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Desarrollo y hegemonía en el gobierno de Violeta Barrios de Chamorro

24 marzo, 2017

Lugwing Moncada

– En línea con Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, Iñigo Errejón expone que el discurso político va más allá de la mera expresión de los intereses particulares de un sector social. Más bien, la construcción de un discurso político implica la estructuración de un imaginario que, en cierto modo, crea una ética y normativa decidora de una realidad y un modo de vida. La política en este sentido es la administración, gestión, articulación y fractura de estos discursos que construyen el imaginario de todas aquellas partes de la sociedad circunscrita en una nación.


Violeta Barrios de Chamorro

El discurso político no es lo que se dice de intereses ya constituidos en un terreno anterior […] en la economía, en la  geografía, en la sociedad.  Que no es expresión sino que es construcción que de lo que se dice de las cosas
produce sentido y que la política es fundamentalmente batalla por el sentido.
Íñigo Errejón[1]

En línea con Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, Iñigo Errejón expone que el discurso político va más allá de la mera expresión de los intereses particulares de un sector social. Más bien, la construcción de un discurso político implica la estructuración de un imaginario que, en cierto modo, crea una ética y normativa decidora de una realidad y un modo de vida. La política en este sentido es la administración, gestión, articulación y fractura de estos discursos que construyen el imaginario de todas aquellas partes de la sociedad circunscrita en una nación. Trayendo esta reflexión de Errejón a Nicaragua, me parece interesante analizar cómo el discurso político creado alrededor del concepto de desarrollo ha articulado y fracturado el imaginario nacional en distintos momentos. En este ensayo analizo particularmente el discurso de desarrollo durante el periodo denominado la “triple transición” (1990-1997). Antonio Lacayo define esta “triple transición” de la siguiente manera: “El desafío planteado al asumir el Gobierno en 1990 era hacer que Nicaragua pasara de la guerra a la paz, del totalitarismo a la democracia, y de la economía destruida y centralizada a la libre de mercado y en crecimiento”(Lacayo, 465). En estos años, podemos leer esa “batalla por el sentido” que define Errejón, ya que la conceptualización de desarrollo fue uno de los principales tropos que suturó a los distintos sujetos claves de la política nacional: el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y la Unión Nacional Opositora (UNO). Si bien estos dos partidos comprenden una pluralidad de actores sociales, es importante destacar que ambos partidos constituían alianzas multiclasistas que comprendían empresarios, sindicatos, guerrilleros, clase media, obreros y campesinos. Más adelante definiré con mayor especificidad a los sujetos que comprenden dichas alianzas políticas. Mi tesis aquí es que sin importar la polarización entre estos sujetos que conformaban al FSLN y la UNO, estos compartían un terreno discursivo que daba prioridad a la concepción del desarrollo. Por tanto, en este artículo analizo el discurso y el imaginario del desarrollo durante la triple transición mediante el siguiente mapa de ruta: a) genealogía del desarrollo en la historia reciente de Nicaragua y b) análisis de la genealogía a partir de la teoría de la hegemonía de Laclau, Žižek y Butler.

A)    Genealogía del desarrollo

La historiadora Frances Kinloch denomina al periodo que va de 1945 a 1979 como uno de “desarrollo excluyente y crisis política” en la historia de Nicaragua (Kinloch, 274). La autora caracteriza el “desarrollo excluyente y la crisis política” como el modelo de producción y de gobierno establecido durante la dictadura somocista, cuyos principales rasgos fueron: a) la violencia política y, b) un sistema productivo de materias primas como el algodón, el café y la ganadería. Luego de este periodo, la historia de Nicaragua se divide en dos temporalidades claves para comprender sus configuraciones políticas y económicas actuales. La primera temporalidad fue la revolución sandinista de 1979, que derrocó a la dictadura somocista, y se enrumbó en un proyecto socialista de “economía mixta” que terminaría en 1990, con la elección de Violeta Barrios de Chamorro. La segunda temporalidad clave es el gobierno de Chamorro, el  cual giró drásticamente de un sistema de una “economía mixta” a uno de libre mercado. Este periodo de los años noventa, conocido como la “triple transición”, se caracteriza por la implementación de un plan económico denominado “neoliberal”. Esto se debe a que dicho proyecto cumplió con los puntos del Consenso de Washington.[2] El plan económico fue propuesto por un sector de la UNO. Según el historiador Roberto Cajina, dicho sector estaba integrado por “un grupo de tecnócratas, sin experiencia política ni militancia partidista […] vinculados al CORDENIC, y el Instituto Centroamericano de Administración de Empresas (INCAE) así como otros expatriados […] conocidos popularmente como Miami Boys” (Roberto J. Cajina, 49). El plan económico estructurado por los tecnócratas “sin experiencia política” construyó un nuevo discurso en torno al desarrollo, resignificando dicho concepto. Este proceso de resignificación del desarrollo fue parte del discurso político articulado por la administración Chamorro para construir su hegemonía. El desarrollo como proyecto político no es nada nuevo en Nicaragua. Los distintos gobiernos han construido su dominación y hegemonía llenando de sentido este significante vacío. Por lo menos en los últimos cincuenta años del siglo pasado,  identificamos tres proyectos políticos que definieron el desarrollo de manera  particular. Los tres proyectos políticos fueron el somocismo, la revolución sandinista y la “triple transición”.

