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Villa Pesadilla

1 octubre, 2016

Joel Molina

– Villa Pesadilla son cuentos, pero a medida que uno los lee se da cuenta que las historias están conectadas unas con otras, son hipertextos. Los personajes transitan por los callejones de un mal sueño, un mal viaje, una sobredosis, un suicidio. El contexto es la realidad que me tocó vivir, frente a mi casa había un expendio, crecí observando la dinámica del adicto. Me interesa como sujeto de historia el indigente, el “piruquita”, el “güelepega”, el “piedrero”. Mis escenarios son la periferia de un mercado, el motel de mala muerte, el tragamonedas, la sala de emergencia de un hospital público. Me interesa como ejercicio filológico plasmar la oralidad del “pinta”, el lumpen, lo prosaico. La estética que persigo es la del esperpento, “deformar sistemáticamente la realidad, recargando sus rasgos grotescos y absurdos”. Mucho de los giros dramáticos y técnica narrativa que utilizo proviene, debo decirlo, del cine, es como si contara las películas que nunca voy a dirigir.


Joel Molina

El milagro de la muerte

Un basuquero piruca en la mañanita. Está despertando de dormir la mona. Le pega un llegue a su botella. Arruga la cara, puro guaro lijón. Ya es hora de emprender las actividades del día. Hay que apurarse, hoy pasa el camión de la basura por la colonia.

Primero observa sentado en la cuneta como está el panorama. Siempre tiene competencia.

Allá va el Salvador, es un hombre simple. Va con su saco macen al hombro. Recoge plástico, papel y aluminio. Es piedrero. Un montón de veces los hermanos evangélicos lo han rescatado, tienen la ilusión de verlo hecho un hombre nuevo para la gloria de Cristo. La ilusión de Salvador es recoger bastante basura y venderla en la recicladora, para después comprar bastantes piedras.

Salvador saca esto y lo otro de un barril. Se cambia de acera. Está cerca del tope. En el tope hay una caja de cartón. La abre. Inmediatamente la vuelve a cerrar asustado y sale corriendo.

Pasa la Valentina, la güelepega. Esa lo que busca es comida, anda en la bajona. Rompe las bolsas negras. Ahí por lo general encuentra lo que los mediopelo llaman desechos orgánicos. Saca sobras de una y otra bolsa, las degusta, es exigente con lo que come. Está cerca del tope. Cuando llega mira la caja de cartón. La abre, pega un grito y retrocede desconfiada.

El basuquero piruca se pregunta:

-¿Qué mierda habrá en esa caja?

Llega Moncho, es creído porque ya tiene su carretón. Subió de categoría. Ahora lo contratan los mediopelo para que les vaya a botar las ramas de los palos cuando los podan.

El basuquero piruca piensa:

-Que mierda más pendeja, fijáte vos…darle forma a los palos de laurel para que se vean cuadrados. ¿Donde has visto un palo cuadrado?

Moncho pasa chifletiando al basuquero piruca, le restriega en la cara su flagrante carretón:

-Ya la hice con este carretón. Ya no me corren de la colonia, me dan pegue y me pagan bien. Cincuenta varas el viaje. Hago dos o tres al día. Hasta soy broder de las chachas y los cepe-efes. Vos sos un mierda…sos boludo. Solo pasás pajiandote viendo a los otros mierda llevarse la basura.

Moncho pasa de viaje, no llega al tope. No ve la caja.

El basuquero piruca está ofendido:

-Juelacienputa Moncho, ahí vas a ver. Te vas acordar de mi un día. Yo también la voy hacer y te voy a humillar. Solo estoy esperando que me llegue algo grande. Por eso yo no ando de mierda como los otros… yo se lo que es bueno.

Lo que pasa es que uno de esos tantos días, el basuquero piruca se encontró en un barril de basura una botella de guaro, del caro, arriba de la mitad, de ese que toman los mediopelo. Otro de esos días, en una caja de cartón, se encontró un cerro de revistas porno, que tesoro. Ahora está con la intriga ¿Qué le irá a regalar el destino en esa caja?

