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Al alimón con mi ángel de la guarda, un poema retorna a su árbol

25 noviembre, 2017

Luis Rocha

Ya está en su eternidad mi ceiba viva.
Y tan real: como una estatua viva.
Ya estás dentro de mi idealizada
Para morir en paz y descansar en gracia
de los árboles.
Ángel Martínez Baigorri,S.J.


¿Seré yo, en esta hora de las horas, ese árbol centenario
desde cuyas ramas se desprendieron orquídeas hasta mis cuentos,
y volaron, hojas encantadas que a la vez eran pájaros,
para anidar eternamente en el alma de los niños?

¿Seré esa ceiba verde, sonora, viva, amorosísima en mis versos,
robusta, alta y noble la que un día me acogerá
junto con todas las voces, la del lago, el viento,
los rumores, los cantos y los ruidos?

¿Seré yo, el hijo pródigo, que regresa a la casa
de su padre, sin nada más que un puñado de años
y este poema que soy yo mismo?

De esta ceiba que con amor de padre me recibe
fuí el primero en elogiar su silvestre
bondad de Abuelo de todos los árboles
y de bautizarla, junto a unos jesuitas mayas, como lo que hoy es:
La Ceiba del Ángel , la que llega al infinito por caminos
que conducen hacia un Reino, desde El Cofre de los Sueños
oculto en sus raíces sin tiempo alguno.

De manera que si tú, Ángel, me preguntaras:
¿Y ahora qué sigue?
Ambos sabemos, como los niños que somos,
que lo que sigue es El Reino de la Infancia Eterna.
Y que aquí es donde nos reencontramos:
Tú siempre renacido en ceiba, y yo, en el poema que te traigo
musitando: Padre nuestro que estás en los cielos.

A lo mejor por eso siento que mientras tus ramas
acarician el cielo , con todo lo que como hijo pródigo
me estás dando, ocupo en tu mesa un lugar definitivo,
y el honroso oficio, en tus alturas de árbol,
de ayudarte  apacentando nubes.

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Nació circunstancialmente en Panamá en 1942, pero es nicaragüense por los cuatro costados y, para más señas, hijo de poeta. Efectivamente, Luis Rocha renació en Granada, Nicaragua, pues de Panamá fue traído por sus padres a los pocos meses de vida. Su padre fue el poeta Octavio Rocha, uno de los fundadores del Movimiento de Vanguardia en Nicaragua, junto con Pablo Antonio Cuadra, Luis Alberto Cabrales, José Coronel Urtecho y Joaquín Pasos.

Enviado por su padre a España para seguir estudios de Medicina, pronto los abandonó y se dedicó a lo que sería la pasión de su vida: la literatura. A su regreso de España, ocupó el cargo de Secretario del Departamento de Cultura de la Universidad Centroamericana. Luego fue editor del semanario Testimonio. Dirigió la librería “Club de Lectores” y colaboró con el periódico Semana.

Después trabajó para el diario La Prensa, especialmente en la edición de La Prensa Literaria, como colaborador de Pablo Antonio Cuadra.

A Luis Rocha se debe la celebración anual del Día del Escritor Nicaragüense (18 de enero, día del nacimiento de Rubén Darío). También, como diputado, logró la aprobación de la personalidad jurídica del Centro Nicaragüense de Escritores, del que actualmente es Presidente Honorario.

Entre sus obras podemos mencionar “Códice de la Virginidad Perdida”, Madrid, Cuadernos Hispanoamericanos; “Puerto”, Managua, El Pez y la Serpiente (1964). “Domus Aurea”, Managua, Ediciones Librería Cardenal (1968), “Ejercicios de Composición”, Managua, Ediciones “El Pez y la Serpiente” (1969), “Phocas: versiones/ interpretaciones: 1962-1983”, Managua, Editorial Nueva Nicaragua, “Premio Latinoamericano de Poesía Rubén Darío” (1983). Luis Rocha fue, también, por varias décadas, editor del suplemento semanal “Nuevo Amanecer Cultural”, de El Nuevo Diario.

Pertenece a la promoción de los años sesenta, pero no se afilió a ningún grupo. Su obra, recogida en el volumen, “La vida consciente”, ocupa un lugar muy especial en el amplio panorama de nuestra poesía por su vocación doméstica, al punto que José Coronel Urtecho pudo afirmar que Luis Rocha y José Cuadra Vega son los poetas que mejor han contribuido “de distinta manera, a la difícil y peligrosa poesía doméstica, matrimonial, uxórica de Nicaragua”. Difícil y peligrosa, agregamos nosotros, pues si no la respalda un auténtico estro poético, como es el caso de Rocha, puede caer fácilmente en el sentimentalismo. Coronel afirmaba que el breviario Domus Aurea de Luis Rocha es el perfecto manual de ese género de poesía. “Se debería regalar a los recién casados como en España se regalaba La Perfecta casada, de Fray Luis de León”, recomendaba Coronel.

La poesía de Rocha desborda el tema del amor familiar, como lo comprueba la amplia gama de temas de sus distintos poemarios: patrióticos, religiosos, así como sus preciosos y tiernos villancicos al Niño Dios. Sin embargo, el leit -motiv predominante es el de los dedicados a su mujer, (“Mi virgen de Mercedes”), sus hijos, sus nietos y a la felicidad de la vida hogareña y cristiana. Cabe destacar que Luis Rocha, en plena dictadura somocista, escribió poesía revolucionaria y de protesta, siendo su poema “Treinta veces treinta”, de 1962, uno de los primeros y más recios cantos en homenaje a Sandino y a los héroes de la lucha en contra de la dictadura, incluyendo a los mártires del 23 de julio, cuando apenas amanecía la lucha sandinista.

Es de los pocos poetas nicaragüenses que aparecen en “La Historia de la Literatura Universal”, escrita en coautoría por José María Valverde (Editorial Planeta, 1966).