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Carlos Castro Jo: el gigante despierto

25 noviembre, 2023

Se dice, aunque hoy con menos convicción y a expensas de agudas contradicciones, que el intelectual es un individuo dotado de la facultad de representar, encarnar y articular un mensaje, una visión, una actitud u opinión en favor o en nombre de una comunidad. Obviando los argumentos detractores puedo decir que en el caso del escritor de memorias, en especial aquellas que implican no sólo al individuo sino a una colectividad, la tarea del intelectual sería esencialmente mostrar cómo esa comunidad de la que se intenta escribir o por la que se quiere dar testimonio, no es un ente abstracto, sino una realidad viva o constatable, y que su propia perspectiva como escritor, aunque intenta ser racional, inteligente y disuasiva, es inevitablemente subjetiva.

A medio camino entre la narración histórica y la literatura, las autobiografías o memorias no sólo funcionan sujetas a los límites que se suele imponer a disciplinas inscritas en la ciencia (como la historia o la sociología), sino también a ciertos límites fijados al arte literario. El límite ineluctable de aquellas es el de la verdad o la fidelidad a los hechos, con independencia de su también ineluctable e implícita interpretación particular, eminentemente subjetiva; pero toda conclusión que se pretenda científica, o en cualquier caso aquella que suele apelar a la llamada verdad histórica, constituye también una idea compleja y una meta elusiva.

Por eso tal vez ciertos autores optan por formatos más libres o laxos, que de alguna manera les permitan transgredir o rebasar esos límites. Pero la transgresión de lo que algunos insisten en preservar o fijar como verdad histórica, desde una perspectiva individual preñada de virtudes literarias no significa necesariamente negar o falsear premeditadamente la historia, sino más bien esbozar lo que en el fondo apreciamos en ciertos libros de memorias: la elección de una perspectiva abiertamente subjetiva o personal sobre los acontecimientos; con mayor razón si quien escribe es poeta, narrador, sociólogo, y además protagonista de los hechos, que es el caso en este libro de Carlos Castro Jo: EL GIGANTE NUNCA HA ESTADO DORMIDO (Mis memorias de los conflictos étnicos en el Caribe nicaragüense en los años ochenta).

Este libro es de muchas formas documental y sociológico, pero es también esencialmente autobiográfico, por tanto, más que una búsqueda de respuestas históricas o sociológicas taxativas e inapelables a preguntas históricas complejas, constituye fundamentalmente una crónica llena de muchas preguntas, una interrogación o una serie de interrogaciones, es decir: la búsqueda emprendida por un escritor-intelectual-protagonista que trata de enlazar el relato de un periodo histórico conflictivo y dramático de una comunidad (la vasta región del Caribe nicaragüense) con fragmentos cruciales o emblemáticos de su propia vida, o bien, de su propia formación cultural y política como individuo y como intelectual, que además ha sido parte constitutiva, y muy activa, de esa colectividad.

Carlos Castro Jo es autor de los poemarios Al margen de lo visible (2001), Insomnios y soliloquios (2009) y Tambor de pueblo (2013), además del libro de cuentos El Pirata Morgan (2015) y del ensayo La democracia en el pensamiento de Sandino, Chamorro y Fonseca (2019). Me unen al autor coincidencias generacionales no sólo literarias, pues empezamos a publicar nuestros poemas y artículos en los años ochenta; sino también históricas y sociales, pues también enfrentamos, cada uno por su lado y siendo aún adolescentes, los retos de nuestro involucramiento directo en las acciones políticas que desde finales de los setenta desembocaron en la llamada revolución sandinista de los ochenta. Con el tiempo y gracias a nuestras coincidentes inclinaciones literarias hemos cultivado una amistad caracterizada por la franqueza intelectual y muchas convergencias en lo político, especialmente respecto al asunto del Caribe nicaragüense, cuyas tensas y con frecuencia convulsas relaciones con el centro político me ha tocado cubrir eventualmente como periodista a lo largo de más de tres décadas.

¿Cuáles fueron las causas político-sociales o humanas que desencadenaron la guerra en el Caribe nicaragüense durante los años ochenta? ¿Fue esa guerra causa de una “agresión imperialista” o producto de abusos y violaciones cometidas por el sandinismo? ¿A qué respondía en aquel contexto el proyecto de autonomía de las regiones caribeñas? ¿Respondía a aspiraciones históricas y socio-culturales o sólo era la búsqueda de soluciones inmediatas o coyunturales a un problema político? ¿Cuáles son históricamente las causas que han diferenciado casi radicalmente al Caribe nicaragüense del resto del país? ¿En dónde radica la complejidad de su propia constitución cultural y por qué, tanto entonces como ahora, los intentos para encausarla al desarrollo se han mostrado inviables o imposibles? ¿En realidad lo son, o más bien están ligados, aunque diferenciadamente, a esa también engañosa inviabilidad o imposibilidad del desarrollo en el resto del país?

