» Vitrina
- Memorias del agua (FNC, 2011), de Francisco Ruiz Udiel
- Otredad (Visor, 2011), de Claribel Alegría
- Memorias de un mujeriego (Visor, 2002), de Leonard Cohen
- Buenos días camaradas (Almadía, 2008) de Ondjaki
- Relatos de lo inesperado (Anagrama, 2008), de Roal Dahl
- Sobre el amor y la muerte (Seix Barral, 2006), de Patrick Süskind
- Farmer stop (Universidad Complutense de Madrid), de Juan Gómez Bárcena
- Concurso de cuentos: Cont(R)á el Hambre
Memorias del agua
Francisco Ruiz Udiel
Mario Martz D´León
Memorias del agua es el segundo poemario del desaparecido poeta nicaragüense Francisco Ruiz Udiel (1977-2010), cuyos textos ahondan en temas ontológicos recurrentes. En este libro vemos a un niño jugueteando con el agua, con la memoria del olvido, que juega a sentirse adulto para ver a través del reflejo del agua al hombre en que Francisco se ha convertido.
El libro está dividido en tres secciones: Signos del agua, Último infierno y Despertar del agua. En la primera cada poema va configurando y descifrando lo que el agua en sí materializa en el ser humano, cuya pesadumbre (¿consciente?) viene cargada de los restos de un ser que solo en el agua reconoce su rostro para olvidar a su padre, “al amigo que antes de morir / plantó una semilla en el fondo de una botella”. La segunda sección, a través de breves relatos que preceden a los poemas, nos muestra el escenario de sus vicisitudes; donde la arena, la roca, el reencuentro, la hierba y el tiempo median entre cada acto que se aventura a cometer el lector. Despertar del agua es un llamado al hombre para que despierte del agua, de lo que en la anterior sección aconteció: Tardes de lluvia que se vuelven veranos, y poemas escritos sobre el agua, por mencionar algunos ejemplos.
“Al agua en sí —nos dice Francisco—, / su sustancia, no es a quien tememos”. Hay en este libro la mirada de un niño perdido que se acerca a la fuente para abrazarse a sí mismo. Ya no es sino la soledad del otro la que se muestra, ni el otro que respira a través de él, sino Francisco bebiendo del agua de la poesía, la sustancia transhumana: “Llo-ver es la imagen doble de sí, del yo en el filo de la vida, es verse a uno mismo en la tristeza del agua”.
Si con Alguien me ve llorar en un sueño, su primer libro, Francisco persigue la sombra de los álguienes, guiado siempre por Andrés, su alterego, con Memorias del agua se rencuentra con el mayor de sus temores: la infancia. Le toca alejarse de sí mismo y perseguir al hombre que solo en el agua puede descubrir su rostro. Nos muestra el camino al reino de su infancia y el de la memoria, derramándose sobre el papel.
Este es un libro que perdurará en la memoria de sus lectores. Su lectura puede influenciar en demasía. Detrás de cada gota de agua está la sombra de un niño que camina en silencio por la Calle Clavel. ¿Qué más puede pedir la poesía nicaragüense de este siglo?
Otredad
Claribel Alegría
Ulises Juárez Polanco
La obra de Claribel Alegría (Estelí, Nicaragua, 1924) es una de las cumbres de la actual poesía latinoamericana, y en Nicaragua –me atrevo a afirmarlo sin pena ni temor a errores– es de las más leídas y queridas entre los jóvenes.
En el Festival Internacional de Poesía de Granada (Nicaragua) celebrado este año en su honor (primera vez que se dedica a un autor vivo, primera vez dedicado a una mujer) fue evidente la convocatoria que su nombre atrae entre autores de todas las edades. Fue en esta celebración que, mientras Claribel presentaba su antología más completa hasta la fecha, Pájaros encendidos (preparada por Francisco Ruiz Udiel, su amigo y discípulo, y también parte del equipo de Carátula), al mismo tiempo recibía desde España los primeros ejemplares impresos de su más reciente poemario, Otredad, poemario que la autora en más de una ocasión dijo no saber si podría terminarlo.
