Apunte sobre mi deuda con México

Enrique Jaramillo Levi

La reconocida trayectoria de México como refugio y comarca depositaria de muchos espíritus trastocados por las circunstancias, que han acudido a su territorio en la búsqueda de nuevos derroteros, genera gratitudes entrañables, en el caso de nuestro prolífico y siempre interesante escritor panameño Enrique Jaramillo Levi, fue, por decirlo de algún modo, piedra de toque de su formación y creación. Enrique abrevó en su cultura y en la obra artística de sus grandes escritores. El apunte sobre su deuda con México lo escribe aquí en este breve testimonio, impregnado de agradecimiento en la piel, en su corazón y en su intelecto.


 

Enrique Jaramillo

Tengo una deuda múltiple y honrosa con México. En su Distrito Federal conocí, conversé con ellos y admiré en la década de los setenta del siglo pasado a Juan Rulfo, a Carlos Fuentes, a Octavio Paz, en ese orden, los tres más grandes escritores contemporáneos del país. También, durante los doce años que residí en esa ciudad, traté a otros autores mexicanos fundamentales: Salvador Elizondo, Rosario Castellanos, Juan García Ponce, José Emilio Pacheco, Efraín Huerta, Elena Poniatowska, Sergio Pitol, Carlos Monsiváis, entre otros.

Ahí visité muchas veces, y quedé extasiado ante su majestuosidad, el Palacio de las Bellas Artes, el Museo Antropológico Nacional, el campus inmenso de la Universidad Nacional Autónoma de México (en donde estudié un Doctorado en Letras Iberoamericanas, tras iniciarlo becado en el Colegio de México), el Castillo de Chapultepec, las célebres pirámides de Teotihuacan, la Plaza de las Tres Culturas (en Tlatelolco), entre otros sitios emblemáticos inolvidables.

En esa inmensa y contaminada ciudad escribí, becado (en el ya desaparecido Centro Mexicano de Escritores y bajo la tutela literaria de Rulfo y Elizondo), en un año de profunda dedicación y fervor creativo, los cuarenta cuentos que integran la primera edición de mis Duplicaciones (1973), obra que me dio prestigio en México, así como otros libros posteriores, de cuentos y poemas, y varias antologías sobre literatura panameña y mexicana, que al ser publicados por editoriales de ese país me dieron cierto renombre adicional. En reputados diarios de la capital (El Nacional, El Heraldo de México, Excélsior, Novedades) ejercí por primera vez el periodismo cultural, del cual pude vivir con mínimos apremios durante algunos años cuando se terminó la Beca Centroamericana de Literatura que me llevó a México como incipiente escritor en enero de 1971. Asimismo, impartí clases como profesor titular durante ocho años en otra excelente universidad  estatal, creada en 1975: la Universidad Autónoma Metropolitana, en donde veía y trataba a diario a la tan poeta panameña Diana Morán. En México fundé mi primer taller literario (Liberta-Sumaria), que a su vez llegó a ser una pequeña editorial marginal, por lo que de paso aprendí empíricamente a ser editor; después crearía en el D.F. mi Editorial Signos en 1982, que publicó libros de autores mexicanos y panameños antes de mi regreso a Panamá. En México, en fin, tuve una hermosa familia, cuyos descendientes con el favor de Dios habrán de sobrevivirme.

País inmenso y acogedor, más que cualquier otro que conozco, el amor y apoyo a la Cultura son cotidianos hechos apabullantes, raíz y tejido de su identidad y una de sus razones de ser como nación. Pero el mayor regalo que he recibido de las entrañas mexicanas es la existencia de mis tres hijas y, hasta el día en que esto escribo, de mis tres nietos, todos mexicanos.

México, sin duda alguna, es mi segunda patria: la niña de la niña de mis ojos panameños. Por eso, pese a sus contradicciones, injusticias y arbitrariedades (una vez, en 1990, fui asaltado, literalmente, por tres policías que pistola en mano me exigieron una cuantiosa “mordida” para que no me llevaran preso por el único delito de ser un solitario extranjero pendejo y propicio a su infamia), regreso cada tanto tiempo y aprovecho para rendir un sentido homenaje a su ser profundo cuando visito a mis hijas.

El pasado diciembre de 2010, invitado por los organizadores de la connotada Feria Internacional del Libro de Guadalajara, presenté en esa hermosa ciudad, segunda en importancia del país, mis dos libros más recientes: Escrito está (cuentos) y Todo el tiempo del mundo (poesía), ambos publicados este mismo año en Guatemala por Letra Negra Editores. Me significó un enorme placer volver a pisar tierra azteca. Hay deudas honrosas que uno nunca acaba de pagar, ni tampoco quiere uno hacerlo; en el caso mío con México, para así poder “volver, volver, volver”, como dice una famosa canción mexicana que todo latinoamericano conoce.

 

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en esta edición de Crítica
⇒ ENRIQUE SERNA: Humor ascendente
⇒ ENRIQUE JARAMILLO LEVI: Mi deuda con México
⇒ JUAN GALVÁN PAULÍN: Conversaciones con la muerte de Narciso
⇒ COREA TORRES: José Lezama Lima: Sólo lo difícil es estimulante

Enrique Jaramillo

ENRIQUE  JARAMILLO  LEVI

Colón, Panamá, 1944. Prolífico poeta, cuentista, ensayista, profesor universitario, promotor cultural, editor. Maestría en Literatura Hispanoamericana y en Creación Literaria (Universidad de Iowa) y estudios completos de Doctorado en Letras Iberoamericanas (UNAM).

Residió en México, D.F. de 1971 a 1983; y en Querétaro, México, de 1993 a 1995. En ese país ha sido Profesor Titular en la Universidad Autónoma Metropolitana (México, D.F., 1975-1983), así como profesor invitado en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, Campus Querétaro (1993-1995) y en la Escuela de Escritores de Querétaro, de la Sociedad General de Escritores de México (SOGEM) (1993-1995); también fue profesor invitado en los Estados Unidos, en California State University (San Bernardino, California, 1988) y en Oregon State University (Corvallis, Oregon, 1989).

En Panamá, ha sido Profesor Adjunto IV en la Universidad de Panamá y Profesor Especial en la Universidad Tecnológica de Panamá (1996-2007), en donde también fue  fundador y director de la Coordinación de Difusión Cultural y su editor, en la misma época.

Fundador y director de la revista Maga; creador del Diplomado en Creación Literaria (UTP); y fundador de 9 Signos Grupo Editorial. En 2005 gana como cuentista el Concurso Nacional de Literatura Ricardo Miró y en 2009 la septuagésima segunda versión de los Juegos Florales Hispanoamericanos de Quetzaltenango, Guatemala, así como la beca Charles Phelps Taft como escritor visitante (Universidad de Cincinnati).

Se han publicado 8 libros con estudios sobre su obra literaria. Ha sido incluido en 30 antologías del cuento hispanoamericano. Obras recientes: Justicia poética (cuentos, 2008); Secreto a voces (cuentos, 2008); Por obra y gracia. Hacia una poética del cuento (ensayos, 2008); Mirada interior (poesía; 2009); Todo el tiempo del mundo (poesía, 2010); Escrito está (cuentos; 2010); Con fondo de lluvia (cuentos, 2011); Con calma y buena letra (ensayos, 2011).


 

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