torrless

Las tribulciones del estudiante Törless. Robert Musil

1 febrero, 2007

Las referencias de la primera publicación de esta novela de Robert Musil datan de 1906, es decir, ahora en este 2006 está cumpliendo el centenario de edad, y vea usted cómo la literatura fuerte, Harold Bloom dixit, conserva siempre ese halo de frescura que la dota de vigencia. La atemporalidad como virtud fehaciente.

Es necesario acotarlo: Las tribulaciones del estudiante Törless no es necesariamente una historia muy conocida, habrá que reconocerlo, mas su ascendencia por sobre otras de igual calado es insoslayable; prueba, por otra parte la idea de Roland Barthes con relación al vínculo entre el placer del texto y el de la experiencia sensual propia: lo que el escritor escribe debe probarme que me desea. Esa prueba existe: es la escritura. La escritura es esto: la ciencia de los goces del lenguaje, su kamasutra. O sea el eros de lectura hermanado con los goces propios del descubrimiento de la carne, la sorpresa al servicio del placer y la disyuntiva de asociarla – ahí está la sorpresa – con demonios y pecados después de saber que se ha incurrido en algo no contemplado, en algo que de súbito pareciera contrario a la idea obtenida de la educación doméstica, y lo que es peor andar con ella rumiándola, cuestionándola para determinar su bondad o su maldad.

El estudiante Törless continúa dando motivos de reflexión y sensaciones a muchos lectores, cual Dorian Gray encarnado en cualquier tiempo y en cualquier Dorian de los tantos que pululan en las ciudades, exhibe su retrato ante ellos para colmarlos de identificación, exigirles la introspección y suponerlos sujetos de crédito sensual: Nadie está libre de la ambigüedad sexual en la etapa adolescentaria, momento que la búsqueda de la reafirmación acomete con la fuerza natural de nuestros sentidos, de la sangre y del instinto.

El estudiante Törless permanece desde hace cien años en los interiores humanos: brújula de rutas sensoriales: descubrimiento del cuerpo: exaltación de la belleza en el otro, no importando el género, que para la estética, bien lo sabemos, no existen velos, ni se detiene ante nimiedades tan fútiles.

Robert Musil aquí en Las tribulaciones del estudiante Törless, al igual que Joyce en Retrato del artista adolescente , o Thomas Mann en la enorme La montaña mágica, más tarde Lezama Lima en Paradiso, o Patrick Süskind con su personaje Grenouille de El perfume , y mucho más temprano Goethe con Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister – a quien se le atribuye haber marcado las normas o tendencias en este tipo de construcción conocida como novela de formación, o de educación, o iniciática-, sin olvidarnos del antecedente imprescindible de Rousseau con su Emilio o la educación, incursionan ávidos de asombro en el pensamiento del, o los protagonistas por intermedio del monólogo interior –flujo de conciencia-. Reproducen lo que sucedía en sus mentes justo en el momento en que captaban el suceso, pero además situando la imagen de dicho protagonista en un espacio y tiempo, vinculados de algún modo a los autobiográficos del autor, y en los que, aspectos tanto socio-culturales, como históricos retratan el accionar, e identifican a la sociedad de la época –cita Batjín-, y claro, el contexto que habita el personaje en cuestión.

Como podrán suponer Törless es la figura de esta historia, la cual comienza precisamente cuando sus padres lo despiden en una estación de ferrocarril. Ellos están tristes, sobre todo la madre quien debe soportar la perspectiva de ver a su muchacho lejos y entre extraños, pero había que dejarlo ir, porque en la población a la que iba existía un famoso instituto que ya desde el siglo pasado se levantaba en los terrenos de un piadoso convento, para preservar a la juventud de las corruptoras influencias de la gran ciudad , y además, porque ahí se educaban los hijos de las mejores familias del país para entrar a la escuela superior o, como lo demandaba la época, en los servicios militares del estado. Situado ya nuestro personaje en el instituto, como cualquier joven, se hace de amigos, entre ellos Reiting y Beinenber, con quienes mantiene lazos de complicidad para hacer sujeto de sus bajas pasiones a Basini, otro joven, víctima de sus circunstancias y en quien recae toda la mala levadura de los tres compañeros, aunque con muchos remordimientos de parte de Törless.

Durante este lapso el estudiante Törless se mantiene dentro del instituto con la angustia de reconocer en el otro de igual género, representado en Basini: la atracción, por supuesto algo impensable, pero no como un asunto de amor, acaso sólo la contemplación abandonada de la belleza del cuerpo, la blancura de la piel -expuesta en su profunda desnudez ante los ojos atónitos de Törless- tornada azulosa en una oscura habitación del edificio e iluminada pobremente por una vela. El disfrute de recorrer esa superficie erizada de la piel por la mirada-deseo de Törless se le vuelve cárcel, un encerrarse en un espacio donde lidiará con el frenético como insalvable cuestionamiento que deja la incursión en el deseo prohibido y en el terreno inexplorado del reconocimiento como individuo perteneciente a un género en específico.

Las tribulaciones del estudiante Törless continúan después de los episodios de vejación en contra de Basini ejecutados por este, Reiting y Beinenber, y las reflexiones a que conducen dichas tribulaciones y pensamientos, tanto del protagonista como de lo que proclama justamente la novela iniciática: aprender una lección de sensatez, acaso una toma de conciencia en la aceptación de humanidad para lograr acoplarse espiritual, moral y socialmente con los de su tribu, dejan en claro, la idea expresada por Maurice Maeterlinck en el epígrafe al comienzo del libro: … Creemos que hemos descubierto en una gruta maravillosos tesoros y cuando volvemos a la luz del día sólo traemos con nosotros piedras falsas y trozos de vidrio; y sin embargo en las tinieblas relumbra aún, inmutable, el tesoro.


Las tribulaciones del estudiante Törless (Die Verwirrungen des Zöglings Törless). Origen-Seix Barral. Obras maestras del siglo XX. No. 42(coedición mexicana 1984).Traducción deRoberto Bixio y Feliú Formosa.

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(Chichigalpa, Nicaragua, 1951). Escritor, poeta, crítico literario. Estudió Ingeniería Química en la Universidad Autónoma de Puebla y laboró en la industria del papel y cartón para envoltura por más de 20 años.
Lector desde siempre. Maestro de talleres literarios en la Casa del Escritor de Puebla. Coordina la Sala de Lectura Germán List Arzubide. Autor de la columnaLibros de la revista semanalMOMENTO en Puebla.
Asesor literario independiente. Colaborador del suplemento cultural El Nuevo Amanecer deEl Nuevo Diario, de Managua. Editor de la sección Crítica y colaborador de la revista virtualwww.caratula.net
Ha publicado: ahora que ha llovido (Poesía, 2009 CNE).Miscelánea erótica (Poesía colectiva 2007, BUAP). Los guajolotes de donde La Güera, Antología de cuento Puebla directo (Ayuntamiento de Puebla y BUAP, 2010).
Colaborador de Radio ABC, 1280 AM, Puebla, con su columnaLibros al medio día, los viernes.
Ha publicado poesía, cuento y ensayo en diversos periódicos y revistas poblanas.