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Una larga confesión (Centenario de Juan Carlos Onetti)

1 junio, 2009

Hace cien años, el 1 de julio de 1909, nació el escritor uruguayo Juan Carlos Onetti, quien dedicó toda su vida al oficio de la escritura. Carátula se complace en rendir homenaje al autor de “Los adioses” en esta edición que cuenta con la colaboración especial de la crítica literaria Hortensia Campanella, amplia conocedora de la obra de Onetti, actual Directora del Centro Cultural de España en Montevideo y además, biógrafa del poeta Mario Benedetti, a quien también dedicamos este número.


Juan Carlos Onetti dijo en muchas oportunidades que para él la escritura era su vida, tan intensamente sintió la necesidad de narrar. Por ello, el escritor uruguayo pudo declarar que su obra fue “una larga confesión»—recordando una cita de Nietzsche acerca del arte- sin que esta afirmación tenga nada que ver con lo anecdótico o biográfico. Fue una vocación sentida muy tempranamente, sin precisiones académicas, sin deudas familiares: pura intensidad vital, unida a su otra obsesión, la de la lectura.

Entre los varios escenarios montevideanos que recurren en su memoria, en la historia de su vida que aparece en sus libros, en sus recuerdos y declaraciones, sin duda la entonces Villa Colón ocupa un lugar destacado. Es el barrio de su niñez, el de las vivencias familiares, junto a su hermano Raúl, mayor, y su hermana Raquel, la mimada, con quien mantuvo una cariñosa y estrecha relación hasta la muerte. En numerosas ocasiones Onetti ha dicho  «la mía fue una infancia sin historia porque fue muy feliz”: sus padres se querían muy abiertamente, no había penurias, él pudo hacer en gran medida lo que quiso. Y lo que más quería era leer, primero, y luego, escribir. Desde muy niño se encerraba en los armarios para disfrutar de todos los libros que caían en sus manos y pronto empezó a escribir imitando a sus favoritos. Por ello sus hermanos lo llamaron “Kanutito», por su pasión por Knut Hamsun. De aquella época infantil conservó toda la vida una característica muy afín con la creación literaria, el gusto por las mentiras, y también las ganas de esconderse para leer: en su niñez lo hacía en los armarios para que lo dejaran en paz, y luego lo hizo en la cama.

“La tijera de Colón” fue una revista que lanzó en la adolescencia con algunos amigos: el cuidado en la confección de las crónicas locales, la maquetación, etcétera, anunciaba al periodista que pronto surgiría. En cuanto dejó los estudios secundarios, expulsado por la terca asignatura de dibujo que no le permitió avanzar, buscó la independencia de sucesivos trabajos menores que le permitirían tener tiempo para la lectura y frecuentar ambientes diferentes con amigos mayores. Entre otros, hizo recados para el padre de quien luego sería para él el político joven más admirable: Zelmar Michelini.

Su otra gran vocación, el amor por las mujeres, irrumpió en su vida muy pronto, y a los 21 años se casa con su prima María Amalia y viaja por primera vez a Buenos Aires, donde vive malamente con trabajos precarios, mientras ya está escribiendo lo que luego serian sus primeros cuentos publicados. En 1932 «La Prensa” de Buenos Aires da cuenta del resultado de un concurso: entre los mejores diez cuentos estará “Avenida de Mayo-Diagonal—Avenida de Mayo”, su primer cuento corto que sale impreso. Pero el joven escritor tenía mucho material en sus cajones. Se sabe que una novela suya, elogiada por Roberto Arlt –Tiempo  de abrazar– ya existía en esa época; no consiguió editor, se perdió y fue recuperada parcialmente muchos años después. Del matrimonio con María Amalia nace un hijo, Jorge, más tarde también narrador, quien vivirá cerca suyo en Madrid en el último periodo de su vida.

«El escritor es el hombre para el cual el ejercicio de la literatura es una forma de vivir, no menos importante que el ejercicio del amor, de la bondad y del odio»

Una nueva etapa montevideana se inicia con un segundo casamiento, en 1934. María Julia era hermana de su primera esposa, pero esta relación será incluso más fugaz. Y muy pronto su actividad laboral se centrará también en la escritura, cuando Carlos Quijano lo llama para colaborar en la nueva aventura periodística, el semanario Marcha. Primero secretario, después jefe de redacción, Onetti inicia un periodo de gran intensidad vital. Escribe mucho, publica El pozo, trabaja en la agencia de noticias Reuter, subyuga a los jóvenes aprendices de escritores, y se crea a su alrededor, sin que él parezca enterarse, un mito de excelencia literaria unida a un carácter difícil, el gusto por los barrios bajos, la fascinación que provocaba en las mujeres. Ese puede ser el momento en que nace y se fortalece la leyenda del escritor hosco e indiferente, concentrado en la escritura, la bebida y las mujeres, la cual, como todas las leyendas, en parte resulta falsa en cuanto nos acercamos al detalle, la emoción o el testimonio directo de quienes lo rodearon.

