Benjamín Cañas (1933 Honduras/El Salvador). The Art Critic, 1976. Óleo sobre tabla / oil on board
Benjamín Cañas (1933 Honduras/El Salvador). The Art Critic, 1976. Óleo sobre tabla / oil on board

El discurso anti-independencia en los textos literarios de la Vanguardia nicaragüense

18 septiembre, 2021

En este artículo establezco dos puntos de reflexión en torno a la conmemoración del bicentenario de la independencia en Centroamérica: el primero tiene que ver con el evento del 15 de septiembre de 1821 y las negociaciones —tensiones/conflictos de las élites centroamericanas durante aquella época. En el segundo punto, reflexioné sobre la continuidad de estos conflictos luego del primer centenario de la independencia y la reacción anti independentista que desarrollan los miembros de la Vanguardia de Nicaragua en su proyecto de ficcionalización de la nación. Para esta tarea abordaré el texto del vanguardista granadino José Coronel Urtecho ¿Qué es ser moderno? publicado en la Revista Conservadora del Pensamiento Centroamericano. El análisis de las intencionalidades ideológicas subyacentes en las narrativas de los miembros de esta Vanguardia ya ha sido esbozado y desarrollado por los investigadores Juan Pablo Gómez, Leonel Delgado, Erick Blandón y Juliet Hooker (entre otros), creo relevante retomar el debate a la luz de esta fecha conmemorativa.

1. ¿De qué hablamos cuando hablamos de independencia?

Desde inicios de este año los espacios académicos, intelectuales y culturales de México y Centroamérica, han promovido una agenda conmemorativa del bicentenario de su independencia ante la corona española en 1821. Es bien sabido que los procesos de reorganización, conflictos y cambios sociopolíticos de estos dos territorios, pasaron por múltiples eventos y procesos durante el siglo XIX e inicios del siglo XX. En México, a la transición del Virreinato de Nueva España hacia el Primer Imperio Mexicano le antecedió una guerra de once años. Posteriormente las provincias reunidas en la Capitanía General de Guatemala se anexarían a dicho imperio. Pero en el territorio que hoy conocemos, habitamos y nombramos como ‘Centroamérica’ las particularidades y condiciones de posibilidad permitieron un desarrollo distinto de la independencia.

Todos conocemos el relato del evento acontecido el 15 de septiembre de 1821. El salón de la Capitanía General a cargo de Gabino Gaínza, Fray Ramón Casaus y Torres arzobispo y regente de la audiencia, Francisco de Paula Vílchez también regente de la audiencia, lo ‘oidores’ Miguel Larreynaga y Tomás O’Horán y el auditor general José Cecilio del Valle, entre otras personalidades que asistieron a la discusión y firma del acta. Pero, ¿cuáles fueron los antecedentes que influyeron en la decisión de quebrar relaciones con la corona española? ¿Qué nivel de involucramiento popular tuvo esta decisión?

El investigador Jorge Barraza Ibarra, señala que los procesos políticos previos a la independencia tuvieron relación directa con la agonía de la monarquía absoluta de España, a partir de 1808. Estos procesos previos pueden situarse en el siguiente orden:

  • Incidentes de 1811 en San Salvador
  • Insurrecciones de Nicaragua en 1811
  • Conjura de Belén de 1813
  • Acontecimientos de San Salvador de 1814
  • Promulgación en Nueva España (México) del “Plan de Iguala”

Ibarra apunta que el gobierno de las colonias era burocrático, con abundancia de procedimientos lentos, ambiguos y generalmente conflictivos. El sistema permanente estaba generando contradicciones debido a su rigidez y autoritarismo, en donde las decisiones de los funcionarios locales estaban limitadas. Además de esto, el gobierno español se caracterizó por ser extremadamente centralizador, por lo que los eventos internos de España no tardaron en extenderse a las provincias (2011: 11, Ibarra).

