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El Monopolio discursivo del poder en Sombras nada más, de Sergio Ramírez

31 mayo, 2015

Gerardo Navarrete

– El ojo crítico de Gerardo Navarrete cuando ejerce su lectura sobre la novela Sombras nada más, de Sergio Ramírez, potencializa la vertiente interpretativa relacionada con el uso del poder en tiempos de la dictadura, esa “que recubre vendettas personales con una semblanza de justicia” residente en la sustancia discursiva “que mimetiza la venganza personal con el bien público”. Navarrete emprende su exploración lectora compartiendo los hallazgos de su perspectiva personal, en la que observa cómo, el autor (Ramírez) narra y ejerce las reflexiones que pudiesen derivarse, al hacer uso de los hechos reales compaginándolos con la ficción sin menoscabo de la sólida base histórica.


La novela Sombras nada más (2002) del escritor nicaragüense Sergio Ramírez provee un replanteamiento del concepto “novela de dictadura,” pues se concentra en la periferia del poder autocrático. La novela desarrolla las relaciones de poder fáctico que sostienen al dictador Anastasio Somoza Debayle, último representante de una dinastía que empezó con su padre homónimo en 1937. Dentro de esas sombras del poder fáctico, la novela rescata el peligroso entramado de corrupción en la corte de Somoza, a través de la vida del burócrata Alirio Martinica, quien pasa de empoderado a prisionero en el lapso de dos sistemas autocráticos, uno moribundo, el otro en gestación. Uno de los problemas principales que aborda Ramírez es la transmutación del lenguaje oral y su tergiversación escrita que podría decirse conforma la génesis del poder político, así como también la manifestación creativa del escritor. El poder pertenece a quien puede manipular la verdad, movilizar a la “polis”, y suplantar el proyecto político anterior a partir de la palabra. En mi parecer, el mayor logro de Sergio Ramírez en Sombras nada más es la maestría con la que replica el monopoliodiscursivo del poder.

La novela usa el proceso judicial llevado en contra de Alirio Martinica para desempoderarlo mientras se mantiene una semblanza de justicia frente al naciente “poder popular” de la revolución sandinista. El proceso judicial en curso es la herramienta narrativa que cristaliza el lenguaje oral del interrogatorio en testimonio escrito. El testimonio escrito de Alirio Martinica es a la vez ventilado abiertamente en las calles después de un proceso de editorialización por parte de los mandos guerrilleros. El trato justo que la revolución garantiza a sus prisioneros políticos es llanamente un ajusticiamiento personal por parte de sus líderes (Nicodemo, Manco-Cápac, y Judith) que busca legitimarse como procedimiento legal para distanciarse del autoritarismo en la corte de Somoza, quien paradójicamente hizo lo mismo anteriormente con Alirio Martinica. La verdad y la justicia son los ideales que se alejan asintóticamente de ambos proyectos políticos precisamente porque sus agendas están unidas desde un principio a los intereses particulares de sus miembros. El origen del poder que recubre vendettas personales con una semblanza de justicia reside en el poder discursivo que mimetiza la venganza personal con el bien público.

Así mismo, el juicio de Alirio Martinica en su dimensión privada y pública oscurece la diferencia entre testimonio y novela que le permite al escritor mayor libertad artística y un afincamiento en la “verdad histórica”. La “verdad histórica” pertenece al dominio público y es irrefutable al menos en hechos consumados. El hecho real ocurre en el pueblo de Tola donde Cornelio Hüeck, ex presidente del Congreso Nicaragüense, es capturado en su intento de escape y enjuiciado por un tribunal popular (Delgado). Sergio Ramírez, en su función de escritor, penetra en los resquicios no contados de la historia que por su dimensión personal eluden al público. En una analogía casi perfecta con los interrogadores del juicio aborda el hecho histórico de una forma tangencial que le abre camino para inventar su propia narración, o serie de narraciones, de los hechos. En otras palabras, el escritor usa una matriz de hechos históricos y rellena lo faltante con lo que Vargas Llosa define como “elemento añadido”. El hecho histórico es el escenario sobre el cual el escritor agrega subrepticiamente la ficción sobre una sólida base histórica.

