Los rostros de Piglia

1 abril, 2010

Animoso y puntual lector de autores “enmascarados”, aquellos que a través del juego de disfraces velan y desvelan las incongruencias de la realidad real y las coherencias de la realidad literaria, el poeta y crítico nicaragüense Corea Torres plantea en este trabajo explorar la abismación que supone el siempre cambiante juego narrativo del argentino Ricardo Piglia.


Digamos, sin ánimo de dar una
respuesta unívoca, que desconocer
el punto de llegada es uno de los
prerrequisitos de la imaginación

Juan Villoro.

Los héroes deciden enfrentar
lo imposible y resistir, y eligen
la muerte como destino.

Ricardo Piglia

Es a partir de las lecturas y de las entrevistas de Marco Antonio Campos, que llego hasta Ricardo Piglia. Su constancia para descubrirnos las voces que a su parecer son las importantes, las de tono subido, da en el blanco ineludiblemente. Y aquí está Piglia para dar fe de ello.

Siempre que leo algo relacionado a lo argentino me es inevitable el aterrizaje en sus grandes narradores y la fea comparación se me da sin contemplaciones, pero por fortuna -y ello es virtud del talento del creador en cuestión- voy alejándome de ella en tanto la lectura se desliza en el repertorio de sus historias. Ricardo a pesar de traer los amarres con los fabuladores de su país, es un escritor que se desplaza autónomo, con un modo particular de contar que pronto se identifica con la buena literatura.

Ricardo Piglia, de Adrogué, provincia de Buenos Aires, nacido al inicio de la década 1940, es -recurro de nuevo a Marco Antonio Campos-: un escritor insoslayable que eligió habitar un espacio polémico, el de quien propone  nuevas maneras de leer y escribe para saber que es la literatura, pero también lo hace  porque al aislar un trozo de vida, al sustraerlo de su decurso inevitable implica convertirlo en un enigma narrativo y llegar a esa forma privada -expresión de Piglia-, de la literatura, que es la utopía.

La narrativa desplegada por Piglia en sus historias obedece a una forma de referir interesada en mantener la incertidumbre y la tensión siempre al límite, donde existe una fragmentación de tiempos y lugares que llegan a amalgamarse cuando ya se está al borde. Hasta donde me lleva la percepción, siento al argentino como un escritor prescrito para fijar el fluir de la vida, registrar sus entornos para preservarlos y escribir con la actitud de quien evoca no un mundo perdido, sino un mundo salvado.

De lo hasta hoy publicado de Ricardo, las novelas: Respiración artificial (1980); La ciudad ausente (1992);  Plata quemada (1998);  sus relatos: Cuentos con dos rostros (1992);  Prisión perpetua (1998);  Formas breves y Cuentos morales;  Antología 1961-1990; sigo pensando en Respiración artificial como su logro de mayor envergadura.

Explica Piglia en una entrevista ofrecida a Renato Ravelo del periódico La Jornada, aludiendo justamente a Respiración artificialEmilio Renzi exagera y agudiza ciertas percepciones que tengo, a veces aparece en el centro de la historia, en ocasiones como narrador; a veces de manera lateral. Para mí es una forma de situar la historia: siempre va a haber alguien que me la va a contar.

Y Ricardo lo dice atinadamente, porque cuando se lee Respiración artificial es esa la sensación que queda, no es uno, sino varios los personajes que narran y que a la vez escuchan, y por otro lado son a si mismos protagonistas de la situación abordada. Pero además de la estructura narrativa planteada se vislumbran otras luces, una que me parecen descollante, es esa en donde entrelaza citas, diálogos y una cantidad de referentes literarios con cuyos argumentos irradia ese sabor de sugerencia siempre tan caro al creador artístico.

Inicialmente el protagonista Emilio Renzi –escritor-, recibe de parte de un tío suyo una carta, en esa misiva viene agregada una fotografía en la que aparece Renzi niño en brazos de su tío, es el arranque para internarse en los vericuetos de una narración excitante. El hermano de la madre de Renzi, Marcelo Maggi, educador, está casado con Esperancita.  Este se enamora de otra mujer: Coca, y abandona a Esperancita a los seis meses de casados llevándose todo el dinero de su esposa para irse a vivir con la bailarina de cabaret que es Coca. Esperancita, sin más decide vengarse y denuncia el robo, de tal manera que Marcelo cae preso y pasa en prisión tres años. Cuando Marcelo sale de la cárcel se va a vivir a Concordia, Entre Ríos, pueblo de la frontera y ahí hace migas con un polaco de apellido Tardewski. Desde ese lugar Marcelo Maggi Pophan, radical sabattinista le escribe a Emilio Renzi, precisamente para establecer una comunicación que los hará, en determinado momento, reunirse.