Deja la cuneta. Se guarda la pacha de guaro en la bolsa trasera del pantalón. Cruza la calle cantando “quimera fatal…” Va para el tope.

Está frente a la caja, rectangular y color café como casi todas. En eso llega en bicicleta el Cepe-efe y se orilla:

-¿Y vos, anoche escuchaste algo?

El basuquero piruca hace memoria. No se acuerda muy bien de nada. Anoche inhaló diluyente para pintura, ojeó las revistas porno, se hizo una paja, se quedó dormido y amaneció donde lo encontró la mañana.

-No escuché ni verga ¿Qué fue lo que pasó?

-Mejor jalate, ahí va a venir la pesca a preguntar.

El cepe-efe arranca en su bicicleta. El basuquero piruca lo ve alejarse y se encoge de hombros. Su atención regresa a la caja. Al rededor andan volando moscas tornasol.

***

Se determinó que llevaba más de 48 horas de abandono. Venía envuelto en una bolsa negra.

Cuando lo saqué estaba inflado y olía a perro muerto. Tenía la piel morada y una tripa colgando.

Lo apreté y se puso a chillar como gato. Estaba respirando. Surgió el milagro de la muerte

Así fue como conocí al señor de las moscas, y comencé a anunciar su reino, es el único que nos puede sacar de la miseria.

Medicina legal dijo que fue el calor alcohólico de mis manos, despertó de la muerte al feto abortado que encontré adentro de la caja.

Azar o Destino

Madrugada, un casino. En la puerta un diabólico arlequín impreso, muestra cuatro ases mientras descompone su cara en mueca burlesca. Entro, el piso alfombrado, las luces de las máquinas parpadean, hay varias filas, apostadas en todas las direcciones. Ya no hay nadie jugando, solo un empleado que pasa la aspiradora. Tararea una canción que no logro identificar pero se me hace conocida.

Sigo de frente, al fondo está la caja. Necesito cambio para un billete de cien dólares, a eso fue a lo que vine. Con una cara muy tiesa, de sonrisa forzada, la cajera me atiende, parece una más de las máquinas. Volteo, esta cara de la moneda no la había visto. Sonrío.

En una fila de tragamonedas, en la máquina que está junto a la entrada, a mano derecha, hay una mujer jugando. Claro, no la había visto porque cuando abrí la puerta, polarizada con el bufonesco motivo, quedó oculta a mi vista. Un punto ciego.

Pido cien pesos en monedas y avanzo. A medida que me acerco ya estoy seguro de algo, tiene el pelo bonito, largo y suelto, es castaño.

Estratégicamente me situó al final de la hilera, solo seis máquinas nos separan, las suficientes para observarla en detalle, buscar contacto visual y tratar de invitarla a un trago.

Echo la primera moneda. La vuelvo a ver. Es joven. Viste de rojo vino, en un conjunto de minifalda y saco. Es delgada. Echo otras tres monedas. Zapatos negros, tacón alto. Avanzo una máquina hacia ella. Echo monedas. Está muy seria, bastante concentrada en la pantalla del juego.

Gano treinta monedas, echo otras tantas. Es blanca, de perfil muy fino. Me salto tres máquinas, estoy más cerca. Tiene bonitos pechos, le llenan neumáticamente el saco.

Me quedan pocas monedas. Ahora que me fijo, no la he visto echar una sola en la máquina, tampoco he escuchado el sonido metálico de los premios. Solo hala de la palanca y observa fijamente la pantalla.

Me muevo de máquina. Estoy a la par suya, es preciosamente esbelta. Está jugando una mierda que se llama Azar o Destino. «No entiendo”, dice de pronto, su atención continúa en el juego. Tratando de parecer interesante le respondo: «funcionan en base a un algoritmo». Dicho esto me clava los ojos, impresionada por lo que dije.