Anastasio Somoza Debayle y sus hijos, Luis (izq) y Anastasio.

Anastasio Somoza Debayle y sus hijos, Luis (izq) y Anastasio.

Durante la dictadura somocista el proyecto de desarrollo era el agroexportador, el cual es categorizado por Kinloch como un modelo de “desarrollo excluyente”. Este sistema se concentró en cuatro principales productos de exportación: el algodón, el café, la caña de azúcar y la ganadería. El desarrollo implementado por la dictadura somocista generó un crecimiento económico acelerado. No obstante, dicho proyecto era socialmente inviable porque estaba precarizando la sociedad y acumulando la riqueza (tierra) del país en pocas manos. Según Kinloch se alcanzó “[…] una tasa anual de crecimiento del 5.2% en la década de 1950, así como del 6.9% en la década de 1960” (Kinloch, 275). Es importante resaltar que “hacia fines  de la década de 1970 un reducido sector latifundista acaparaba el 36% de la tierra cultivada y el 5% del sector más rico recibía el 28% del total de los ingresos anuales” (Kinloch, 275). De estas cifras se puede concluir que el discurso somocista sobre el desarrollo se concentraba en cuatro productos primarios y dependientes de mercados extranjeros. Además estos productos primarios siguen un modelo de producción extractivista, ya que ninguno de ellos requería alta complejidad tecnológica, ni eran productos con alto valor agregado. Si bien el desarrollo ideado por la dictadura generó riqueza, la distribución de la misma fue altamente desigual.

Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional

Precisamente, la mala distribución de la riqueza —o desarrollo excluyente— fue una de las causas que, aunadas a la represión política y asesinatos cometidos por la Guardia Nacional, devinieron en la revolución de 1979. El proyecto de la revolución sandinista era distinto, al menos en términos de su discurso. La Junta de Gobierno Reconstrucción Nacional (JGRN) “contemplaba el desarrollo de un sistema económico mixto que incluiría tres grandes áreas: propiedades estatales y sociales, empresas capitalistas e inversiones del sector público y privado” (Kinloch, 306). El proyecto de la revolución partió desde una conceptualización del bienestar social, más que de un bienestar exclusivamente económico. La JGRN se planteaba la “reducción de las desigualdades sociales”.  Para ello los distintos ministerios e instituciones del gobierno impulsaron un gran número de proyectos sociales. Por ejemplo, el gobierno “destinó once por ciento del presupuesto nacional al sector salud […] y, desarrolló numerosos proyectos como guarderías infantiles, programas de educación nutricional, rehabilitación integral” (Kinloch, 309-10). Sumado a esto, el FSLN implementó grandes proyectos sociales como la campaña nacional de alfabetización y la redistribución de la tierra a través de la ley de reforma agraria. En este sentido, concluimos que lo que se proyectó como desarrollo durante la revolución fue una inversión del sistema anterior. Mientras el somocismo favoreció un “desarrollo excluyente”, la revolución sandinista definió el mismo desarrollo en función  del bienestar social y reducción de las desigualdades sociales. Como mencioné anteriormente, el plan económico durante el gobierno de Chamorro cambió el discurso del desarrollo implementado durante la revolución sandinista. Cabe mencionar que debido a la guerra civil —y su estrategia de desgaste—  una grave crisis económica azotó a Nicaragua.  Según Kinloch, a inicios de la década de los años noventa, había un enorme déficit en la cuenta comercial de “500 millones de dólares. La tasa de inflación pasó de 345% en 1984 […] a una cifra record de 30,000%” (Kinloch, 330).

Violeta Barrios de Chamorro y Antonio Lacayo.

Violeta Barrios de Chamorro y Antonio Lacayo.