Después de un año, Emilio Renzi va al encuentro con Marcelo Maggi, su tío. En el ejercicio epistolar que practicaron Renzi y Marcelo comenzó a delinearse en alguna medida la saga familiar de Esperancita, por cierto ya fallecida. La saga familiar tuvo que ver necesariamente con el padre de Esperancita que era Don Luciano Osorio, y el abuelo de este, Enrique Osorio, y dilucida para la narración contada por Piglia algunos de los misterios insertados en la historia de Argentina.

Emilio Renzi surge en Respiración artificial cual heterónimo de Ricardo Piglia, aunque él aclara, que no llega al extremo de Pessoa, pero ya era Renzi en algunos cuentos anteriores y además Piglia agrega: ha usado el nombre de Renzi para firmar algunas notas y una antología de cuentos policiales en la década de los setenta, a todas luces una de las tantas máscaras, de los rostros usados por el autor argentino

Estructurada en dos partes Respiración artificial deja ver en el comienzo los atisbos del misterioso Marcelo Maggi; es una primera sección dedicada a él, a la irrupción de Renzi, a los entrecruzamientos epistolares, y a la construcción del asunto relacionado con Enrique Osorio el susodicho familiar en línea paterna de Esperanza. Aquí es necesario decir, alabar más bien, la capacidad de fabulación del autor, esa enorme capacidad de atribuir a la ficción elementos de sumo interés para hacerlos parecer de cuño corriente cual si fuera la vida misma, es precisamente esa gran carga de incertidumbre sembrada en la prosa lo que aligera la lectura, alienta a irse preguntando, qué sucederá, cuál será el siguiente deslumbramiento al que será sometido, sobre todo quien está leyendo Respiración artificial porque concede la anuencia para convertirse en uno de los detectives de la trama hasta llegar al tan esperado desenlace, que por otra parte se convierte también en otro misterio.

La segunda porción de la novela se desarrolla con la llegada de Emilio Renzi a la población de Concordia, Entre Ríos, frontera, acuciado por las cartas que lo han llevado al encuentro con el profesor Marcelo Maggi, su tío. Lo que parece una digresión en el sentido de que es otra historia y que apunta hacia un horizonte distinto, se desvanece aquí gracias a la imaginación y oficio de Piglia, porque  elabora la trama partiendo de diálogos entre Emilio Renzi y otros personajes como Marconi, y sobre todo Tardewski el polaco alumno de Wittgenstein pero amarrándolos de tal manera que no queda ninguna duda de sus vínculos, y lo que es más importante, dando visos de una prosa amiga de la coherencia y la eficacia mostrada en la primera parte, es justamente aquí donde se cohesiona lo que parecía apenas un collage de episodios colocados al azar. Me parece de esencial justicia nombrar el asunto que relaciona a Franz Kafka con Adolf Hitler, a decir de Tardewski, asunto por demás interesantísimo cuyas implicaciones van mucho más allá de una socorrida referencia, pues Tardewski hasta tiene elaborado un artículo titulado El cruce entre Hitler y Kafka; una hipótesis de investigación que devino de los estudios y descubrimientos hechos por Tardewski cuando estudiaba en Europa.

En Respiración artificial se detecta el conocimiento y una atingente lectura del autor a la obras de Borges, Joyce, Wittgenstein, al Mein Kampf de Hitler, al Volkischer Beobachter de Heidegger, al Discurso del método de Descartes, a los sonetos de Baudelaire, a la Madame Bovary de Flaubert, a Georg Lukacs en El asalto a la razón, a Brecht, a Dante, a Homero, a Inmanuel Kant, a Hegel, a otros tantos escritores de prosapia,  por supuesto es ineludible citar a Franz Kafka ya que en la novela actúa como un personaje nombrado que adquiere visos de innegable preponderancia.   

Cuando se termina de leer Respiración artificial, los fragmentos que se han quedado en la mente comienzan a ocupar el sitio que les corresponde en la historia, de tal suerte que se elabora la recapitulación con un sabor de deducción, de análisis de hechos, hasta llegar a la conclusión de habernos apropiado de un texto intrigante. El papel de la estructura en el armado del texto adquiere en la pluma de Piglia esa incontrovertible novedad que hace del género novela un ente acuciado de evolución y experimentación para entrar en el imaginario colectivo tal como se observa en la idea de cambio de la Rayuela de Cortázar, o en el inconfundible manejo del lenguaje y la digresión en Lezama Lima, en la sonoridad de Carpentier, en la combinación mágico real de García Márquez, en la verdad de las mentiras de Vargas Llosa, o en la fraseología escueta de los diálogos de Hemingway .

