Hamaca paraguaya. Sinopsis y entrevista a Paz Encina por Eric Courthès

1 agosto, 2007

En 2006 la joven realizadora paraguaya Paz Encinas, recibía en el festival de Cannes el premio de la prensa cinematográfica por una película que algunas denominaron como una “apuesta radical”. Una película, considerada una obra de arte en guaraní y que según la misma directora estuvo inspirada en Roa Bastos, Bareiro Saguier y también  Rulfo. La película es singular y muy difícil de conseguir por los medios comerciales fuera de Internet. Pero merece la pena perseguirla.


«Paraguay, 1935.  Todavía es otoño y  hace calor, el calor nunca desaparece. En un lugar remoto del Paraguay, una pareja de ancianos campesinos, Cándida y Ramón, esperan a su hijo que se fue a la Guerra del Chaco. También esperan a la lluvia, que se anuncia hace tiempo pero no llega; y al viento que tampoco llega; y que el calor amaine pero no lo hace a pesar de la estación. Pero sobre todo esperan a que las cosas mejoren. La pareja encara esta época de espera con diferentes actitudes: Ramón espera con optimismo; Cándida cree que su hijo está muerto, por tanto no tiene sentido continuar esperando. Estos roles se van intercalando mientras la pareja está sentada, mientras espera eternamente a que pase el tiempo en la hamaca paraguaya. Paz Encina»


E.C.: Paz, en el making off, declaraste que en el Paraguay « se está viviendo un pasado en presente todo el tiempo », de ahí la elección tuya de disociar imagen y sonido, con voces en off, para reflejar “dos tiempos que se vayan encontrando”. ¿Podrías aclararlo a nivel histórico y técnico, para un espectador que no sepa nada del Paraguay?

“En Paraguay, se peleó mucho para que Stroessner saliera, pero mucha gente lo añora « porque tenía las heladeras llenas » olvidando la violación a los Derechos Humanos, el espanto, y otras tantas cosas”

P.E.: Básicamente, hasta hoy, Paraguay es un país que al lograr su independencia, tiene como presidente a un dictador: el Dr. Gaspar Rodríguez de Francia.  Luego, las cosas parecían andar mejorando con el presidente Carlos Antonio López, pero de manos de su hijo, nos viene la guerra de 1870, contra Brasil, Argentina y Uruguay, un verdadero holocausto para Paraguay; luego, poco después, en 1932, la Guerra del Chaco, donde se sitúa Hamaca Paraguaya, y donde Paraguay gana la guerra, lo que sube mucho la autoestima del ser Paraguayo, pero luego nuevamente 35 años de dictadura con Alfredo Stroessner, también otro holocausto, que vino con un tinte distinto, silente, escondido, velado, pero fue también un holocausto.  Siempre pienso, y casi te diría que con mucha certeza, que el ser paraguayo debe ser uno de las más nostálgicos de Latinoamérica. Creo que esto tiene que ver un poco porque a nivel histórico Paraguay no tuvo líneas ascendentes, sobre todo a nivel humano, y entonces, siempre se añora un pasado que pareciera haber sido mejor… En Paraguay, se peleó mucho para que Stroessner saliera, pero hoy por hoy, mucha gente lo añora « porque tenía las heladeras llenas » olvidando con esto, la violación a los Derechos Humanos, la falta de Libertad, el miedo, el espanto, y otras tantas cosas muy características de su gobierno. Tenemos a veces una memoria muy frágil, por ejemplo, en Argentina, se da por hecho que la Época del Proceso fue un espanto, pero aquí los Paraguayos, no reconocemos esos 35 años de dictadura Stronista como lo que fue, y entonces, se vive siempre esperando un tiempo que ya se fue, esperando que vuelva, que se repita, y buscándolo, hasta que se encuentra.  Siento a veces que el paraguayo necesita añorar para vivir.

E.C.: También en el making off, Ramón del Río, magistral en su papel de peón de chacra, declara citando a Augusto Roa Bastos que « el infortunio se enamoró del Paraguay ». ¿Cómo reflejaste esa desesperación por un pasado funesto y bélico que subyace en el presente?

