Mircea Cărtărescu conversa con Alfredo Padrón.
Mircea Cărtărescu conversa con Alfredo Padrón.

Mircea Cărtărescu: “Quisiera saber lo que es la realidad”

5 junio, 2023

El siguiente es un diálogo que sostuvo el fotógrafo venezolano Alfredo Padrón con el autor rumano Mircea Cărtărescu en la ciudad de Santo Domingo. En esta conversación, el autor de El Levante y Solenoide trata temas que van desde la creación artística hasta el fracaso de los sistemas políticos. Cărtărescu, para muchos el primer escritor en lengua rumana que podría obtener el Premio Nobel de Literatura, se muestra próximo e interesado con su interlocutor, cuyo pasado en Bucarest y dominio del idioma logra animar una compenetración digna de viejos amigos.


Decir que considero a Rumania como a mi segunda patria no sólo es verdad, sino que me ha traído grandes sorpresas.

Hace más de cuatro décadas, entre 1977 y 1982, estudié en el Instituto Superior de Arte Teatral y Cinematográfico I.L.Caragiale de Bucarest-Rumania. Contar lo feliz que fui en esa ciudad, bajo una cultura tan lejana al Caribe mágico del que provengo y en el que me he vuelto a instalar, es quedarme corto. Eso se lo cuento a mi paisano, el escritor Daniel Centeno Maldonado, después de dejarlo con la quijada en el suelo al escucharme hablar en rumano con el poeta Mircea Cărtărescu.

Debo puntualizar que estamos en Santo Domingo, República Dominicana, en una casa histórica que alguna vez perteneció al colonizador Nicolás de Ovando. Todo es muy sui generis. Creo hallarme en alguna novela de César Aira, porque no existe campo visual en el que no me tope con un escritor: Sergio Ramírez, Rosa Montero, Alma Guillermoprieto, Juan Gabriel Vásquez, Claudia Piñeiro, Gioconda Belli, Emiliano Monge, Luis García Montero o Joumana Haddad comen, descansan o comentan sobre las mesas de la última edición del festival Centroamérica Cuenta que los ha citado para discutir e intercambiar ideas. Es cierto que las figuras de Cărtărescu y de su pareja Ioana Nicolaie sobresalen entre los convidados. La razón es simple: no siempre se tiene la fortuna de compartir con un artista de su estatura, firme candidato al Premio Nobel e ídolo casi inalcanzable para muchos lectores.

– ¿Por qué Cărtărescu te buscó y siempre anda contigo? –me pregunta Centeno.

Le respondo con la primera línea que abre este escrito y le echo el cuento que sigue y que es necesario para ubicarnos en esta crónica: en 2015, poco antes del aniversario de vida del gran poeta rumano Nichita Stānescu, vi un post en Facebook del escritor, cineasta y músico Ioan Mihai Cochinescu. En el texto, ponderaba la personalidad e importancia del finado y relataba una bella experiencia de él con estudiantes de un liceo. Le conté en un mensaje privado que fui el último en fotografiar a Stānescu antes de su muerte, a raíz de un documental que realizamos sobre el artista. Se mostró vivamente interesado y me preguntó si podía compartir las imágenes y cuánto cobraría por ellas. Entonces le contesté lo de siempre: que considero a Rumania como mi segunda patria y las cedería como un gesto de amor por la experiencia vivida.

No viene a cuento detenerme en el revuelo que causaron estas fotos en el país ni la cantidad de exposiciones y entrevistas que tuve que ofrecer desde República Dominicana. Pero sí la manera en que se estrechó mi amistad virtual con Mihai desde ese momento. He de decir que mi nuevo camarada es íntimo de Mircea Cărtărescu, apenas dos años mayor que yo, y pienso que hemos compartido ciudad, calles, bares y restaurantes durante el período en el que viví en Bucarest. Vuelvo al éxito de mis fotografías y barrunto la posibilidad de imprimirlas en un libro, pero pasa el tiempo sin que esto llegue a concretarse. Fantaseo que quizá un texto de Cărtărescu podría facilitar las cosas…  Cuando me entero del festival y de su visita casi irreal, le escribo a Mihai para que interceda. Su respuesta aún me produce asombro: “tranquilo, hace pocos días le he hablado de ti y están pendientes. Búscalos de parte mía”.