Pero Piglia también aprovecha los terrenos de la verdad cotidiana y a la manera del peruano, ahora español, Mario Vargas Llosa atiende a la investigación de los acontecimientos para desde ahí narrar. En la otra novela de su autoría titulada Plata quemada,  por ejemplo, cuenta una historia real,  así lo refiere el propio autor: Se trata de un caso menor y ya olvidado de la crónica policial que adquirió sin embargo para mí, a medida que investigaba, la luz y el pathos de una leyenda. Los hechos ocurrieron en dos ciudades (Buenos Aires y Montevideo) entre el 27 de septiembre y el 6 de noviembre de 1965. He respetado la continuidad de la acción y (en lo posible) el lenguaje de los protagonistas y los testigos de la historia. No siempre los diálogos o las opiniones transcriptas se corresponden con exactitud al lugar donde se enuncian pero siempre he reconstruido los dichos y las acciones de los personajes. He tratado de tener presente en todo el libro el registro estilístico y el “gesto metafórico” (como lo llamaba Brecht), de los relatos sociales cuyo tema es la violencia ilegal.

Como puede verse entonces, Plata quemada es precisamente eso, una recreación nítida de un suceso registrado en la memoria de una sociedad, que da pie para dibujar las relaciones y los nacimientos de estas vinculaciones entre individuos que se aproximan a sus intimidades por alguna razón bio-psico-social, dando como resultado personalidades cuyas actitudes preponderantes son reflejo lógico de lo sufrido, o de los estigmas de su infancia, estos seres se encuentran e interaccionan creando un universo sectorial en donde fidelidades, respectos y comunicaciones se dan por la identificación con el lado oscuro de sus vidas.

Los protagonistas del asalto al banco, evento poste de la historia, son Franco Brignone, alias el Nene, alias Cara de Angel, hijo primogénito de un acaudalado empresario de la construcción, residente del barrio de Belgrano.  El Gaucho Rubio, Dorda, un poco ido, derrotista, un tanto esquizo y orientado a la afasia según el doctor Bunge, psiquiatra de la cárcel donde estuvo Dorda, el otro compinche era el Cuervo Mereles, chófer y pistolero, amante de Blanca Galeana, la chica de dieciséis años por quien Piglia comenzó a interesarse en la historia. El jefe de la banda era Malito, ávido lector de las páginas rojas de los periódicos, frío, calculador, en secreto se pensaba como uno de esos criminales de los que leía, hijo de un cirujano, él como protagonista de hechos delictuosos vivía con las manos tintas en sangre. Otros personajes importantes se mueven alrededor de estos criminales asaltantes de bancos que matan y hacen sufrir a la gente con la que se encuentran, es el chancho (así llamado por el Gaucho Rubio Dorda), comisario inspector Cayetano Silva y quien es a fin de cuentas quien lleva hasta sus últimas consecuencias, el acorralamiento de los delincuentes, pero hombre de la policía, testigo presencial de acontecimientos denominados negros, posee una personalidad tétrica, solitario, abandonado de su mujer y sus hijos, repudiado hasta por sus compañeros, ah claro, eso sí, un policía eficiente, una máquina de persecución de criminales.

El conjunto del material documental ha sido usado según las exigencias de la trama, -nos sigue diciendo Ricardo Piglia en el epílogo del libro-, es decir, que cuando no he podido comprobar los hechos en fuentes directas he preferido omitir los acontecimientos, por otra parte para redondear los eventos en forma más verídica, hice uso de la transcripción de los interrogatorios que se le hicieron a Dorda, único asaltante vivo después del tiroteo, esculqué los archivos de los informes psiquiátricos del Dr. Bunge, además las declaraciones testimoniales y los legajos judiciales del caso, los testimonios de otros implicados, la declaración del comisario Cayetano Silva y por supuesto el archivo de los diarios de la época.

Si bien es cierto Plata quemada cuenta una historia sacada de la realidad y armada al amparo de una investigación fidedigna, alcanza jerarquía literaria cuando el autor decide estructurarla con el verdadero sentir de los implicados y la jerga coloquial en el argot del hampa, pleno de desmesura vocal, en el sentido de nombrar las cosas cual ellos lo han establecido, incluido por supuesto la sugestiva prosa, estas virtudes parece ser convencieron al jurado para hacerla acreedora del Premio Planeta 1997.