Este conjunto de eventos que ya anunciaban la decadencia del control español sobre territorio centroamericano, fueron la semilla que germinó en el contexto de la independencia. Si las circunstancias que fracturaron la relación de España con el gobierno local, se inscriben dentro del marco de un conflicto español proyectado en las colonias, no queda clara la participación de los pueblos centroamericanos en la decisión tomada el 15 de septiembre de aquél año. Ibarra cita las memorias del General Miguel García Granados1, contemporáneo del proceso independentista: “La verdad es que el pueblo no tomó ninguna parte en aquel movimiento, el cual se mostró verdaderamente indiferente. El acto se ejecutó pacíficamente y sin derramarse una gota de sangre, y el mismo Gaínza quedó en el poder” (Ibarra, 2011: 85). La afirmación sobre la ‘ausencia’ o exclusión del pueblo, revela que la toma de decisión se dio de manera unilateral entre los mismos funcionarios locales. La difusión de esta noticia en las principales ciudades de las provincias tuvo diferentes recepciones, e intensificó las tensiones existentes entre las élites de la región.

Los conflictos entre liberales y conservadores posteriores a la independencia, aunque se acrecentaron, no deben entenderse como conflictos únicamente surgidos a raíz de la misma. En realidad, las disputas entre estos grupos -antes denominadas de otras formas- datan desde mucho antes, su motivo principal fue siempre el control de lo económico. Sin embargo, en la atmósfera política del proceso de fractura con la monarquía española el conflicto tomó un tinte distinto, mientras los liberales querían la reforma de los sistemas coloniales económico, político y cultural; los conservadores se posicionaron por mantenerlos tal y como estaban, debido a las relaciones políticas y comerciales -provechosas exclusivamente para ellos2– que tenían con España.

Estos conflictos entre élites potenciados por la independencia se desarrollaron durante todo el siglo XIX y determinaron el inicio del siglo XX en Centroamérica. En Nicaragua, la disputa entre democráticos (liberales de la ciudad de León) y legitimistas (conservadores de la ciudad de Granada), desembocó en una Guerra Nacional que cobró la vida de aproximadamente cinco mil personas e inauguró la marca del injerencismo estadounidense en la historia política del país. Desde 1854 el país estuvo sumergido en una atmósfera de inestabilidad política, debido a las pugnas entre leoneses y granadinos. En esta coyuntura, los ‘demócratas’ solicitaron el apoyo del filibustero William Walker, quien en el año 1855 llegó a Nicaragua junto con un grupo de mercenarios para luchar contra el gobierno de Fruto Chamorro. Cuando Walker ganó la mayoría de batallas contra los conservadores se convocaron unas elecciones fraudulentas en las que este resultó presidente de Nicaragua, tal hecho alarmó a los demás estados centroamericanos que concertaron una ofensiva para expulsarlo de la región. Antes de su partida, los filibusteros destruyeron y quemaron casi por completo la ciudad de Granada dejando un rótulo con la frase: “Here was Granada”.

Así, la historia política de Nicaragua durante el siglo XIX fue sumamente convulsa, pero en medio de aquella inestabilidad el partido conservador de Granada mantuvo el poder durante tres décadas entre 1858 y 1893. Posteriormente asumió el régimen reformista de José Santos Zelaya hasta el año 1909, cuando fue obligado a abandonar el país por el gobierno de Estados Unidos. A partir de 1910 el país entró en una etapa de ocupación militar de los Marines estadounidenses, además de generar consecuencias directas en la política local, la influencia religiosa (protestante) y cultural de los norteamericanos debilitó relatos y valores del conservadurismo granadino.

Ante tal panorama, una nueva generación de conservadores reaccionó a la coyuntura de ocupación yankee y encontró en la independencia el ‘origen’ de tal problema. El Partido Conservador de Granada necesitaba actualizar su discurso  para enfrentarse a las tendencias políticas ‘modernas’, que amenazaban lo que ellos nombraban como ‘cultura nicaragüense’. En este punto cobran importancia los textos y la producción cultural de la nueva generación de conservadores, donde destacan los ensayos, artículos, cuentos y poemas de José Coronel Urtecho, publicados en diversos medios como el suplemento de Vanguardia en el diario El correo, las revistas Opera bufa, Centro y la Revista Conservadora del Pensamiento Centroamericano.

El texto que reflexionaremos a continuación tiene como título ¿Qué es ser moderno? y plantea una discusión interesante en cuanto a las ‘modas ideológicas’ de aquella época, desde la perspectiva de nuestro escritor. Además expresa una concepción específica y situada del primer centenario de independencia centroamericana, que vale la pena revisitar para profundizar sobre la conmemoración que hoy nos convoca.

2. ¿Qué es ser moderno?