Sobre esta obra, Ruiz Udiel comentó:
Con Otredad, Claribel siente que cierra un ciclo, porque ya escribió todo lo que tenía que decir acerca del amor perdido, de su infancia, de Santa Ana, de sus grandes nostalgias, y de la muerte, a la que no teme. “No sé –reflexiona– si terminaremos aquí, si seremos un átomo de luz o si seremos cenizas, mas tendremos sentido (‘polvo serán, mas polvo enamorado’, escribió Quevedo)”. En medio de la incertidumbre la poesía logra darle valor y así alcanza su “Victoria”, poema de cierre de esta antología que reúne sus mayores obsesiones y que, en el transcurso de sesenta y dos años de creación, se manifestaron en cada uno de sus poemas, pájaros que un día lanzó al aire con la esperanza de que alguna vez se encendieran.
Su estilo literario es como ella misma: sencillo y conmovedoramente preciso. A sus 86 años, Claribel confirma en este poemario sus temas predilectos: la nostalgia del pasado y una entereza imperturbable por el futuro, donde la muerte ya no es destino trágico, sino dueña de una copa colmada, la vida, que sólo a ella, la muerte, le pertenece.
Sobre este poemario, el crítico peruano Julio Ortega anota:
"La poesía de Claribel Alegría es el monólogo interior de nuestro tiempo. Llevamos dentro la distintiva entonación del español que ella tramó desde su primer libro hasta el último como si prosiguiera un sólo poema, en unas cuantas palabras permutadas, Fresca de alba, estoicas del día, resonantes de noche, sus poemas discurren citados a sostener el todo del lenguaje, el mundo en un verso. gracias al fuego sin sombra de su voz, seguimos siendo fieles".
Bravo, Majestad, y que siga la poesía.
Memorias de un mujeriego
Leonard Cohen
Yálani Zamora
Veinte años tomó a Leonard Cohen la revisión de estos poemas. Debo confesar que a mí me tomó varios días terminar de leerlo. Lo abrí y cerré varias veces. No lo entendía y tuve un mal presentimiento. La poesía no se entiende, se siente- escuché a la voz. Pero insistí. Llegué a la conclusión que la estructura del libro me desanimaba. “Memorias de un mujeriego” es un cuaderno de notas en el que el Leonard Cohen pule y re trabaja sus poemas y composiciones. Sorprende un poco el tono en algunas revisiones, por ejemplo, cuando llegamos al poema “Te he tomado”, el pequeño juez dice: (…) El poema empieza a descomponerse tras la tercera línea, tal vez tras la segunda” y después de explicarnos por qué se malogra, presenta la estrofa que en realidad debió haber sido y no fue.
Interesante ejercicio autocrítico para un poeta, ¿no? y hay valor en el acto de despojarse de las propias palabras. Sin embargo, el precio a pagar es alto para la poesía, herida de muerte.
Sí, claro, ya sabemos que el poeta es un costurero de las palabras que van vistiendo el poema hasta dar con la medida exacta y para ello corta, pega, mide y suelta, pero ¿era realmente necesario ver los bordes zurcidos del poema? Yo, lectora, busco los hilos ocultos, la magia, la promesa magnífica de la poesía: la certeza de que solo hay un poema y no varios. La certeza de que eso que dice, solo se puede decir así.
Pero Cohen no tiene reparos en mostrar su cuaderno de notas y nos da información del poema y de las encrucijadas, pasiones, nostalgias y conflictos personales. La dualidad como condición permea toda la obra. El amor, la religión y lo sagrado de la vida traen consigo el vacío, la anti religión y lo vulgar. Él es a veces uno y a veces otro, y su orgullo viene de saber que “no me peleé con mis voces”.
Me gusta su sinceridad pero esperaba más imagen poética. En realidad, debo advertir que los poemas de este libro se sueltan en prosa y algunos pueden ser difíciles de comprender y más importante aún, de sentir. Desentrañarlos sería tarea para los Cohen-expertos, pues más allá de las referencias culturales, el universo del autor puede llegar a estar compuesto de notas cerradas.
En su voz hay sarcasmo, ironía, provocación y una fascinación evidente por las nalgas femeninas. Es un libro para un cierto estado mental y no sé si es la mejor opción para acercarse y conocer la poesía de Cohen.
