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Dulce San José (Fragmentos)

2 febrero, 2018

Cuando se combinan la enfermedad, la pobreza y la ignorancia el mundo es más que terrible. Llegué a recibir castigos inhumanos y no lo entendía. Después ella lloraba haciéndonos pensar que éramos ingratos con la mamá. Yo compensaba con mi dolor siempre. Luego con dinero. Pero siempre con dolor.

Cuando se combinan la enfermedad, la pobreza y la ignorancia el mundo es más que terrible. Llegué a recibir castigos inhumanos y no lo entendía. Después ella lloraba haciéndonos pensar que éramos ingratos con la mamá. Yo compensaba con mi dolor siempre. Luego con dinero. Pero siempre con dolor. La última depresión me dejó en la calle. No le podía pagar. Se gastó todo el sueldo de mi trabajo. Y no pudo pagar ni la municipalidad. Hay una cuenta de 400 mil colones. Dice que si yo fuera buena hija eso no pasaría.

Quisiera trabajar, ahorrar e irme muy lejos. A Italia o a México quizás. Si estuviera allá ni podría considerarlo. Porque en mi vida primero siempre ha estado ella que predicaba: la biblia dice, honrarás a madre y padre y a la madre se le honra con dinero para que ella no sufra.

¡Hay tantas cosas que quisiera poder hacer…!

Sí, lo sé, puedo levantarme. Puedo continuar. Solo que imagino a mi madre bravísima diciendo: ¡mala hija, ve a su pobre madre con necesidad y trabaja y gasta el dinero en eso, está mal ante los ojos de Dios! No, no es negocio tener hijos. Yo no quiero tener hijos. La última vez se enojó porque gastó todo el dinero del aguinaldo de la pensión en cuatro artículos. Y yo no tenía nada, nada de nada. ¡Mala hija, mala persona, no en vano está mal por no pensar en su madre! Eso decía. Por eso debí abandonarla, debía independizarme.

No, no quiero tener hijos.

Sí, allí me duele un poquito. Pero me duele más adentro… ¡Alma adentro!

***

Me han dicho que es usted muy conocedor y quisiera pues, preguntarle algunas cosas. Me da confianza, aunque cuando me vio me regañó. Es que soy como una niña. Más que nada busco algunas respuestas de vida. Es una búsqueda la mía. Más que cualquier otra cosa es una incógnita. Una obsesión. Sé que no es cosa normal que alguien se acerque por tales motivos. También sé qué no es casual que usted me atendiera.

A la vez, pues no quiero dejar mi lugar escondido del mundo, ya que me proporciona una zona de confort, quiero preguntarle otras cosas. Muchas cosas en verdad. Sobre lo que se expresa y no se expresa. Sobre el dolor. Sobre mis proyectos. Sobre mis dudas. Mis temores. Y por qué me escondo o me arrinconan. Hay un lugar silencioso del mundo donde mueren las posibilidades.

Como digo: ¡acá solita yo! Le pido por favor que nadie sepa. Y quisiera poder consultarle. Lo haría por supuesto desde un punto de vista neutral. Tengo un gran interés en asuntos cognitivos. Y me cuestiono muchísimas cosas. También es importante conocer el porqué, desde un punto de vista general, para poder así comprender el mundo que me rodea y la realidad. Aunque ésta en apariencia es bastante contradictoria. Incoherente.

Sé que para vivir no se puede pasar sumergida constantemente en cuestiones del alma. Porque aún para ganar mi pan, necesito vivir en sociedad. Creo que la sociedad es como un tipo de núcleo. Como una estructura. Todo es esquemático. Espero que esto sea más que una consulta médica. Espero su discreción. Vivo siempre muy dentro de mí misma y aquí soy feliz. Pero debo afrontar el mundo para tener a la vez lo que necesito: ganar mi sustento y techo. Espero me pueda usted ayudar en mi investigación. Tengo como un rompecabezas a medio armar en mi cabeza. Sólo busco una pieza. Una a la vez.

Soy bastante tímida, debido al temor de equivocarme y no ser lo suficientemente empática. No me gusta mentir. En realidad soy poco ágil y eso me atrae grandes problemas. Más con un pensamiento crítico que poco me ayuda a socializar. No soy una persona educada, como se entiende normalmente. Es decir, instruida para obedecer. Simplemente observo.

Todo inició hace años con Rossi Landi, La ideología del pensamiento. Busco ahora la templanza que tan necesaria es. Sé, a la vez, que no es común tal obsesión y por eso a pocos les comento. Pocos lo comprenden. Usted puede ayudarme, lo sé…

Gracias, muchas gracias.

Me produce mucho sueño…

***

No, no, creo que afuera… Me ha visto sólo en una ocasión. En un restaurante de un amigo, donde le ayudaba. No creo que usted lo recuerde. Y en el hospital, claro… Ah, y en la soda de la U. ¿Fue en la U?