La novela apunta a que el corazón del poder realmente reside en controlar el discurso, en apoderarse de la verdad y regurgitar un relato simple que pueda ser acogido por la “polis”. Sombras nada más gesticula esta “verdad”, olección,política a través del abogado del General Morales, Leónidas Galán Madriz El Niño Lobo, quien explica a Martinica que su defensa en el juicio “se trata de arrancar aplausos que no te van a dar por argumentos legales, eso mantenelo claro para que no te andés por las ramas, tenés que entusiasmarlos con algo que los conmueva, o con algo divertido”. La razón o la verdad tiene importancia secundaria, el objetivo fundamental es obtener el beneplácito del poder a cualquier costo. El protagonista es obligado a participar en su propia creación, ya que su única esperanza de supervivencia se encuentra en la ficcionalización de su vida. Alirio fracasa miserablemente aun cuando su biografía contiene elementos que pueden redimir su caso como su breve pasado como dirigente universitario, su colaboración con Ignacio Corral, y el pasado anti-somocista de su padre. Los hechos de la vida de Alirio Martinica no tienen relevancia alguna cuando el objetivo del juicio es reescribir la historia en dicotomías fáciles de entender i.e. revolucionarios y esbirros, mártires y corruptos, etc.

Los dirigentes sandinistas están interesados en una hagiografía revolucionaria que asciende a sus líderes a una calidad de mártires. Los mártires de la revolución luchan y sufren por amor a su pueblo. Nicodemo rememora a su hermano como el parangón de todos los revolucionarios: “dormía en el suelo por amor, que… si se había ido de la casa de su padre, abandonando las comodidades era […] por amor” (95). Líderes en definitiva cuyo valor moral es un dechado de virtudes y cuyas faltas son nada más que momentáneas “debilidades” justificadas de antemano, ya que sus vidas están “más allá de todo juicio humano” (351). Aquellos que “no entregan su vida” por la revolución fallan categóricamente y su valor moral es reducido a lo que la voluntad del pueblo decida de ellos. Sus vidas no son más que un libro en blanco que puede ser editado a voluntad y beneficio de la revolución. La historia, entendida revolucionariamente, le interesa “el todo, no las pequeñas partes” puesto que es el “todo” lo que “impulsa el salto de la historia, porque las minucias, errores, abusos, injusticias, se entierran en el olvido cuando hay acontecimientos tan variados y vertiginosos como los que ocurren en una revolución” (163). Alirio es esa minucia, ese error insignificante que puede ser olvidado, manipulado, o balanceado en aras del salto histórico.

A lo largo de cada relato particular la “verdad” es, en su mayor parte, interpretación y, como tal, tiene que ser mediada, negociada, y popularizada para alcanzar un objetivo previamente establecido por las élites del poder. A diferencia de los relatos monolíticos y maniqueos del poder, Sergio Ramírez desenmascara el adueñamiento de la historia a través de una superposición de relatos que aun conservando sus perspectivas parcializadas o ideologizadas se acercan a la verdad por el mismo hecho de tener cabida dentro de la obra. Sombras nada más, pretende incluir las perspectivas de todos sus actos e intenciones, traiciones y lealtades para retratar democráticamente el diálogo que tuvo que haber ocurrido durante el “juicio”. En efecto, la novela es el juicio imparcial que Alirio nunca tuvo. Quizás el lector condene de igual manera la moralidad servil de Alirio Martinica, pero al menos en la novela al acusado se le otorga el derecho a presentar una defensa real frente a sus acusadores y su veredicto no es instrumentalizado para servir a los intereses de una élite de poder.


Referencias

Delgado, Manuel. Sombras nada más, de Sergio Ramírez. Comentario y entrevista de Manuel Delgado”. http://clubdelibros.com/archisergioramirez.htm.
Ramírez, Sergio. Sombras nada más. Madrid: Punto de Lectura, 2004 (2002).

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