Hay que dejar constancia también, después de la lectura, que uno queda atribulado por la acción y por el vertiginoso ritmo conseguido por Piglia, tanto en Respiración artificial como en Plata quemada. Dentro de los parangones que logré establecer con otras lecturas de estas dos novelasfue con Castigo divino, del nicaragüense Sergio Ramírez, por aquello de su relación con hechos de muerte y por su acercamiento a los datos y formas  periodísticas, para, a partir de allí, comenzar a contar.

Ambos libros de singular catadura, expresan por sí mismos la apreciación sobre el arte de narrar. Piglia, me parece de los principales narradores de este tiempo en Argentina, por su experimentación y por el riesgo que asume cuando escribe.

Otra faz mostrada por Ricardo en su obra, se asoma justamente en su creación cuentística, una probada la hallamos en Cuentos con dos rostros, libro integrado con los relatos: El otro país;  El fluir de la vida;  La caja de vidrio;  El precio del amor y La loca y el relato del crimen; que la Universidad Autónoma de México, bajo el criterio de selección, además del epílogo de Marco Antonio Campos, publicó para beneplácito de los cazadores de textos fuertes y de lectores en general.

Aquí en Cuentos con dos rostros se percibe la sensación de estar en un teatro de realidades que nos deja inmiscuidos en otra realidad, se transita por la raya, la frontera del doblez. Ricardo cuenta y el sabor de lo contado adquiere imagen de espejos contrapuestos, donde cada historia establece sus particularidades, y donde talvez hay un cuento que no es el decisivo sino solo el soporte del verdadero, de la narración que el autor esconde como preparación para descubrir el gozo estético, o el drama interior del personaje (s).

Al interior de El precio del amor, Esteban, Adela, y la hija de esta, se comprometen con el relato a modo de prefigurar un entorno primariamente superficial, es decir, un frente como de teatro, directo al espectador, sin embargo, lo medular está atrás, agazapado entre la tramoya y los muebles, asomándose furtivamente por entre los telones y entonces se descubre la situación en tanto va adentrándose en los hechos. Esteban vigila y acecha, llega al departamento de Adela queriéndola descubrir en el engaño, pero ella no presenta máculas y deja ir toda la sensación de tener la sartén -los sentimientos- por el mango, segura de sí misma hasta cuando termina el cuento, enfatizando a su pequeña hija que Esteban sí se fue, pero va volver, mañana va a volver.

Pienso, y ese desprendimiento se genera de algunos textos ensayísticos que hablan de su obra, que su preocupación toral incide no en el motivo que representa o alude, sino en el modo en como lo asume. Deja ver que no le interesa tanto el contenido anecdótico sino la forma, la manera de representar la situación ante los ojos de otro, esta idea la refrenda durante su estancia en Guadalajara con motivo de la Feria Internacional del Libro, noviembre 2006-, en donde aseguró: Creo que todos tenemos la idea de las vidas que hubiéramos querido vivir. Eso sucede cuando estamos leyendo, porque estamos entramados en situaciones de vidas ajenas, y también cuando uno está construyendo personajes que tienen algún elemento de la propia experiencia. Todos los libros surgen siempre de un pequeño elemento autobiográfico, que muchas veces incluso no es posible identificar, pero todos los libros son en realidad modos de contar de un modo, muchas veces elusivo, experiencias propias.

Junto a César Aira, Juan José Saer, Mempo Giardinelli, entre otros, Piglia se asienta como uno de los escritores que toman la estafeta para crear la actual narrativa argentina después de esa excepcional generación que conformaron los Borges, Cortázar, Sábato, Mújica Lainez y Bioy Casares, y lo hace sin pedirle prestado nada a nadie, con una creación llena de propuestas imaginativas y lúcidas de la realidad ficcionada, que deja sensación de vértigo, lenguaje, ritmo implacable, deslumbre y además ese sentimiento de leer algo que es verdadero, y por verdadero conmovedor.

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Chichigalpa, Nicaragua, 1953.
Poeta, escritor, crítico literario. Reside en Puebla, México, donde estudió Ing. Química (BUAP). Mediador de Lectura por la UAM y el Programa Nacional Salas de Lectura. Fue editor y colaborador sección de Crítica, de www.caratula.net. Es Mediador de la Sala de Lectura Germán List Arzubide. Ha publicado: Reconocer la lumbre (Poesía, 2023. Sec. de Cultura, Puebla). Ámbar: Espejo del instante (Poesía, 2020. 3 poetas. Ed. 7 días. Goyenario Azul (Narrativa, 2015, Managua, Nic.). ahora que ha llovido (Poesía, 2009. Centro Nicaragüense de Escritores CNE y Asociación Noruega de Escritores ANE). Miscelánea erótica (Poesía colectiva 2007, BUAP). Fue autor de la columna Libros de la revista MOMENTO en Puebla (1997- 2015).