P.E. : Creo que algo que tiene la película en sí es una estructura circular… los diálogos lo son, las locaciones lo son… igualmente no sé si es algo que busqué más que algo que me salió porque simplemente ése es mi cotidiano en Paraguay.

E.C. : Centrándose en la muerte de un protagonista ausente, Máximo, el hijo muerto en la Guerra del Chaco, con una madre y un padre en los cuales alternan esperanza y desesperación, tu película es muy roabastiana, o sea muy paraguaya, siendo una  prosopopeya, algo muy recurrente en la obra de Roa. ¿En qué influyó este autor en vos?

P.E.: Roa Bastos, es el único autor que nos hacen leer de chicos en los colegios, y entonces creo que eso influye mucho, pero también hubo un autor paraguayo que influyó mucho en mi escritura que es Bareiro Saguier, contemporáneo de Roa y que todavía está.  Pero también tengo que confesarte algo, y es que en Rulfo es para mí donde yo veía a Hamaca interminablemente.

E.C : También resulta sumamente paraguayo el aspecto lingüístico, o sea el trabajo tuyo de doble traducción del español estándar al guaraní, para terminar con subtítulos en español paraguayo y voces en guaraní. ¿Qué simboliza para vos esta afirmación de la lengua indígena?

P.E.: Es que el guaraní es para nosotros un cotidiano, yo nunca pensé en reafirmar una lengua ni en salvarla ni en nada de eso.  Yo quería que Ramón y Cándida sean dos personas que viven en el fin de Paraguay, lejos, lejos de todos, y esas personas que en Paraguay viven como si estuvieran en el fin del mundo solamente podrían hablar guaraní.  Igualmente aquí en Paraguay el 80% de la población habla guaraní, es nuestra lengua oficial, y no nos es extraño para nada.

“Dicen que Stroessner mandaba reportar temperaturas más bajas de lo real, para que la gente no se sugestione y ande más tranquila.”

E.C. : Algo impresionante también, fuera de la duración de los planos y la distancia de los personajes, es que nunca dialogan entre sí, nunca se enfrentan directamente, siempre se los ve de perfil. Por ejemplo cuando Ramón se va a la casa del vecino don Jacinto y le pregunta por la guerra, o cuando llega el emisario anunciando la muerte del hijo. Los únicos que dialogan de verdad son Ramón y Cándida pese a sus pesares y sus peleas diarias. No será pues al final tu película una magistral lección de amor, como lo sugiere la última réplica de Cándida: « Nos tenemos papá, nos tenemos uno al otro.»?

P.E. : Creo que un poco era eso, pero también esos diálogos que ya no hace falta hablarlos porque simplemente ya están instaurados con uno. Basta una simple mirada, un mínimo gesto, una conformación corporal para que ellos salgan por sí solos, y son diálogos que se han dicho tanto, que viven con uno y hablan de uno más que uno mismo.

E.C. : Lo que impacta también en tu film, es la sencillez del escenario vegetal, su aspecto minimalista, la importancia también de lo atmosférico con las transiciones de cielos nubosos con truenos y la lluvia que llega por fin al final. ¿Qué simboliza para vos esta  mimetización de los personajes con su entorno y el protagonismo del paisaje y del tiempo?

P.E.: Hay algo muy curioso en Paraguay, y es que cuando se habla del tiempo, se habla del frío o del calor… más del calor en realidad, porque frío tenemos muy poco, y el tiempo es como si nos determinara, uno pregunta « ¿cómo está el tiempo ? y entonces te responden : «nublado, caluroso, etc.» y vivimos de acuerdo a eso, sobre todo en el campo, ellos tienen como parámetro del paso del tiempo la luz y la oscuridad, dependen de la lluvia para sus cosechas, del viento, esperando siempre que venga alguno que sea del sur porque el del norte realmente afecta mucho, y en días de altas temperaturas, que son los más, este viento pone de mal humor, crea dolores de cabeza, baja la presión… En las radios es normal escuchar los reportes del tiempo, incluso hay una anécdota que no sé si es real o no, pero dicen que en épocas de Stroessner, él mandaba reportar temperaturas más bajas de lo real, para que la gente no se sugestione y ande más tranquila.

