Pláticas sobre el Cervantes con Juan Cruz

2 abril, 2018

La siguiente entrevista fue realizada por el periodista español Francisco Sancho Más, al escritor Juan Cruz (Puerto de la Cruz, Canarias, 1948), el hombre que le abrió a Sergio Ramírez (Premio Cervantes 2018) la puerta definitiva hacia la literatura, llevándole a la editorial Alfaguara e instándole a escribir Adiós muchachos para convertirse ya definitivamente en escritor y despedirse de su etapa política. Juan Cruz es periodista y escritor, además de uno de los fundadores del diario El País, del que forma parte como director ajunto y en el que sigue escribiendo con frecuencia. Sergio Ramírez escribió en su honor un libro titulado Juan de juanes.


Juan Cruz y Sergio Ramírez

SM: Acerca de Sergio Ramírez, tuviste la visión de sacar a un hombre de la política y enviarlo a la literatura. ¿Recuerdas algún detalle del día que lo conociste personalmente?

JC. Él vino a verme en el 94. Recuerdo su manera de sentarse, sus ojos. Su mirada caída, como de árbol grande que de pronto se hace aéreo, se levanta de su postración y te mira, y te hace una pregunta con la barbilla. Su manera de hablar callado.  Me dijo que ya no quería ser conocido como político sino como escritor. Yo le contesté que eso era imposible, a menos que se despidiera. “¿Y eso cómo se hace?”, me preguntó. Entonces le sugerí que tenía que escribir un libro cuyo título fuese “Adiós muchachos”.

SM: O sea, le diste el título.

JC: Sí. Ese título era una idea que implicaba que no fueran unas memorias duras sino comprensivas, porque sobre la gente con la que él había convivido y por la que en algunas ocasiones habría podido dar la vida. En aquel momento, quizá yo estaba imbuido por mi propia experiencia pues en 1992, me habían enviado desde El País, donde era periodista, a la editorial Alfaguara. Uno no puede irse pegando un portazo de un sitio en el que ha estado tanto tiempo. Sergio lo entendió así.
Ese libro es tan bueno como El Pez en el agua de Vargas Llosa. Una despedida de la política. Curiosamente, al pasar el tiempo, Vargas Llosa le pidió a Pilar Reyes, actual editora de Alfaguara, un ejemplar de Adiós muchachos. ¿Para qué se lo pidió? Para escribir sobre el adiós a la política. El artículo que le hizo Mario es tan emocionante como si fuera su autorretrato.

SM: ¿Cuándo empezaste en Alfaguara?

JC: El día de San Juan de 1992. Ese día llamé primero a Juan Benet y después, a la viuda de Juan García Hortelano (casualmente eran Juanes también…, y ahora Sergio escribió un libro titulado Juan de Juanes).

SM: En ese libro, Sergio habla de la impresión que le causó la visita a tu casa en Canarias.

JC: Claro porque creo que tenemos orígenes parecidos. Quizá vio en mi casa la suya. Se sintió próximo a algunas de las claves que yo todavía no he explicado de mi vida, sobre todo de la infancia.

SM: Tú definiste a Sergio con un adjetivo que lo fotografía: “Un hombre reposado”. Y eso a pesar de haber vivido en medio de guerras y de un contexto difícil.

JC: Yo creo que Sergio tiene una doble personalidad: es educado, pero sabe ver la hipocresía, y nunca se deja vencer por el rencor porque es bastante lúcido.
Él ha sido muy adulado para después, ser vituperado, en parte por sus compañeros. Pero él tiene un arma que no tienen los demás (Juan mira alrededor de su despacho en El País: columnas de libros apilados). Es la ficción y la cultura. Eso le otorga un lenguaje y la capacidad de comunicarse consigo mismo y verterlo en la literatura sin rencor. Como prueba Adiós muchachos, que es el libro menos rencoroso.

SM: Lo calificaste como un manual de saberse ir.

JC: Es modélico, como forma de despedida de la vida pública. Él nunca disparó un fusil ni llevó uniforme militar. Eso no lo pone por encima ni por debajo, pero da un valor moral, y es una manera de estar. El ejercicio de despedida también lo hace con su familia en el cuento No me vayan a haber dejado solo.
Y en Juan de Juanes, que parecería un agasajo hacia mí, en realidad es un abrazo a las personas que le han ayudado. Se trata de un ejercicio de estilo. Es igual que cuando cuenta una noche con Gabo juntando todas las intervenciones de los autores amigos e invitados en el texto “De guapos de tiempos idos”. Sergio es un memorialista que sigue siéndolo hasta cuando concibe la ficción. Además tiene un sentido de la oralidad peculiar. Cuando él lee es como si estuviera siendo leyendo por otro.