“Memorias de un mujeriego” es la deconstrucción de sí mismo, y nosotros somos los curiosos invitados para presenciarlo.
Buenos días camaradas
Ondjaki
Joel Flores
Una de las propuestas que se le debe agradecer a la editorial Almadía, aparte de que sea una empresa independiente preocupada por descentralizar el stablishment editorial en México, es que está poniendo sus ojos sobre y dando espacio a autores que posiblemente otras editoriales no se animarían a siquiera ver. Bajo esta premisa publicó en 2008 esta novela del escritor angoleño Ondjaki (Luanda, 1977).
La obra tiene una estructura sencilla, pero no floja. Dos capítulos que se ocupan de un tema poco concurrido en la literatura africana. La entrada de la paz a Luanda, capital de Angola, y los últimos días de la guerra civil donde intervinieron ejércitos norteamericanos, rusos y cubanos y que duró casi treinta años.
La novela puede configurarse dentro del llamado relato de testimonio personal, gracias a su desinterés en ser una obra que denuncie la desgracia de un país y en declararse en contra de los resabios que dejó el conflicto bélico. Buenos días, camaradas se deslinda de las filas de esa literatura de protesta y se nos ofrece como una pieza narrativa sobre la inocencia, sobre la niñez y lo que esto implica. Ondjaki concentra su poder creativo y narrativo en evidenciar, mas no reprobar, desde la mente de un niño lo poco funcional que es el sistema de gobierno de su país, donde los ciudadanos no tienen los mismos privilegios o derechos que podría tener un inglés o un francés en su propio territorio.
Buenos días, camaradas está narrada por una voz infantil que en pocas instancias se nos revela con el nombre de Ndalu. Esta voz nos cuenta sus aventuras y el amor que le tiene a las personas que lo rodean: su tía Dada, el camarada Antonio, sus padres y sus compañeros de escuela. Nos hace detener nuestra atención en lo absurdo que le parece que presidentes extranjeros caminen sin guardia nacional a sus espaldas —al contrario del mandatario de Angola—. Así también el que los rusos tengan en un país que no es de ellos un mar propio. Pero lo que hace ser a Ndalu un personaje entrañable, a pesar de que se encuentra ensamblado en un ambiente adverso, son su carisma y su cándida y a la vez despierta visión del mundo. En toda la novela sus ideas y cuestionamientos nos permiten pensar que la morada de la imaginación, donde habitan las historias grandiosas, donde se concentran los sueños del hombre, se halla en la niñez. No importa que el mundo se caiga a pedazos frente a nosotros, la imaginación siempre estará para salvarnos. Se descubre en Ndalu cierta hermandad con Peter Pan de Matthew Barrie. A Ndalu lo define la dominante de negarse a abandonar el sendero de la niñez, como al joven de Nunca Jamás: “Los mayores no exageran automáticamente las cosas que cuentan y no se quedan mucho tiempo hablando de las cosas que uno ya hizo, o que le gustaría hacer. ¡Los mayores no juegan a decir buenos chistes, ni albures! Ser mayor es muy aburrido”.
El mundo de Buenos días, camaradas está construido por niños que muestran sus miedos, que se niegan a crecer, que se iluminan cuando sueñan, porque saben que al llegar a la edad adulta finalizarán muchos de sus deseos y se les abrirán las puertas a nuevos temores, a nuevos mundos. Niños que creen que en su ciudad suceden cosas increíbles que los ayudan a erigir una salida alterna frente a la hostilidad: “Sí, tía, como te lo cuento: aquí en Angola los cojos, los lisiados y las personas en sillas de ruedas son los que más corren”, le confiesa Ndalu a su tía Dada. E insiste en líneas siguientes luego de haber huido junto a sus compañeros de la escuela por culpa de esa amenaza llamada Ataúd Vacío: “Aquí en Luanda no se puede dudar de las historias que te cuentan. Hay muchas cosas que pueden suceder y otras que, si no pueden, terminan por suceder de alguna manera”. Se refiere a su maestra con pierna de acrílico que puede correr más rápido que un maratonista al sentir una amenaza, a un cocodrilo que vive junto a una familia en la misma casa. Esos detalles, más que parecer imposibles, lucen como objetos mágicos que dotan a la obra de una creatividad esplendida y alejan al grupo de infantes que la habitan del dolor humano que cifra los resabios de una guerra.