En el año 1930, la Revista Conservadora del Pensamiento Centroamericano publicó un texto del escritor granadino José Coronel Urtecho titulado ¿Qué es ser moderno?3 mezcla entre artículo y ensayo inicia con una dedicatoria al Dr. Cuadra Pasos, quien -según lo que Coronel expresa- había dirigido la pregunta del título a los jóvenes de la nueva generación conservadora. Inicia partiendo de una reflexión del escritor Luis Alberto Cabrales:

“En Nicaragua, decía Luis Albeno Cabrales, se vive en el siglo XIX. En realidad, son muy escasas las relaciones de nuestra vida con el mundo moderno. Esta posición tiene conveniencias enormes y desventajas grandes. La supervivencia del siglo pasado en la vida y el pensamiento nicaragüense, es la causa de todos nuestros males. La reacción contra ese siglo es necesaria para la salvación de nuestra Patria. Pero la forma en que esa reacción debe operarse está preñada de dificultades. Dirigida por una élite consciente y voluntariosa, que se encargue de acusar y destruir los principios, ideales y maneras del estúpido siglo XIX, aprovechando lo que hay de mejor y más utilizable para nosotros en el espíritu de los tiempos modernos, Ia reacción será la salvación”.

Es evidente cómo esta introducción refleja un horizonte de expectativas respecto al siglo contemporáneo de nuestro autor; para Coronel la única manera de generar un  punto de inflexión a la convulsa historia decimonónica del país, fue establecer una posición articulada desde el rechazo. El llamado que hace a una ‘élite’ a la destrucción de antiguos valores no es casual, desde finales de 1920 Coronel se había organizado con otros jóvenes granadinos dentro de un movimiento cultural posteriormente conocido como Movimiento de Vanguardia de Nicaragua. Por lo tanto, esta afirmación debe interpretarse dentro de la atmósfera colectiva que rodeaba la vida cultural de este vanguardista. Para Coronel, la transformación de Nicaragua debía darse como proyecto colectivo liderado por sujetos – jóvenes con los que compartía ideología y principios religiosos.  Pero ¿quiénes eran estos jóvenes integrantes de la Vanguardia nicaragüense?¿Cuáles eran los puntos de partida de su estandarte reaccionario?¿Qué intereses defendían?

El aporte artístico del Movimiento de Vanguardia de Nicaragua es ampliamente conocido en Centroamérica, su literatura ha sido trabajada por varios críticos y estudiosos literarios incluyendo: Jorge Eduardo Arellano, Julio Valle Castillo, María Augusta Montealegre, entre otros. Pero a mi parecer las investigaciones más interesantes sobre este grupo de letrados conservadores son: Beloved enemies de Juliet Hooker, Autoridad/Cuerpo/Nación de Juan Pablo Gómez, El Barroco descalzo de Erick Blandón y Márgenes recorridos de Leonel Delgado. En términos generales, estos investigadores -desde sus enfoques y marcos de trabajo específicos- han señalado el importante papel que jugaron los vanguardistas en la construcción de un sentido e identidad nacional  – nicaragüense. Este proceso de nacionalización profundizó las desigualdades sociales y dinámicas de marginalización étnica, que permanecen en pleno siglo XXI.

Y es que la amplificación del discurso de este grupo literario sedimentó ideas sobre ‘lo político’, que se enraizaron en el imaginario social de Nicaragua: su poetización de la geografía nicaragüense, definición sobre la idea de ‘mestizaje’ y discurso sobre ‘lo nacional’ constituyeron el gran mito fundacional de la nación, entendida desde la definición de Benedict Anderson como ‘comunidad imaginada’. Llamaré a esta construcción y amplificación del discurso nacionalista: ficcionalización de la nación. Al respecto, veamos la siguiente cita de Pablo Antonio Cuadra:

“Yo explico breve: Nuestro movimiento (Movimiento de Vanguardia que llamamos) es dinámico por dos fuerzas. Una: Nacionalizar. Dos: Hacer un empuje de reacción contra las roídas rutas del siglo XIX. Mostrar una literatura nueva (ya mundial). Regar su semilla” (citado por Urbina, 1990).

Las consecuencias políticas de esta específica manera de ficcionalizar Nicaragua, desde las claves culturales y sentidos – significantes específicos de la Vanguardia, generaron una forma excluyente y homogénea de entender un territorio que cuenta múltiples y diversos grupos sociales. Evidentemente, el discurso cultural de este grupo de escritores Granadinos respondió a los intereses políticos y económicos de la élite conservadora a la que pertenecían.