Tengo un problema, sólo me quedan tres monedas y la caja ya está cerrada. El rato que pase hablándole dependerá de mi suerte, ganar monedas me significará tiempo de plática con ella.

Me pregunta si soy ingeniero. Echo mi última moneda. Tres manzanas se detienen ante mis ojos, el premio es de cuarenta. «Soy programador», le respondo con aires de triunfo. Cobro las monedas, la máquina no responde. Hago más intentos. Nada. No me dará mi premio.

A esta hora con quién me quejó, que suerte más mierda la mía. La mujer me observa: “No te preocupés, hacete en esta máquina». Ahora entiendo, de seguro es alguna modelo o impulsadora y caí en una trampa de mercadotecnia. La verdad no me importa. Obedezco sonriendo.

La pantalla del juego es básica. De entrada no se de que putas trata. Solo hay dos letreros, cada uno con una luz roja debajo de ellos. Un letrero dice Azar y el otro dice Destino. Ella saca una tarjeta y la pasa por una ranura, oculta a un lado de la máquina. Aparecen en la pantalla las configuraciones del juego. «Yo soy ingeniera», me dice, «trabajo para estas máquinas».

Ahora el impresionado soy yo. Frente a mi tengo a una mujer, joven y bonita, con la que puedo tener muchas cosas en común. Se llama Devi.

Según me cuenta, trabaja probando y ajustando las máquinas tragamonedas una vez que la afluencia aminora. Me explica que no puede darme las monedas pero me dará el equivalente en créditos para que juegue en esta máquina. Devi programa cuarenta intentos, me comenta que este juego es en lenguaje binario. Se voltea y hace una seña.

Detrás de la mesa de póker está la barra. Hay otras mesas de juego a los lados, sin faltar la ruleta. Al minuto se aparece un mesero con bandeja y trago.

«Cortesía de la casa», dice Devi, «por el pequeño inconveniente con la máquina».

-Te lo acepto sólo si me acompañás a uno.

Devi sonríe, no me mira a los ojos cuando contesta:

«Aquí no. Después del trabajo. Salgo a las tres. Ahorita jugá.»

Bebo gustoso de mi trago. Faltan cuarenta minutos para las tres. La plática con Devi fluye, me tiene de lo más interesado, es como sí conociera las secretas opiniones que tengo respecto a las cosas. De pronto un sonido sale de su cuerpo. Me mira asustada: «Es mi jefe, debo contestar el celular». Abre la puerta y sale. Su ríngton sonaba como engranajes con sarro. Vuelvo al juego. No lo entiendo. De qué putas trata. Se me olvidó pedirle detalles a Devi.

El trago estaba fuerte, me siento algo mareado. Tal vez no debí haber combinado, ya había tomado muchas pastillas. Como sea. No se le puede despreciar un trago a una mujer bonita. Veo turbio. Estoy helado. La puerta se abre. Entra un hombre elegante, detrás viene Devi. Cuanto tiempo ha pasado. Consulto mi reloj, son las tres menos cuarto.

«Te presento a mi jefe», dice Devi, «se llama Yester».

-¿Como? ¿Chester?

-No. Yester, con «ye».

Disimulo mi mareo y me apresuro a saludarlo. Tiene pinta de muy refinado, pero en lugar de estrecharme la mano cierra el puño, con intención de chocarlo con el mío:

-Qué nota pelota.

El inesperado saludo me desconcierta, trato de corresponder con la mayor naturalidad posible. Devi menciona que necesita terminar un informe, después de eso nos vamos. Da la vuelta y se pierde tras una puerta rotulada, solo personal autorizado. A pesar de que continuo mareado no dejo de seguirle el culo con la mirada. Yester lo nota:

-Está bien rica ¿verdad?

No contesto, solo sonrío.

-La Devi me dijo que sos informático.

Afirmo con la cabeza.

-¿Ya probaste ese juego?

Yester estira la trompa señalando al tragamonedas.

-No lo entiendo.

-Es sencillo. Vos escogés: Azar o Destino.

