Günther 2018-2

Iconografía política en Rubén Darío: la Revolución rusa

31 julio, 2020

Günther Schmigalle

La percepción del mundo de Rubén Darío fue eminentemente visual, y por eso no puede sorprender que en sus crónicas (por hablar solamente de ellas) se encuentren innumerables referencias a imágenes.


La percepción del mundo de Rubén Darío fue eminentemente visual, y por eso no puede sorprender que en sus crónicas (por hablar solamente de ellas) se encuentren innumerables referencias a imágenes. En primer lugar, Darío, como cronista de arte, describe cuadros, gráficas, esculturas, principalmente por motivo de sus visitas a los “salones” de París y otras ciudades; y como la reproducción tecnológica de la obra de arte estaba todavía en sus inicios, sus lectores tuvieron que conformarse casi siempre con la descripción verbal, sin poder compararla con una reproducción visual de la obra misma. La única excepción de ello fue la breve etapa en la cual Darío publicó sus artículos en el Suplemento Semanal de La Nación, que, siguiendo sus modelos franceses y británicos, fue una publicación ampliamente ilustrada. También encontramos referencias a las gráficas de carácter político, lo que se suele llamar las caricaturas. Darío, como comentarista y analista político, tenía muchísimo aprecio a esa forma de “arte popular”. Cuando en La caravana pasa comenta el libro La americanización del mundo de W. T. Stead, dice: “Por lo que entrañan y lo que dejan gráficamente significado, las caricaturas son muy valiosas lecciones, y en este caso hay innumerables, obra de dibujantes ingleses y americanos”(1). Y su artículo sobre este tema, publicado con el título “La fuerza yanqui” primero en La Nación(2) y después en La caravana pasa, la descripción de las caricaturas tomadas ocupa un lugar central. Nuevamente, como en el caso de las obras de arte, el lector de Darío tenía que conformarse con las descripciones, y tratar de reconstruir las imágenes mentalmente, tanto en el artículo como en el libro. La nueva edición de La caravana pasa, publicada en el marco de la edición crítica de sus Obras Completas(3) es la primera que reproduce, en su apéndice documental, una muestra de esas caricaturas.

Otra crónica de Darío en la cual las gráficas de ese tipo ocupan un papel central, es “París y el zar”, publicada en La Nación el 14 de marzo de 1905 y reproducida en Parisiana bajo el mismo título(4). Darío estaba acostumbrado a seguir la política rusa de cerca. La crónica se inicia con un relato del recibimiento entusiasta que el público francés brindó al zar Nicolás II en su primera y única visita a París, en 1896, dos años después de su ascensión al trono. En La caravana pasa Darío comenta ampliamente la segunda visita del zar a Francia, en 1901, cuando Nicolás, de carácter débil, inclinándose ante los servicios secretos de ambos países, que le hablaron exageradamente del peligro de las bombas anarquistas, abandonó la idea de visitar nuevamente París y se reunió con el presidente francés en un barco de guerra frente a la costa francesa(5).

El entusiasmo de 1896, cuando el público francés saludó al zar como un aliado precioso contra la terrible Alemania, se había mermado bastante en 1901, pero en 1905 se convirtió en un fuerte rechazo, bajo la influencia de dos eventos históricos. El primero fue la guerra ruso-japonesa, en la cual Rusia sufrió una derrota ignominiosa, sentida en los países europeos como una vergüenza para toda la “raza blanca”. El segundo fue la Revolución rusa, que alcanzó su primer punto culminante el 9 de enero de 1905, cuando decenas de miles de trabajadores, en marcha pacífica hacia el Palacio de Invierno para entregar una petición al zar, fueron masacrados por el ejército. Después de ese “domingo de sangre” la imagen pública del zar Nicolás quedó destrozada, y en la crónica “París y el zar” Darío insiste en el cambio completo del ánimo del público francés, cuyo entusiasmo de nueve años atrás quedó convertido en una especie de horror. No puede haber duda sobre las simpatías de Darío con el movimiento popular en Rusia. Tradujo una novela de Gorki(6) y redactó una crónica sobre este escritor revolucionario, amigo de Lenin(7); tenía amistad con emigrantes políticos rusos, entre ellos el estudiante nihilista Azaroff(8). Henry de Groux, el pintor belga, gran amigo de Darío, conoció personalmente a Lenin, en el café La Closerie des Lilas, aunque (según su diario personal) no simpatizó con él(9).

En su crónica “París y el zar”, Darío, para describir el rechazo del público parisiense de la política zarista y el disgusto de los franceses hacia la persona misma de Nicolás II, se apoya principalmente en la gráfica política del momento, o sea en las caricaturas publicadas en los periódicos y revistas ilustradas. La fecha de composición de su crónica es febrero de 1905, un mes después del domingo de sangre. Las caricaturas a que se refiere no se reprodujeron en ese momento ni en el artículo de La Nación ni en Parisiana, pero, gracias al excelente trabajo de la Biblioteca Nacional de Francia, especialmente en sus sitios digitales Gallica y Retronews, hemos podido identificar una buena parte de ellas. Naturalmente, Darío no indica sus fuentes (casi nunca lo hace), y quedan varias incógnitas, pero comprobamos que aprovechó todas las caricaturas aparecidas en la revista satírica semanal L’Assiette au Beurre, en su número especial “Le Zar Rouge”, publicado el 4 de febrero de 1905.

A continuación transcribimos una serie de citas tomadas de “París y el zar”(10). Antes de cada cita se reproduce el grabado al que se refiere. Todos los grabados son de L’Assiette au Beurre del 4 de febrero de 1905, excepto la de Wetterhoff-Asp, que es del suplemento del mismo número.


