Stieg Larsson
Los hombres que no amaban a las mujeres
(Millennium 1)
Trad. de Martin Lexell y Juan José Ortega Román
Ediciones Destino, 2010 (7ª reimpresión)
Primera edición en sueco: 2005
Por Ulises Juárez Polanco
Es comprensible desconfiar siempre que un título invade vertiginosamente y alcanza grado de fenómeno editorial en pocos meses, y más aún si viene de un autor desconocido que parece haber tomado provecho del género negro. Si aceptamos lo anterior, una trilogía como Millennium bien haría levantar la ceja al más perspicaz lector hasta que ésta se saliera de su rostro. Bastará, sin embargo, leer el primer volumen de la saga para botar los prejuicios y encarar una propuesta narrativa atractiva que no sólo entretiene, sino que además nos convoca a hacernos cómplices de las aventuras de Mikael Blomkvist.
Todo inicia cuando Henrik Vanger recibe anónimamente una flor extraña para el aniversario de la desaparición de su sobrina Harriet, rito que se ha repetido durante más de tres décadas. En otro lugar del país, Mikael Blomkvist, reportero y editor-jefe de la revista Millennium, es encontrado culpable de haber difamado a un poderoso empresario, por lo que decide retirarse mientras la tormenta se disipa. La peor traición, cree, es la que nace de uno mismo.
Dos historias distantes se encuentran cuando el atormentado Vanger recurre a Blomkvist para que éste revise la investigación alrededor de Harriet y encuentre qué sucedió con la vida de la niña de sus ojos hace treinta y seis años. «Quiero que averigües qué miembro de mi familia asesinó a Harriet Vanger y, desde entonces, se ha dedicado durante casi cuarenta años a intentar volverme loco», le confiesa Henrik y, a cambio, le ofrece a Mikael una paga exorbitante y entregarle en bandeja de plata al empresario que acaba de poner en peligro su credibilidad periodística y el futuro de la revista que él ayudó a construir. «Resuelve el caso y convertirás tu derrota en los juzgados en el reportaje del año».
Con estas premisas tradicionales del mundo negro Stieg Larsson construye un primer volumen lleno de aventuras, pistas falsas, rompecabezas y misterios que agradará a los amantes y no tan amantes del género. Es una narrativa sagaz, que no busca llevar el lenguaje como tal a sus límites, pero sí formular un juego de detectives con las características del clásico juego de mesa Clue: la desaparición de Harriet ocurre en la mansión familiar, construida en una isla cuyo puente se encuentra atrancado ese día por un accidente automovilístico. Todo ha sucedido en esa isla, a donde Mikael se traslada a vivir por un año con tal de desentrañar la verdad, ayudado eventualmente por un personaje fundamental en la trilogía Millennium: Lisbeth Salander, joven investigadora y hacker, amante del piercing y los tatuajes.
Adquiera este título en Tienda de Libros “Literato”, ubicada en Colonial Los Robles de Managua, Nicaragua. De Shell Plaza El Sol, 4 1/2 cuadras al sur. Teléfono (505) 2252-4347. Sitio web: www.literato.com.ni
Herta Müller
El hombre es un gran faisán en el mundo
Traducción del alemán de Juan José Solar
Ediciones Siruela
España, 2009
Por Francisco Ruiz Udiel
Windisch, el personaje principal de la novela, dice en voz alta: «El hombre es un gran faisán en el mundo». Esta metáfora, de donde proviene el título de la obra escrita por Herta Müller, Premio Nobel de Literatura 2009, sólo se explica porque el faisán es un ave que, aunque puede volar, permanece en el suelo la mayor parte del tiempo. Un ave fracasada y perdedora, podría decirse. ¿Por qué Müller traslada estas propiedades al ser humano?
La novela fue escrita en 2007, dieciocho años después de la caída del régimen comunista de Nicolae Ceauşescu, en Rumania, donde creció la autora como minoría alemana, posterior a la II Guerra Mundial.