Centeno queda con los ojos como platos al escuchar esta historia. Me dice que es muy exótico este relato rumano en pleno Caribe. Cărtărescu lo escucha divertido, y le responde: “Tan exótico como son los caribeños para nosotros”.

De ahí en adelante tuve el honor no sólo de fotografiar al poeta, sino de ser su Virgilio en la isla, entrevistarlo cada vez que podía, ponernos al día como si fuéramos viejos conocidos y, me atrevo a decir, ser uno de sus nuevos amigos.

Retomo lo anterior a riesgo de ser machacón: decir que considero a Rumania como a mi segunda patria no sólo es verdad, sino que me ha traído grandes sorpresas.

La siguiente es una de ellas.

***

– ¿Cuánto de verdad y de ficción hay en sus libros en lo que se refiere a los personajes de sus padres?

– No hago este tipo de distinción. No me parece relevante. Para mí una escena puede comenzar con realismo, con cosas banales que le pueden suceder a cualquiera y en un momento se puede desviar hacia lo fantástico, hacia lo onírico y luego regresar al realismo. Es un asunto de inspiración momentánea, una cuestión que siento. No la deseo ni conozco su forma desde el principio, y es algo que he dicho varias veces antes: para ser un escritor fantástico necesitas en primer lugar saber ser un escritor muy realista, para que la gente pueda creer en tus relatos fantásticos. Debes partir de un registro realista, así como un avión rueda por la pista por un tiempo para poder elevarse después, porque no lo puede hacer desde un primer momento. Hay una gradación psicológica que acostumbra paulatinamente al lector con el mundo que le quieres presentar.

– Usted es rumano y yo viví en Bucarest pegado a una cámara durante años, con la cual enfrenté alguna dificultad con la policía. ¿Qué relación podría establecer entre literatura y fotografía bajo un régimen dictatorial?

– La fotografía es una imagen de la realidad, una imagen más clara o deforme en función de la personalidad de los fotógrafos, quienes son a su vez artistas verdaderos. Desde mi punto de vista, la fotografía es un gran arte. Antes de la revolución rumana, yo no estuve ligado a este campo en lo absoluto, puesto que no tenía una cámara. Muy poca gente tenía. Entre mis amigos, sólo dos contaban con cámaras fotográficas: el poeta Florin Iaru y el dibujante Tudor Jebeleanu. Ellos hicieron la mayoría de las fotografías de mi generación: las pocas que resistieron el tiempo de los círculos literarios de la época. La memoria verdadera de aquel momento se debe a estos dos hombres. Era muy raro en aquel tiempo tener una cámara fotográfica, era hasta peligroso. Por supuesto que las cámaras fotográficas no estaban sometidas al mismo régimen que las máquinas de escribir; éstas estaban registradas y cada cierto tiempo debías ir a la policía con tu máquina a rendir una prueba para impedir la proliferación de cartas anónimas, manifiestos y cosas de ese tipo. Por supuesto que eran medidas, más que todo, dirigidas a generar terror en la población. Las cámaras fotográficas no estaban registradas y sin embargo eran objeto de sospecha. Quien anduviera con una cámara, fuera rumano o turista, era un objetivo para tomar en cuenta por los aparatos de seguridad o la policía secreta. De tal manera que yo siempre he tenido una gran admiración por aquellos que fotografiaron aquella época, asumiendo un gran riesgo y dejando un testimonio verdadero sobre los horrores y la miseria que produjo el sistema dictatorial de aquel momento en Rumania. Algunas veces me asalta la sospecha, porque algunas de estas imágenes son tan atrevidas, tan “insensatas”, que me he preguntado si algunos de estos fotógrafos no habrán fotografiado con la complicidad de la policía, en una especie de válvula de escape, como las que solía haber de vez en cuando, para que la gente tuviese algo que consumir y no se rebelara. Sin embargo, pensándolo bien, los pocos fotógrafos de este tipo de trabajos, a los cuales conozco, me parecen hombres libres de toda sospecha o de cualquier duda… Yo sí creo que se puede establecer una relación entre literatura y fotografía. Tengo varios poemas titulados “Fotografías” y versos en los que hablo sobre la fotografía, porque ¿qué es en definitiva una fotografía sino una imagen de la realidad? Una imagen del mundo. Estos poemas han hablado de un mundo que para mí es aterrador: el de la parálisis, el de la falta de movimiento que termina con los personajes de una fotografía encerrados como unos insectos en una gota de ámbar. A mí siempre me ha parecido la fotografía conmovedora en extremo, emocionante e inquietante, porque revisa tu pasado.