Recapitulemos: a inicios del siglo XX, el poder de la élite granadina se encontraba en una posición vulnerable debido a la ocupación norteamericana. Como respuesta al proceso de penetración cultural que devino del injerencismo estadounidense, importantes miembros de esta élite conformaron un pequeño grupo de jóvenes conservadores autodenominados “Caballeros Católicos”. Dicha asociación tuvo dos principales objetivos: defender la identidad católica “verdadera” de su país, frenando la difusión del protestantismo y evitar que los nicaragüenses, particularmente las mujeres de élite, cayeran en las garras de “los vicios de la modernidad». Sobre esto, el historiador Michel Gobat apunta en su trabajo Enfrentando el Sueño Americano:

“Los oligarcas conservadores de Granada establecieron la Liga de Caballeros Católicos -exclusivamente para varones- en enero de 1918. El momento escogido no fue mera coincidencia. La fundación de la Liga se produjo precisamente cuando la crisis económica del país tocó fondo, y los Bautistas de EE. UU. empezaron a ampliar sus labores misioneras en Nicaragua…en 1917 Granada se convirtió en la nueva sede de un grupo de Jesuitas recientemente expulsados de México. Profundamente marcados por su encuentro con la modernidad revolucionaria, dichos extranjeros desempeñaron un papel clave, estimulando a las élites conservadoras granadinas a organizarse como Caballeros Católicos, y asumir la emergente cruzada del Vaticano en contra de las “condiciones modernas” (Gobat, 2010: 314).

Tal y como afirma Gobat, el surgimiento de los Caballeros Católicos se dio en un momento clave en los procesos de modernización y colectivización de Nicaragua. Este fue un período de auge en la movilización obrera, que desembocó en la fundación del primer partido socialista, llamado Partido Obrero; y la primera federación laboral nacional, nombrada Federación Obrera Nicaragüense. Simultáneamente, un grupo de mujeres nicaragüenses fundaron la primer organización feminista del país y su propia revista. Preocupados por el surgimiento de estos movimientos -profundamente influenciados por ideas modernas de colectivización política- los Caballeros Católicos se dieron a la tarea de dominar la disputa sobre lo público, ya que -como señala un periódico anticlerical de la época- poseían una gran motivación por alcanzar la “hegemonía de la cosa pública de Nicaragua”.

La asociación de Caballeros Católicos fue fundada por el senador Carlos Cuadra Pasos, padre del vanguardista Pablo Antonio Cuadra. Es posible esbozar una ruta genealógica que coloque esta asociación como la matriz de donde surgen tanto el Movimiento Reaccionario, como el Movimiento de Vanguardia de Nicaragua. Ambos movimientos estuvieron conformados por los mismos miembros y fueron liderados por los escritores más destacados de la Vanguardia: José Coronel Urtecho y Pablo Antonio Cuadra. Durante el período entre 1930 – 1940, la élite conservadora fue integrando paulatinamente el mestizaje en su discurso hispánico – católico. El propósito era ampliar la recepción de este discurso, de tal manera que pudiera sedimentarse en el imaginario colectivo de Nicaragua. El principal promotor del mestizaje nicaragüense fue Pablo Antonio Cuadra  ( Gobat, 2010: 440).

La producción literaria de la Vanguardia tuvo como eje narrativo la configuración de un relato vernáculo/originario que situó su génesis en la conquista. Ya que para estos vanguardistas – conservadores Nicaragua nació de la unión de español y el indio, o mejor dicho, de la dominación de los primeros sobre los segundos, he ahí el punto nodal en su relato sobre ‘la nación’. Tal y como afirma Delgado:

“Lo particular de nuestros vanguardistas es que sometieron la subjetividad al “gran relato de la nacionalidad, inventado e inventariado en parte por ellos mismos. Afirmar la novedad (artística, además, del “evangelio” nacionalista) y descartar la “anarquía (política y estética), he ahí las bases conservadoras de la nueva propuesta conservadora” (Delgado, 2002: 11).

