#51 - El Angel del Quinto Sol 1 - Omar D'León
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Poesía: La madre es la gran noche (y otros poemas)

2 junio, 2021

LA MADRE ES LA GRAN NOCHE

Aquí el tiempo está atado con camisa de fuerza:

es viento sometido

que escribe el mismo nombre con tiza sobre un muro.

Todo es adentro aquí, en este gran vientre

lleno de hombres sin madre.

La madre es la gran noche. La madre es nuestro grito.

La madre es cada dosis de trifluoperazina

que llena de saliva nuestros labios.

Cuando acerco mi oído a las paredes

queriendo oír el llanto de los que aún me aman

sólo oigo mi chirrido. Mi oscura disonancia.

El corazón del miedo cantando su monótona tonada.


FUNDIDO A NEGRO

Cuando tenía tres años vi a mi madre iluminada

pero yo creí que ardía y lloré.

A los siete pinté un toro de grandes astas y me miré en sus ojos

sintiendo ya su herida.

A los quince, con la cara llena de granos, oí cantar la soledad en varias                                                                                              lenguas,

y las entendí todas. Mi noche se llenó de pesadillas.

A los dieciocho

oí decir que estaba mal de la cabeza.

Yo me aferré con fuerza al leño podrido de la infancia

mientras  una raíz crecía entre mis cejas.

Tenía casi treinta

el  día en que mis hermanas, asustadas,

agitaron sus alas de paloma

y lavaron mi rostro con sus lágrimas.

Quise decir sus nombres. Y gritar: padre, madre.

Pero alguien ya apagaba las estrellas.


EN EL BORDE

Lo terrible es el borde, no el abismo.

En el borde

hay un ángel de luz  del lado izquierdo,

un largo río oscuro del derecho

y un estruendo de trenes que abandonan los rieles

y van hacia el silencio.

Todo

cuanto tiembla en el borde es nacimiento.

Y sólo desde el borde se ve la luz primera

el blanco -blanco

que nos crece en el pecho.

Nunca somos más hombres

que cuando el borde quema nuestras plantas desnudas.

Nunca estamos más solos.

Nunca somos más huérfanos.


MI SOMBRA COMO UN ÁRBOL

Un día de mayo te me fuiste, un día de mayo te pierdo,

en plena primavera, hijo…

Yannis Ritsos

La primavera es la estación que acoge los suicidas.

Lo dicen los que en la morgue anotan “edad, sexo, lugar

y método empleado”.

Desde lo alto yo ví brillar el sol de mayo

que atrás dejaba al  pájaro enfermo del invierno,

su mirada de escarcha

que antes ensombrecía las ventanas.

Pude también oír la voz del viento:

“se ha roto la promesa del invierno:

nada renacerá en la primavera”.

Son implacables, madre, los relojes del mundo.

Desde lo alto yo vi mi sombra como un árbol

abriéndome sus brazos amorosos.


LATITUDES

Sin ti ha vuelto esta vez el sol de enero.

El dios indiferente que adoramos,

que ni culpa, ni salva, ni señala.

(Tu cuerpo

gozaría este sol que nada pide,

que vuelve a hacernos simples y animales).

El árbol que veías detrás de tu ventana

reverbera de luz.

Adentro,

sobre lo intacto aún, sobre tu almohada,

la sombra de mi mano se acongoja.

Lejos, en Prospect Park,

el árbol al que dimos tu cuerpo en primavera

habrá perdido ya todas sus hojas.   

En su raíz fulgurará la nieve.

Enero siempre vuelve.

En la pared del cuarto tu luz dibuja sombras.


PIDO AL DOLOR QUE PERSEVERE

Pido al dolor que persevere.

Que no se rinda al tiempo, que se incruste

como una larva eterna en mi costado

para que de su mano cada día

con tus ojos intactos resucites,

con tu luz y tu pena resucites

dentro de mí.

Para que no te mueras doblemente

pido al dolor que sea mi alimento,

el aire de mi llama, de la lumbre

donde vengas a diario a consolarte

de los fríos paisajes de la muerte.


Amalfi, Colombia, 1951.
Licenciada en filosofía y letras de la Universidad de los Andes, donde ha impartido cursos sobre filosofía y lenguas. También es maestra en Teoría del Arte, la Arquitectura y el Diseño en la Universidad Nacional de Colombia. Entre otras, ha obtenido las siguientes distinciones: XI Premio Casa de América de poesía americana, en 2011, el Premio de Poesía Poetas del mundo latino 2012, el Premio de Poesía José Lezama Lima, en 2014 y el Premio de Poesía Generación del 27, en 2016. Es autora de los libros de poesía: Las tretas del débil (2004), Las herencias, (2008), Explicaciones no pedidas (2011), Los habitados (2017) y la antología En caso de emergencia (2018), entre otros. Sus dos últimas novelas se titulan Lo que no tiene nombre (2013) y Donde nadie me espere (2018).