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Selección: Filosofía del silencio

1 junio, 2024

Citoqueratina

Pasa de filamentos de incomodidad a fibras gruesas de agonía en el interior de cada célula. El rostro, en particular, se va demacrando; el silencio profundiza las marcas de tristeza, sobre todo en los pliegues del miedo que se infiltran a la boca.

*

—¿Recuerdas el color del miedo? Tuvo siempre los rojos de lo que se niega, los amarillos del vientre inflamado de lo que no se habla, los azules profundos de la ausencia. Recuerdo el goteo interno del llanto silenciado, pero tú, tú viste sólo amaneceres.

**

Me golpeas
explotas en mi superficie como fuego líquido
el odio que muestras
es el vértigo de mi vientre
eres     el mismo enemigo
ahogándome bajo las aguas de una realidad que no comprendo
y busco huir del estallido de tu voz

Me violentas
tu crueldad me obliga a arrojarme
a caminos irremediables
—tantas veces transitados—
bajo el código de un deseo

Me nombras
—soy el vacío—
y quisiera tener la urgencia de esperar un instante exacto
para encontrar una voz que sirva de refugio
entender que entre los hilos de la mordaza
ya no tiene forma mi cordura
que asquea la sangre entre mis dientes
y en este dolor que me parece ajeno
no tiene ya sentido pronunciarte.


Lesiones secundarias con solución de continuidad

Úlcera

Pérdida de conceptos e intuiciones, que provoca pérdida de la expresión, por lo que deja cicatriz al curar. Al describirla se ha de especificar las imágenes de sus bordes, el fondo (de la herida) y su contenido (de los engaños).

*

—Perder el lenguaje. Nunca haber tenido un lenguaje. Poseer en la mano los recuerdos, decir de ellos la cosa más simple sin ir más lejos de mi propio reflejo. Comenzar, por ejemplo, por tu cuerpo, advertir tu firmeza, lo inmutable en la profundidad de tu mirada que ve más allá de mí. Definir entonces la incertidumbre, lo impenetrable. ¿Cómo manejar entre los dedos la memoria sin palabras? Se me escurre entre la lengua una letra, una sílaba, una nada con qué armar una metáfora: decir sobre esta llaga que tu cuerpo es agua, pero te escapas diluida entre mis manos y yo, inútilmente, creo que te llamo.

**

Deletreo mis ojos detrás de su retrato y no sé cómo se llama esta imprudencia, ni este reflujo que trepa mis paredes. Por eso niego este idioma, su mordida de agua, sus dientes doloridos como la noche, porque ella confirma mi abandono.

Y es que traigo encima los recuerdos rotos y abiertas dentro de mi voz las llagas. Porque este discurso está lleno de impotencia y de una fiebre que flota entre aquellos días y las viejas charlas.

Cómo negar esta náusea, este descuido y estos lamentos. Cómo exprimirle astillas a lo adverso si del naufragio poco se rescata. Voy esquivando las certezas de una costumbre impaciente que llena de amargura la garganta.

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Ciudad de México, México.
Ha impartido los talleres Creación editorial infantil y Talleres de lectura en la Casa de la Cultura del municipio de Santiago, Nuevo León, y en FCEMTY, así como talleres sobre amor romántico y temas de feminismo. Ha publicado en revistas y blogs literarios de España, Argentina y México, y es parte del libro Carne Pa’Llevar (antología norestense de publicación independiente) y de la antología ¿Versamos? (Pasos, España). Autora de la novela Memoria Azul (UANL) y de los cuentos para niños La vida en un Encino (UANL) y Aurelia Alas de Petate (UANL), ha ganado en dos ocasiones el concurso de micropoemas de la Fundación José García Nieto. Participa en la exposición itinerante Una Pinza para el Silencio, en la lucha por la erradicación de la violencia contra la mujer. Colaboró con la Universidad Autónoma de Nuevo Léon (UANL) y con empresas privadas en la edición de varios libros, así como materiales de consulta y lectura. Colaboró en FIME, en su sección Coffee Bear Literario, con cápsulas sobre literatura. En marzo de 2023, junto a la artista plástica Verónica Vázquez Orozco, realizaron la exposición Nada se escribe más rojo que tu nombre, con poemas sobre la violencia contra la mujer.