El tercer significado de desarrollo es el gestado durante la administración de Chamorro y es el punto central de este ensayo. Dicho significado partió de un plan económico ideado por la UNO y, en especial, por Antonio Lacayo.  El proyecto de desarrollo en este periodo se articula con el Programa de Ajuste Estructural (ESAF, por sus siglas en inglés). El ESAF era un  requisito para acceder a los préstamos de las Instituciones Financieras Internacionales (IFIS). Entre estas instituciones destacan el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Dichas instituciones, a su vez, exigían al gobierno la liberalización del comercio, privatización de la banca, descentralización del mercado, devolución de las tierras ilegalmente expropiadas en la reforma agraria, reducción de la burocracia y gasto público y la privatización de los servicios. Es decir, el desmantelamiento del proyecto sandinista en aras de un nuevo significado y modelo de desarrollo.  

B) Desarrollo y Hegemonía análisis del discurso de Antonio Lacayo

En este ensayo utilizo la teoría del filósofo Ernesto Laclau y sus categorías epistemológicas expuestas en torno a la hegemonía en el libro Contingencia, hegemonía, universalidad: Diálogos contemporáneos en la izquierda (Butler, Laclau, & Žižek, 2003), para abordar la conceptualización del desarrollo económico elaborado durante la transición del gobierno de Chamorro. Para dicho análisis, me apoyo del archivo y de las memorias del exministro de la presidencia —y yerno de la presidenta— Antonio Lacayo. Este último escribió sus memorias e ideas sobre la transición política en el libro La difícil transición nicaragüense en el Gobierno con doña Violeta. En este acápite realizo un análisis postmoderno del discurso del desarrollo estructurado durante la “triple transición”. Por discurso entiendo aquél “Sistema rarificado de objetos, como una gramática o un grupo de reglas que hace que algunas combinaciones y sustituciones resulten posibles y que excluye  otras” (Laclau, 83). De esta manera interpreto cómo el gobierno de Chamorro resignificó el concepto de  desarrollo durante la transición. Esto me permite postular que el concepto desarrollo fue, en términos de Laclau, uno de los principales “tropos suturantes” del proyecto político llevado a cabo durante los años noventa. Antes de analizar el discurso de Lacayo en cuanto al desarrollo, me parece preciso detenerme un momento para explicar cómo percibo la constitución simbólica del desarrollo desde una perspectiva posmoderna. Para ello me concentro en mencionar mis pilares de análisis del concepto de desarrollo como articulación hegemónica. Estos son los postulados de Ferdinand de Saussure, Íñigo Errejón y  Ernesto Laclau. La genealogía del desarrollo que analizamos anteriormente muestra que dicho concepto es un signo lingüístico. En este sentido,Saussure postula lo siguiente: “Lo que el signo lingüístico une no es una cosa y un nombre sino un concepto y una imagen acústica […] es una entidad psíquica que puede representarse por la siguiente manera” (Saussure, 91-92) La imagen ilustra los postulados de Saussure. Vemos que el autor reemplaza el concepto y la imagen acústica por los términos de significado y significante, respectivamente  (Saussure, 93). Comprender el signo lingüístico permite dar cuenta de cuáles son los elementos intrínsecos del discurso y cómo impactan el imaginario. En nuestro caso, el desarrollo sería el signo, compuesto por un significado (concepto que está en constante cambio constituido por un encadenado de significantes) y significante que sería el imaginario del desarrollo. Este aporte de la lingüística ha sido fundamental a la teoría política de Laclau. No obstante, este último está epistemológicamente en sintonía con la propuesta de Jacques Lacan en cuanto a la inversión y modificación del mismo signo Saussuriano. “Lacan […] invierte los términos del signo y posiciona en la parte superior del mismo al significante y en la parte inferior al significado —otorgándole mayor importancia al primero. Por último, considera a la barra, que en Saussure unía ambos términos, como aquella que en realidad los separa. No va a haber en Lacan relación directa entre significante y significado, precisamente porque la barra separa dos registros enteramente disímiles. Más bien, a partir de ahora, la relación va a establecerse entre los mismos significantes. Esta relación entre significantes la va a denominar articulación y esta operación dará como resultado una cadena significante” (Duhalde, 6-7). Para Laclau el signo no es un simple isomorfismo, sino que el signo es sustancia y no forma.  El filósofo argumenta que el lenguaje no solo es un encadenado de palabras, sino un articulado de significantes que dan sentido al significado y que estos a su vez forman parte de una realidad articulada políticamente, a través de un significante vacío o point de capiton. Ante este uso de los significantes y significados del discurso para crear, refutar o contradecir discursos políticos, Errejón argumenta que el discurso político “no es expresión sino que es construcción”.[3] Los planteamientos de Saussure y Laclau me son de gran utilidad, pues si el lenguaje crea realidad y articula la misma alrededor de discursos políticos, entonces podemos intuir que el concepto de desarrollo es parte de un discurso político que llevó a cabo Lacayo, con el propósito de cambiar e incidir en la realidad nicaragüense, a través de políticas económicas concretas.