Con Buenos días, camaradas Ondjaki se nos revela como un autor que ve a la literatura de manera funcional: con fabular se intenta tocar las fibras sensibles, remover los sentimientos del lector. Y nos muestra una postura perfectamente fija: contar historias no es decir o no decir, sino buscar maneras para reconocernos como humanos, como camaradas.
Relatos de lo inesperado
Roal Dahl
Mario Martz D´León
Conocemos a Roal Dahl (Llandaff, 1916 - Oxford, 1990) por su popular novela para jóvenes Charlie y la fábrica de chocolate, que en el 2005 Tim Burton llevó al cine. Aunque decir que Dalh era un autor de narraciones infantiles y juveniles, como se ha tratado de catalogar la obra de algunos escritores del género de aventuras, como la de Jack London (San Francisco, 1876 - Glen Ellen, 1916), por ejemplo, es algo que está muy lejos de lo que suelen ser las llamadas etiquetas literarias que acostumbran poner los editores. Los intereses de Dahl van más allá de lo que los ojos de la literatura pueden ver, y con estos Relatos de lo inesperado, como su título lo indica, se queda en el corazón del niño que fuimos, con el miedo y la aventura de volver a leer cada historia para dar paso a algo nuevo en nuestras vidas. No en vano el cineasta estadounidense, maestro del suspenso, Alfred Hitchcock, convirtió estos relatos en episodios de una serie de televisión cuyo presentador era el mismo autor.
Asistimos, entonces, a la habitación de un hotel de Jamaica, tenemos el placer de observar cuántas veces puede fallar el encendedor del muchacho que apuesta su meñique contra el Cadillac de un hombre extraño. Las apuestas, en este libro, son actos cuyos resultados son los menos esperados. En algunas ocasiones el lector sale lesionado por el impacto narrativo que produce la obra de Dahl. Debemos retomar, entonces, cada espacio que nos da Dahl para respirar, para luego continuar con las demás historias, porque en este libro el ingenio malévolo se nos muestra en demasía y nadie, a excepción de los personajes, puede dar fe de nuestras tragedias.
De cuando en cuando vamos a escuchar el eco de un hombre que se hospeda en un hotel de paso y se dirige hacia la única habitación que ha sido ocupada por el tiempo, y en el listado de huéspedes solo hay un par de nombres: forasteros que se hospedaron y nunca salieron del hotel. El hilo narrativo de estas historias nos lleva hasta un cuarto oscuro para escapar del miedo, pero ese miedo viene acompañado de la curiosidad de ver más allá de la puerta.
Los dieciséis Relatos de lo inesperado están cargados de intensidad narrativa que de cuando en cuando nos lleva a desenlaces imprevistos. Los personajes de cada cuento se llaman entre sí, pues si algo tienen en común, fuera de toda unidad temática, es el impulso malévolo y el humor negro con que están escritos. La fuerza de toda la maldad humana cabe en la prosa limpia de Dahl. Una fuerza que se nutre de la trama y de los personajes.
La advertencia está hecha. Nos vamos a meter a esa habitación oscura, pero eso sí, antes de entrar debemos colgar en la puerta un cartel con esta memorable frase de Nathaniel Hawthorne: “Me metí a un calabozo y no encuentro la llave; y si la puerta estuviera abierta, me daría miedo salir”. Cada quien va a recordar el episodio de su vida que aún está por suceder.
Sobre el amor y la muerte
Patrick Süskind
Ulises Juárez Polanco
Sobre el amor y la muerte es un libro curioso. En primer lugar, porque quien escribe este ensayo breve es quizás el autor alemán contemporáneo más conocido en el mundo, con más de doce millones de copias vendidas de El perfume (1985), mismo que ya cuenta con más de 46 traducciones y una adaptación cinematográfica (2006) celebrada por la crítica, dirigida por Tom Tykwer y estelarizada por Ben Whishaw, Dustin Hoffman y Alan Rickman. Y sin embargo, poco se sabe de este autor, quien vive aisladamente en una casa al lado del lago Starnberger en Baviera, el sudoeste de Múnich. En segundo lugar, sobre los temas centrales del libro (el amor y la muerte) se ha escrito a lo largo de la historia ríos de tinta sobre océanos de papel. Sin embargo, este pequeño libro (no llega a 100 páginas, con una tipografía generosa en una presentación bellamente editada) puede ser una lectura amena, llena de reflexiones como la siguiente:
El amor se paga siempre con la pérdida de la sensatez, con el autosacrificio y la minoría de edad resultante. El resultado es, en los casos inofensivos, la ridiculez; en el peor, una catástrofe política mundial.
