Nadine-Lacayo

«Volcánica y este cráter en ebullición»

28 julio, 2019

Me gustó el libro de Sabrina Duque: «Volcánica y este cráter en ebullición»… por la original asociación que hace de las erupciones volcánicas y los traqueteos sociales que han suscrito nuestra historia


Me gusto VolcáNica de Sabrina Duque. Primero, por la original asociación que hace de las erupciones volcánicas y los traqueteos sociales que han suscrito nuestra historia. Segundo, porque no está escrito con la mirada foránea del típico viajero que hace su crónica, ni como el turista que toma curiosas fotografías desde una cámara pegada en la frente desde la altura de un parapente. Y, tercero, aunque carece del estruendo y la alarma provocado por el magma de los que intentamos narrar la memoria desde dentro, en sus letras se huele sentimiento, enamoramiento – diría amor por nuestra gente-, solidaridad y hasta admiración por la resilencia inaudita con que, frente a los dramas de todas las especies, se ha tenido que cobijar este pueblo.

Yo estaba advertida que me iba a encontrar con un “reportaje” original por su temática, pero lo esperaba algo frío por foráneo o en extremo angustiante, o, algo distante debido a que Sabrina es de otras tierras, y no comparte el ADN telúrico de los nicas. Incluso, suponía que sacrificaría uno de los dolorosos países, debido a la autocensura por su condición de extranjera, obligada a guardar – más en estos difíciles tiempos – el equilibrio “profesional” que, con alguna frecuencia conduce a cierta ambigüedad cuando se adopta la discreta distancia, sobre todo al intentar filmar nuestra historia y este terrible presente.

Pero no. En su crónica, la aurora se ubica a este lado de los hechos, vive lo que dice, se baña de las cenizas de los cerros que ausculta, se mete a las fumarolas que describe, en las heridas del país y, respira los gases del gran cráter – que aún no se apaga – de esta Nicaragua en prolongada ebullición. Sabrina, en VolcáNica, recorre los suburbios de lava petrificada de la historia y la desentierra tejiéndola con el presente, y también parece caminar sobre la caliente piedra quemada del ahora, para capturar trozos nervudos de la geología social y de la corteza de la historia.
Funde del pasado y el presente, signados por las placas tectónicas de toda clase, a las que siempre ha puesto el lomo nuestro país, resistiendo – como ahora – contra viento y marea, hasta abrirse camino a la vida.

De forma particular, me gustóón que le haya dedicado tiempo a diseccionar la vida y la historia del Dr. Carlos Tünnermann (lo vi como un justo homenaje por todas sus contribuciones), y otra cosa de vital importancia, es que apunta y subraya, la perversa manía de los poderosos de borrar a los mejores personajes que han hecho la historia aquí. Con VOLCANICA, muchos de éstos, otra vez quedaron imborrables.

Solo una cosa al final: no tenemos “vocación trágica”, lo contrario: porque nos gusta la vida es que aún existe Nicaragua. Aquí están, en resumen, mis prometidos comentarios. Muchas gracias.

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