El mundo ha cambiado en demasía con el pasar de los años. Todo se globaliza. Aunque considero que mucho más que razas somos simples hombres y hembras. Somos almas. Debido a los cambios continuos me he sentido un tanto extraña. Ahora vale más un teléfono celular que una flor. Y a ciencia cierta este mundo se ha convertido en un lugar sinuoso. ¿Será acaso que siempre fue aparente? ¿Será que ven mis ojos con rabia o simplemente con tristeza?

Siempre busco una respuesta. Casi no hablo. Es como algo psicomotor el quedarme inactiva. Callada. Es que no es lo mismo expresarlo de manera verbal. Porque me cuesta. Considero que podría ser la señal que envía mi cerebro a mi aparato fonador. Pensar hablando es complicado. Hacerlo a la misma vez. Bueno, al menos para mí.

Veo tantas cosas que poco concuerdan con la realidad. He pensado mucho en el costumbrismo. Y me cuesta diferenciarlo de lo que se puede considerar como identidad. Esa identidad que enseñan en las escuelas. Eso de ser nacionalista. De ser o parecer tica. ¿Vienen ambos de la mano o son elementos confundidos por las personas? Ok, por ejemplo, ¿qué sobre la evolución o la epigenética? Todo cambia, nada permanece estático y es una ley universal. El hombre pone barreras según su procedencia, su raza y su ambiente. Y algunas cosas son pecadas por sólo el hecho de mencionarlas.

La ética me ha fascinado desde siempre. Porque creo que a pesar de este lugar aparente, existe un infinito. Un estado mayor, conocido sólo por nuestro inconsciente. Un estado que se le escapa a nuestra mente, aunque está allí, en nuestra mente. Recuerdo lo que dicen por ahí: cuando dormimos y soñamos, realmente estamos despiertos. ¿Qué de acá, de este lado?

Compartir mis ideas es complicado ya que muchos las consideran incoherentes. Iininteligibles. Necias. Sin embargo, he visto lo que se denomina como una premisa axiomática socialmente aceptada. ¿Por qué se da? ¿Estamos conscientes de nuestra existencia? ¿O simplemente no somos honestos con nosotros mismos? ¿Depende de los años y de los quehaceres del corazón? Aunque he visto que algunas existencias son más turbulentas que otras. Pero varían los resultados…

Gracias.

***

La verdad, soy una mujer sinuosa. Entreverada. ¿Hago mal en pensar de tal manera? Mucho me han hablado de amor. Pero estoy segura de que amor es otra cosa. Va más ligado a la existencia. Lo he encontrado en el silencio. En toda forma considerada como inferior. Porque carece de palabras con las cuales debatir. Pero es a la vez noble. Como el árbol que pareciera tener venas al igual que el hombre. Pero este nutre la tierra con su sangre. Como el poró que prepara el suelo para que así broten otras especies. También he visto que los rincones más sinceros son los más humildes. Así que tampoco me quejo de la aparente ignorancia. De ahí provengo. No temo a la ignorancia. Ese es simplemente un calificativo. ¡He visto a la vez tanto sabio en mi camino!

¿Terminaré de organizar el rompecabezas? Doctor, el mundo es tan bello. ¡Pero a la vez tan duro, tan denso, tan confuso! Tan, no sé cómo decir. Tan estúpido. Pero a la vez tan hermoso.

¿Es confuso o lo interpretamos confuso? ¿La confusión está en el mundo o en nosotros? ¿Acaso yo me he equivocado y vine a nacer en un mundo que no me esperaba? ¿Equivoqué mi mundo o el mundo se equivocó conmigo? Son preguntas que nos hacemos y tratamos de responder. Primero hacia dentro. Y luego hacia fuera.

¿El amor? Se pre-siente. Al inicio nos golpea con el pétalo de una rosa. Luego nos seduce. Y luego, si es verdadero nos induce y conduce hacia nosotros mismos, que es la única posibilidad de ingresar en el otro. En los otros. Pero luego viene el otro golpe, el del martillo. Y el dolor. Siempre el dolor. Es la dialéctica y la dialogía del amor. Pero no quiero ponerme filosófica ni pesada. El amor es un pozo profundo y nos cuesta abrevar en su agua más cristalina.

¿Seguiremos conversando…?

***

Vivir acá es hermoso, pero no fácil. ¡Debido a tantas cosas intento encontrar consuelo! Intento ver lo mejor, buscando en cada detalle un motivo. ¡A la vez me aturden tantas cosas! Breton decía: Con la lámpara tempestad, con el aserradero tan laborioso que ya no se lo ve, con todas las estrellas del infierno. Ariana en su aposento-cofrecillo. Algo así. Yo me siento como Ariana, soy Ariana.

Cuestiono a diario mi libertad. Porque son tantas cosas a la vez y me pregunto constantemente si soy libre o si vivo en un mundo de ciegos. O si observo muchos mitos o si mi ceguera emocional no me permite tener sentido común. O si me tienen en una jaula de oro o de bronce. De metal en todo caso.

Soy minoría. Lo sé. Me aferro a Dios. Por eso cuestiono a quienes dudan. Tengo un amigo que se llama Jorge, me dice: busco y busco y no sé por qué. También decía: ¡todo nace en lo neutro y muere en lo neutro! En mi caso es igual y es un asunto personal. La Biblia dice: traté de resistirme, pero era como un fuego que ardía dentro de mis huesos.