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Violeta Barrios de Chamorro y Antonio Lacayo

Como mencioné en el acápite anterior, durante el periodo de transición se gestaron muchos proyectos. Uno de ellos fue el plan económico del gobierno de Chamorro. El plan partía de una reconceptualización del desarrollo. A diferencia de otros conceptos como crecimiento, el desarrollo es un término pensado a mediano y largo plazo, y que además “suele incluir algunos indicadores de calidad de vida de los ciudadanos: educación, sanidad, etc. […] El desarrollo se basa en el empleo del capital humano, en la explotación sostenible de los recursos endógenos y en el respeto al medio” (Gómez & Gonzáles, 3). Por un lado, la cita anterior sirve para mostrar cómo el desarrollo es un significante vacío que Gómez y Gonzáles llenan con sus particularidades. En esta línea, esas particularidades son  “explotación sostenible de recursos, empleo de capital humano y respeto al medio”. Por otro lado, Lacayo  intenta llenar este significado apegado a su realidad, es decir el contexto nicaragüense, haciendo una especie de sutura entre significantes prexistentes. Mostraré esto en una cita más adelante. Para explicar entonces la reconceptualización del desarrollo me apoyo en la conceptualización de lo universal de Laclau. Él arguye que “lo universal es un lugar vacío, una falta que solo puede llenarse con lo particular”[4] (Laclau, 64).Por tanto, entendemos por desarrollo como un concepto universal en sus términos —un significante vacío— pero con un significado no homogéneo en todas las partes de lo social, un significado que es llenado con lo particular, que tiene sentido con un encadenado de significantes. Entonces, ese significado de desarrollo ha sido resignificado de distintas maneras por la dictadura, la revolución y por el gobierno de Chamorro. El siguiente fragmento de una conversación entre Lacayo y Ernesto Fernández Holmann, nos da pistas sobre cuáles son esas particularidades que llenaron el significado de desarrollo: “Ernesto Fernández Holmann, uno de los mejores banqueros del país y uno de los nicaragüenses más exitosos de la diáspora […] me dijo que veía en Nicaragua condiciones favorables para dar ‘el salto’ hacia el desarrollo, y me habló de las posibilidades de impulsar el sector textil, zonas francas, matadero de reses […] le dije que coincidía con su visión”  (Lacayo, 188). Esta cita nos proporciona dos cosas. En primera instancia, la descripción de Holmann como “uno de los nicaragüenses más exitosos de la diáspora” lo sitúa en una posición de referencia que deja ver su capital simbólico y que a la vez este capital lo legitima como decisor o como voz influyente en este tema. En segunda instancia, nos invita a pensar que el “salto hacia el desarrollo” se daría a través de actividades económicas concretas: la tercerización de servicios a través de zonas francas textiles y la ganadería. Para Laclau, este discurso del desarrollo es “un sistema rarificado de objetos, como una ‘gramatica’ o un grupo de reglas que al hacer algunas combinaciones y sustituciones resulten posibles y que excluye otras” (Laclau, 83).

“Todo subirá”, parece decir el Ministro Lacayo.  IHNCA, Archivo Histórico, Fondo Barricada.

“Todo subirá”, parece decir el Ministro Lacayo. IHNCA, Archivo Histórico, Fondo Barricada.