Ante este panorama atosigado por conflictos armados, injerencismo estadounidense y pugnas por el poder, los ex Caballeros católicos -ahora Vanguardistas de Nicaragua- emprendieron su batalla cultural/política. Su proyecto de ficcionalización entró en auge con el apoyo del partido conservador y sus diversas plataformas, empezando con el segmento “La Vanguardia” del diario granadino “El Correo”, en el que publicaron sus primeros textos. Este es el contexto político – cultural en el que se enmarca el ensayo de Coronel, la intencionalidad subyacente de este texto pretende repasar lo que él denomina como ‘el fracaso del siglo XIX’, motivado por el espíritu anti – contra modernista del Partido Conservador. Y a su vez, reformular el ideario político conservadurista a la luz de la primera mitad del siglo XX y tomando en cuenta las nuevas tendencias filosóficas del pensamiento católico – conservador europeo:

“La filosofía del siglo XIX fluctuaba entre el más crudo materialismo y el idealismo de fuentes kantianas, no tiene de espiritual sino su nombre. Espiritualismo verbal le llama León Daudet. Obedece a la consigna oculta de pangermanización del pensamiento. Poderosa ha sido la reacción realista. Por todas partes se ve la fuerte tendencia a restablecer los derechos filosóficos del objeto, del ser para decirlo de modo escolástico. En los Estados Unidos la labor de filósofos jóvenes como Perry, Spaulding y Santayana, se dirige valientemente en tal sentido. En Inglaterra Windhan Lewis hace valer los derechos del sentido común, y su libro “Time and The Western Man» será muy útil a los que quieran estudiar el espíritu de nuestro tiempo y las rectificaciones que aspiran a imponerle los hombres al talento. Pero sobre todo, en Francia, el gran renacimiento escolástico, donde sobresale el gran filósofo católico de hoy, Jacques Maritain” (Coronel, 2002: 77).

En esa línea, nuestro autor cataloga lo que para él es pensamiento ‘decadente’, ‘falso’, contradictorio de ‘la cultura nicaragüense’: las corrientes de pensamiento filosóficas materialistas, positivistas, liberales que depositaron su fe en el progreso. Es importante resaltar que las ideas de modernidad tan criticadas por Coronel son -para él- las que dieron auge al pensamiento liberal – independentista del siglo XIX. Y quizás un posible intento para evitar que las ideas revolucionarias y pos revolucionarias de México tuvieran algún alcance entre los jóvenes de aquella generación, sobre todo los originarios de Granada. Por tanto, era necesario actualizar la matriz de pensamiento conservador a través de ‘nuevas ideas’ y tendencias filosóficas católicas – cristianas. El pensador clave en esta empresa fue el francés Jacques Maritain, quien fue de cabecera no sólo para Coronel Urtecho, sino para el resto de los jóvenes escritores vanguardistas – conservadores.

El pensamiento de Maritain se caracteriza por proponer un ‘humanismo integral’ a través de una concepción cristiana – católica de ‘bien común’, inspirada por el sistema filosófico de Santo Tomás de Aquino. Este filósofo francés se opuso con firmeza a los regímenes dictatoriales que sometieron a Europa durante la primera mitad del siglo XX, a su vez, defendió al catolicismo de quienes lo culparon de ser promotor del autoritarismo franquista. La base conceptual de su modelo de pensamiento relaciona metafísica con planteamientos éticos – políticos.

No es de extrañarse que los vanguardistas -en especial Coronel Urtecho- se valieran de sus ideas para sustentar su propia narrativa política, a través de productos culturales (sobre todo literarios) que se articularon su retórica/estética sobre la base de una especie de ‘ontología’ de ‘lo nicaragüense’. Así, la ficcionalización de la nación constituye un ejercicio metafísico/ontológico de ‘búsquedas’ identitarias, desde horizontes interpretativos/gnoseológicos específicos. En el caso de esta generación de granadinos y de su principal ideólogo, tuvieron muy clara su posición, intereses y objetivos; mismos que fueron planteados en sus expectativas/anhelos de futuro. En donde para alcanzar un horizonte de orden, los valores de la iglesia católica debían ser rescatados y protegidos por las ‘élites’ al mando:

“Pero mientras vemos en las élites, el regreso al orden o el ansia de alcanzarlo, el mundo moderno presenta el horrible espectáculo de la descristianización de las masas. Hasta dónde esas masas oirán la voz de las élites y volverán al cauce clásico de la cultura occidental, nadie puede saberlo. Dos posibilidades parecen probables. La de una nueva Edad Media, en que el mundo viva bajo la luz del orden eterno, como espera Berdiaef. O la de una creciente corrupción de las masas, como signo diabólico de la época en donde brillarán como luces apartadas grandes santos, tal como teme Maritain” (Coronel, 2002: 79).

