camus a contracorriente

Contra todos. Camus a contracorriente

1 diciembre, 2008

Camus, a contracorriente, editada este año por la editorial catalana Galaxia Gutenberg, “es un homenaje a la figura, terrenal, valiente y no exenta de contradicciones del autor de El extranjero, una figura que el tiempo engrandece y que tiene la virtud de la cálida y cercana compañía. El hijo de una mujer de la limpieza española, el que nos invita a amar el presente, a luchar contra las ínfulas de trascendencia, el que nos anima a ser nosotros mismos, el despreciado y ninguneado por gran parte de sus contemporáneos, resulta ahora una referencia perenne”.


Para Camus, hay dos cuestiones filosóficas primordiales a las que enfrentarse: una es el suicidio, y otra el asesinato, entendido éste no a la manera de Agatha Christie, sino en los parámetros de Hitler, Stalin o el FIS argelino. La primera es una opción personal, la segunda es una mefistofélica decisión de tintes políticos aceptada, no lo olvidemos, a lo largo de demasiados siglos. Personas como Camus son las que nos hablan de dejar atrás este tipo de barbaries de salón y nos anima a convivir.

En Camus, a contracorriente, Jean Daniel –periodista, argelino también de origen, amigo del Nobel- recuerda sus sucesivos encuentros y desencuentros con el autor de El primer Hombre y reflexiona sobre el compromiso real y cotidiano de quién dedicó su vida a luchar contra cualquier forma de nihilismo y mesianismo. Contra la Historia, y contra (las múltiples y desconocidas caras de) la Verdad, a través de la voz de Daniel Camus vuelve animarnos a desenmascarar  todo lo que desprecie las vidas humanas de los humillados y ofendidos, casta de la que él mismo procedía.

En su tiempo, esta postura lo condenó al ostracismo, pero su soledad no le amilanó: como recuerda Daniel, «al contrario que Sartre, Camus no sentía ningún complejo respecto al proletariado, porque procedía de él. No tenía que decirse cada día. ´no debo desalentar a los obreros de Billancourt´. Billancourt era él». Por otra parte, el fundador de Le Nouvel Observateur señala que Camus, -a pesar de los intentos de manipulación de sus enemigos ideológicos-, despreciaba a la burguesía por su conformismo, su apego a lo material, por sus alambicados códigos sociales y por su carencia del sentido de la libertad.

Un extraño halo romántico -luminoso, que no iluminado- envuelve a Camus, por su valentía, por su combate diario contra las fuerzas oscuras que atenazan la vida cotidiana de las personas. Por explicarnos y compartir con nosotros que en medio del invierno sintió siempre en sí mismo un «verano invencible». Más allá de la muerte, en un diálogo entre abismos, su amigo Daniel, sigue preguntándose qué pensaría y escribiría el Nobel en estos aciagos días que vive el mundo y, con él, la profesión que más amaba, el periodismo, envilecido y vendido ahora al mejor postor.

En apenas 185 páginas que se leen como un suspiro, Daniel narra los helados desprecios que en los sucesivos años sufrió Camus ante su postura contra los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, contra la violencia terrorista que golpeó implacable a su propio pueblo durante la lucha anticolonialista, y por su negativa a mantener la venda ideológica ante los campos de trabajo soviéticos. Al hilo de este desprecio, Daniel transmite la emoción que sintió cuando descubrió que su amigo, vituperado en los humeantes cafés de París, era venerado en las frías tabernas de Praga, donde se sufría una opresión, real y tangible. 

Tan desenfrenado en el trabajo como en el placer, como gustaba decir de sí mismo, Camus nunca eludió el sentido de la responsabilidad y de deuda con sus orígenes. En un controvertido paralelismo, Daniel compara aquella vilipendiada frase de Camus «en este momento se arrojan bombas contra los tranvías de Argel. Mi madre puede hallarse en uno de esos tranvías. Si eso es la justicia, prefiero a mi madre»  con la actitud de Zidane en el Mundial, cuando el campeón, también de origen argelino, «puso en peligro la competición internacional seguida en televisión en todo el mundo al asestar un cabezazo en el pecho a un jugador italiano que había insultado a su familia». Antes, ahora y siempre, frente al refugio de lo mesiánico, sea de tintes políticos, religiosos o, en este caso, mediáticos, sólo resta la desesperada lucidez.  

Ahora, casi 50 años después de su muerte en accidente automovilístico, Daniel nos explica que la obra camusiana ha alcanzado la categoría de clásico. Es un hombre de otra época, pero es de nuestro tiempo. A tumba abierta, Camus sigue explicándonos que hay que mirar al sol y a la muerte de frente, reconocer (y soportar) el enigma de la vida y no disfrazar nuestras acciones de imposturas políticas, sociales o personales que aceptan el sacrificio de otros -siempre los demás- en nombre del futuro.

Al contrario de lo que proclaman sus críticos, no es éste un legado fácil, porque no da respuestas y hunde sus raíces en la consciencia de la fragilidad, tan inherente a la vida. Ése es precisamente su audacia: una invitación a vivir sin red que encaja como anillo al dedo en este siglo XXI, tan lleno de incertidumbres. 

Camus, a contracorriente, es un homenaje a la figura, terrenal, valiente y no exenta de contradicciones del autor de El extranjero, una figura que el tiempo engrandece y que tiene la virtud de la cálida y cercana compañía. El hijo de una mujer de la limpieza española, el que nos invita a amar el presente, a luchar contra las ínfulas de trascendencia, el que nos anima a ser nosotros mismos, el despreciado y ninguneado por gran parte de sus contemporáneos, resulta ahora una referencia perenne.

*Responsable de Comunicación del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona. (CCCB). 

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Periodista y antropóloga, (Barcelona, 1966), tuvo hace años el dudoso honor de pertenecer a dos de las bandas de punk más malas -y, por suerte, absolutamente desconocidas- de la ciudad de Barcelona.

Para viajar, para sobrevivir y, también, por malsana curiosidad, ha ejercido los más diversos oficios, como disc-jockey, tasadora de peces para estudios de Biología Marina en el puerto de Barcelona, vendedora de enciclopedias, coordinadora de servicios de mensajería, camarera, profesora de catalán de Barcelona y de castellano en Boston, o reponedora de alcohol en una licorería, entre otros.

Trabajó durante más de cinco años en la redacción de El País, y lo dejó para coordinar la producción de una película de temática humanitaria llamada Invisibles. Producida por Javier Bardem, y dirigida por Fernando León de Aranoa, Isabel Coixet, Mariano Barroso, Javier Corcuera y Wim Wenders. La película ganó el Goya al mejor documental en 2008.

Con Médicos Sin Fronteras ha estado en Colombia, Palestina, Somalia, Etiopía, Marruecos, Mozambique, Sudán, Kenia, Camboya, Bolivia y Armenia, entre otros lugares.

Ama el blues, el jazz, el r´n´b, el rock´n´roll, el soul por encima de muchas cosas, y a veces trata de averiguar porqué escribiendo sobre ello en la revista musical Ruta 66.