– Sin embargo, hay quien opina que la realidad se encuentra más en lo que queda fuera del encuadre fotográfico.

– Quisiera saber lo que es la realidad. Nadie ha dado jamás una definición sobre ella, aunque Immanuel Kant se haya acercado más que nadie cuando dijo que la realidad era infinita e incognoscible. Jamás conoceremos la verdadera realidad de las cosas o cómo es el mundo cuando nadie lo ve. La fotografía es “como es el mundo cuando alguien lo ve” y, por lo tanto, abarca sólo un átomo de la realidad, un fragmento ínfimo de ella, mientras que la inmensidad de nuestro alrededor, sin forma, sin rostro, sin nombre, sin tiempo, por fuerza de las cosas, se le escapa. Así como escapa a nuestra consciencia, la cual es la consciencia de un animal vivo, semejante a un gato o a un perro o semejante a un microbio. No somos los jueces supremos de la realidad, sino unas pobres almas frente a un inmenso elefante blanco.

– ¿Cree que cuando alguien está sometido por un régimen totalitario, tiene una motivación para producir una obra más profunda y genuina que cuando se encuentra en libertad?

Es algo conocido que en los países totalitarios la cultura deviene más importante que en los países del mundo libre porque los creadores e intelectuales se convierten en modelos, en centros de poder alternativos y, de alguna manera, nace la idea del deber de los intelectuales, de los escritores y de todas las personalidades conocidas de la cultura de decir la verdad y convertirse en propagadores del pensamiento en la población. Claro que esta extraña experiencia de los mundos socialistas alrededor de la Unión Soviética tuvo sus consecuencias en el arte propiamente dicho. Estos no eran variantes del sistema capitalista, sino que eran una especie de planetas diferentes, con sus productos propios, copiados y retomados de los objetos del mundo occidental y transpuestos en otras formas. Diría yo que eran mundos surrealistas que fueron explotados desde el punto de vista artístico por muchos autores que tomaron como base su carácter raro y su extraordinaria extravagancia.

– Durante mi estadía en Rumania vi la subordinación de los ciudadanos al poder con una dosis de compasión. Para entonces yo venía de un país con las reservas petroleras más grandes del mundo, con todo tipo de libertades que un rumano ni podía soñar con tener. Jamás llegué a imaginar en aquel tiempo que un régimen como ese podría instaurarse en Venezuela. ¿Usted cree en la predestinación? ¿Fui acaso a Rumania a ver mi propio futuro sin saberlo?

