Obertura Instrumental, Vamos a Contar la Historia, 1821, El Chachachá de los Esclavos, Morazán (o Centro América Amor, Cleto Ordoñez, su viejo Corrido a Rafaela Herrera, Cornelius Vanderbilt, Por los Caminos van los Campesinos (Musicalización del poema de P.A.C.) William Walker, Charles Friederick (o La Quema de Granada), Juan Santamaría, Todos Contra Walker, La Batalla de San Jacinto, Querido Tata Lolo (A José Dolores Estrada), La Piedra de Andrés y un Himno a los Héroes de Septiembre, todo ello en una lucha contra el tiempo.
Además de compositor, recolector de nuestro folklore y un “show man” de simpatía desbordante, Carlos es también promotor de una nueva generación. En un ambiente en que no faltan rivalidades y celos, Carlos no sólo exalta a sus predecesores: Erwin Kruger, Camilo Zapata, Tino López Guerra, Justo Santos, Gastón Pérez, Victor M. Leiva etc. sino que abre diariamente El Son Nuestro de Cada Día a toda una nueva generación de compositores e intérpretes contribuyendo así al descubrimiento y promoción de nuevos valores. Sus nombres llenarían varias páginas.
Carlos encuentra su inspiración en todas partes: en un poema, en un personaje, en una anécdota, en una gesta, en un chiste, en una mujer, en un amor... en un paisaje. Cierro esta presentación con un incidente que no puedo dejar pasar. Si a Erwin Kruger nuestro paisaje le inspiró la letra de sus canciones, a Carlos el paisaje le da incluso la música y por escrito.Sentado a mi lado en nuestra “guitarreada” semanal, “desenguaraca” de su voluminoso maletín un dibujo que encaramado en un montículo del camino, ha “garrapateado” a lápiz. “Es el perfil- me explica- de unas montañas de Las Segovias”. Se acomoda entonces su acordeón y nos toca una hermosa melodía. ¡Está leyendo aquel perfil como un pentagrama! ¡La música que Dios mismo puso y escribió en el corazón de nuestra tierra! Mi único comentario fue: ¡Así cualquiera es compositor!

He llegado al final de mi testimonio sobre la obra musical de Carlos, portavoz de un pasado que se niega a pasar, soñador de un futuro que tarda todavía en llegar... y un puente transgeneracional entre ambos mundos. En mi inventario, todavía inconcluso e incompleto, he nombrado por su nombre, santo y seña casi 300 canciones que lo colocan como el más prolífico y versátil de nuestros compositores. Pero falta caña que moler y estoy seguro que Carlos nos continuará sorprendiendo muchos años más. Seguiremos informando.


Carlos Mántica Abaunza (León, 1935). Recibió el Doctorado Honoris Causa del Ave María University; además, la Orden Rubén Darío en el grado de Gran Cruz. Es Miembro Correspondiente de la Real Academia Española y miembro de la Asociación de Escritores y Artistas Americanos. Ha publicado, entre otros, los siguientes libros: “El Habla Nicaragüense”; “Cantares nicaragüenses”; “El refranero nicaragüense”; “Pura jodarria”; “Introducción al habla nicaragüense”; “Lo que yo no sabía, teología de un empresario”;“El Cuecuence, Obra Maestra de la Picaresca Indoamericana”; “Vuelva Güegüence” y  “El Güegüence, un desconocido”.

 
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