Tras los abusos de poder de la policía secreta del régimen comunista en aquel país, y de los innumerables interrogatorios que enfrentó Müller, la escritora decide relatar la historia de los habitantes de un pequeño pueblo que son rehenes del miedo, pero que viven con la ilusión de conseguir pasaportes para emigrar y escapar del desprecio y el acoso.
La novela está escrita en un tono que resulta perturbador, entre la vigilia y el sueño; en tiempo presente que brinda una perspectiva de acción y narrado, además, con un lenguaje anegado de drama y poesía.
En pequeñas piezas oníricas, así está estructurado el libro, en el cual los personajes encuentran su unidad a través de la naturaleza, en los detalles y en las supersticiones acerca del destino. «Una lechuza vuela sobre los jardines. Su grito es agudo. Su vuelo, rasante. Y lleno de noche». La lechuza es el tiempo que observa los límites de los hombres.
La lechuza se convierte en vigía que trae buenos o malos augurios y provoca la invención de una cotidianidad. La literatura, dirá Müller, es un espejo de esa cotidianidad en la que convergen la vida y la muerte, y en que retrata a los seres humanos. La literatura de Müller, más concretamente, tiene que ver con la censura que le fue impuesta durante 30 años en Rumania, y con los daños provocados por la dictadura comunista, que ella nunca cejó en denunciar.
Hilvanar la historia en medio de un lenguaje poético le permitió registrar la tragedia de la minoría alemana y retratar a los seres humanos que imponen su cúmulo de tristeza y sevicia, los que necesitan ser guiados como un faisán es guiado por el canto de una oropéndola. Para revelar la estela que dejó ese faisán torpe existe esta novela, que nos habla del rescoldo de una época llena de abusos, persecuciones políticas, violaciones y autoritarismo.
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Philip Roth
El profesor del deseo
Traducción de Ramón Buenaventura
Mondadori
Buenos Aires, 2007
Por Carlos M-Castro
Mientras me dispongo a leer esta novela, reviso la bibliografía de su autor y me encuentro con que, de 1960 a la fecha, se han realizado seis películas basadas en sus obras. Por curiosidad (y, debo confesarlo, por la comodidad casi pasiva de sentarme frente a una pantalla y el agregado nada despreciable de ver en ella a Penélope Cruz) consigo y echo un vistazo a Elegy, estrenada en 2008 y dirigida por la también española Isabel Coixet.
Es así que conozco a David Kepesh, profesor neoyorquino de literatura, en el rostro de Ben Kingsley antes que en las páginas del libro que todavía no leo. La historia que Coixet presenta —la de Kepesh siendo trastornado en lo más profundo de sus convicciones vitales, mientras le llega sin tregua la vejez, por una joven, bella e inteligente estudiante del curso que imparte— está tomada de The Dying Animal, novela corta publicada en 2001 que forma parte de lo que se ha llamado Trilogía de Kepesh.
The Breast (1972), editada en español por Mondadori como El pecho en 2006, y The Professor of Desire (1977) son los libros que la anteceden. Es decir, además de estar a punto de enfrentarme a uno de los escritores estadounidenses más distinguidos y respetados actualmente, varias veces nominado al Premio Nobel de Literatura, estoy ante una novela cuyo personaje central se encuentra ahora más allá de esos límites.
Una vez que entro a la lectura, me encuentro con un Kepesh bastante introspectivo haciéndome partícipe de sus transformaciones personales, arrojándose desde sus años universitarios a lo que él llama el solemne empeño de comprenderse a sí mismo.
El profesor del deseo, donde se descubre uno que otro dato autobiográfico del propio Philip Roth, explora la construcción del yo a través de las sendas muchas veces divergentes del placer y la razón. Es eso, al menos, lo que intuyo a partir del discurso de Kepesh, quien constantemente deja ver su percepción del mundo basada en múltiples referencias literarias. «Lo he aprendido todo a los pies de Tolstói», dice, por ejemplo, a quien se convertirá en su esposa, de carácter tan disímil al suyo.