“En otra parte se ve un zar militar, siempre ensangrentado, con un rostro negro y lívido, de criminal condenado” (p. 196).


“y estos versos de Víctor Hugo en letras de sangre:

Peuple russe, tremblant et morne, tu chemines, Serf à Saint-Pétersbourg, ou forçat dans les mines. Le pôle est pour ton maître un cachot vaste et noir; Russie et Sibérie, ô czar! tyran! vampire! Ce sont les deux moitiés de ton funèbre empire ; L’une est l’Oppression, l’autre est le Désespoir !” (p. 197)
(Versos tomados de Les Châtiments)


“Vese al emperador, con el heredero en los brazos y custodiado por un esbirro armado de knut: – ‘¿No es cierto que la sangre rusa es hermosa, hijo mío? Y no hay que ir a Manchuria para verla correr’. Por una ventana se mira el montón de cadáveres de los obreros fusilados…” (p. 197).


“Un caricaturista ruso residente en París, Watteroff [sic]11, representa a la zarina y al zar en momentos de entrar en el lecho. Ella parece una Juana de Arco coronada, por la armadura que lleva, y él un acorazado Ubu, armado de látigo. – ‘Tú quieres, dice la emperatriz, acostarte con la coraza de Pedro el Grande’. Y el emperador: ‘Sí, soy prudente… Recuerdo la historia de Alejandro… de Servia” (p. 197). (Alejandro Obrenović y su esposa la reina Draga Mašin, ambos odiados por el pueblo de Serbia, fueron asesinados durante un golpe de estado en la noche del 10 al 11 de junio de 1903. Rubén Darío redactó una crónica sobre el evento: “Shakespeare de última hora. ‘Les rois en exil’”, La Nación, 15 de julio de 1903, p. 4; también en Parisiana con el título “Cosas de Shakespeare”.) (Suplemento de L’Assiette au Beurre, n.° 201, 4 de febrero de 1905) 11 Georg Sigurd Wettenhovi-Aspa, de origen finlandés, conocido como Wetterhoff-Asp (1870-1946).


“Los artistas se complacen en pintar a los cosacos con la intención que ponían los pintores de antaño en los rostros de los sayones, en los calvarios y descendimientos. Todas son caras feroces, miradas crueles. Todos son gestos rudos y rictus bestiales de brutos sin entrañas.” (p. 197).

“Y en los rostros de los obreros, de las víctimas populares, la desolación, el miedo, el espanto” (pp. 197-198).


“En una estampa el pope Sergio grita: ‘¡Yo muero, pero la libertad va a nacer!’ Y el pope Gapón le contesta: ‘Sí, tú mueres por el Dios de la libertad y por la patria. Pero vosotros, soldados, no tenéis ya emperador puesto que habéis tirado contra su imagen, y no tenéis Dios, puesto que tiráis contra vuestros hermanos’” (p. 198).


“En otra, el zar aparece ocupado en lavar su corona sangrienta” (p. 198).


“en otra ofrece al águila bicéfala que se ve como enferma y canija, o reformas o carne de cañón…” (p. 198).

“Se dibuja un Nicolás indeciso, un Nicolás cruel y un Nicolás atemorizado. Vestido de blanco, en el palacio de Invierno, oye a un chambelán dorado que le anuncia la llegada de una delegación de obreros, y le responde: ‘¡Fusílenlos! ¡Me voy al Zarkoe-Selo! Y en Zarkoe-Selo contesta a otro chambelán que le anuncia una delegación de estudiantes: ‘Fusílenlos! ¡Me voy a Peterhof!’ Y en Peterhof se le anuncia una delegación nueva: ‘¡Fusílenlos!… Pero, ¿adónde podré ir ahora… ?” (p. 198). (Darío no menciona la última de las cuatro imágenes de este comic, donde el zar, escondido, llorando en un water-closet, es alcanzado por el brazo de la Justicia, que lo agarra fuerte y le dice: “¡No! ¡Ni siquiera allí donde los zares tienen que ir a pie, te dejaré tranquilo!”.)


1 Rubén Darío, La caravana pasa, París: Garnier, 1902, p. 206.
2 18 de mayo de 1902.
3 Sáenz Peña: Universidad Nacional Tres de Febrero, 2019.
4 Rubén Darío, Parisiana, Madrid: Fernando Fé, 1907, pp. 195-202.
5 Rubén Darío, La caravana pasa, pp. 93-107.
6 Tomás Gordeieff, reeditado en Madrid: Veintisiete Letras, 2010.
7 Rubén Darío, “Gorki”, Opiniones, ed. de Fidel Coloma y Pablo Kraudy, Managua: Nueva Nicaragua, 1990, pp. 67-84.
8 Rubén Darío, “Azaroff”, Crónicas desconocidas, 1901-1906, ed. Günther Schmigalle, Managua: Academia Nicaragüense de la Lengua, 2006, pp. 366-373.
9 Henry de Groux, Journal, 1866 – 1930, ed. Rodolphe Rapetti y Pierre Wat, París: Ed. Kimé, 2007, pp. 246-247.
10 Rubén Darío, Parisiana, pp. 196-199.

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Filólogo alemán, doctor en filología moderna por la Universidad de Frankfurt am Main (1980). Autor de estudios sobre André Malraux, Ernest Hemingway, W. B. Yeats, la literatura de la guerra civil española y la literatura nicaragüense. Publicó ediciones críticas de varias obras de Rubén Darío y artículos sobre la vida de Darío en París y su relación con la literatura francesa. Fue profesor de la Escuela de Bibliotecología y de la Escuela de Arte y Letras, UCA, Managua, en los años 1988-1994.