Bajo el liderazgo de estas élites, el renacimiento de esta ‘edad media’ prometía ser una salida de la decadencia moderna, que en el caso de Nicaragua y toda Centroamérica había comenzado con la firma del acta de independencia. Para Coronel, las ideas liberales y modernizadoras promovidas por los grupos legitimistas/liberales -mismos que gestionaron la intervención de filibusteros estadounidenses que terminaron quemando Granada- no eran compatibles con la ‘esencia’/’naturaleza de la ‘cultura nicaragüense’, más bien era una amenaza contra lo que ellos identificaron como ‘nación’:

“La vida y la cultura nicaragüense, han perdido, en lo que va desde la Independencia, todo significado. Lo que antes era vida y cultura, es hoy costumbre y hábito. Una espantosa indiferencia ha sucedido al espíritu que animaba las formas y maneras que nos quedaron del pasado. Se vive sin filosofía de la vida y se hacen muchas cosas sin comprender por qué se hacen” (Coronel, 2002: 80).

Sabemos que en innumerables ocasiones los vanguardistas nicaragüenses no tuvieron pudor en presentarse como descendientes de los conquistadores y de utilizar esta genealogía para justificar/validar su liderazgo cultural – político. Por tanto, su comprensión de ‘valores’ y ‘cultura nicaragüense’ iba muy en la línea de una jerarquía social basada en la raza, es decir, en qué tanta herencia hispana conserva x o y grupo/población, en donde los indígenas y campesinos ocupaban el último escaño.

En las palabras de Coronel está latente una profunda añoranza por la estructura política de la época colonial, lo interesante es que él mismo nació muchas décadas después de la independencia, no presenció esta época de oro a la que se refiere con tanto romanticismo. ¿Por qué esta añoranza no se estableció en relación con el período de los treinta años conservadores? Dos hipótesis pueden explicar este hecho: a) la nueva generación de conservadores estaba consciente de la derrota política indiscutible de su partido y la imposibilidad del retorno al poder a corto plazo, frente a una ocupación militar norteamericana. Y b) su discurso posee una influencia arielista que en este momento Coronel no admitió, debido a su posicionamiento anti – dariano inaugurado en su poema Oda a Rubén Darío. Acá es importante recordar que el arielismo promovió un discurso anti – invasor/Estados Unidos, que defendió la herencia hispana, promovió un proyecto de integración regional basado en un hermanamiento en la lengua y rindió homenaje al catolicismo como piedra angular del origen ‘hispanoamericano’, en una época marcada por la ocupación de los marines norteamericano, su retórica de resistencia se articuló retomando y engrandeciendo la herencia española de Nicaragua. Estos posibles puntos explicarían los usos del pasado colonial que decidió establecer Coronel, tanto para validar su horizonte de expectativas, como para explicar su presente.

Por otro lado, nuestro vanguardista – conservador reconoció que la artificiosa labor de ficcionalizar la nación, requería una convocatoria y compromiso colectivo. Naturalmente su sentido de ‘colectividad’ no hacía referencia a los grupos sociales que deliberadamente excluyó de su ficción fundacional – nacionalista. Más bien, implicaba una especie de auto – organización dentro de la nueva generación conservadora, quienes por su herencia consanguínea con los conquistadores son los ‘mejores’ para cambiar la situación del país. La falta de sentido colectivo entre los jóvenes granadinos era una gran preocupación para Coronel:

“No hay juventud de Nicaragua, estrictamente hablando, sino tan sólo jóvenes nicaragüenses. No hay movimientos de jóvenes, conglomerado activo y numeroso, consciente de un anhelo o de una necesidad común a todos. No hay una actitud conjunta de la juventud hacia sí misma, hacia su Patria, hacia las cosas más elevadas del espíritu. Lo que existe son jóvenes aislados, individuos frente a necesidades individuales y momentáneas, que cada cual está llamado a resolver por cuenta propia. De esto resulta la incapacidad de los jóvenes para modificar el ambiente…” (2002: 80).