Sin embargo esas tres experiencias, muchas veces límite por sus consecuencias, han formado parte esencial de la vida del escritor. Se ha entregado a ellas con toda la pasión del instante y motivado, valga la paradoja, por una intensa creencia. Dice: «existe una profunda desolación a partir de la ausencia de Dios. El hombre debe crearse ficciones religiosas. Y el éxtasis del amor, del arte o del alcohol tiene esa naturaleza religiosa. Son tres momentos de entrega total, de no ser, y en los que tampoco existe el mundo».

Una buena pista para comprenderlo un poco más podría ser una definición que mucho tiempo después dio el mismo Onetti: «El escritor es el hombre para el cual el ejercicio de la literatura es una forma de vivir, no menos importante que el ejercicio del amor, de la bondad y del odio». Por eso, escribirá por “arranques” y prefiere lo que él llama el «escritor— amante”, quien escribe cuando lo arrebata la pasión.

Los años cuarenta lo encuentran de nuevo en Buenos Aires, con nueva esposa —Elizabeth Maria Pekelharing—, nueva novela —Tierra de nadie-, y viviendo ya del periodismo —luego de Reuter es secretario de redacción de la revista «Vea y Lea» y de la revista de publicidad «Ímpetu»—. En pocos años empieza a ser muy conocido en los círculos literarios rioplatenses, luego de publicar, entre otros, el cuento «Un sueño realizado”, “Mascarada», las novelas Para esta noche y La vida breve, obra fundacional de la narrativa onettiana.

En la década siguiente escribirá Los adioses, breve novela por la que el escritor siempre sintió debilidad, según su confesión. La dedicó a Idea Vilariño, con quien mantuvo una relación muy especial, y que a su vez le dedicó algunos de los poemas de amor más bellos e intensos de la literatura uruguaya.

«La palabra todo lo puede”, dice el personaje Brausen en La vida breve.  Y en los sucesivos libros ese será claramente el instrumento conformador de realidades plenas. Sin embargo, la creación de un mundo tan nítido como, por ejemplo, Santa María, no implica conquista, sino apenas búsqueda incansable, siempre condenada al fracaso. Esa es la concepción de la vida misma del escritor. “Al hombre siempre lo espera la muerte, supremo fracaso, pero el artista intenta ‘ser’ por medio del arte”, dijo. Y por eso se sentía tan cómodo en el mundo de Santa María: allí era un dios todopoderoso. Coherentemente, El astillero y Juntacadáveres, que publicarán en 1961 y 1964 respectivamente, serán las novelas del fracaso como narración de la búsqueda inútil. Para sus lectores serán dos cumbres de la obra onettiana. Muchos verán en El astillero una metáfora y profecía del Uruguay que vendrá más adelante. Pero Onetti siempre rechazó que tuviera esa intención «el medio influye sobre el escritor sin que éste pueda siquiera darse cuenta de ello: lleva a la sociedad dentro suyo». Y así niega que sea posible encontrar en su obra una intencionalidad consciente aparte de la de narrar. «En la literatura las cosas no hay que proponérselas, van a aparecer solas, siempre y cuando estén en la vida”.

Mientras tanto, había nacido su hija Litty, y había tenido el gran encuentro amoroso de su vida: la jovencísima violinista Dolly, Dorothea Muhr, quien será su compañera hasta la muerte. Desde entonces todos sus libros serán mecanografiados por ella y así podremos tener constancia de los originales, afortunadamente puestos a su cuidado. Esa compañía será imprescindible para que pueda escribir, en soledad, pero con la certeza de que ella está allí, «violineando” en el otro cuarto, como decía el escritor. Dolly le proporcionará paz, lo que para él es la forma de la felicidad que tienen reservada los adultos, puesto que, según afirmaba, la felicidad activa queda reducida a los niños.

