Villoro-Ruiz-Juan

Las dos versiones del presidente

30 julio, 2017

Juan Villoro

– Sergio Ramírez representa un caso insólito en la literatura. Luchó contra el gobierno de Somoza y fue vicepresidente de Nicaragua sin perder la mirada independiente del novelista.


Sergio Ramírez representa un caso insólito en la literatura. Luchó contra el gobierno de Somoza y fue vicepresidente de Nicaragua sin perder la mirada independiente del novelista.

En su doble condición de narrador y observador político, quiso conocer los detalles de la cena que sus amigos Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes compartieron con Bill Clinton. Aquella reunión ocurrió en un sitio de veraneo, pero tuvo el aire de una “cumbre” presidencial.

El autor de Charles Atlas también muere hizo una certera pregunta a sus colegas: ¿Qué les impresionó más de Clinton? El resultado de su pesquisa revela dos formas muy diferentes de interpretar la realidad.

Hace poco coincidí en Medellín con Ramírez, donde me contó las versiones de Fuentes y García Márquez, sin tomar partido por ninguna de ellas, pues no se trata de historias contrapuestas sino complementarias.

Yo sabía, por el propio Fuentes, que el presidente les había preguntado por su libro favorito. Aunque los mandatarios suelen leer poco, a veces tocan la ansiosa vanidad de los escritores. Gore Vidal contó que Kennedy era un maestro en esos lances: elogiaba el libro menos exitoso del escritor que tenía enfrente, haciéndole sentir que él sí lo había comprendido.

Según relata Ramírez, después del protocolo de los libros preferidos, Clinton hizo la intervención que más impresionó a Fuentes: recitó de memoria varias páginas de William Faulkner. Esta capacidad discursiva encandiló a un escritor que se distinguió por sus conferencias y su carisma intelectual.

A García Márquez le interesó algo muy distinto. Clinton habló tanto durante la cena que apenas probó bocado. Cuando ya estaban a punto de despedirse, se ausentó un momento. El autor de El otoño del patriarca lo avistó en la cocina, comiendo de prisa un poco de pan. La imagen cifra la estética de García Márquez: el hombre más poderoso del mundo masticaba unos mendrugos. Este símbolo de la futilidad del poder no podía escapar a quien escribió la historia de Mauricio Babilonia, el hombre que invade Macondo de mariposas amarillas y se ve a sí mismo como un héroe romántico, pero muere “públicamente repudiado como un ladrón de gallinas”.

gabo-fuentes

Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez

 

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