Precisamente en este momento, cuando Kepesh vive un matrimonio plenamente insatisfactorio a punto de disolverse, escribo esta reseña, con todavía media novela por delante. Mi interés se debate ahora entre saber si acaso este hombre que ya supera la treintena de años volverá a sus exploraciones sobre las posibilidades del deseo carnal —como cuando, siendo un joven estudiante becado Fullbright en Londres, convive con dos chicas suecas en un ménage à trois— o si continuará siendo un metódico catedrático universitario al borde de la amargura y la soledad.
Seguiré entonces oyendo la voz a veces lastimera, a veces irónica de David Kepesh a través de la escritura de Philip Roth (¿o viceversa?). Aun sabiendo que difícilmente acá aparecerá una Penélope Cruz para sacudir los cimientos más hondos de su vida. Talvez él deba conformarse con multiplicar sus aventuras sexuales hasta el límite. ¡Cómo sufren los intelectuales!
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Jorge Boccanera
Palma Real
Ediciones Continente (Visor Libros)
Buenos Aires, 2009
Por Carlos M-Castro
«La poesía se come cruda».
Es la receta que Colin, «un cocinero francés», da casi al final de este libro, ganador en 2008 del VIII Premio Casa de América de Poesía Americana, en España.
Pero el poemario no va de cocina. Ni mucho menos. Jorge Boccanera (Bahía Blanca, Argentina, 1952) construye su discurso a partir de elementos propios de la naturaleza. Encuentra, a como ha declarado alguna vez, un espacio en donde desarrollar sus obsesiones de siempre: amor, muerte, exilio...
Este lugar poético es la selva. Pero no cualquier selva, sino una que está «hecha a lápiz», con palabras. Una selva que «se imagina a sí misma».
Hay acá una presencia animal constante, un protagonismo innegable de la naturaleza encarnada en ese ecosistema verbal inventado o re-creado por Boccanera. «Lo que no es selva es pobre mundo», dice el poeta, «es ruina».
Y aunque la frase del chef pueda sugerir que ante nosotros tenemos un tratamiento coloquial y simple del lenguaje, no debemos estarnos tan confiados. Puede encontrarse a ratos una concentración verbal admirable: las palabras dicen más, mucho más que en sus estados cotidianos. Por supuesto, se trata de poesía. Y a esto se debe que puedan encontrarse poemas tan cortos y con un sentido tan completo y profundo como este: «Con su mano amputada, / el misterio / me lleva de la mano».
En general, de hecho, cada uno de los 66 poemas de este libro, que su autor comenzó a escribir a mediados de los noventa en Costa Rica, donde vivió entre 1989 y 1997, no pasan de las dos páginas. Y la mayoría ni siquiera va más allá de la mitad de una.
Hay en Palma Real al menos tres niveles de significación entrelazados, que remiten a tópicos codependientes: el planeta como espacio vital amenazado; el ser humano como depredador y presa al mismo tiempo de sí mismo; y la poesía como puente comunicacional y espacio regenerativo. Las palabras acá poseen sangre y savia enfrentadas, en vías de comprenderse.
El poeta, cuyo oficio es «ser la rama de aquello que no se posa nunca», ha hecho nido en la imaginación, «como quien se procura un refugio en un árbol cualquiera». Así, la poesía es un ecosistema de donde brotan con vida las palabras.
Por eso recomienda «aprender a leer las hojas (…) su libertad (…) su vocación de ala, de canoa, de sexo de hembra».
Y, aceptando que «por separado uno es ninguno», tomamos la propuesta del poeta como un reto colectivo. De nosotros dependerá lo demás.
Arquímedes González
Tengo un mal presentimiento
Editorial ANE-Noruega-CNE
Managua, 2009
Por Ulises Juárez Polanco
Cuando el primer homo sapiens se irguió por primera vez sobre sus pies, la tragedia ya estaba ahí. Por eso es fácil comprender el homenaje que las obras clásicas de la literatura rinden a este destino de los seres humanos en que la crueldad y la desgracia se sufren en la carne de uno e irónicamente despiertan el humor en el prójimo.
