El rostro de la tristeza

24 septiembre, 2018

Cuando las campanadas de la catedral de León marcaban las doce en punto, iniciaba la cátedra del profesor Carlos Tünnermann Bernheim, que tenía el raro nombre Prolegómenos. La primera vez que el alumno Sergio Ramírez vio al profesor Tünnermann en junio de 1959 se impresionó. La facultad de Derecho en ese entonces se ubicaba en los altos del restaurante el Sesteo, en el Palacio Municipal, y se subía a las aulas por una escalera vecina al cuerpo de bomberos, narra el alumno que luego se convirtió en un magistral escritor. El profesor que se apareció no fue un abogado cascarrabias y petulante, vestido de riguroso casimir como para un entierro, como esperaba el joven Ramírez, sino “fue Carlos, un muchacho que aún permanecía soltero”, y que para ese entonces era uno de los artífices de que la Universidad gozara de Autonomía. Tünnermann era uno de los profesores más queridos. A pesar de su ajetreado cargo como Secretario General de Universidad Nacional de Nicaragua a tan corta edad, y mano derecha del rector Mariano Fiallos Gil, sacaba tiempo para impartir esa clase.


Inaugurando el edificio de Derecho de la UNAN.

La tristeza profunda tiene su rostro 
en el semblante sombrío y demacrado del reo.

Sus profundas ojeras,
evidencian el amargo sufrimiento
de continuas noches de desvelo
de las que ha emigrado el sueño.

La tristeza profunda tiene su rostro
en el semblante sombrío y demacrado del reo.

¿Qué hay tras el testimonio de ese rostro?
¿Cuántas horas de infame interrogatorio
sin descanso y amenazante
hecho con saña para incriminarlo?

La tristeza profunda tiene su rostro
en el semblante sombrío y demacrado del reo.

Aislado, rodeado de alimañas asquerosas
solo la profunda oscuridad le acompaña.
Evoca a su familia y el ardiente sol
que le prodigaba sus rayos de oro
en sus labores campesinas.

Mas un día oyó el llamado de su tierra
ultrajada como nunca en su soberanía
y marchó y marchó y marchó…
por los anchos caminos del patriotismo
enraizado en el corazón de su pueblo.

La tristeza profunda tiene un rostro
en el semblante sombrío y demacrado del reo.

Ahora es un prisionero de conciencia.
En secretas audiencias lo juzgan
por crímenes que jamás ha cometido.
Su derecho a defensa propia interferido.
La impostura fabrica la mentira.
Esposado y con traje carcelario,
en su demacrado semblante
encuentra su rostro la tristeza.

Managua, agosto de 2018.

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Managua, Nicaragua, 1933.
Educador, jurista, escritor, académico y diplomático nicaragüense. Autor de más de una decena de obras entorno a la educación superior, Rubén Darío y los valores de la cultura nicaragüense. Ha sido Ministro de Educación, Embajador en Washington y la OEA, presidente de la Unión de Universidades de América Latina y consejero especial del director general de la UNESCO. Universidades de Nicaragua, República Dominicana, México y Colombia lo han distinguido con el doctorado honoris causa. Entre sus obras se encuentran: Rubén Darío, puente hacia el siglo XXI (Centro Nicaragüense de Escritores, Managua 2003); Rubén Darío y la Generación del 98 (Anamá, Managua 2004); La Universidad del futuro (Hispamer, Managua 2011); Galería de Próceres, Escritores y Educadores (Hispamer, Managua 2012) y Memorias de un Ciudadano (Hispamer, Managua 2016).