El hombre de una sola nota, Frank Pineda

1 febrero, 2011

El hombre de una sola nota, corto de ficción del realizador nicaragüense  Frank Pineda, narra las vicisitudes de un músico en un mundo acechado por la guerra. Este corto, ganador del  premio en el Festival de Huesca en 1988, es uno de los clásicos del cine Nicaraguense y su realizador, Frank, comparte  con nosotros sus reflexiones en torno a su realización en momentos muy difíciles para Nicaragua. Acompañamos el artículo con el corto metraje, El hombre de una sola nota, que nos facilitó su director.


El hombre de una sola nota, de Frank Pineda. Cortesía del director.

El hombre de una sola nota refleja mi pasión y compromiso con el cine. Cuando se me ocurrió la idea cinematográfica se convirtió en una obsesión y cuando estás obsesionado no existen obstáculos que te detengan para realizar tu propósito, porque es tu razón de ser, tu mente está dedicada las 24 horas del día a pensar en tu obra y cómo realizarla. Solamente se puede trascender en una obra artística cuando esta se convierte en una obsesión y deja de molestar hasta que se vuelve realidad.

Con esta actitud decidí emprender este cortometraje de 14 minutos, solitario, sin recursos, sin dinero, de tal forma que la necesidad me obligó a activar los gatillos de la imaginación y creatividad para poder superar las dificultades que tendría que afrontar. La historia de El hombre de una sola nota  es, en cierto aspecto, el reflejo de mí mismo como cineasta en medio de un escenario de revolución, de guerra, ruinas y suspenso.

El actor es un amigo mío, ruso, de nombre Valerio Lisianko, el cual daba clases en la orquesta de Cámara Nacional de Nicaragua. Un día le di el guión y le propuse que hiciera el papel del personaje porque me pareció que reunía las características que me había imaginado. Felizmente acepto y yo le pagaba con cervezas que compraba en la Diplotienda, que eran escasas debido al bloqueo  y la guerra  en que se encontraba Nicaragua en los años 80.

Al personaje lo vestí de guayabera y pantalones oscuros, muy formal, serio, porque quería darle un aire de misterio no solo con la forma de vestir, sino también en su forma de ser, en su conducta y actuar, de ver el mundo, en su caminar temeroso. Esto ejerce un contraste con la atmósfera y el espacio bélico por donde el tiene que desplazarse.

Él vive en una ciudad destruida por la guerra, desintegrada y todos los días tiene que atravesarla para ir a tocar una nota musical, la cual es parte de una sinfonía que presenta la orquesta en un teatro. Él no puede faltar a esta función y corre todos los riesgos y peligros durante su travesía, pues para él, como artista, es un compromiso vital  que tiene que cumplir a pesar de los peligros. Esta constante de un ambiente de incertidumbre y abandono va minando su energías de tal forma que en su caminar se encomienda a un ser superior y cotidianamente realiza un encuentro íntimo con los santos que quedan en pie en las ruinas de la vieja Catedral destruida  por el terremoto de 1972.

El film se rodó en 4 días  con un equipo reducido de amigos,  al final terminé yo solo y el actor. El  cargaba el trípode y yo la cámara. Le indicaba que se parara frente a la vieja catedral y caminara, nuevamente cargábamos el trípode y la cámara y cambiábamos de escenario en las ruinas de la vieja Managua. Este escenario de guerra es en Nicaragua, evidentemente, pero es válido para cualquier ciudad del mundo, ya que para mí no existe diferencia en qué zona del Planeta se da el holocausto y la estupidez.

Con esta película quería demostrar que se puede contar una historia sin necesidad de diálogos y explotar al máximo lo que es el lenguaje cinematográfico. El eliminar los diálogos te obliga a expresarte con más fuerza en las otras formas del lenguaje, es decir, en los ángulos de cámara, iluminación, actuación, sonidos, música, efectos, etc. Todos estos elementos que son partes del lenguaje cinematográfico y se magnifican, se hacen más evidentes cuando no hay palabras.