-¿Como así?

-Parecés pendejo. Avivate. A cual le apostás. Al Azar o al Destino.

No me gusta el tono de Yester, pretende intimidarme. Le contesto secamente: «al azar, no creo en el destino».

-En este juego solo hay una manera de apostar, apostarlo todo. Cuanto tengás es lo que valés.

-Tengo cuarenta créditos.

En el tablero del juego hay dos botones, uno debajo de cada luz roja. No es que no los haya visto, estoy pasmosamente seguro que no estaban antes. Oprimo el botón que corresponde al «Azar» y halo la palanca.

La luz roja comienza a rebotar, es intermitente entre los letreros de azar y destino. Aumenta su velocidad, es casi estroboscópica. Será efecto de los fármacos pero empiezo a ver un patrón de ceros y unos, de unos y ceros. Se repiten a razón de una progresión, todo pasa tan rápido…pero lo entiendo, podría escribir la ecuación en función de cualquiera de sus variables, reducirla a su mínima expresión, el resultado siempre sería el mismo.

Miro a Yester, hay algo raro con la expresión de su cara, no se de donde, pero me parece que lo había visto antes. La alternancia de la luz roja desacelera. Se detiene en el letrero «Destino».

-Salado pescado- celebra Yester.

Ahora mismo, eso es lo que menos me importa, haber perdido en un estúpido juego que no tiene sentido. Cada vez me siento peor, estoy sudando. Bajo mis pies el suelo se vuelve una espiral, como si un agujero de gusano me tragara. No soporto el vértigo. El vómito sube por mi garganta. Yester se ríe como loco, se le resalta una vena en la frente:

-¿Vos pensás que es casualidad que vinieras aquí? No agarrés vara, estaba en el destino, el destino es una máquina, vos que sos programador, date cuenta. Se te escogió porque lo ibas a entender. No es por azar que sos matemático y por tu gusto estés drogado. Andás bien loco ¿verdad? Eso es bueno, amplía el espectro de tu lógica de cálculo. Por el vino supino Capitolino, mientras Galba cabalga al alba. Ahora decíme: ¿Crees en lo que viste?

***

Hace media hora que estoy despierto, lo primero que hice fue vomitar, hundir la cara en la boca de un sucio inodoro. Estoy en un motel. Devi me dejó una nota, escrita con lápiz para ojo en la Biblia que encontré sobre la mesa: «Ya pagué, gracias por jugar».

Después de noches de exceso experimento lagunas mentales y un hondo sentimiento de vacío, pero esta vez es diferente. Tengo la certeza absoluta de mi no felicidad asegurada de por vida. Yester se burló de mi. Luego de lo que dijo solo dio la vuelta y se fue, regresó a la puerta.

Antes de salir del casino le pregunté a Devi donde quería ir, después de eso solo tengo confusos recuerdos de un bar de coca y la monotonía de un beat de electrónica. Había pista de baile con luces, cañones proyectando videos, máquinas lanzando humo…y en todo: las frecuencias, las imágenes, los compases, los destellos; encontraba un patrón, un lenguaje, una fórmula. En todo había números y los números se volvían letras, algoritmos en todo el sentido de la palabra, formaban secuencias, me comunicaban mensajes. Por eso, mientras penetraba a Devi no sentí placer alguno, no me estaba divirtiendo, ya nunca lo haría.

Estoy tirado al lado del inodoro, las ganas de vomitar me regresan. ¿Será real todo lo que estoy padeciendo? Necesito una señal para confirmarlo.

Salgo del motel. Me encuentro en la periferia de un mercado. La gente va y viene. Escucho gritos, provienen de un muchacho pelo largo. Está parado en la esquina predicando un mensaje. Del cuello le cuelga un rectángulo de cartón. Leo: «Es el fin. Yo soy la señal».

