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Novel Premio Nobel

29 noviembre, 2016

Luis Rafael Sánchez

– Muchos y sonoros “Bravos” a la Academia Sueca por la otorgación del Premio Nobel de Literatura del año 2016 a Bob Dylan. Muchos y sonoros “Bravos” por legitimar el rango de poeta buenaventurado que evidencia el compositor norteamericano a lo largo de su obra. Una obra que integra, a la perfección, los comentarios de la palabra y de la música; comentarios y opiniones persuasivos de la época en que vive y del amor como salvación.


Bob Dylan, Premio Nobel de Literatura 2016

Durante la transmisión televisiva de los conciertos sinfónicos, reparo en la opinión que un Beethoven o un Sibelius les asignan a ciertos instrumentos. Sospecho que algo adicional  comunica el solo breve de un violín o la lamentosa  insinuación de una trompeta, más allá del gran tema que centra la pieza.

La poesía que tiene el corazón humano como destino no tiene un sitio preasignado donde florecer. Florece hasta en la maleza como recuerda Sylvia Rexach, gran poeta despachada como “fina compositora de boleros”. Florece hasta en los zapatos viejos como recuerda Luis Carlos López, gran poeta colombiano. Florece en el universo de lo pedestre, como recuerda  Pablo Neruda a través de unas prodigiosas odas elementales.  ¿Llamarlo gran poeta a estas alturas? Florece hasta en el pentagrama sobre el cual suda  su inspiración el poeta al que se le mantiene a raya con el apodo de compositor de letras. No es el tema, ni el asunto, ni el “compromiso”: es el control  a fondo  de la emoción y  la inteligencia lo que hace enorme el poema, tenga forma de soneto clásico o bolero romántico, de tango o ranchera.

¿De ranchera? Pues sí.  Un  poema esplendoroso contiene la ranchera que  firma José  Alfredo Jiménez. Se titula “Amanecí otra vez entre tus brazos”.

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También muchos y sonoros “Bravos” por reconocer, finalmente, que el literario no es un trabajo restringido al  juicio  académico. Muchos  y sonoros “Bravos” por sugerir o  implicar que la poesía es  capaz de absorber y reciclar lo tachado de vulgar, de chato, de mediocre. De reciclar y de recalcar la belleza que el distraído pasó por alto. “Qué falta tú me haces”, bolero de Bobby Capó,  que interpreta la voz hermoseada  por las malas noches de   Gilberto Monroig,  viene a cuento.

Vulgares, chatas y  mediocres acaban por parecer las quejas amorosas, aun cuando salgan de la boca de Julieta Capuletto. Sin embargo,  como ocurre en el bolero  “Qué falta tú me haces”, la  reordenación puede  dotarlas de una inesperada  coherencia. Porque si las quejas de amor no son coherentes  mejor dejarlas  en paz.

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Sobre todo, muchos y sonoros “Bravos” por honrar, vía el Nobel  a Dylan, la excepcional gestión  poética de un Agustín Lara y un Pedro Flores, un  Silvio Rodriguez y una María Grever,  un Joan Manuel Serrat y un Rafael Hernández, una   Violeta Parra y un Juan Luis Guerra. Es decir honrar la gestión  poética del cancionero popular que nutre a la humanidad. ¿Popular? Pero, si la Reina Isabel oye y celebra a  los “Beatles”.

No halo la sardina para la brasa del idioma español por chauvinismo. Lo hago por ignorar el nombre del poeta que creó “Torna a Sorrento”, del que creó “Lili Marlene”, del que creó “Rien de rien”, del que creó “Noche de paz”. O de los que crearon los fados que Amalia Rodriguez me enseñó a amar durante lejanas noches lisboetas de vino verde.

Del tango ni se diga. Los poetas que reivindican el tango sobreviven,  anónimamente casi,  aun cuando se lo reverencia como un género transgresor  que tiene por valedores a  Ernesto Sábato y Jorge Luis Borges.

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El dístico finaliza una balada de Juan Gabriel. Lo tengo por denuncia sublime del  amor como necesario contratiempo. Lo tengo como otro ejemplo del poeta mayor que Juan Gabriel es. No lo hallé en libro alguno, lo hallé entre los neones  velloneriles del bar  que unos nombran de doña Nellie y otros de don Lorencito. Sitúa en la jurisdicción municipal de Yabucoa,  a mitad de la carretera que  cruza el barrio Aguacate. La balada la canta, sin economizar sentimiento, Marc Anthony. ¿El dístico?: “Yo era muy feliz, pero te encontré”.

La asombrosa gestión poética de Juan Ga también la premia la Academia Sueca cuando premia  a Bob Dylan. Más que una obra monumental se premia un monumental entendimiento: se lea o se cante, todas las grandes literaturas son la literatura

 

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