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Breve historia de una amistad

28 septiembre, 2017

Daniel Rodríguez Moya

¿Cómo elegir un momento, escoger un instante solamente para recordar la historia de una amistad? Ha pasado un mes de la muerte de mi amigo Ulises Juárez Polanco…


Talleres de poesía para niños con cáncer del hospital Manuel de Jesús La Mascota, Managua.

¿Cómo elegir un momento, escoger un instante solamente para recordar la historia de una amistad? Ha pasado un mes de la muerte de mi amigo Ulises Juárez Polanco y en estos días, más sereno ya después del golpe inicial, he sido capaz de volver sobre las muchas cosas que hicimos juntos y pensarlas como parte de un territorio emocional que toma un carácter distinto, esa dimensión que da el saber que no podrán volver a repetirse. Repaso correos electrónicos, fotos, vídeos, mensajes de whatssapp, de facebook y más allá de la primera incredulidad que imponen me muestran que además de al amigo he perdido al socio, al colega, al compa.

Duele pensar que fue una muerte la que hizo más sólida nuestra amistad, la muerte de Fran Ruiz Udiel con el que desde mi llegada primera a Nicaragua, allá por 2005, comencé una relación que fuimos sosteniendo en el tiempo inventando proyectos imposibles que íbamos materializando precisamente por eso. Andábamos enfrascados antes de la terrible nochevieja de 2010 en darle forma a lo que fue Poesía ante la incertidumbre y vino la muerte de Fran, convocada por él mismo, y de manera natural Ulises fue ocupando, que no sustituyendo, ese vacío que quedó pendiendo de una soga de ahorcado.

Comenzaron a sucederse los proyectos, las ideas, las ganas de hacer más cosas imposibles. Publicamos en España, en Valparaíso, La felicidad nos dejó cicatrices, en Leteo salió la edición nicaragüense de Poesía ante la Incertidumbre con los poemas de Fran, también en Leteo vio la luz mi libro Las cosas que se dicen en voz baja, organizamos el homenaje en libro a Su Majestad Claribel Alegría, Queremos tanto a Claribel… Mil cosas que en la distancia íbamos tejiendo y que siempre celebrábamos cada mes de julio cuando yo llegaba a Nicaragua. Seguramente, y Ulises estaría conmigo en eso, lo más bonito que hicimos juntos fue el documental Me gustan los poemas y me gusta la vida. La primera visita que hice a los talleres de poesía para niños con cáncer del hospital Manuel de Jesús La Mascota fue precisamente con Fran, acompañando a Claribel y a Ernesto Cardenal, y el impacto que me causó fue tal que durante años tuve en la cabeza que aquello tenía que contarlo. El día que finalmente decidí hacerlo, ahí estaba Ulises Juárez para sumarse al proyecto ¡Cuánto aprendimos los dos en esos días de julio de 2014 en los que convivimos con los pequeños de La Mascota, con los poetas que visitaban los talleres, el personal del hospital! Lo hablamos en bastantes ocasiones tras ver el resultado de nuestro trabajo, una película de una hora de duración que tuvo la inmensa fortuna de llegar a festivales importantes como el de Al Jazeera, en Qatar. Ambos conseguimos entender y comprobar de primera mano que la literatura, que la poesía, tienen un verdadero carácter transformador de la sociedad. Nos lo enseñaron estos pequeños a los que les gustaban los poemas y sobre todo les gustaba la vida.

La última vez que vi a Ulises fue a finales de julio de este 2017, un mes antes de su partida. Como cada julio yo regresé a Nicaragua para encontrarme con mi familia y mis amigos. Habíamos organizado, una vez más, otra cosa juntos. Esta vez se trataba de la proyección de un documental que preparé en España acerca de los brigadistas españoles que se sumaron en 1980 a la Cruzada Nacional de Alfabetización en Nicaragua. Debió ser de las últimas actividades que organizaba como director del Centro Cultural Pablo Antonio Cuadra. Hablamos mucho esos días sobre sus proyectos más inmediatos, sobre su inminente cambio de trabajo a la Embajada de España que le iba a permitir tener el tiempo necesario para terminar la novela que desarrolló en Roma durante su estancia en la Academia de España, su particular visión del viaje de Ulises, sus sirenas y unas Santas Palabras sobre las que estuvimos fantaseando que podrían convertirle en un Dan Brown nica. Hablamos del futuro.

Dos noches antes de mi viaje de vuelta a España tuve un sueño extraño e inquietante. No suelo recordar nunca los sueños pero esa mañana me levanté con desasosiego y con las imágenes muy claras. Yo estaba en la orilla de un lago que desconocía y allí estaban conmigo algunas personas conocidas, entre ellas Ulises. Vi de pronto bajo el agua el rostro de un Fran sereno, como si se tratara del cuadro de John Millais La muerte de Ofelia. Miré sorprendido a todos los que estaban allí en torno al lago, como esperando que alguien explicara aquello. Fran se incorporó volviendo a esa vida onírica, me miró con un gesto que no sé descifrar y en ese momento mi mujer, que también estaba allí, tiró de mí. Desperté y estuve inquieto todo el día. Nunca he sido aficionado a la interpretación de los sueños pero aquel me inquietó mucho, tanto que al día siguiente sentí la necesidad de acercarme al cementerio Sierras de Paz, a la tumba de Fran, para leer que “en una ciudad en cuyo centro carece de luz un faro a la poesía le corresponde imaginar el mar”. Estuve sólo unos minutos, los suficientes para sentirme más tranquilo. En la mañana del día siguiente, antes de volver a España, me acerqué a Managua, al Centro Cultural Pablo Antonio Cuadra, para darle un abrazo a Ulises pero no pude verlo. Quería contarle aquel sueño para saber qué pensaba él, qué interpretación podía darle. Me encontré a Marjorie en la cafetería, charlamos un poco y antes de irme le envié un whatssapp a Ulises que terminaba diciendo “nos vemos pronto”.

Un par de semanas después nos cruzamos algún mensaje a propósito del premio de poesía joven que con el nombre de Fran puso en marcha Valparaíso Ediciones y que se iba a fallar en Bogotá en unos días. Ambos estábamos en el jurado. Y después llegó el 25 de agosto.

Uno no escoge el país en el que nace, escribió Gioconda Belli, pero puede escoger, añado yo, el país con el que se identifica y del que se siente parte. A mí me sucede eso con Nicaragua. Nunca he sabido explicar bien por qué. Pero estoy seguro de que uno de los motivos es que bajo su tierra yacen algunas personas que me han sido muy queridas. Lo fue mi sobrino John Paul, que se quitó la vida como Fran al que tanto quise también y lo es Ulises Juárez Polanco, que se ha ido demasiado pronto, cuando aún teníamos por delante muchas más cosas por hacer, de esas que nos gustaban porque eran imposibles.

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Granada, España, 1976.
Escritor y periodista español especializado en historia de Nicaragua del siglo XX. Su tesis doctoral, con la que obtuvo la calificación de Sobresaliente Cum laude, está dedicada a las implicaciones culturales y educativas de la Revolución Sandinista en Nicaragua.

En su faceta literaria, fue elegido por cerca de 100 universidades (Harvard, Oxford, Princeton, Columbia, La Sorbone...) uno de los autores más relevantes de su generación para el volumen El canon abierto: última poesía en español. Su obra literaria ha sido publicada en varios países y traducida a diferentes idiomas.