La situación atomizada – fragmentada de la juventud de su ciudad y de su partido lo llevó a organizarse primero con los Caballeros Católicos y luego en el Movimiento de Vanguardia, en la empresa de construir un sentido nacional que proclamara la herencia española y la indiscutible legitimidad del liderazgo conservador inscrito en este.

Conclusión

Hasta aquí hemos visto cómo los procesos socio políticos de Nicaragua desde su independencia -durante el siglo XIX- y en la primera mitad del siglo XX, estuvieron marcados por los conflictos entre las élites legitimistas y democráticas y el injerencismo estadounidense. Es interesante notar cómo luego de cien años de ‘nación’ independiente, la salida que encuentran los jóvenes conservadores – vanguardistas fue ‘reaccionar’ contra la independencia y contra todo el siglo XIX, además de señalar la modernidad y sus modas/tendencias como una amenaza para la cultura nicaragüense. Para estos muchachos letrados, el horizonte de expectativas del nuevo siglo debía construirse sobre el rescate/protección de dicha cultura, en donde ellos cómo élite política legítima (herederos del legado colonial) debían liderar.

Por supuesto, es evidente que el involucramiento de las poblaciones rurales e indígenas en esta empresa se pensó desde la subalternidad, como las masas ‘ingenuas/susceptibles’  que debían de ser gobernadas con autoridad.  Motivo por el cual el imaginario de ‘mestizaje’ y aparataje folklorista con que ficcionalizaron la nación, tuvo una serie de particularidades estéticas, con las cuales subliminalmente se establecieron exclusiones y ocultamientos. Como parte de una nueva generación que está intentando romper con los patrones de autoridad y corrupción en Nicaragua/Centroamérica, me parece muy relevante repasar el discurso político presente en la producción intelectual/literaria de José Coronel Urtecho, Pablo Antonio Cuadra y demás miembros de la Vanguardia para entender las prácticas escriturarias – discursivas de esta élite y su influencia en las dinámicas políticas del país. Pero esta revisión historiográfica debe estar fundamentada en un enfoque crítico del pasado como un discurso, que en este momento somos responsables de deconstruir. Por último, me gustaría finalizar con una pregunta a la luz del actual resurgimiento del autoritarismo y las recientes políticas  que  atraviesa la región: ¿Es posible ficcionalizar un relato de nación incluyente?


























Puntuación: 4.5 de 5.


Bibliografía

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Barraza Ibarra, J.  (2011). A propósito del Bicentenario: Los primeros movimientos de independencia en Centroamérica. Realidad y reflexión. Año. 10, No. 32. El Salvador: San Salvador

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Delgado Aburto, L. (2002). Márgenes recorridos: apuntes sobre procesos culturales y literatura nicaragüense del siglo XX. IHNCA – UCA: Managua.

Gómez, J. P.  (2015). Autoridad/Cuerpo/Nación: Batallas culturales en Nicaragua (1930-1943). IHNCA-UCA: Managua.

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Kinloch, F. (2011). Historia de Nicaragua. IHNCA – UCA: Managua

Solís, P. (2002). El Movimiento Vanguardia de Nicaragua: análisis y antología. Managua: Colección Cultural de Centroamérica

Urbina, N. (1990). Pablo Antonio Cuadra [entrada]. (Recuperado de http://www.tulane.edu/~urbina/NicasioHome.CritArt.PACEnc.html el 21 de junio d 2012).


Notas

1 Esta cita del General Miguel García, es inicialmente retomada por el historiador Ramón López Jiménez

2 Sobre esto, es bien conocida la participación del clan familiar Aycinena, quienes mantuvieron relaciones comerciales directas con España y jugaron un relevante papel en el estallido de la Guerra Civil Centroamericana (1827 – 1829)

3 Aunque la publicación original se dio en esta revista, para este trabajo citaré el texto a partir de la antología de Xavier Solís sobre el Movimiento de Vanguardia de Nicaragua

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Nació en Managua. Actualmente finaliza la Maestría en Historiografía de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM, unidad de Azcapotzalco). Es Licenciada en Humanidades y filosofía por la Universidad Centroamericana (UCA, Nicaragua). Fue asistente de investigación en el Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica (IHNCA, UCA) y coordinadora del proyecto de digitalización de fondos presidenciales de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, ordenamiento, análisis y descripción de los mismos.