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Anotaciones a la banana republic: un paseo postmoderno por la historia de Nicaragua

26 enero, 2016

Victor Ruiz

– Barroquismo, melancolía, asco y desencanto son algunos de los conceptos que permean la novela Anotaciones a la Banana Republic, primer volumen de la trilogía Cómo verle la sombra al viento, del poeta y narrador Marcel Jaentschke (Leer un capítulo de la novela en la Sección Narrativa).


Marcel Jaentschke

Postmoderna hasta la médula, esta densa y polifónica narración de Marcel se propone transgredir el género novelístico insertando links de videos y noticias que remiten a la realidad pero que son absorbidas por la narración, citas bibliográficas, notas al pie de página, testimonios, entrevistas, fotografías de la historia (recurso que nos recuerda a los experimentos narrativos de W. G. Sebald), con esta hibridación genérica el autor pone en marcha una progresiva demolición de las fronteras que dividen la ficción de la realidad.

De ahí entonces que estos personajes, melancólicos y desencantados, se abalancen sobre la historia pasada, presente y futura de la “dilatada república de las luces” (metáfora de Nicaragua) para tratar de entender ese digno de derrota que cada uno arrastra por las oscuras y malolientes calles de una Managua que, al igual que ellos, se ha rendido ante el “pulpo” de su historia.

“Lo cierto es que los años pasaron. Y pasó lo que tenía que pasar, precisamente porque nadie esperaba que ocurriera: perdimos las elecciones del 90, perdimos o bueno más bien creímos perder una revolución, y claro que después todos intentarán referirse esa derrota con varios nombres…; y claro que le amputarán los miembros a la historia pero nosotros apenas y nos daremos cuenta, más que nada porque de un momento a otro sentimos la bofetada del tiempo, y envejecimos a una velocidad espantosa…, y entonces nos dimos cuenta que ya no éramos la juventud vigorosa de hace una década y también realizamos que de una u otra manera la habíamos cagado más de lo que creíamos, nos dimos cuenta de nuestra ignorancia, de nuestra ingenuidad de pueblo sometido por caudillos, y algunos nos diremos a regaña dientes que la cagamos por culpa del pulpo y en algún momento tendremos razón pero eso no cambiará la magnitud de nuestras cagadas sino que terminará por afligirnos aún más porque no pudimos, porque nosotros, los jóvenes vigorosos de la segunda mitad del siglo pasado, no pudimos ante el pulpo.”

El síntoma de derrota no es producto solo de la pérdida de los ideales revolucionarios y de la revolución, sino también por no haber superado la corrupción del tiempo y de la historia. A este sentimiento de fracaso, entonces, se le suma el de la vergüenza. Vergüenza que de cierta manera heredarán las generaciones posteriores, que en la novela aparecen representadas por jóvenes sumidos en la banalidad, la drogadicción, el narcotráfico y el sinsentido. Aparentemente para esta generación no hay nada en qué creer, la historia es un cúmulo de mentiras erigidas sobre el cadáver de los héroes; de ahí que sea uno de estos mismos jóvenes quien nos describa a la sociedad post-revolucionaria como:

“un país donde la clase media funciona a cuenta gotas, donde la cultura sobreviene indistinguiblemente miserable, a manera de circo. Los pómulos desnudos que aparentan ser otra máscara, pero que no son una máscara después de todo, sino algo mucho más momentáneo, el velo de la apariencia, hablamos de algo efímero, inútil,… la mentira a secas, digo, la ficción original que no se parece a nada, sino que las cosas se parecen a ella, otra expresión de plasticidad más allá del plástico, un producto cuya falsedad deviene de sí misma, lo eternamente falso tomado por verdad como un número, como un número, como un número. Además de que me tengo lástima —y tengo lástima por nosotros— nos confirmamos a mí misma que todo lo que he mantenido, todo a lo que he apostado hasta ahora, todo en lo que torpemente he creído ciegamente no es más que una lamentable mentira que se desmorona en mis narices aunque continúe —y continuemos—“

