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Revueltas: poética de la disidencia

1 octubre, 2014

Personaje indiscutible de la literatura, de la teoría política y de la disidencia, José Revueltas es un imprescindible del ámbito cultural mexicano. Este 2014 se cumple el centenario de su nacimiento, por lo que Corea Torres se ocupa en traerlo mediante este texto, con el afán de asomarse a  su literatura, toda vez que, considerado uno de los creadores más intensos del tiempo mexicano, fue a la vez profundo y dueño de una manera de cargar sus palabras de verosimilitud y realismo para transgreder la realidad que lo circundó. Comunista de pura cepa, siempre mantuvo una recalcitrante congruencia en su decir con respecto a su vivir, experiencia reflejada en sus escritos hasta hoy pletóricos de actualidad.


Conducta. Congruencia. Parecen palabras hechas a la medida en la conformación del ser humano con apellido de provocación que es José Revueltas. Pero también hay otras palabras cuyas connotaciones erigen una postura, una manera de ser, una forma de transitar la vida en el todo de su persona, déjenme decir: autonomía, dignidad, polémica, rebeldía, escritura, disidencia, anti-dogmatismo, luciferino, a decir de Leopoldo Zea, quien agrega: “difícil de someter por ser hombre que se niega a dejar de ser hombre”.
Revueltas es mexicano. Uno de esos mexicanos que sólo se dan de vez en cuando. Cuentista, novelista, dramaturgo, guionista de cine, ensayista, teórico de la política y en cierta medida filósofo, aunque de formación autodidacta no por ello menos profundo que, los filósofos cultivados en la academia.

Miembro de una familia de artistas, también sumamente difíciles de encerrar en clichés de partidos políticos y/o doctrinas, cualesquiera que estas fueran, los Revueltas: Silvestre, músico (Santiago Papasquiaro, Durango, 1899 – México, D.F. 1940); Fermín, pintor (Santiago Papasquiaro, Durango, 1903 – México, D.F. 1935), José (Durango, Dgo. 1914 – México, D.F. 1976) y Rosaura, bailarina (Ciudad Lerdo, Durango, 1920 – ) han sido dentro del ámbito cultural de nuestro país, seres de una levadura artística como pocas. Y José, por obvias razones de génesis y de familia, no podía escapar de tal sino.

El 20 de noviembre de 1910, emblemática fecha en la historia del siglo XX mexicano, la Revolución planta sus reales en nuestra realidad. Otro 20 de noviembre, sólo que de 1914, nace José Revueltas, como es de suponer, impregnado con la sustancia que la fecha implica en su sangre, entonces uno colige: José Revueltas no podría tener otro destino más que convertirse en algo de lo que define la palabra revolución: cambio, discernimiento, contracorriente.

Habrá que recordar aquí a otros grandes artistas del ámbito literario latinoamericano nacidos ese mismo año, a manera de contextualizar circunstancias y tiempo con la presencia de Revueltas, me refiero al poeta Efraín Huerta, el gran cocodrilo, a Octavio Paz, a los argentinos Julio Cortázar –queremos tanto al cronopio-, y Adolfo Bioy Casares, al chileno antipoeta por antonomasia, Nicanor Parra –aún inquietando espíritus-; todos ellos también cumpliendo la centuria de años en este 2014. Y al igual que Revueltas cumpliendo con una misión puntual relacionada al pensamiento, a la inteligencia y al arte en general, desde sus respectivas trincheras.

El talento literario de Revueltas se manifiesta, podría decirse, desde 1935, a los 21 años, cuando viaja a Moscú como delegado del Partido Comunista Mexicano al VI Congreso de la Internacional Juvenil Comunista; en donde asiste además al VII Congreso de la Internacional Comunista, allí junto con Hernán Laborde y Miguel Velasco, redactan la carta de la delegación mexicana ante dicha reunión. Estaba pues fijado el destino de la escritura de José, con un texto más bien de tipo ensayístico-epistolar, si se me permite el término. Posteriormente empieza a colaborar, ya estamos en 1938, en el periódico El Popular, que dirigía Vicente Lombardo Toledano. Le publican sus primeros cuentos: El abismo en la revista Ruta y Foreign Club en El Nacional. En 1939 aparecen en El Popular, nuevamente, los artículos: Sobre un libro de Chestov: el arte y las evidencias y Arte y cristianismo: César Vallejo, ambos de corte ensayístico; el relato titulado El quebranto en la revista Taller y se publica su primer texto teórico-político en forma de folleto: La Revolución mexicana y el proletariado, con lo que podría decirse inaugura la veta de textos políticos.