Acá el perdón se vuelve complicado al no comprenderse el por qué. Un compañero dice que de tanto leer enloquecí. Me retiro después de mi trabajo y paso muchas horas leyendo, leyendo y leyendo. He entrado también en foros para tratar de comprender el punto de vista neurotípico. Me gusta la gente. Pero valoro mucho ese tiempo sola. Antes llegaba a mi mente una imagen de cristal quebrado, como en forma fractal, derramado en el suelo. Trato día a día de organizar las partes de un espejo roto que a ciencia cierta no sé qué es.

Pienso pero a la vez siento. Siento muchas veces en imágenes. Eso hace que se complique un poco la comunicación. Como cuando cada sonido tiene un color. Y cada color un olor. Nada es lo suficientemente descabellado. Soy lo que se define ritualista. Sigo una rutina al pie de la letra todos los días. Es que si no, me pierdo.

Me dijeron que es usted todo un ensayista y un orador. ¡Y poeta! Que conoce mucho y pensé: posiblemente conozca mucho también sobre la vida. Y por eso estoy aquí. Y como usted escribe. Y como si esto fuera más bien una entrevista quiero preguntarle: ¿por qué la poesía, para qué? Es secreto. Confío en usted y en su discreción.

***

El problema se vino porque yo no tenía comida. Y duré tres días sin comer. Tenía hambre. Ella necesitaba que le comprara unos quequitos. Pero le molesta que la despierten y ya eran las diez de la mañana. Tenía un amigo en una cafetería que me había invitado ya que abría temprano. Allí al menos tomé un café. Ella me llamó por teléfono a las 12. Y me amenazó, me dijo: ¡si usted no me trae lo que necesito se va! Yo no tenía dinero. Le dije que no me podía tratar así, que yo había salido antes porque tenía hambre y que no podía esperar. Pasé todo el día sin comer. Me dijo: ¡ese no es mi problema, usted o pide prestado o no duerme aquí! Ellos, su marido o novio, habían comprado pollo asado y de todo. Estaban comiendo mis hermanos y ella cuando llegué. Ella había prohibido que yo comiera, desde el día anterior. Llegué y pues no comí. Y tuve que dormir en el patio, en un planché sobre la humedad. Estaba verde del moho. Era una noche muy fría. Me cobijé con una ropa que estaba tendida y me dio miedillo por momentos. Porque estaba oscuro y rondaban drogadictos. Mi antiguo barrio es muy peligroso. Me escondí. Me abrieron hasta las nueve de la mañana para que pudiera bañarme. Tomé unas cosas y me fui, porque me dijo: ¡golfa, inútil, váyase y aquí no me vuelva, sea útil, si no tiene marido búsquese un roco o dedíquese a la prostitución, pero haga algo por su vida, muerta de hambre! Me fui así, muerta de hambre. Sin decir nada. Porque se molestaba y me golpeaba.

Deambulé por todo Chepe. Algo recogía en algún restaurante. O por las sodas del mercado. Y me iba a dormir al atrio de la catedral metropolitana. Tenía miedo de los indigentes y piedreros. Y de la misma policía. Pero al séptimo día apareció doña Maggy. Yo la había visto dos veces y ella también. Porque venía a misa de 7. Y me preguntó: muchacha, ¿a usted le pasa algo? Y entonces le conté todo mi drama. Me desahogué llorando. Y me llevó a su casa en Guadalupe. Y allí pasé tres meses. Yo le ayudaba con el oficio y los mandados por la comida y la dormida. Vivía con un hijo de 16 años que estaba en el cole. Estudiábamos juntos. Me prestaba libros. Me llevaron a la clínica y luego al hospital, donde me internaron. Ay, ¡nunca olvidaré a doña Maggy!

Yo no digo nada, nunca he dicho nada… Hacía tiempo los dolores habían empezado. Estaba en el suelo sentada y no los toleraba. Lloraba. Mi madre dijo: ¡sabía que por inútil y pobre se iba a enfermar! Llevaba días sin comer, no recuerdo bien, unos tres o cuatro. Solamente café donde mi amigo. Vagaba como un zombi. Trato de controlarlo. Pero el ánimo me cuesta sacarlo adelante. Me sangraba el útero a mediados de mes. No había ido a revisarme. Me da miedo. Espero que sea otra cosa. También así son los síntomas de cáncer de útero. Hasta que me internaron. Ha sido difícil. Sí, bastante difícil. Mi familia no sabe. Y es mejor así, doctor.

***

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San Carlos, Alajuela, Costa Rica, 1958.
Escritor, ensayista, poeta y narrador costarricense. Prolífero hombre de cultura que ha incursionado en la poesía, la novela, la dramaturgia y la actuación teatral. Ganó en 1996, el premio de poesía de la Revista Nacional de Cultura, UNED. Se desempeña como profesor e investigador universitario en el Instituto Tecnológico de Costa Rica, Campus Metropolitano de San José.