Pues es cierto, todo lo que vi, todo lo que veo. La realidad es una pesadilla. Voy a morir a los sesenta y seis años, cuarenta años después de perder un estúpido juego contra el destino, y de haber apostado mi vida al azar. En todo ese tiempo pasaré repitiendo los mismos errores. Nunca voy a saber lo que es el amor o el verdadero interés hacia otras personas. Siempre me sentiré inconforme, solo y vacío.

Me acerco al muchacho pelo largo y lo escucho detenidamente. Su mensaje me transmite paz, está cargado de tanto sentido. Ahora tengo una alternativa. Saco el frasco de pastillas que traigo en la bolsa izquierda de mi pantalón, lo destapo y vacío su contenido garganta abajo. Continuo escuchando al muchacho, su voz me arrulla mientras me duermo…

Verdadero Profeta

La policía cerró el caso, por tanto, al canal ya no le interesa la historia. Yo seguí investigando por mera curiosidad, vos sabes que a mi me cuadran esos temas. Siempre hago reportajes especiales sobre milagrosos cristos llorando sangre, marías en manchas de moho, algún poseído y su frenético exorcismo, pero nunca me había encontrado con esta variante de noticia escatológica, de augurio del fin del mundo… un loco tan seguro de su locura, tan convincente y elocuente para predicarla. El material que tengo lo comprueba, es todo un personaje, por eso quiero que hagamos un documental sobre el verdadero profeta.

Todo comenzó con la muerte por sobredosis de un joven programador, veintiséis años. Trabajaba para una empresa de telefonía celular. Ocurrió la mañana del veintiuno de diciembre, no se si te acordás, cubrí la noticia, salió en el bloque de sucesos.

Al rastrear la cadena de eventos descubrimos un motel y posteriormente un casino. Los peritos policiales se enllavan en esta parte, sobre todo porque el casino en cuestión desaparece. Los dueños, identificados únicamente con los nombre de Yester y Devi, salieron del país. Tienen una larga historia de evasión de impuestos y presuntamente lavado de dinero.

Hasta aquí es la perfecta historia de cine noir. Las autoridades declaran evidente suicidio por pena de amor. El joven muerto frecuentó por semanas a la dueña del casino, salían todas las madrugadas, bacanaleaban y amanecían en el motel.

Siempre busco y encuentro el lado místico de las cosas. Mi atención se posó sobre un elemento que fue subestimado por los investigadores. Al salir del motel el joven se conducía hasta la esquina opuesta de un mercado, donde un «loquito» pide monedas. No le dieron importancia al hecho de que un programador se suicidara frente a un chavalo güelepega, el cual se identifica como alto miembro del Ministerio por el Fin del Mundo.

La historia atrajo mi atención de inmediato, convencí a los productores del noticiero para que me dieran una semana y profundizar mi búsqueda. Me aprobaron tres días de cámara.

Tengo entrevistas con mercaderas y la opinión de algunos transeúntes. Todos consideran que el chavalo andrajoso, pelo largo y güelepega, es uno más de los locos que pululan en el mercado. Lo ven con indiferencia, sin ningún viso de temor, pero a mi, no se sí a vos te pase, me inspira una inquietante sensación de anomalía.

Este hecho dejó de ser noticia, ya pasó el tiempo. Por mi cuenta he continuado el seguimiento de la historia, filmando con mi propia cámara. Estoy muy entusiasmado con el material que he conseguido, lo dejo en tus manos para que lo visionés, yo se que vos, además de ser mi amigo, sos un editor que se puede interesar en darle forma a esta película.

***

Capturé el material y me dispuse a verlo.

La verdad no me llamó para nada la atención. Es la típica historia sensacionalista. Busca el interés humano por un caso de indigencia, mezclado con fanatismo religioso y el morbo por lo satánico.

La primera parte del material es de carácter noticioso, no serviría ni para un documental expositivo, pero hace una semana me llegó un paquete con un disco duro y una carta.

Mi amigo reportero renunció a su trabajo, me dice que estaba harto, se siente artista y hará una apuesta por su arte. Está dedicado de tiempo completo a fumar y filmar su documental, la historia lo tiene totalmente atrapado, incluso ya tiene un título: «El Profeta Güelepega».