Y sin embargo, el amor se mueve. El lector no debe esperar que este libro cambie el curso de la historia de los enamorados en los parques, así como el autor –seguramente— no ha esperado que este libro esté a la altura de su obra cumbre de 1985. Después de todo, este libro surge a propósito de la película de Helmut Dietl De la búsqueda y el encuentro del amor, “una recreación del mito de Orfeo y Eurídice en cuyo guión colaboró el autor”. Pero en alguna página o reflexión de este libro puede haber una línea que convoque al lector a repensar el amor.
A partir de un epígrafe que San Agustín dedica a la definición del tiempo (“Si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si quiero explicarlo a quien me lo pregunta, no lo sé”), Süskind lo aplica al amor e inicia su reflexión como un historiador: ¿qué se ha dicho a través de las páginas de la historia de este fenómeno tan complejo –y a la vez sencillo— que es el amor? Platón, Sócrates, Stendhal, Kleist hasta las novelas populares hablan del amor, y todavía no sabemos qué es. Ante esta insuficiencia, Süskind repasa ejemplos de amor que le resultan dignos de estudio (de autismo, necedad y estupidez, muy lejos del concepto tradicional de Belleza o Bien al que se asocia el amor), para cerrar –como no podía ser de otra manera— con la conmovedora historia de Orfeo y Eurídice, el desapego del amante que baja a los infiernos en búsqueda de su amada. Sobre estas reflexiones se posa la sombra de la muerte, mostrando como Eros y Tánatos no dejan de ser personajes que, disímiles, van de la mano.
Simple pero entretenido, trágico y a la vez divertido, concreto pero irónico, Sobre el amor y la muerte no es una lectura esencial, pero sí una que se puede disfrutar en una tarde de domingo.
Farmer stop
Juan Gómez Bárcena
Joel Flores
Me ha sorprendido más de una vez. La primera fue cuando su autor me dijo que la había escrito a los 17 años; la segunda, cuando ganó el premio de novela de la Universidad Complutense de Madrid, Ramón J. Sender, en 2009; la tercera, cuando la leí.
En esa época cualquier libro era aburrido. Leí Farmer Stop en menos de una hora y me sorprendieron su estilo narrativo, su trama, sus personajes y los guiños mesurados que evocaban el imaginario de escritores gringos que por aquel entonces eran mis santos patronos.
Podría asegurar que existen aquí tres claves: la poderosa firma —que bien pareciera de abogados— integrada por Capote, Carver y Salinger. Farmer Stop no solo es una joya literaria por el subtexto de su lenguaje, ni por los cortes sutiles, precisos y sugerentes que ofrece su historia, sino por lo que sus personajes comunican —técnicas que rigen la mayoría de las novelas de esta trinidad—, y sobre todo lo que ellos logran dejarnos de sí. Ese mensaje emocional que repetimos una y otra vez y reflexionamos luego de haber terminado la lectura.
Es difícil hallar este tipo de literatura, mucho más ahora que a escritores de mi generación les ha dado por confundir artificio con lenguaje fragmentario e hipertextual que ofrecen las nuevas tecnologías. Descuidan, casi siempre, un elemento fundamental que nos han heredado escritores de la buena literatura: el hacernos sentir familiarizados con un personaje y sus peripecias. El hacernos recordar que con la literatura no solo se experimenta, también se conmueve.
En Farmer Stop tenemos tres personajes que difícilmente olvidamos. Grace, chica pueblerina que sueña con conocer la catedrales españolas, que renuncia a su vida —su padre— para fugarse con la persona que ama, para afrontar y solucionar las idioteces que su chico cometió. Danny, el protagonista, pariente muy cercano de Holdem (El guardián entre el centeno), pues tiene la cualidad de complicarse la vida como un niño, involucrarse en problemas como un macarrilla y confundir lo bueno con lo malo, amigos con enemigos. En Danny y Grace existe un verbo motor, vivir las consecuencias de sus actos: la salida para ellos, más que mirar el desfiladero y caminar hacia atrás para salvarse, es brincar hacia sus mismas fauces, quizá allí encuentren el verdadero significado de lo que los une.