En nuestro caso, podemos delimitar que el significado de desarrollo descrito por Lacayo —y corporalizado en Holmann— está siendo sustituido parcialmente por un nuevo significante que excluye otros, simultáneamente. En concordancia con nuestra genealogía del desarrollo, el significado preexistente que sustituye el plan económico  es el desarrollo según el sandinismo y somocismo. En el diálogo entre Lacayo y Holmann quedan ambos parcialmente excluidos. No pretendo decir con esto que hay una ruptura total en cuanto a los significantes que articulan el significado del desarrollo,  sino que, el significado mismo se reinventa con la adherencia de un nuevo significante como el de las zonas francas. A lo largo del libro de Lacayo el lector se encuentra con este discurso del desarrollo en reiteradas ocasiones. Por ejemplo, cuando hace mención que en una conversación entre Chamorro y el presidente en ese entonces de China Taiwan Lee Teng Hui, la presidenta nicaragüense le pidió que vinieran más inversionistas chinos e impulsaran las zonas francas. Otro ejemplo es cuando Lacayo expresa su alegría de ver antiguas cárceles convertidas en maquilas. Esta insistencia es reflejo del imaginario del desarrollo que acompañaba el plan económico de Lacayo. Este imaginario comenzó a materializarse con la puesta en escena del ESAF. Este último tenía como uno de sus objetivos la privatización de los servicios y la liberalización del mercado. Es entonces con esta herramienta que la idea del desarrollo como tal comenzó a tomar forma. En la siguiente cita, extraída del texto de Lacayo, el autor narra con alegría la apertura de la primera Zona Franca Textil. […] se reabrió la Zona Franca Las Mercedes, después de más de 13 años de permanecer cerrada. La empresa taiwanesa Fortex fue la primera en instalarse en las antiguas cárceles, ahora restauradas, generando empleo a unas mil mujeres en la industria de la confección de ropa para el mercado de Estados Unidos. Estábamos seguros que después vendrían otras empresas del mismo tipo. Ver antiguas cárceles sandinistas convertidas en pujantes empresas textiles, daba un gusto inmenso (Lacayo, 418). Advirtamos dos cosas en la cita anterior: a) la sustitución de cárceles sandinistas por maquilas liberales es una muestra del desarrollo planteado por Lacayo. Junto con Laclau, podemos leer dicho evento como un “tropo suturante” entre maquila y desarrollo. Según el autor, la sustitución o sutura tropológica subvierte la significación como la representación de lo Real. La barra en la relación S/s es precondición misma de una primacía del significante, sin la cual los desplazamientos hegemónicos serían inconcebibles. Uno podría entonces interpretar de la siguiente manera ese tropo: con ellos (los sandinistas) Nicaragua tenía cárceles, con nosotros tienen empleos; b) El proyecto de desarrollo ya estaba en marcha, generando empleos, dando gusto inmenso y que con seguridad vendrían empresas del mismo tipo; acorde al desarrollo descrito por Lacayo en su plan económico. La idea de la maquila sustituyendo la cárcel, ilustra el llenado que hace Lacayo del significado de desarrollo en el contexto nicaragüense. Los dos ejemplos expuestos anteriormente son una muestra de cómo Lacayo da continuidad y a la vez agrega un nuevo significante a la genealogía del desarrollo que crea una tautología. La tautología es importante para Judith Butler, quien la utiliza para comprender cómo el género configura el género per se.[5] Antonio Monte Casablanca,  en línea con Butler, utiliza la categoría y la expone de la siguiente manera “La tautología se refiere a la reiteración de un imaginario, cuya cadena de equivalencias sedimenta una noción primordial de un valor ético y normativo, como parte fundamental del edificio de significación social” (Monte, 2016).  En la siguiente cita del libro de Lacayo podremos leer otro ejemplo sobre el desarrollo para luego explicar la tautología en este artículo.

chinos

El 4 de mayo vino al país el presidente de la República de China, Taiwan, Lee Teng Hui […] Doña Violeta le expresó el agradecimiento por su interés en nuestro país y le pidió que además convenciera a empresarios taiwaneses a invertir en Nicaragua e impulsar las zonas francas. […] el embajador Lin me comentó que, durante la visita a “Zona Franca Las Mercedes” uno de los empresarios taiwaneses, contestando una pregunta sobre la destreza de las trabajadoras nicaragüenses, les había dicho al presidente que él estaba muy complacido ya que sus estimaciones habían sido de que las trabajadoras tardarían ocho meses en alcanzar la productividad de 30 piezas de ropa por día, pero que la inmensa mayoría lo había logrado en solo dos meses, lo que demostraba que Nicaragua tenía un gran potencial en ese tipo de maquiladoras. Me pareció un buen dato. Siempre había considerado que el obrero nica, bien motivado, era muy productivo, creativo y capaz de gran entrega a su trabajo (Lacayo, 612-613) Esta “reiteración de un imaginario” para Monte es lo que nos sirve a nosotros para sostener que la articulación y rearticulación del desarrollo “sedimenta una noción primordial de un valor ético y normativo”. Es decir, el deber hacer y cómo hacerlo para así, en palabras de Holmann, dar el “salto hacia el desarrollo”. La genealogía del desarrollo y su análisis mediante las categorías postmodernas nos son de gran utilidad en este caso para analizar los significantes articuladores del discurso político del desarrollo, a través de los años, para así poder reflexionar y cuestionar si realmente la tautología de los mismos significantes han devenido en lo prometido, es decir el desarrollo. Más bien, dichas categorías aplicadas en el contexto estudiado dan cuenta, en primer lugar, que una de las plataformas políticas sobre la cual los gobiernos lanzan su discurso para articular su hegemonía es el horizonte del desarrollo económico. En segundo lugar, estas mismas categorías nos sirven para evidenciar los sedimentos que han quedado dentro de los discursos políticos articulados y re articulados por distintos gobiernos en aras de mantener dicha plataforma.[6]