Al revisar este nuevo material noto de inmediato una propuesta estética: una nerviosa cámara en mano que se ofrece como sutil excusa para sumergirnos en un mundo de pesadilla. Se muestra la dura vida de parias del mercado. Las tomas son al mejor estilo del cinéma vérité, con una interesante variable, contienen narración en tiempo real, comentarios poéticos hechos en torno a lo que vemos en pantalla.

Hay un clip cuyo nombre llama particularmente mi atención. Está rotulado como «Profecía del Advenido». En el primer fotograma aparece el profeta güelepega, hasta ahora no me había encontrado con ninguna declaración suya. Tecleo la barra espaciadora y se reproduce lo siguiente…

***

Vino a mi palabra del Diablo diciendo: «Dale, escribí a toda verga, al panic del momento, vos, oráculo de Lucifer…»

Cuando la luna brille con forma de queratina apéndice de un dedo, trasquilada por un cortaúñas; y mientras el planeta más bello destelle suspenso, en todo su derecho como estrella de la mañana, tendrá lugar un acontecimiento que marcará el fin.

El Advenido surgirá de un barrio costero. Respirará miseria. Sufrirá desde chatel: maltrato, abuso, explotación. Verá como otros chateles sufren maltrato, abuso, explotación. Un trauma tras otro.

Estará solo en el mundo. Se dará cuenta que nadie vale la pena, que nada merece un sacrificio, que todo está perdido y se resume a la nada.

Formará conciencia: la misantropía es el más alto grado de conciencia social. El ser humano es una mierda.

El Advenido logrará descifrar el cosmos, la matriz semiótica universal. Volverse poderosamente sabio. Entender la clave de Salomón, la cifra cuántica, así se dará cuenta de su origen celeste.

Dios ordenará al Advenido no oponerse a la dialéctica por Él impuesta. Pero el niño desnudo dirá «no serviré», se cruzará de brazos en un gesto de rebeldía y enseñará que sin nosotros, todas las voluntades, todas las mentes, todas las almas, El Eterno no puede existir.

Dios mantiene este mundo que son ideas. Por la idea se sufre. Sin idea no hay sufrimiento. Se tiene idea por que se vive. Se sabe que uno vive por que vos podés escucharme.

La nada es la necesidad más infinita y absoluta de la creación. Hay que acabar con la conciencia eterna, Dios está sufriendo, tenemos que matarlo, así acabará el dolor, así acabará todo…

Fin del clip.

***

Fue peor que en aquella foto, donde un negrito africano es velado por un zopilote que despliega las oscuras alas de la desesperanza. Mis ánimos están desnutridos. No hice nada para evitarlo. Me quedé impávido, pasivo, solamente contemplando. Igual que reportero del Animal Planet, viendo como las hienas destrozan cachorros de león. No se puede intervenir en el curso natural de las cosas. Solo me queda cambiar de estrategia, dar otro enfoque al documentalismo social. Ocuparme de lo antropológicamente interesante. Comprender lo profundo de la regresión aplicando la observación participativa. Solo así podré sentir la historia, y de ese modo, podré olvidarla…

Si estás leyendo esto es porque ya tomé la decisión. Te dejo mi cámara, las tarjetas de memoria y los discos duro. Está en tus manos editar la historia.

***

Hace seis meses que mi amigo anda en la calle de en medio. Cambió su micrófono de reportero por un vaso de pega. Inhala con desconsuelo. Nada lo saca del hoyo, ningún consejo familiar, ningún Dios mediante. Desde un inicio fue un poseso en proceso. Desde que tornó en arte su vida y filmó aquello que trastornaría su conciencia.

Los clips de la última tarjeta que descargué lo explican todo.

Es de noche. La cámara observa sigilosa el nicho donde los niños güelepega duermen. Filma de lejos, oculto tras unas cajas, robando almas con un telefoto.