Pero es hasta 1941 cuando sale a la luz Los muros de agua. Esta novela fue escrita en 1940 y la publica merced a los auspicios de la ayuda familiar con la que pudo financiar la impresión. Aquí me gustaría compartirles un episodio por demás íntimo y personal de Revueltas concatenado justamente a ese sello “revueltiano” que caracterizó a él y su familia, dice José: “Terminé de escribir la novela la madrugada del 3 de octubre. Puedo precisar con tanta exactitud la fecha en virtud de una circunstancia estrujante y dolorosa: esa misma mañana vino a mi casa la esposa de mi hermano Silvestre para pedirme que fuera a verlo en atención a que estaba muy grave. A la madrugada siguiente Silvestre moría; yo contaba, al terminar de escribir mi libro, con acudir inmediatamente a leérselo, pues él era un juez implacable y magnífico. Esto ya no fue posible; en medio de la fiebre Silvestre apenas me reconocía y ya no me separé de su lado hasta que fue necesario acudir a la agencia funeraria para adquirir el féretro. Lo recuerdo con un dolor vivo y una angustia que no me abandona jamás. No pensé más en Los muros de agua y no sometí este libro a la lectura de nadie hasta que, por insistencia de Rosaura y de mi primera esposa la novela fue publicada el 10 de mayo de 1941” –termina la cita-.

Vale aclarar, siguiendo la confesión de José, que esta no fue su primera novela, aunque sí su primer libro porque antes había terminado una novela corta, El quebranto, mas de ella sólo se publicó el primer capítulo en forma de cuento dentro del volumen que forma Dios en la tierra. Con Los muros de agua, Revueltas prefigura la galería de personajes que más tarde ocupa como protagonistas de sus subsecuentes obras: raterillos, lisiados, homosexuales, prostitutas, seres marginales –outsiders, les llaman ahora- y a los que en cierta medida redime mediante su sola presencia en las escenas planteadas, profundizando de manera detallada en la naturaleza de su esencia, de su raíz, pero además planteando una narrativa eficaz, sobre todo en el manejo de la ambientación de los espacios físicos dibujados. A mi modo de ver su prosa es efectiva en la creación de atmósferas, de pronto opresivas, densas. Por supuesto es innegable el uso de la experiencia propia en las Islas Marías cuando fue preso por aproximadamente cinco meses en 1932 y liberado por ser menor de edad. Tuvo una segunda reclusión en las Islas, en 1934 después de haber sido detenido en Nuevo León.

En un reciente testimonio de Elena Poniatowska a Revueltas, publicado en La Jornada de en medio (28-09-14), Revueltas, ante pregunta expresa de la entrevistadora relacionada con el hecho de que la experiencia carcelaria le haya hecho daño, contestó: “No, creo que me hizo mucho bien porque el tener una gran cantidad de problemas a esa edad -18 años- ahora me permite una mejor comprensión de lo humano…” Justamente ese primer libro Los muros de agua, salió de la cárcel para indicar la prisión sin muros de piedra, pero con muros de agua: el mar”.

Y en ese mismo testimonio Revueltas le expresa a Poniatowska lo que bien podría considerar su ars escritural: “Considero que el escritor es un ideólogo, aunque muchos escritores no se consideren como tales o estén al margen de la ideología; el escritor es eminentemente un ideólogo lo quiera él o no… y ante tantas ideologías en pugna, deberá saber elegir la suya puesto que él mismo es una expresión de la ideología de su tiempo… el compromiso de un escritor comienza con la literatura y con la sociedad. La literatura no se da en una campana neumática, aislada, se da en la vida, en la sociedad y entre los hombres. El compromiso del escritor es con la literatura, entendida en su más alta acepción, en ligazón profunda con los hombres y para los hombres…”   

Revueltas no dejó de ser Revueltas, pese a las veces que pasó encerrado en dos de las cárceles de México de negro sino: las Islas Marías y Lecumberri en 1968. Carne de presidio por sus ideas y pensamientos políticos adheridos al Partido Comunista, se convirtió en un observador incomodísimo de la izquierda mexicana y claro de esa fracción de la sociedad atrincherada en la burguesía criolla, pero su mirada se mantuvo incólume y supo sacar provecho de semejantes experiencias, pruebas irrefutables están plasmadas en Los muros de agua y en El Apando, en esta última también desfilan sus recurrentes personajes salidos de la marginalidad.            

Salvador Novo, ese crítico literario, corrosivo e irónico como el que más, expresaba de Revueltas: “De todos maneras, Pepe Revueltas es como la afortunada síntesis de sus dos hermanos. Con las palabras pinta como Fermín y compone música como Silvestre” y Novo, en ese tiempo, era de los pocos que se atrevía a manifestarse seguidor de Revueltas, siendo como era –Revueltas- el Diablo con sus cuarenta mil cuernos.

Yo diría que es prácticamente imposible deslindar obra y vida en Pepe Revueltas –así llamado cariñosamente por sus lectores y amigos-. De todos los modos posibles aparecen en sus historias, reflexiones y cuentos, los sucesos que le marcaron la vida, sus estancias en las cárceles, sus confrontaciones ideológicas, su permanente y honrada conducta con su forma de ser vertical, sus cambios de partidos políticos y claro el padecimiento de la crítica feroz de parte de escritores de su tiempo y además de compañeros de lucha, así como el respectivo drama familiar con la muerte de su hermano Silvestre.

Revueltas seguía escribiendo pese a esos vendavales, así entonces descubre a un cura cristero, a un asesino a sueldo, a tres miserables matrimonios campesinos, a una niña que muere, en su segunda novela El luto humano publicada en 1943, anteponiendo como es su costumbre el hambre, la esperanza y los odios reconcentrados en personajes míseros, hijos desheredados de la Revolución, depositarios de la violencia que, parece mentira, no ha desparecido de la faz del territorio mexicano.

