Adriano de San Martín
Adriano de San Martín

La Zarigüeya

31 julio, 2020

Adriano Corrales Arias

La zarigüeya es el único marsupial del continente americano y algunas de sus características, aunque no lo crean, se identifican con los artistas, los humorísticos en particular…


La zarigüeya es el único marsupial del continente americano y algunas de sus características, aunque no lo crean, se identifican con los artistas, los humorísticos en particular: posee una bolsa en la que transporta y protege a sus criaturas hasta que logren cierto tamaño; igual, los artistas/humoristas, se la pasan mucho tiempo cuidando y revisando sus proyectos antes de plasmarlos, hasta que logran “ese algo especial” que contienen los chistes gráficos y las caricaturas.

El nombre criollo de este animalito es bastante común en el territorio nacional: zorro pelón. Del mismo se desprenden varios dichos o frases familiares de la jerga costarricense como “no te hagás el zorro”, “se hace el zorro”, “¡hacete el zorro!”, “más mañoso que un zorro”, “más duro que un zorro pelón”, “más vivo que un zorro pelón” y otras más.

De tal modo que los miembros de esta sui generis asociación artística, se sienten suficientemente cómodos tras la imagen que pretenden proyectar. Son, no tanto pelones, pero sí verdaderos zorros. Su historia así lo demuestra: sobrevivientes de La pluma sonriente, primer grupo humorístico del país, que entre otros integrara el célebre maestro Hugo Díaz, La Zarigüeya se ha venido desenvolviendo de a poquito, escondidita, haciéndose la zorra.

Los fundadores, en 1988, fueron los ex plumasonrientes Carlos Enrique Arroyo González (Arroyo), Allan Fernando Núñez Solórzano (Nano), Ferreol Murillo Fuentes (Ferrom), Víctor Cartín Brenes (Tin-Glao), Leda Astorga Mora, Arcadio Esquivel (Arcadio), Alejandro Lazo (Lazo) y Roy Rodríguez, quienes con Marco A. Cordero (Macú), Rodolfo E. Morales (Remo), Luis Sánchez (Luisé) y Anselmo Andrade integraron el Acta Constitutiva de la Asociación La Zarigüeya para lograr el mínimo de diez miembros como requisito legal.

La Pluma Sonriente había nacido en 1981 cuando los intereses y proyectos de vida de Ferreol Murillo (costarricense, artista gráfico, ilustrador y pronto humorista conocido como Ferrom) y de Oscar Sierra (colombiano recién llegado al país, artista gráfico, ilustrador y humorista también, ya conocido como Oki) se integraron; fue ese el primer grupo de humoristas gráficos de Costa Rica, mismo que aglutinará a una lista de valiosos miembros del humorismo gráfico de aquel entonces, quedando formalmente constituidos a través de una primera exhibición realizada en la galería del primer nivel de la Plaza de la Cultura, pronto seguida por los Salones Anuales del Humor realizados hasta 1987.

Es importante señalar que el humor como sistema sígnico coadyuvante en la comunicación social, no era tan explícito como hoy en la publicidad televisiva o en los medios impresos y digitales, mucho menos como una actividad digna de una galería de arte; aun hoy es difícil encontrar una exposición de humor en el programa de cualquier sala formal. Entonces La Pluma Sonriente fue una opción comunicacional con un valor agregado: el trabajo grupal humorístico no editorial acompañando la labor individual de caricaturistas de editorial de la talla de Hugo Díaz (Lalo) o Fernando Zeledón (Zele), quienes ya mantenían una comunicación consistente con lectores de varios años desde los periódicos La República y Universidad. La misma, por discrepancias internas, se disolvió en 1987.

Cuentan los zorros que alguien en una exposición frente a sus trabajos preguntó: ¿cuáles obras de arte? Entonces los agrupados zarigüeyos decidieron hacer un ajuste de forma: en las exposiciones que se realizaron con La Pluma Sonriente exhibían las obras informalmente, sin marcos ni vidrio, por tanto, deciden presentar un producto mejorado en su formato para proteger patrimonio e imagen. Un cambio cualitativo, sin duda; es innegable que la formación estética de los individuos está ligada estrechamente al discurso tradicional, oficialista, que maneja el Estado en sus galerías o museos, en los que el rigor de presentación es componente indispensable de la exhibición.

Lo que más resalta de La Zarigüeya es su tolerancia con respecto a las diferencias entre sus miembros. El grupo mismo no puede definir o establecer un perfil ideológico. Han mantenido, como columna conceptual y denominador común, la libertad de expresar cualquier opinión sobre cualquier tema dentro de los límites del respeto a la integridad moral y física de los individuos, límites que siempre fueron discutidos en las curadurías de cada exposición como garantía de control de los protocolos que se establecen formalmente para agrupaciones inscritas en el registro de asociaciones de Costa Rica.

¿Son entonces estos unos zorros apolíticos? Pues no, sería imposible, desde cualquier punto de vista, para un grupo de caricaturistas conscientes de su responsabilidad como dinamizadores de cultura y formadores de opinión, polemizadores por naturaleza, ser considerados o llamarse a sí mismos apolíticos; esto no es posible si definimos “apolítico” como ajeno a los asuntos del Estado, pues ya hemos visto en las muestras de más de treinta años, grupales o de sus miembros, críticas y reflexiones ácidas y profundas sobre el funcionamiento del gobierno, las iglesias, los poderes fácticos y otras instituciones que siempre han estado bajo la mira de estos caricaturistas.

La relación dialógica que se establece con la obra humorística es mucho más problemática. El discurso humorístico posee variantes que se encuentran en la cotidianidad de los costarricenses, en su mundo personal, en su imaginario colectivo y en sus expectativas como individuos del mundo; aún así, no se le recepciona como arte gráfico las más de las veces. A pesar de ello, La Zarigüeya, si bien no cuenta con medios para realizar campañas a su favor, ha quedado en la memoria de quienes logramos visitar sus salones de exposición; su papel de constructores y generadores de cultura desde otra perspectiva, ha sido más que consistente en tanto que su trabajo ha removido ideas, generado polémicas y motivado discusiones en diversos espacios y foros, incluso a nivel internacional.

Los zorros pelones dicen no estar satisfechos con lo logrado, a pesar de que somos testigos de la obra realizada y de su valor. Por eso ahora vuelven a la carga. Y vienen, ciertamente, un poquitín más pelones, pero, eso sí,  más zorros que nunca. ¡Preparémonos!

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San Carlos, Alajuela, Costa Rica, 1958.
Escritor, ensayista, poeta y narrador costarricense. Prolífero hombre de cultura que ha incursionado en la poesía, la novela, la dramaturgia y la actuación teatral. Ganó en 1996, el premio de poesía de la Revista Nacional de Cultura, UNED. Se desempeña como profesor e investigador universitario en el Instituto Tecnológico de Costa Rica, Campus Metropolitano de San José.