De repente entra a cuadro otra pandilla de güelepegas. Quieren violar a una niña discípula del profeta. Este se despierta y lucha como un loco. Al final lo someten, lo tumban y le dejan caer varias veces un adoquín en la cabeza. Acto seguido se ensañan con la niña. Por último sodomizan a los niños que no pudieron correr.

Historia de vida

Existen muchas personas que van por la vida quejándose, y sin hacer un solo esfuerzo, ni el más mínimo, se resignan a no poder hacer nada por este infeliz mundo. El humano está de brazos cruzados a la espera de quién sabe qué cosa, cultivando falsas dichas que se antojan realidades, sin querer despertar de la tranquila inconsciencia. Para gente como vos la felicidad ya no existe, solo la distracción.

Hace dos años que nos conocemos, sabés que soy voluntaria en una ONG cristiana que atiende casos de violencia y adicción en niñas. Al principio lo hacía para completar el pénsum, que exige prácticas de profesionalización, pero a medida que fui conociendo la historia de vida de esas niñas quedé convencida de algo: los hombres están en decadencia.

Es deprimente escucharlas relatar como su abuelo las violó, el por qué se sienten sucias y culpables, como su tío las violó, el por qué cayeron en la pega, cómo su hermano las violó, el por qué se prostituyen, como su padre las violó, y por qué lo mataron arrojándole mezcla de melcochas hirviendo.

No existe ayuda psicológica que pueda brindar, o que puedan brindarme, para soportar la sociedad en la que vivo. Mi corazón está lleno de buenas intenciones, pero no tengo la cuota de poder necesaria para hacerlas realidad.

No creo en ningún poder divino, la idea de este Dios occidental me da asco, patriarcal y misógino. Por eso continué siendo voluntaria, el gringo evangélico director de está institución no es confiable.

Tiene la peligrosa idea de que el anticristo vendrá pronto. Últimamente está albergando a niñas embarazadas cuyo perfil psicológico me preocupa, todas fueron violadas de la manera más traumática posible. En el culto de las tres predicó, citando extraños pasajes bíblicos, que el demonio se encarnará con la tribulación de una inocente.

Mientras vos andabas en las montañas, drogándote con tus amigos, yo presencié una auténtica pesadilla. La noche del eclipse se descubrió todo.

Me quedé hasta tarde trabajando terapia de psicodrama con Sara, la niña embarazada que mató a su padre. En la terapia utilizábamos un muñeco de melcocha que ella formó.

Melcocho, así se llamaba el muñeco, cobra vida en sus sueños. Está niña pudo haber desarrollado un cuadro psicótico con delirio de persecución, pero a pesar de ese diagnóstico, continué creyendo en ella cuando me dijo que el director quería sacarle a su hijo. Necesitaba pruebas para denunciarlo.

Al anochecer, ya cuando todos se habían ido, entré a la oficina de dirección. Rebusqué entre un apocalipsis de papeles y encontré un manuscrito puesto en desorden, un tal Manifiesto del Sagrado Aborto.

Según esa teoría, la Serpiente Antigua entrará en el cuerpo de una niña escandalizada. La encarnación del Versus-Cristo necesita un acto conceptivo abominable, ya sea pederastia, incesto, bestialismo, magia ritual, o abuso de alteradores de conciencia. Es deber del verdadero creyente romper cualquier lazo satánico y acabar con el mal antes que se manifieste.

Desde la antigüedad, la manera para evitar la encarnación de demonios ha sido el sacrificio de neonatos a Moloch’ziel, un poderoso ángel de Dios. Incluso, Dios mismo ha pedido el sacrificio de un hijo, y también sacrificó al suyo. En otra ocasión acabó con todos los primogénitos de Egipto lanzándoles una plaga…

Después de leer esas cosas me preocupé más por las niñas. Seguí buscando y en una gaveta encontré una carta de suicidio. El director ya estaba en el fondo del lago, levitando con una piedra amarrada a los tobillos.

