Poemas: Erick Ramos

6 diciembre, 2021

TRIAGONÍA

Una noche sin luz, abrigados
por el tul de
           un desierto eléctrico,
           observamos a Saturno en su silencio,
rodeado de misiles; sin alas, elefante
perpetuo. 

Oh, qué lejano vi al padre, hijo de
sí mismo, saltear
estrellas de sangrado
           y aquelarre.
Mirar en el telescopio
su propio asteroide, su cráter; un número
infinito
           de rocas rodearle el puño.

Y el niño, sacudido por
atmósferas
           y cables, vio
           el desierto abrirse sobre
                                  la espuma, solidarizarse
con el metal de mi sangre,
descubrir un cielo quemado.

Esa noche oscura de
           los hombres pardos,
           se nos apareció
el rayo solar de un ataúd; y
dieron vueltas
los planetas y
                       siguió su órbita la muerte.

SISMO

Madre, hoy me levanto
temprano y tus besos ya dan de comer
los pastos de este cielo.

El viento de tu nombre golpea esta noche las velas de mi viaje,
e ignora el Demonio que sus dominios son los míos.

En este enero muerto se han abierto
más piedras que furias en el sol, y un pajarito de tu alma
ha venido a estarse quieto.

Nada va a mover tu mano,
que en la arena prende caracoles del espacio
y saca de la banana hojas dulces y murciélagos,
y parte la roca en dos hermanas.

Ay, madre, el fuego de la mañana no vale nada.
Tu tiempo ha recorrido ya toda la playa;
pero las placas de mi palabra no la mueve ni un dedo.

CONSTELACIÓN

Die Welt ist dumm, die Welt ist blind…

H. Heine

Solo amo una mujer en bicicleta.
Alta, pálida como jabón,
entera desde el pie hasta el alma, y llena de flores como espejos,
bajo el pan de su brazo.

Esa mujer me ama igual, como se ama una piedra sobre
un mantel en el desierto.
Yo entiendo entonces que el amor es un siglo entre dos velas,
un sol como un globo sobre el canal que se escapa de la mano.

Su camisón lleno de luz es un faro bajo los árboles,
y yo la amo porque sonríe, porque
no ha sabido de mí ni habrá momento, y porque solo en mi amor doy con ella,
sin patria ni muerte.

Solo una mujer en bicicleta.
Una mujer que vuela sobre la tierra con las mejillas ensangrentadas,
y en la cintura lleve pegado un loro verde.

Una mujer en bicicleta que pasa y se despide.
El viento entonces corre con ella y yo aprendo:
debajo de su vestido corro yo.

VIAJE

No saben, hermana, que he visto tu rostro cubrir la noche,
y una luz equivocada ha partido el tiempo,
                        deteniéndome,
dejándome morir tu muerte todo lo que he vivido y es inútil.

En ese momento, en ese último estertor de mi memoria,
he volado a Saturno, a darte
              el encuentro.

             Sola, en su plano gaseoso, te vi
             montada en vasos capilares,
regando nostalgia en sus jardines de hidrógeno.

Corrí hacia ti, saltando campos helados,
quemantes semicircunferencias de mineral apagado,
             cruzando
             enamorado el infortunio de su cielo,
para abrazarte en todo su anillo y
medir con mi labio el arenal de su luna quieta.

Hasta olvidé
             por un instante
que había cruzado su pista de hielo,
donde rocas humanas se persiguen y hay luz, fósforo
                                     y almas en pena.

Nadie sabe que en tu lugar hallé tormentas
             que tu mano aplacaba, y el
peso de arcos romanos dividiendo líquidos soberbios,
extrañas liturgias terrenales.

Pero no muy tarde me di cuenta, hermana, de que mi abrazo no era suficiente.

Quise detenerte, en el amor de tus cristales,
y he ahí que tus huesos, hermosos, gravitantes, volaron
de mí hacia otro océano,
porque en su magnetósfera solo cierran cinturones auroras irreales.

Amargado en mi dicha,
te vi confundirte en el descomunal horizonte de su esfera simple,
             y por más que porfié en reunirte al centro de la brisa,
resbaló tu beso, y en torno a mí
un viento muerto giró las horas, quebró mi peso,
y me devolvió en silencio a la noche eterna en que
                        dejaste esta tierra,
donde mueren también osos grises y
hospitales sin luz cierran la puerta los domingos.

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Lima, Perú, 1982.
Licenciado en Literatura por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y Doktor der Philosophie por la de Hamburgo. Ha publicado reseñas y artículos en revistas nacionales e internacionales como Casa de Citas y Revista Iberoamericana. Ha sido investigador, docente y ponente sobre literatura y violencia en Perú, Brasil y Alemania. Actualmente, trabaja como profesor de Español para diversas instituciones universitarias de Hamburgo. Fue antologado en Tránsito de fuego. Antología de poesía joven latinoamericana (Caracas: 2009), y ha publicado dos colecciones de poemas, Lengua de ciego (Lima: 2013) y Elogio del pájaro lira (Lima: 2017), y una novela: Informe bajo tierra (La Habana: 2016). Ha sido Becario del DAAD (2012-2016); con ella, llevó a cabo una investigación doctoral sobre el testimonio de violencia política en Perú, Guatemala y El Salvador. Es miembro hoy del Consejo Editorial de Crisis&Crítica.