Tengo un mal presentimiento es una colección de veintitrés relatos (más una novela corta) hija de la tragedia y el sarcasmo, tomando como arpón temático a la locura y la violencia, que su autor, Arquímedes González (Managua, 1972), identifica como neurálgicos. “Locuras desde la mujer preocupada por la muerte del marido en un accidente aéreo, hasta la de la doctora que mata a sus padres. La violencia ciega, la violencia por aburrimiento, la violencia por celos, por envidia, por desamor, por dinero y la violencia de la muerte al quitarnos a personas queridas cuando menos lo esperamos”, confiesa González. Sin embargo, cabe aclarar que el libro no es un catálogo de situaciones rabiosas o deprimentes; lejos de evocar a un informe sobre violaciones a los derechos humanos, Tengo un mal presentimiento deja en evidencia cómo la tragedia sirve para desenmascarar la naturaleza burlesca de una sociedad como la nuestra. Esto lo confirma el autor cuando señala que “a mi me interesaba escribir cuentos no sólo con drama, sino con un humor un poco negro o hasta molesto en algunas circunstancia”.
Detrás del maquillaje de humanismo y sensibilidad que procuran unos, radica la levadura de la ironía: “siempre vemos algo cómico dentro de la tragedia. Y eso cómico muchas veces la vuelve más trágica”. Como observación personal, si bien en buena parte de los relatos el uso del humor resulta magistral (ver el cuento que da el título a la colección), en otros relatos pudo haberse suprimido sin sacrificar la profundidad deseada.
La novela corta que constituye la segunda parte del libro, Conduciendo a la salvaje Mercedes, es la crónica del desamor, del hombre abandonado que corea su dolor repasando los momentos felices y que, desesperado, aún busca a la amada. Aunque en mi opinión esta novela corta pudo haberse publicado independiente, el autor procuraba con ella algo concreto: “yo quería que el personaje de la novela se paseara por todos aquellos escenarios donde habían ocurrido las muertes y muestra de ello, es el capítulo ‘La nave de cristal’. Yo deseaba que el personaje odiara la ciudad violencia en la que vivía, pero al mismo tiempo la aceptara a como aceptaba a quien amaba. Mi intención era mostrar también que en un lugar donde se suceden tantos crímenes, también se puede conocer el amor”.
Como los personajes de Tengo un mal presentimiento, los textos incluidos tienen una historia propia que, siendo comprensible por motivos de marketing, los editores la incluyen en forma de una nota introductoria al inicio del libro. El autor lista los honores que han recibido estos relatos, sea de forma individual o como conjunto, tal es el caso de la mención en el Premio Centroamericano Rogelio Sinán (Panamá, 2007), ser finalista del IV Premio de Novela Ciudad Ducal de Loeches (España, 2009) o el Premio Accésit y Mención Especial en el I Premio de Novela Corta Katharsis (España, 2009),o bien la inclusión en las antologías internacionales como El futuro no es nuestro: escritores de la América Hispana 1970-1980 (PiedePágina, 2008). Más que vanidad, la nota demuestra que los relatos y la novela corta han recorrido su propio trayecto con paso firme tanto en el terruño nacional como en el extranjero, hasta ser seleccionada el año pasado como una de las obras ganadoras del Certamen para Publicación de Obras Literarias que convoca año con año el Centro Nicaragüense de Escritores.
Como certeramente insinúa la ilustración de portada, Tengo un mal presentimiento deambula entre el amor y el odio, la mentira, celos y rabia, entre pasiones, obsesiones y rencores, es decir, en el espíritu humano. Pero ante todo, confirma que Arquímedes González, quien antes ya había publicado las novelas La muerte de Acuario (2002) y Qué sola estás Maité (2007), posee una indiscutible habilidad literaria y que con justicia, ha dejado de ser una promesa y ya es una referencia de la narrativa centroamericana.
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