– En aquella época nosotros nos veíamos como parte del “Segundo Mundo”. Es decir, el mundo comunista frente al mundo occidental; y a ustedes los veíamos como el “Tercer Mundo”. Lo irónico del asunto era que el tercer mundo estaba mejor, desde todos los puntos de vista, frente a Rumania y a todos los otros países alrededor de la Unión Soviética. En otras palabras, nosotros teníamos una especie de condescendencia mediante la cual veíamos desde arriba a América Latina, sin saber de hecho cuál era la realidad de entonces. El hecho de que América Latina en buena parte se haya deslizado hacia una situación social y política semejante, hasta cierto punto, a la Rumania de los años 70 y 80 es una desgracia histórica, construida probablemente sobre los mismos fundamentos: la precariedad educativa, la pobreza, la gerencia económica defectuosa, la corrupción. Estos males del mundo son universales y los podemos encontrar en los Estados Unidos de América o en los países europeos occidentales. No obstante, llegan a una exacerbación en las naciones en las a las que la fatalidad histórica ha empujado hacia las dictaduras.

– Los venezolanos en el exterior ya somos una diáspora cercana a los siete millones de ciudadanos. ¿Alguna opinión sobre ese gran contingente de exiliados?

Tengo una opinión que en nada va a modificar la situación de esas personas: que recuerden quiénes son, que recuerden que son un pueblo maravilloso, que recuerden los recursos extraordinarios que tiene su nación y que recuerden la libertad de la que gozaron y la cual perdieron al dejarla en malas manos que afectaron el estándar de vida desde todos sus ángulos. Según entiendo, Venezuela es un país de una gran belleza, habitado por gente muy hermosa y que no tendría por qué estar por debajo del nivel de sus países vecinos. La culpa de la terrible situación en la que se encuentra Venezuela es debido a su orientación política, que se ha perpetuado en los últimos decenios, y la ha empujado hacia una catástrofe.

– Establecer un régimen comunista en nuestros tiempos, después de todo lo que ha vivido la humanidad, es una especie de suicidio. ¿Por qué continúa la gente apoyando este tipo de aventuras?

– Creo que por dos motivos: el primero de ellos es que la idea de comunismo “suena bien”; la idea del comunismo parece generosa; a algunos les parece la idea más generosa de la humanidad: la igualdad plena de los hombres, un futuro brillante para la humanidad, prosperidad para todo el mundo, sistema médico y seguro para todos, etc. Esta es una de las fuentes de la confianza que la gente le otorga a este proyecto. La segunda es el hecho de que el comunismo, en esencia, es un medio político para la conquista del poder. El comunismo no es otra cosa que una ciencia de la conquista y el mantenimiento del poder político. La percibo como una ciencia cínica, fría, carente de toda humanidad. Es igual que la ciencia paralela del fascismo: una ideología que manipula de manera eficiente a los pueblos. Mientras más pobre y menos educado sea un pueblo, este votará con más facilidad por ese tipo de sistemas. En muchas oportunidades, antiguos sistemas basados en la tiranía e incultura fueron depuestos en favor de regímenes comunistas que se comprobaron mucho más desastrosos que los primeros. Por lo tanto, es un mecanismo político e histórico mediante el cual grupos bien organizados y muy decididos toman el poder en algún país débil sin una cultura política fuerte. Esto puede ocurrir mediante un mecanismo “soft” en algunas partes del mundo. También sucede bajo la insurrección o la dictadura por opresión directa, como ocurre en muchos países hoy en día. Un ejemplo es Venezuela, pero también tenemos a Corea del Norte bajo tamaña utopía.

– Con la caída y muerte de Nicolae Ceaușescu el pueblo rumano se ilusionó con la idea de un profundo cambio político y social, pero luego de ese júbilo inicial sobrevino una gran desilusión y no ha habido grandes avances. ¿A qué atribuye todo esto?