Bibliografía – Butler, J., Laclau, E., & Žižek, S. (2003). Contingencia, hegemonía, universalidad: diálogos contemporáneos en la izquierda. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica. – Cajina, R. J. (1997). Transición política y reconversión militar en Nicaragua, 1990-1995. Managua. – De Saussure, F. (1945). Curso de Lingüística General (24a ed.). Buenos Aires: Editorial Losada S.A. – Duhalde, Santiago. (2008). Significante Y Política. Reflexiones Teóricas Sobre Las Prácticas Hegemónicas En El Mundo Laboral. Revista Electrónica de Psicología Política. Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS). (2016). – Anuario Estadístico 2015. Recuperado a partir de https://www.inss.gob.ni/images/anuario_estadistico_2015.pdf – Gómez, J. Á., & Gonzáles, Á. A. (2005). Nociones de crecimiento y desarrollo económico. Recuperado a partir de http://www.usc.es/econo/RGE/Vol15_2/castelan/nb1c.pdf – Kinloch Tijerino, F. (2012). Historia de Nicaragua (4 ed., ampliada y actualizada). Managua: Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica, Universidad Centroamericana. – Lacayo Oyanguren, A. (2005). La difícil transición nicaragüense en el gobierno con Doña Violeta. Nicaragua: Colección Cultural de Centro América. – Monte, Antonio. (2016). -IHNCA- “Tell me baby, what’s your story?”: Hegemonía y los Red Hot Chili Peppers. Carátula, (75). Recuperado a partir de https://www.caratula.net/75-tell-me-baby-whats-your-story-hegemonia-y-los-red-hot-chili-peppers/


NOTAS [1]Íñigo Errejón. Tomado de un debate sobre populismo en Fort Apache. Ver resumen del debate en“Alberto Garzón e Íñigo Errejón debaten sobre populismo”: https://www.youtube.com/watch?v=CXd-WQH9j3c [2] Se le llama «consenso de Washington» a lo que según John Williamson fueron las 10 políticas económicas que se acordaron en el Congreso de Washington. Además según el autor, “Washington” hace referencia a “tanto al Congreso de Washington y a los altos cargos de la administración, como al Washington tecnocrático de las instituciones financieras internacionales, las agencias económicas del gobierno norteamericano, el Consejo de la Reserva Federal y los grupos de expertos” p.68 ver más sobre el tema en Lo que Washington quiere decir cuando se refiere a reformas de las políticas económicas (Williamson, John) disponible en el siguiente enlace: https://morenopcpc8.files.wordpress.com/2014/10/lo-que-washington-quiere-decir.pdf [4] La cita en cursiva conserva el formato original del libro [5]   Ver más en Butler, J. (2007). El género en disputa: el feminismo y la subversión de la identidad. Madrid: Paidós. [6] Con sedimentos hago referencia a algunos significantes que permanecieron vigentes para el signo del desarrollo. El café, y la carne vacuna por ejemplo son desde 1994 los dos principales productos de exportación. Ver más en el siguiente enlace: http://www.bcn.gob.ni/estadisticas/sector_externo/comercio_exterior/exportaciones/6-7.htm

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Nacido en Ocotal, Nueva Segovia (1994). Es estudiante de Relaciones Internacionales en la Universidad Americana (UAM) y miembro del Grupo de Estudios del Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica (IHNCA). Actualmente forma parte de una investigación conjunta integrada por Paolo Delaunay y dirigida por Ileana Rodríguez y Antonio Monte Casablanca en el Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica. Dicha investigación estudia el periodo de transición de 1990. Su linea de investigación es el análisis del discurso político- económico dentro del periodo presidencial de Violeta Barrios de Chamorro como herramientas de lucha por la hegemonía.