El móvil en apariencia es sencillo. Un crimen, un asesinato, visto por el mismo Danny como accidente, una deuda que él mismo tenía que saldar para aprender una lección: para nada es bueno prestarle dinero a alguien.
Otro de los personajes es el ciego, hombre viejo y siniestro que le da una maravillosa vuelta de tuerca a la novela. Ese hombre que vive completamente solo en las lindes del desierto de Texas, que da asilo a los fugitivos y los hace reflexionar en los propios actos de un par de adolescentes y en el amor mismo: ¿qué es mejor en una vida donde la inocencia se confunde con el amor y el amor con el odio?, ¿qué es mejor hacer cuando uno dice que ama a una persona y la quiere alejar del peligro, cuando el peligro es uno mismo?, ¿renunciar al enorme amor que uno le tiene?, ¿eso significa salvarla?
El ciego funge como un guiño muy velado del mismo personaje de Carver en “Catedral”. En la pieza del norteamericano y en Farmer Stop aprendemos que importa más el mensaje que ocultan las confesiones de los personajes, que no logran expresarnos porque sus mismas emociones los callan. Importa más cómo los símbolos están dispuestos en la misma trama.
Algo que yo siempre voy a desear escribir.
Concurso de cuentos: Cont(R)á el Hambre
Acción contra el Hambre - Centroamérica convoca al concurso de cuentos Cont(R)á el Hambre, como parte de la primera serie de actividades de sensibilización. Esta convocatoria está abierta a personas originarias o que residan en Nicaragua, Honduras, Guatemala, El Salvador, Panamá y Costa Rica, enfocarse en la temática del hambre y la alimentación en Centroamérica y participar mediante el envío de cuentos originales e inéditos que no estén participando en otro concurso similar.
Los relatos se deben presentar en versión digital (tipo de letra: Times New Roman 12, extensión máximo 5 páginas tamaño carta, interlineado de 1.5).

Los trabajos deben ser enviados al correo: achcentroamerica@gmail.com. La fecha tope para la entrega es el viernes 13 de mayo de 2011 a las 8:00 pm.
Las bases también detallan:
Se elegirán los mejores tres cuentos, con U$1.000 para el primer lugar, U$700 para el segundo y U$500 para el tercero. Igualmente, se elegirán diez cuentos más para su publicación en un libro. En caso de que la calidad de los cuentos lo amerite, diez cuentos más podrán ser reconocidos con una mención para ser incluidos en el libro.
Se formará un jurado de tres personas para evaluar la calidad de los relatos, el cual estará formado por un/a escritor/a, un/a editor/a y el Coordinador Regional de Acción contra el Hambre. El jurado se dará a conocer al presentar los resultados.
Todos los trabajos originales y ganadores quedarán en poder de la organización, y se podrán utilizar para actividades de sensibilización relacionadas con la lucha contra el hambre.
Para mayor información: achcentroamérica en gmail.com. Bases completas del concurso disponibles vía descarga aquí.
Comentarios
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Memorias del agua
Francisco Ruiz Udiel
Foro Nicaragüense de Cultura
Managua, Nicaragua, 2011
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Otredad
Claribel Alegría
Visor Libros
España, 2011
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Memorias de un mujeriego
Leonard Cohen
Trad. de Antonio Resines
Visor Libros
2ª edición
España, 2002
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Buenos días, camaradas
Ondjaki
Editorial Almadía,
México, 2008
Relatos de lo inesperado
Roal Dalh
Traducción de Carmelina Payá y Antonio Sammons
Anagrama
España, 2008
Sobre el amor y la muerte
Patrick Süskind
Seix Barral
España, 2008
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Farmer Stop
Juan Gómez Bárcena
Novela 108 pp.
Premio de Novela Ramón J. Sender 2009,
Universidad Complutense de Madrid