– Los problemas de Rumania no se acabaron con la caída de la dictadura comunista, tal y como aspiraba el pueblo rumano, sino que continuaron porque el segundo escalón comunista trató, y finalmente logró, de asegurarse la supervivencia después de la caída. El punto 8 de la declaración de Timișoara que estipulaba que todo responsable del desastre comunista tendría cercenado su futuro político, ya fuera desde el aparato partidista o de seguridad, no fue respetado y, por este motivo, toda esperanza de futuro se derrumbó para nosotros. Inmediatamente después de la revolución, e incluso diría que durante, los mismos personajes siniestros y negativos que eran perseguidos por el dictador por motivos de rivalidad, regresaron a ocupar el primer plano de la vida política del país, produciendo la separación de Rumania del mundo civilizado por todo un decenio. Como se sabe, mi país arrancó con un capital de simpatía luego de lo que se consideró la revolución rumana, pero ese capital se erosionó de inmediato, incluso desde el primer año de la así llamada vida en libertad. Esto fue debido a las acciones políticas intencionadas en contra de los intereses del pueblo rumano, cometidas por este segundo escalón de comunistas y ex miembros de la seguridad—me refiero al régimen de Ion Iliescu o de Petre Roman, quienes llamaron a piquetes de mineros a enfrentar con violencia a quienes intentaban restaurar las libertades. Las seis “mineriadas” asestaron un terrible golpe a mi nación en aquel período, destruyendo toda la simpatía inicial de occidente para con nosotros. De tal manera que en los años noventa, tal y como dices, en lugar de producirse un nuevo comienzo para Rumania, lo que ocurrió fue otro golpe para este desgraciado país y el retraso de quince años a nuestro destino como ciudadanos de Europa, es decir, como ciudadanos del mundo civilizado.

– ¿Qué futuro le espera a Europa del Este en los próximos cinco años con la situación de Ucrania?

– No soy analista político ni militar, y creo que ni siquiera ellos podrían prever la evolución de las cosas en un período tan largo. Mi sentimiento es que Putin perdió la guerra; y que él, junto con su ideología política, van a desaparecer. No quiero decir que Rusia vaya a ser mejor después de eso, puede que sea hasta peor, pero espero que se aleje del peligro inmediato de una guerra nuclear. De alguna manera soy optimista. Creo que los ucranianos han demostrado ser un pueblo extraordinario; no creo que los rumanos ni la mayoría de los países le hubiesen plantado cara a una agresión semejante. Llama la atención que un pueblo tan pequeño haya tenido una fuerza tan grande y una suerte histórica con su presidente Volodymyr Zelenskyy. Ellos han logrado detener una catástrofe extraordinaria, porque los rusos no se hubiesen frenado con Ucrania. Ellos están luchando en contra del mundo libre. Para mí Ucrania ha sido una especie de escudo para todos nosotros.

– ¿Piensa escribir alguna novela o ensayo sobre lo sucedido en Rumania? 

– No soy un autor que piense primero en un tema para después realizarlo. Mis libros llegan cuando quieren llegar y hablan sobre lo que ellos quieren hablar. No puedo prever desde ahora qué libros escribiré. He firmado libros de todo tipo, que se han anunciado solos sin que yo haya intervenido para nada. El volumen que quiera nacer a través de mí ha de llegar en un momento determinado. Puede ser un libro de versos de amor, o puede ser un libro de viajes, o uno de elevadas ideas filosóficas, o un libro sobre dictaduras y terrorismo… Puede que sea el que estás pensando, porque sin duda el mecanismo político de lo que ha ocurrido en Rumania es uno de manual, uno donde se ve muy bien el cinismo extraordinario de una clase política, pero también la credulidad e ingenuidad extraordinaria de un pueblo que hace posible a esta clase política.

– Muchas gracias por su tiempo y generosidad

– Gracias a ti por hacerme preguntas para las cuales pude tener una respuesta.

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Cumaná, 1957.
Es fotógrafo y cinematógrafo, licenciado en Artes mención Imagen de Cine y Televisión, egresado del Instituto Superior de Arte Teatral y Cinematográfico I.L. Caragiale de Bucarest-Rumania y Master en Business Administration (MBA). Su trayectoria se extiende desde la dirección de fotografía en films de cortometraje documental y largometraje de ficción, pasando por la fotografía de retrato aplicada al mundo del espectáculo, la industria discográfica y la restauración de obras de arte y monumentos públicos. En la actualidad es profesor de Fotografía en el Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC) y en la Escuela de Diseño en Chavón, ambos en República Dominicana.