Igualmente volviendo al escenario de la película, eso es algo que se trabajó mucho y se buscó mucho, las hojas que se ven fueron guardadas y recolectadas en bolsas durante tres meses, queríamos que el árbol donde se cuelga la hamaca, formara con ella un círculo, creo que con el director de arte fue con quien más tiempo trabajé, luego con el director de fotografía se decidieron los tonos, y todo este trabajo que fue completado sobre todo con el sonido, que fue un trabajo bárbaro de búsqueda de pájaros, cigarras, ranas etc.

E.C.: Amén del « paisanaje » como diría Antonio Machado, el trabajo sobre el silencio es también abrumador, todo se dilata, espacio y tiempo ya no tienen los límites habituales, a veces parece una película de Wim Wenders. ¿Cuál es tu concepto del cine?

P.E.: 
Ay Eric, yo todavía no tengo claro mi concepto del cine… hay gente que dice “para mí esto es cine o para mí esto no es cine” No sé, me siento todavía como primeriza como para decir esto es o esto no es. Yo en realidad, quiero hacer cine, un buen cine, y todavía estoy dentro de un camino, que supongo y espero se me vuelva más claro en el andar.

E.C.: El espectador inmerso en el tiempo infinito de la espera  piensa desde luego en Beckett, al fin y al cabo, tu película con su hermoso y casi único escenario vegetal parece teatro selvático filmado, trabajando con leves retoques la naturaleza. ¿Qué dirías al respecto?

P.E.: A tal pregunta, solamente puedo responder con algo chiquito.  Esperando a Godot, es simplemente MAGISTRAL, por lo que creo que de aquí a un tiempo, todas, pero todas las esperas nos llevarán a Beckett.

E.C.: Paradójicamente de lo estático sale una estética de lo profundamente humano, en aquel tiempo estancado de la muerte, las almas de los personajes nos están hablando. Estoy escribiendo una novela al respecto sobre Amado Bonpland, titulada Memorias de un muerto, intuyendo lo mismo que vos, sólo la voz de un muerto o los comentarios que conlleva su muerte, pueden darnos el compás exacto de su vida y de la nuestra desde luego. ¿Qué opinás al respecto?

P.E.: Lo único que puedo decirte de esto, es que no sé porqué, pero nosotros los paraguayos, tenemos como el  mal vicio de andar llevando nuestros muertos a cuestas, no nos podemos desprender de ellos, y algunos, los llevan o los lloran como si todavía vivieran.  Pienso a veces que los paraguayos todavía no nos volvimos del todo individualistas, y que entonces, el solo pensar en una separación puede llevarnos a la muerte y andar entonces todos, como almas en penas transitando los mismos caminos.

E.C.: ¿Cuáles son tus proyectos? ¿En qué estás trabajando ahora?

P.E.: Quisiera filmar en 2008 un proyecto que, por sus características, quisiera hacerlo en digital y luego pasarlo a 35mm.  Trata de dos hermanos, que deben decidir, sienten llegar la muerte y un rato antes de que esto ocurra reconstruyen un poco la figura del padre. Sigo por mi camino de historias familiares, que me encantan y se me vuelven inagotables.

E.C.: Para terminar, algo que no tiene nada que ver con el contenido de tu película tan novedosa. ¿Por qué no se puede conseguir el D.V.D. en ninguna parte, ni siquiera en Francia o en Paraguay? ¿Qué pasa con su distribución tan escasa a pesar del premio «Un certain regard» que se sacó en Cannes, en 2007?P.E. : A veces pienso que Hamaca, no fue una película rentable… no sé, intenté distribuirlo en Paraguay, pero no tuve mucho éxito… Para serte honesta, pensé que iba a ser diferente… Igualmente la película se consigue en internet, porque en Argentina se editó, el MALBA hizo una edición de lujo, que la verdad me parece preciosa.

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