Un lentísimo reconocimiento internacional de su obra empieza a darse ya en los años 60 con traducciones de sus libros, invitaciones y algún premio. Pero experimentará un notable salto simultáneamente a una definitiva crisis personal. La dictadura uruguaya con su insolencia totalitaria, cerrando Marcha, poniendo presos a los miembros del jurado de cuentos de 1973, entre los que estaba él mismo, lo expulsa definitivamente del país. La acogida generosa de España servirá para que, pasado un tiempo, vuelva a escribir. Será periodismo, cuentos, y tres novelas fundamentales: Dejemos hablar al viento, Cuando entonces, Cuando ya no importe. Se sentirá querido, y aunque nunca buscó la admiración de los demás, podrá apreciar el creciente  interés entre lectores y críticos. Como dijo en su discurso de aceptación del Premio Cervantes, en 1980: “esta sobrevida es lo primero que debo a los españoles. Estos años de regalo, en los cuales he vuelto a escribir con ganas, después de mucho tiempo de no hacerlo. He creído, gracias a esta tierra generosa, que todavía tenía algo que decir».

Nunca dejará de estar atento a lo que pasaba en su país, y entre 1987 y 1989 presidirá el Comité en Madrid por el voto en referéndum contra la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado, la ley amnesia que él rechazó rotundamente, tomando una vez más una clara posición contra las injusticias. Pero ya no volverá al Uruguay.

El 30 de mayo de 1994 fallece en la capital de España. Lo único que le importaba que quedara de él son sus libros editados, y allí están, en las bibliotecas y librerías de todo el mundo, en multitud de ediciones y traducciones a los más diversos idiomas, no en vano quiso durante toda su existencia, como lo afirma su personaje Eladio Linacero, escribir » historias de almas”.


Cronología

1909
]ulio 1. Nace en Montevideo Juan Carlos Onetti, hijo de Carlos Onetti y Honoria Borges. Tiene un hermano mayor, Raúl, y una hermana dos años menor, Raquel. En la época escolar viven en la calle Dante 2168. Más tarde la familia se muda a Colón, un barrio en las afueras de Montevideo.

1929
Intenta viajar a la Unión Soviética para ver de cerca la revolución, sin lograrlo.

1930
Contrae matrimonio con María Amalia Onetti. Viaja a Buenos Aires por primera vez.

1931
Nace su hijo Jorge.

1932
Escribe la primara versión de El Pozo, que se extravía.

1933
Enero. Se publica en “La Prensa» de Buenos Aires el cuento «Avenida de Mayo — Diagonal — Avenida da Mayo»

1934
Regresa a Montevideo. Contrae matrimonio con María Julia Onetti, hermana de su primera esposa.

1939
Junio. Se funda el semanario “Marcha”, y Onetti es llamado por su director, para ocupar el cargo de secretario de redacción. Permanece en «Marcha” hasta 1941: en una primera etapa se encarga también de la sección literaria, en la que publica una columna de «alacraneo cultural» firmada por “Periquito el Aguador». Publica también artículos de humor firmados “Grucho Marx» Diciembre. Aparece la novela El pozo, publicada por «Ediciones Signo” de Canel y Cunha, en una tirada de 500 ejemplares.

1941
Trabaja como secretario de redacción en la Agencia Noticiosa Reuter de Montevideo, y poco después viaja a Buenos Aires para realizar el mismo trabajo. Vive en Buenos Aires hasta 1955, periodo en el cual se desempeña —después de Reuter— como secretario de redacción de la revista “Vea y Lea» y de la revista de publicidad “Ímpetu”.

1941
Junio. Aparece la novela Tierra de nadie, publicada por la editorial Losada. Onetti la dedica a Julio E. Payró.

1943
Noviembre. Termina de imprimirse la novela Para esta noche en la editorial Poseidón de Buenos Aires. La dedica a Eduardo Mallea.

1945
Contrae matrimonio por tercera vez, con Elizabeth Maria Pekelharing.

1950
Noviembre. Se publica la novela La vida breve en la editorial Sudamericana de Buenos Aires. La dedica a Norah Lange y Oliverio Girondo.

1951
Nace su hija Isabel Maria (Litty).

1953
Junio. Aparece la novela corta Los adioses, publicada por la editorial Sur. La dedica a Idea Vilariño.

1955
Noviembre. Regresa a Montevideo y trabaja en el diario «Acción», de Luis Batlle Berres. Se casa por cuarta vez. Su esposa es Dorotea Muhr.

1957
Mayo. Es nombrado director de Bibliotecas Municipales de la ciudad de Montevideo.

1959
Agosto. Se publica la novela Una tumba sin nombre (que luego será Para una tumba sin nombre) en “Ediciones de Marcha». La dedica a su hija Litty.