Esa noche estaba de turno Margaret, una estudiante de intercambio, vino de Texas para hacer trabajo social. Le expliqué mi descubrimiento, al principio se resistió a creer, pero cuando llegamos al dormitorio de las niñas quedó convencida de todo. Ahora conoce la inclemencia del requinto mundo en el que estamos, aquí el amor de su Dios no vale, por más que le ore.

La policía, las ambulancias, los noticieros, todos haciendo bulla. Encontraron a cinco niñas con dolores terribles de mal parto. Los exámenes revelaron que fueron canalizadas con suero abortivo. El director evangélico también mató a su perro, un husky siberiano negro llamado Molok. En el estómago del animal hallaron restos de embriones humanos.

Al pasar lista faltaron dos niñas, una de ellas era Sara. Más tarde fue encontrada al borde del muro perimetral norte, en condiciones que no voy a describir, pero a pesar de ello la fruta de su vientre sobrevivió, dio oscuridad a una huérfana. Debajo de ella había cavado un hoyo, daba con el otro lado del muro. Afuera ya era día.

Revisé el expediente de la otra niña que faltaba, su historia de vida es típica, trágica. No conoció a su familia, sobrevivía en las calles de un mercado, era adicta al pegamento y fue abusada por una pandilla de güelepegas, a los que se acusó de intolerancia religiosa.

Nunca me hice la ilusión de que el amor podría salvarnos, vos y yo somos egoístas. No puedo seguir viviendo en este país, me voy para Argentina, a sacar un posgrado. Me llevo tu guitarra acústica, un libro de Jung que se llama algo así como «los sermones a los muertos”, y una foto que recorté en el periódico, donde se informa el hallazgo de un recién nacido, abandonado en una caja de cartón.

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(Managua, 1990). Filólogo y Comunicólogo por la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua. Miembro del colectivo Cierto Güis Producciones. Cuenta con casi diez años de experiencia en el mundo de la producción audiovisual con enfoque social. Sus inicios se remontan al año 2007, cuando participa como guionista y reportero en el segmento televisivo “Joven, Abre tus Ojos”, cuyo contenido está basado en el código de la niñez y adolescencia. En 2010 trabaja como facilitador de talleres impartidos por Fundación Luciérnaga, institución especializada en la comunicación para el desarrollo. Participa en el Taller de Narrativa del Centro Nicaragüense de escritores y en el Taller Centroamericano de Realización Cinematográfica, impartido por la Escuela de Cine y Televisión Casa Comal. En 2011 comienza una relación laboral con Alba Films, donde se desempeña como editor y asistente de realización de documentales que abordan temas como educación, seguridad alimentaria, prevención de violencia, salud sexual-reproductiva, género, medio ambiente, entre otros. En 2012 co-dirige el mediometraje ficción “RuteadoS”. Clasifica para el Encuentro Audiovisual Joven del Costa Rica Festival Internacional de Cine, impartido por la Nueva Escuela de Cine y Televisión de la Universidad Veritas. En 2013 clasifica para el Talent Campus del Festival Internacional de Cine de Guadalajara, en el rol de editor. Realiza la fotografía, montaje y diseño sonoro del cortometraje ficción "El Aborto de un Pensamiento", merecedor del premio Generación INCINE. En 2014 dirige el cortometraje experimental "Vano Urbano", selección oficial por Nicaragua en el XVII Icaro Festival Internacional de Cine en Centroamérica. Realiza el montaje y colorización del documental “Si Buscabas”, selección oficial por Nicaragua, categoría ventana centroamericana del Festival Internacional de Cine de Costa Rica. En 2015 realiza el montaje y colorización del videoclip “Enano Cabezón”, de la banda Nemi Pipali. En 2016 dirige el cortometraje documental “Luces para Aprender”, proyectado en cine el pasado 20 de Mayo. Actualmente, su libro de cuentos “Villa Pesadilla”, está siendo editado en Missouri.