SM. En España, Sergio no ha vendido mucho. ¿Por qué?
Porque es un buen escritor. Y tampoco tiene una imagen impostada. Porque está en diversos menesteres. No es arrogante, no habla siempre de sí mismo, no es demagogo. Muchos inconvenientes para ser más conocido. Hay muchos demagogos de la humildad y él no lo es. Ahora estoy haciendo notas para un libro titulado Primeras personas,  sobre algunos autores que eran espectáculos de la bondad o de la humildad, como alguno que aplaudía al público en un afán desmesurado de agradar por encima de todo.

SM: Por último, de tu época como editor, a qué autores recuerdas con más afecto.

A Onetti y a Borges. Ambos tenían una cualidad que valoro mucho en todos los sentidos: la simpatía. A Borges lo acompañé no como su editor, pero pude estar con él durante dos días completos. Onetti era un “cachondo mental”, se reía de sí mismo a pesar de que también tenía su ego. Siempre recuerdo su frase: “Juancito, ¿y los avisos?” Quería que saliera más publicidad sobre su obra.
Y por supuesto, Sergio, que es un hombre muy literario en su manera de concebir el recuerdo y también en las acciones políticas. A él le dolía la política y no quería ser recordado por ello tan solo. Yo me siento orgulloso de algunas cosas que hice como editor al frente de Alfaguara, y esta es una de las que más recuerdo.

SM: Participaste en el Festival Centroamérica Cuenta, que dirige Sergio en Managua. ¿Qué impresión te quedó de tu visita a Nicaragua? ¿Qué sorpresas?

JC: La tristeza, La pobreza, La falta de luz. La falta de ilusión. El miedo a hablar de lo que ocurre por parte de jóvenes que en otro tiempo hubieran gritado vivas a la revolución. Los carteles que unían religión y revolución.

SM: Acabas de publicar tus conversaciones con Vargas Llosa. Has escrito mucho sobre autores que te han fascinado. Egos revueltos fue una confesión de editor que cuida a sus autores por encima de todo. ¿Hay menos ego en el periodismo?

JC: No hay tanto ego. Es más instantáneo, como el café soluble, de tan mal sabor, y tan efímero.

SM: ¿Qué espacio queda para introducir a los jóvenes a la literatura, hoy que leen menos y ven más vídeos? ¿Cómo enamorarías a tu nieto con la literatura?

JC: Él se ha enamorado solo: viendo a su madre leer y reírse o entristecerse, sentir mientras lee. Los niños leen para sentir lo mismo que sus madres.

SM: Se te considera un autor prolífico en artículos y libros. ¿Cuál es tu droga?

JC: La soledad. El miedo. El miedo a no saber compensar la tristeza ajena. La memoria.

SM: Veo tu mesa llena de libros, tu teléfono lleno de llamadas. Bromea Sergio en Juan de Juanes sobre tu capacidad de estar presente siempre. ¿De dónde el tiempo? ¿Cuánto duermes?

JC: Duermo bien ahora, desde que dejé de tomar pastillas, y porque bebo muchísimo menos. Pero la respuesta anterior lo explica todo: escribo para no quedarme solo, como si abrazara árboles para no perderme dentro del bosque.

SM: Estás dando clases de periodismo. Si pudieras resumirnos los consejos finales que quieres que recuerden tus alumnos.

JC: Lean poesía. Lean. No dejen de leer. Leer rehace las almas y tonifica los cuerpos, y abre el campo a preguntas infinitas.

SM: El premio Cervantes viene en un momento convulso para España. Las aventuras del Quijote acaban en Barcelona. Otra vez, ¿qué es eso que se llama España para un insular cómo tú? ¿Hay alguna esperanza de que un nacionalista catalán vuelva a sentirse en casa alguna vez?

JC: España es un territorio enorme que se ha hecho chico a base de mentiras y mezquindad. España no es un país culpable, pero es un país al que le pesa la culpa. Y debemos evitar que esa culpa sea también el reflejo de la mezquindad con la que se la acusa de ser peor de lo que es.

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Nacido en Andalucía, tiene la doble nacionalidad hispano-nicaragüense, países en los que ha trabajado en el mundo de la docencia, la cultura, el periodismo y la cooperación. Licenciado en Filología, y master en Periodismo y Derecho Internacional. Es consultor de comunicación y cooperación. Escritor, docente y colaborador en varios medios en España (como El País) y Latinoamérica (Gatopardo, La prensa, Confidencial, Etiqueta Negra, etc.) sobre temas literarios y de actualidad internacional, crisis, cooperación y desarrollo. Ha publicado, entre otros libros de antologías y colaboraciones, ensayos y relatos (Las cien Novelas para siempre del siglo XX y Si estuvieras aquí, de la editorial Icaria). Fundó con Sergio Ramírez la revista cultural Carátula www.caratula.net , de la que fue editor. Ha sido profesor de Comunicación y Humanidades, traductor y responsable de información de Médicos sin Fronteras. Ha conocido de primera mano numerosos conflictos y crisis humanitarias. Fue coordinador de la Campaña de Acceso a Medicamentos en América Latina. También ha coordinado proyectos que unen el mundo humanitario y el desarrollo con la Literatura como la serie Testigos del olvido de El País Semanal.