1960
Aparece el libro La cara de la desgracia editado por Alfa, Montevideo, y el cuento con ese título está dedicado a Dorotea Muhr.

1961
Mayo. Aparece la novela El astillero, editada por la Compañía General Fabril Editora, y dedicada a Luis Batlle Berres.

1962
Enero. Obtiene el Premio Nacional de Literatura (por la obra publicada en 1959/ 60).

1964
Diciembre. Aparece la novela Juntacadáveres editada por Alfa, Montevideo. La dedica a Susana Soca.

1970
Se publican sus Obras Completas por la editorial Aguilar, con prólogo de Emir Rodriguez Monegal.

1972
Junio. Es el “mejor narrador uruguayo de los últimos cincuenta años” según una
encuesta de «Marcha” hecha entre 35 narradores y poetas nacionales de diferentes generaciones. Se filma la película “Onetti, un escritor”. Dirección de Julio Jaimes, reportaje de Julio Jaimes y Jorge Ruffinelli. Onetti viaja a España invitado por el Instituto de Cultura Hispánica para dar una serie de conferencias.

1974
Se publica el libro Cuentos Completos por parte de Editorial Corregidor, Buenos Aires, que recoge todos sus cuentos publicados hasta 1971. El prólogo es de Jorge Ruffinelli. Febrero. Onetti es detenido e internado en un sanatorio psiquiátrico durante 3 meses, por integrar el jurado del premio anual de “Marcha”, publicación que será clausurada de inmediato por la dictadura uruguaya.

1975
Viaja a Madrid para asistir al Congreso de Escritores Hispanoamericanos.

1979
Octubre. Se publica la novela Dejemos hablar al viento, editada por Bruguera, Barcelona, y dedicada a Juan Ignacio Tena Ybarra.

1980 ·
Diciembre. Se le otorga el Premio Cervantes.

1985
Marzo. Regreso de la democracia en Uruguay. Onetti decide permanecer en España. Recibe el Gran Premio Nacional de Literatura de manos del Presidente electo, antiguo amigo,]ulio María Sanguinetti, en Madrid.

1987
Mondadori edita la novela Cuando entonces, dedicada a su hermana Raquel Onetti.

1990
Luego de sufrir un breve quebranto de su salud, recibe el Premio de la Unión Latina de Literatura “por su espíritu universal”.

1991
Recibe el “Gran Premio Rodó a la labor intelectual”, de la Intendencia Municipal de Montevideo. Onetti dona el importe, de casi cinco mil dólares, para la compra de libros para las bibliotecas municipales.

1993
La editorial Alfaguara publica la que será su última novela, Cuando ya no importe, dedicada a Carmen Balcells, su agente literaria. El escritor declaró en varias oportunidades que se trataba de una despedida de la literatura y de la vida.

1994
Con el auspicio del Ministerio de Educación y Cultura, la Intendencia Municipal de Montevideo y la revista “Cuadernos de Marcha”, se realizan en la Facultad de Humanidades y Ciencias las Primeras Jornadas Rioplatenses de Literatura, en homenaje al escritor, del 27 al 29 de abril.

30 de mayo. A primera hora de la tarde, Onetti muere en una clínica de la calle San Bernardo, en Madrid


1. No busquen ser originales. El ser distinto es inevitable cuando uno no se preocupa de serlo.
2. No intenten deslumbrar al burgués. Ya no resulta. Este sólo se asusta cuando le amenazan el bolsillo.
3. No traten de complicar al lector ni buscar ni reclamar su ayuda.
4. No escriban jamás pensando en la crítica, en los amigos o parientes, en la dulce novia o esposa. Ni siquiera en el lector hipotético.
5. No sacrifiquen la sinceridad literaria a nada. Ni a la política ni al triunfo. Escribir siempre para ese otro, silencioso e implacable, que llevamos dentro y no es posible engañar.
6. N0 sigan modas, abjuren del maestro sagrado antes del tercer canto del gallo.
7. No se limiten a leer los libros ya consagrados. Proust  y Joyce  fueron despreciados cuando asomaron la nariz, hoy son genios.
8. No olviden la frase, justamente famosa: 2+2 son 4; pero ¿y si fueran 5?
9. No desdeñar temas con entraña narrativa, cualquiera sea su origen. Robar si es necesario.
10. Mentir siempre.

Uno de los decálogos que Onetti solía dedicar a los jóvenes escritores. Como en muchos de sus manuscritos, aparece una cita o comentarios “Robar a Pepe. Ay, gitano.

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