No es difícil percibir en este monólogo la voz de unos los poetas más desencantados de la tradición literaria nicaragüense: Carlos Martínez Rivas, quizá guía espiritual de estas anotaciones de la banana republic,  pues no solo una vez se evoca en el texto, sino también sería objeto de reflexión en otros capítulos. Al igual que CMR, este personaje manifiesta un sentimiento de desencanto ante la falsedad, lo plástico y vacío de esta sociedad post-revolucionaria. Algo se ha quebrado en la “dilatada república de las luces”: la historia misma. Los personajes lo saben, por eso vemos a algunos cuestionando la lucha armada, otros desertando del ejército en la guerra de los ochentas y huyendo hacia Anchuria, otra banana repúblic, prefiriendo vivir en la basura: “Yo vivía para las bananas y la basura. Yo vivía como una basura. Yo vivía por una basura. Yo vivía en un mundo basura en el que mi vida valía menos que una banana”; otros engullendo cantidades industriales de drogas para fugarse de una realidad que ha perdido el sentido y otros haciendo del narcotráfico un sentido de vida. Todos asumiendo una máscara para enfrentar la vergüenza y aparentar que aún nos queda algo de dignidad en medio de la basura.

Es importante aclarar que esta obsesión por desmontar la historia oficial y proponer una lúdica e irónica manera de entenderla por medio de la ficción, responde a las características de la estética de la postmodernidad. El autor no pretende erigir su texto como documento histórico, busca más bien crear una parodia del mismo, restarle importancia, banalizarlo. Y en la novela de Marcel estos recursos estéticos son más que evidentes.

En el discurso literario encontramos por ejemplo el juego intertextual: las claras referencias a Carlos Martínez Rivas y la apropiación de noticias que aluden a sucesos cotidianos y de acontecimientos importantes, como la captura del piloto norteamericano Eugene Hasenfus, las fotografías, los links de videos que remiten a páginas de youtube o noticias aparecidas en revistas o diarios de circulación nacional. De igual forma, Marcel echa mano de citas de autores reales y ficticios, en cualquier momento nos veremos rastreando a través de google el nombre de un poeta como Alfred Valley.

La mezcla de discursos es otra característica presente en esta novela. Así por ejemplo encontramos el discurso filosófico en la conversación impregnada de mariguana y cocaína de Ricardo y Ernesto en la que  se evidencia el sentimiento de melancolía, el sinsentido, la falta de un interés genuino por la existencia, pero sobre todo la angustia, el temor de ser; el discurso poético, aquí el autor introduce un largo y denso poema que tiene como título Olvidando el isomorfismo y en el que además de hacer reflexionar sobre la escritura, el lenguaje y la nada, se reflexiona sobre también sobre la vida: “Estamos en la nada. / En el matiz tenue de una proyección holográfica. / En la muralla cuántica de segundo orden. / En un motín que cobra la propia existencia, es cierto, / ahí estamos / Mejor dime: / ¿Dónde se ha escondido la ventisca?; el discurso periodístico, audiovisual y escrito; el discurso de la crítica literaria, esa larga enumeración caótica de obras y autores que forman parte de la fauna literaria nicaragüense; el discurso testimonial, el discurso periodístico y, quizá el más evidente, el metadiscurso, la novela también se presenta como una reflexión sobre el acto de la escritura misma, muchos de sus personajes son escritores en ciernes que planean el crimen perfecto, es decir, la Obra o el salto en paracaídas hacia la nada del lenguaje.

No es exagerado afirmar que Anotaciones sobre la banana republic es una de las narraciones más arriesgadas de la actual novelística nicaragüense, no solo por las estrategias narrativas que utiliza Marcel en su escritura, sino también por concebir una novela en la que la historia política, literaria y social de Nicaragua está presente de inicio a fin, pero no cae en el fácil documentalismo, ni en la pedantería intelectual, al contrario, en sus manos la historia y el conocimiento literario se convierten en una materia que puede alterarse, expandirse, reducirse o “hacerla saltar en astillas”, Marcel recicla lo que la historia oficial ha desechado y propone una nueva forma de entenderla, sus personajes, obsesos compulsivos “en caída libre”, se desbocan sobre esos intersticios vacíos que ha dejado la historia y los llenan con especulaciones, delirios, elucubraciones poéticas y filosóficas, de ahí entonces ese poema en el que todo se cuestiona, pero a nada se llega:

¿Qué, entonces? Nada. Entonces nada.
*vestigios del rostro
una vez derretido el espejo.
*el símbolo, famélico de sí,
revolcado en agonía
ante el espacio vacío del soplido.
*la vergüenza que la memoria siente
por las cenizas del pasado
suavemente esparcidas en la inmovilidad.
*las mariposas muertas anhelando el capullo.
*tus ojos estafados por el viento,
ya que él los mueve hasta en la muerte,
traficando sueños para el crepúsculo;
perdiendo. Siempre perdiendo:
Como la masa en la ingravidez.

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