Castro Jo intenta aquí responder preguntas a las que otros han intentado responder desde distintas perspectivas pero con relativos aciertos o rotundos desaciertos. La ventaja o virtud de Castro Jo radica no sólo en la opción del formato memorista y en sus incuestionables dotes literarias, sino en su formación intelectual y en la vocación de transparencia y honestidad que transpira su prosa; además que su perspectiva está firmemente asentada en su propia experiencia personal, vivida en momentos de absorbente ingenuidad y nobleza, que es, a fin de cuentas, la etapa de primera juventud del individuo; en este caso el individuo enfrentado abruptamente con la historia. A eso agreguemos que el autor es también caribeño, y que su condición étnica (mezcla de criollo, alemán y chino, crecido en un barrio de creoles afrodescendientes) le permite comprender íntimamente las reacciones culturales de los distintos grupos afectados.

El libro está nutrido de las notas que el autor acumuló a través de los años sobre sus experiencias como protagonista directo de los más importantes hechos históricos ocurridos en el Caribe nicaragüense durante la década ochenta, y oportunamente enriquecidos por una visión en perspectiva, más madura y reflexiva. Mucho de lo que describe, sin embargo, proviene del recuerdo o la memoria pura, pues buena parte de sus apuntes se perdieron durante el huracán Joan que azotó las costas del Caribe sur en 1988. Con todo, siempre en estos casos es inevitable enfrentar los prolegómenos de la propia memoria, que por lo general suele subvertir la casi siempre imposible reconstrucción objetiva de los hechos históricos.

Las memorias de Castro Jo evocan los conflictos políticos y sociales en la ciudad caribeña de Bluefields antes del ascenso sandinista de 1979, la conmoción político-social y cultural causada por la revolución en toda la región, las primeras protestas de la población en 1980, el primer ataque armado contrarrevolucionario en 1985 y los subsiguientes conflictos, que también culminaron en enfrentamientos armados con las poblaciones indígenas, principalmente miskitos y ramas, y con el campesinado mestizo. También abarca el complejo proceso de negociación y aprobación de la Ley de Autonomía, y las duras y tensas negociaciones en medio de la guerra hasta poco antes que el sandinismo perdiera el gobierno en las elecciones de 1989; algo que no pudo experimentar vivamente el autor, pues fue becado por una universidad norteamericana en septiembre de 1988.

En buena parte del libro Castro Jo describe con indiscutible conocimiento de causa las diferencias e incluso desigualdades estamentarias y económico-sociales existentes en la región del Caribe, de las cuales fue testigo desde su infancia, y que luego se trastocaron o se imbricaron conflictivamente con la irrupción de la hegemonía sandinista; un fenómeno con ribetes políticos, económicos, sociales y sobre todo étnicos y culturales que es precisamente el objeto fundamental de sus memorias. Su opinión es que la violencia armada de los años ochenta en la región, en cierta forma o en parte, fue un resultado de esas antiguas diferencias, pero que sobre todo fue producto de la violencia y el desconocimiento (o la ignorancia) con que algunos dirigentes sandinistas quisieron resolverlas.

Sin esa violencia hegemónica y sin esa ignorancia, según parece sugerir Castro Jo, se hubiese evitado la guerra. Es decir que, sin los abusos y violaciones a los derechos humanos, la administración Reagan no hubiese aprovechado la resistencia indígena y campesina para levantar a un ejército irregular en contra del sandinismo. Según infiero de mi propia lectura, Castro Jo parece incluso concluir que de haber albergado en sus planes un interés constructivo, sapiencial o sensato, el sandinismo hubiese incluso logrado crear una base social fuerte en las comunidades caribeñas. Pero ya sabemos que sucedió lo contrario, y el resultado ha sido prácticamente volver, de cierta forma, a un punto cero. 

En realidad hay mucho qué decir y sobre qué reflexionar tras la lectura de este libro. Después de lo apenas esbozado en esta reseña y ante la imposibilidad de extenderme, sólo puedo agregar al aporte de Carlos una opinión personal, y es que, mientras la visión del centro político intervenga en las regiones del Caribe con los resabios culturales y políticos que en general se traducen en una especie de colonialismo interno, el gigante del Caribe Nicaragüense, lejos de dormir, continuará en permanente resistencia.

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Managua, Nicaragua.1961.
Poeta, narrador, crítico y periodista. Es autor de los libros de poesía Pasado meridiano (1995), Conversación con las sombras (2000) y La vida que se ama (2011); este último ganador del Premio Internacional de Poesía “Rubén Darío” 2009, convocado por el Instituto Nicaragüense de Cultura. También ha publicado las novelas Un sol sobre Managua (1998, 2000, 2003), Con sangre de hermanos (2002, 2011), y los volúmenes de crítica Juez y parte (1999), La espuma sucia del río (2000), Subversión de la memoria (2005) y Las máscaras del texto (2006). Ha sido redactor y editor en los más importantes periódicos de Nicaragua. Ha ejercido la docencia como profesor de Géneros periodísticos y Escritura creativa en la Facultad de Comunicación de la Universidad Centroamericana (UCA), en la carrera de Filología y Comunicación de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN) y en la carrera de Periodismo de la Universidad Hispanoamericana de Managua (UHISPAM). Graduado de Filología y Comunicación por la UNAN-Managua, con Maestría en Literatura Hispanoamericana por la UCA. Miembro del consejo editorial de la Revista Virtual de Estudios Literarios Centroamericanos, Istmo; miembro de número de la Academia Nicaragüense de la Lengua y miembro correspondiente de la Real Academia de la Lengua Española.