La caída cotidiana en La vida breve, de Juan Carlos Onetti

28 julio, 2018

La ya emblemática como enigmática narrativa del uruguayo Juan Carlos Onetti continúa recibiendo hasta hoy reiteradas visitas. Dada su vasta veta de posibilidades interpretativas cada uno de sus lectores descubre vértices inéditos en ese diamante en constante pulimento. Corea Torres explora, encuentra y manifiesta su perspectiva lectora compartiendo sus visiones para traer agua al molino de la lectura de La vida breve, novela habitada por personajes delineados de tal manera por Onetti, que conducen a la observación desprejuiciada de seres debatiéndose en la depauperación cotidiana, a la expresión abierta de la conducta humana, es decir al teatro diario de la vida.


Juan carlos Onetti (Uruguay, 1908)

Una caída diaria.

La demarcación del destino en cada ser humano tiene aristas tan diversas, derroteros conformados de odios, desesperanzas y desencantos pronunciados. Es cierto, hay amor, a veces hay algunas luces cuyos brillos van más allá del común de la derrota y ensalsan el diario caminar, digamos lo alumbran, lo conducen; no sabemos en qué tono los colores se aprestarán a realzarse, porque depende un tanto de la mirada, que sí o no se agudiza, y también de la existencia de una rendija por donde ese ser se introduzca y observe, que sí hay esperanza. Y el desencanto llega a ser simplemente el terreno que se pisa: lugar en donde se deshace el temor, o se incrementa. Pobre de aquel que se deje llevar por ese sonido tan lúgubre y tan triste, porque padecerá la atmósfera sin gracia del aislamiento, pero aún así, quien tenga los suficientes arrestos para deambular en el planeta y preguntarse: ¿Vale la pena vivir? ¿Amar? ¿Matar por alguien? ¿Dejarse matar? ¿Meterse con otro de igual sentimiento pero de singular catadura y lo único que los una sea ese deseo por estar viendo en gris las cosas? Entonces significará que ahí está la vida, sólo que con otro cromo.

La vida breve, dice Juan Carlos Onetti en su novela, así la plantea y se vale de Juan María Brausen para que nosotros lectores curiosos, demos una repasada de lo que sucede en los seres humanos, así como usted y yo, en cualquier parte del mundo, avasallados por el fenómeno de la modernidad y todo lo que conlleva su evolucionar, y expreso en cualquier lugar del planeta, pues los avatares de La vida breve se desarrollan, se resuelven, en las ciudades conosureñas de esta nuestra América: Buenos Aires, Montevideo, Temperley, como también en el enclave citadino de una población inventada por Onetti a la que llama Santa María, donde Brausen se debate encarnizadamente con la angustia personal que lo embarga después de desamorarse de su pareja Gertrudis.

Por supuesto se hace necesarísimo establecer aquí en estos comentarios, la importancia de esta novela de Juan Carlos Onetti, en el asunto de las relaciones cotidianas de personas unidas, ya por matrimonio o por el deseo de estar juntos, porque el libro va mucho más allá de un aislado episodio de desamor entre una pareja, puesto que conlleva otros ingredientes la mar de interesantes. En el caso de Gertrudis, una de las protagonistas, a quien casi no se ve en los salones de esta historia, llega a tener una gravitación de suyo denso dentro de la obra negra de lo narrado, amarra en todos los momentos del texto, de tal suerte que se convierte en una protagonista esencial; conduce, en cierta medida, los andares de Brausen, pero no es una conducción simple, sino más bien compleja porque a través mismo de su familia, encarnada por la mamá y su hermana Raquel –que en algún instante se descubre como amante efímera de Brausen- pervierte y subvierte el accionar de Brausen, a tal grado que la personalidad de Juan María se va degradando en todas sus relaciones personales, por cierto también de altibajos, así entonces, de pronto aparecen personajes a la manera de la narrativa realista de Emile Zolá, sustentos de la atmósfera que se está erigiendo: el de la caída diaria. La Queca es vecina del departamento que habitan Gertrudis y Brausen, La Queca es una prostituta y cada que mete un hombre a su cuarto deja oír ruidos, peleas, conversaciones. De una de estas pláticas intramuros, sale el motivo que guía a Brausen hacerse pasar por amigo de un amigo de La Queca: Arce, y así entonces, con este pseudónimo, Brausen se convierte en amigo, amante de la prostituta, a tal grado que llega a sentir tal vez celos, o una suerte de sentimiento amoroso-posesivo que lo va orillando al asesinato de La Queca, sólo que otro amante de ella llamado Ernesto, se le adelanta y le quita la vida.

La existencia de Brausen es un enredo de sentires, la lucha interior que se libra en él, está emparentada, en principio, con la separación de Gertrudis, quien por cierto ha perdido uno de sus senos, se lo extirparon por estar contaminado de cáncer, y puede que sea posible este haya sido el primer paso del desamarre entre Gertrudis y Brausen. Por otra parte Brausen está perdiendo su trabajo en la agencia de publicidad en la que ha estado laborando durante un buen tiempo y su amigo más cercano, compañero de trabajo y andanzas Julio Stein, parece que también está padeciendo la depauperación de su espíritu.

Sin ir más lejos entonces, el espíritu que campea a lo largo de las páginas de La vida breve se asocia irremediablemente con el desasosiego, con la derrota cotidiana. En los discursos de los personajes siempre hay esa corriente de desaliento que a fin de cuentas induce al lector hacia la reflexión de: ¿Es posible mantenerse con semejante dosis de pesimismo y sobrevivir? ¿Vale la pena estar, a pesar de lo gris de la vida? Bien se dice: cada cabeza es un mundo y por tanto también la existencia de esos caracteres aludidos al inicio de este párrafo, están, de tal manera que una de las virtudes de La vida breve, reside precisamente en esa exposición. La literatura de Juan Carlos Onetti está preñada de intensidad, aunque la ambientación ronde las partes oscuras de los seres humanos.

La vida breve es una muestra más de la siempre sugerente como enigmática narrativa sudamericana contada por Onetti, uno de sus representantes de lujo, cuyas palabras ofrecen en cada una de sus exposiciones esas dosis de realidad que, la más de las veces nos hace falta apreciar.

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(Chichigalpa, Nicaragua, 1951). Escritor, poeta, crítico literario. Estudió Ingeniería Química en la Universidad Autónoma de Puebla y laboró en la industria del papel y cartón para envoltura por más de 20 años.
Lector desde siempre. Maestro de talleres literarios en la Casa del Escritor de Puebla. Coordina la Sala de Lectura Germán List Arzubide. Autor de la columnaLibros de la revista semanalMOMENTO en Puebla.
Asesor literario independiente. Colaborador del suplemento cultural El Nuevo Amanecer deEl Nuevo Diario, de Managua. Editor de la sección Crítica y colaborador de la revista virtualwww.caratula.net
Ha publicado: ahora que ha llovido (Poesía, 2009 CNE).Miscelánea erótica (Poesía colectiva 2007, BUAP). Los guajolotes de donde La Güera, Antología de cuento Puebla directo (Ayuntamiento de Puebla y BUAP, 2010).
Colaborador de Radio ABC, 1280 AM, Puebla, con su columnaLibros al medio día, los viernes.
Ha publicado poesía, cuento y ensayo en diversos periódicos y revistas poblanas.