También quería utilizar lo que es la intriga, el suspenso y sentar al público en la butaca, ya que le vas dando, fotograma a fotograma, los elementos, lo vas conduciendo de tal forma que el público no despegue los ojos de la pantalla y se mantenga atento. Este misterio lo logré con el maletín que porta con mucha cautela El hombre de una sola nota y el arreglo musical, hecho especialmente para la película, en el cual destaca el elemento sorpresa de la única nota que  él toca en la sinfonía.

También cada plano, en el film, es importante dentro de todo el contexto de la obra. No me interesaba poner un plano que no significara algo o que no fuera importante para la historia; no me interesa poner un plano solo por ponerlo y llenar el tiempo para alargar la historia.  Un film no es bueno por que dure más tiempo sino por el poder que se ejerce cuando se utilizan adecuadamente todos los elementos que te ofrece el lenguaje cinematográfico.

En cierta forma tomé como referencia algunos films que vi de Hitchcock, sobre todo en lo que se refiere a la intriga y suspenso. Las sombra en blanco y negro del cine noir también ayudan a la atmósfera. También hay ciertos elementos kafkianos, como la soledad, el surrealismo, la angustia y la rutina diaria de vivir en un mundo incomprensible realizando acciones que tampoco comprendemos. Pero no fue intencional, mi única preocupación era hacer una película que tuviera un sello personal y que manifestara mi visión como autor; contar historias con un lenguaje más novedoso, menos gastado.

El enigma existencial de El hombre de una sola nota, es precisamente vivir en un mundo incomprensible, a la deriva de las decisiones de otros, los que crean la zozobra, la afectación e inseguridad que hiere en lo más profundo al ser. En el film, evidentemente los artistas están en lo más recóndito y escondido del teatro, bajan las escaleras y comienzan su sinfonía, que es su único compromiso, y lo único que cuenta para ellos es la música. En ese sentido, el personaje tiene cierta similitud con los artistas que viven encerrados en sus “torres de marfil”, pero la nota discordante es su grito de rebeldía, la daga de “marfil” con que quieren desgarrar una vida de zozobra, de terror y de miedo, porque en lo más profundo de su alma añora un mundo esperanzador.

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Estelí, Nicaragua, 1956.
Es uno de los camarógrafos formados para cubrir la guerra de 1979 en el Frente Sur. Posteriormente es miembro fundador del Instituto Nicaraguense de Cine y realiza el primer Noticiero Incine. Además de la realización se especializa en la dirección de fotografía destacándose por el balance en sus composiciones y el realismo dramático de sus imágenes como corresponsal de guerra.

Ha realizado varios cortos documentales y de ficción, La hora de los generales, (1992); Muerto de miedo, (1993)Premio en el Festival de Huesca, España; Betún y sangre, (1990), Premio para el mejor argumento, Festival de Huesca-España, Premio del público, Festival de Maison-Lafitte-Francia y El hombre de una sola nota, (1988), Premio Quinto Centenario, festival de Huesca-España, Mención del Jurado, Festival de Caracas-Venezuela.

Ha participado en más de 100 realizaciones cinematográficas (documentales y largo metrajes) en diversos formatos: 35 mm, 16mm, vídeo. Actualmente colabora como camarógrafo con varias agencias de noticias internacionales y canales de televisión (NBC, ABC, TVE, BBC, Channel 4, etc.)

En 1990 fundó Camila Films, una productora de cine independiente en Nicaragua que se dedica a la realización de documentales y películas de ficción, siendo su última producción la película de largo metraje, La Yuma, coproducida con España, México, Francia y Nicaragua, y dirigida por su esposa Florence Jaugey.

De 1996 a 2002 fungió como presidente de ANCI (Asociación Nicaragüense de Cinematografía), organismo que aglutina a trabajadores de cine y video de Nicaragua. Reside en Nicaragua, en la carretera sur, estudiando los encuadres de Vittorio Storaro, Nestor Almendros y Sven Nykvist.