En el 44 cuando Efraín Huerta publica Los hombres del alba y Jorge Luis Borges presenta Ficciones, Revueltas ofrece su libro de cuentos Dios en la tierra, mientras tanto sus andanzas en el terreno político se incrementan. Para 1949 Los días terrenales irrumpe reafirmando con ello su posición irreductible del escritor no conformista. Fiel a sus contradicciones su escritura continúa el camino de la lucidez y espíritu implacable. Los días terrenales fue una obra, quizá desmesuradamente –por favor válganme el adverbio- criticada por la misma izquierda a la que él pertenecía con todo y sus volubilidades, y quizá porque se atrevió a denunciar las prácticas del estalinismo en el interior del partido del que era mílite, y por otra parte porque la novela según se decía en esos días estaba más hermanada con ciertas características contenidas en el existencialismo. Fidel, Gregorio, Bautista, Rosendo, personajes andantes de esta novela, tenían un común denominador: eran militantes del Partido Comunista y entre ellos se suscitan las discusiones al calce, detrás de la que está, obvio resulta deducirlo, el pensamiento “revueltiano”.

Personalmente cada vez que acudo a la relectura de Revueltas, me inmiscuyo no tanto en las novelas, sino en esa que yo llamo joya de la cuentística mexicana: Dormir en tierra, libro inscrito en el esquema del cuento ortodoxo, por el cual desfilan los protagonistas que nuestro querido duranguense perfila, con ese talento a la Dostoievski que poseía, penetrando en lo profundo del dolor, del desencanto, de la tristeza, en unos personajes dejados de la mano de Dios, personajes que nos calan hondo por cuanto sabemos son habitantes casi invisibles para los mandamases de nuestro país, y que están ahí con esa su presencia rala, casi transparente, recordándonos que ese es nuestro pueblo, del que provenimos,  que esos somos nosotros.

El racimo de relatos agrupados por Revueltas en Dormir en tierra, contiene por ejemplo: La frontera increíble, un texto donde el suceso de la agonía de una persona se conforma como el protagonista, por eso decía al inicio que, una de las virtudes narrativas de Revueltas era precisamente esa, la de ubicarnos en el sitio de la anécdota con todas las condiciones posibles, para respirar el sentimiento de los moradores del relato y los respectivos matices vivenciales de la atmósfera que consigue con su eficaz prosa. Por otra parte en el cuento que da título al libro Dormir en tierra, Pepe Revueltas dotado de esa extraña mirada que horada la condición humana y siempre con la expectativa de adentrarse en los meandros del alma para palpar el sufrimiento, los sinsabores y así dotarlos de una textura quemante para los sentimientos del lector, narra los avatares del capitán del barco El Tritón, quien por cuestiones de humanidad se ve  inmiscuido con el hijo de una prostituta, La Chunca –“mujer de toscas proporciones y baja estatura que tenía ese horrorizante atractivo de ciertas piezas arqueológicas, la piel llena de gruesos poros y unos muslos breves bajo el cerámico vientre atroz”-, ofreciéndonos un cuento de alto nivel dramático y con un desenlace que no por previsto deja de ser impactante.

Me parece entonces que recuperar a Revueltas en estos tiempos siniestros que nos atosigan, sería un ejercicio de sanidad espiritual para re-emprender nuestra tarea diaria con ojos nuevos, con la conciencia de aportar, aunque sea en mínima cantidad, una porción de esa dignidad tan ninguneada que se nos ha ido diluyendo.

Re-valorar, re-descubrir la obra de José Revueltas, trasladarlo al ahora que transitamos, para divulgarlo entre quienes no lo conocen y re-afirmarlo como protagonista de la honradez intelectual, tal vez se significaría como el mínimo homenaje que este mexicano hermoso merecería.

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(Chichigalpa, Nicaragua, 1951). Escritor, poeta, crítico literario. Estudió Ingeniería Química en la Universidad Autónoma de Puebla y laboró en la industria del papel y cartón para envoltura por más de 20 años.
Lector desde siempre. Maestro de talleres literarios en la Casa del Escritor de Puebla. Coordina la Sala de Lectura Germán List Arzubide. Autor de la columnaLibros de la revista semanalMOMENTO en Puebla.
Asesor literario independiente. Colaborador del suplemento cultural El Nuevo Amanecer deEl Nuevo Diario, de Managua. Editor de la sección Crítica y colaborador de la revista virtualwww.caratula.net
Ha publicado: ahora que ha llovido (Poesía, 2009 CNE).Miscelánea erótica (Poesía colectiva 2007, BUAP). Los guajolotes de donde La Güera, Antología de cuento Puebla directo (Ayuntamiento de Puebla y BUAP, 2010).
Colaborador de Radio ABC, 1280 AM, Puebla, con su columnaLibros al medio día, los viernes.
Ha publicado poesía, cuento y ensayo en diversos periódicos y revistas poblanas.