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Violencia en fila india

1 abril, 2014

La literatura no podría estar aparte de la violencia –en cierta medida, barbarie- aparecida en este siglo XXI, con una virulencia inusitada tras las consecuencias de otros fenómenos sociales derivados de la corrupción y la impunidad, como la migración forzosa, el narcotráfico, la miseria, la pérdida de valores humanos, el narcotráfico, el secuestro, entre otros males. Corea Torres, después de la lectura de la novela LA FILA INDIA, del mexicano Antonio Ortuño, recoge las señales de una escritura moderna, acorde a los tiempos actuales, escrita sin tapujos en el lenguaje y desarrollada por Ortuño con innegable sensibilidad y valentía para presentar este lamentable hecho social. Escritor, Antonio Ortuño, que muestra, obra tras obra, las singularidades de su escritura y el talento ya reconocido en distintos ámbitos de la geografía literaria.


La circunstancia actual que atraviesa dolorosamente el territorio mexicano, no podría ser más que intolerable. Ambiente, atmósfera y relaciones humanas están impregnados de violencia.

Esta realidad de todos los días, por supuesto tiene antecedentes añejos, es decir, se ha ido construyendo a lo ancho y largo de nuestra historia por nosotros mismos, con nuestra anuencia, dada la omisión y la falta de civilidad para atacar las bases de su origen que se encuentran inevitablemente en la corrupción.

La corrupción ha sido el consistente pan de México durante décadas, ha permeado sangre, carne y mente, pensamiento e inteligencia de sus habitantes que, se han forjado ya una suerte de cultura alrededor de ella. Nada puede realizarse si no es al amparo de la corrupción, aunque sea en dosis mínimas, la diaria cotidianidad da muestras fehacientes de su desarrollo.

Los remanentes del desastre en la dizque estrategia de seguridad “Guerra contra el narco”, aplicada por el gobierno encabezado por el presidente Felipe Calderón (2006 – 2012, de origen panista – PAN: Partido de Acción Nacional, de orientación derechista) en México, cuyos resultados han sido funestos para el convivir nacional –según cuentas habidas y por haber, reportan un saldo de más de cien mil muertos-, en un algo que es sumamente trágico y que no debería olvidarse, es más no podría olvidarse, porque se significa dentro de la historia mexicana, si no es que en la historia de muchos países en el mundo, como uno de los episodios más negros del ser humano, transitados en el siglo XX y XXI. Un resultado que pesa como maldición sobre los habitantes, pues a fin de cuentas el narcotráfico, la trata de personas, los secuestros y otros delitos derivados de la migración entre la frontera norte y sur,  que por sí mismos conllevan cargas violentísimas, continúan asolando el territorio azteca.

Según el ensayo de Ana Paula Pintado Cortina, El narco entre ficción y realidad (La Jornada semanal No. 992): “…A partir de Calderón vivimos en un estado de guerra permanente; provocó una ola de nieve, creando rencillas entre familias, pueblos vecinos y amigos. La carne de cañón de esta guerra son los sembradores indígenas y los sicarios y/o intermediarios, estos últimos son jóvenes procedentes de hogares pobres, con una educación escolar deficiente, saturados de información de las televisoras que los desorientan, los confunden y los acomplejan. Estos jóvenes optan por una vida efímera, prefieren vivir poco pero, desde su perspectiva, dignamente, es decir, con dinero… Aquí, en este nicho aparentemente paradisíaco, el narcotráfico vino a suplir lo que no hizo el gobierno…”

Como consecuencia de este cultivo, tanto las ciencias como las artes se han ocupado en todas las ocasiones en que se ha incrementado este doloroso fenómeno. La creación literaria no podría estar ausente del registro, y en ese sentido, los autores, quienes observan atentamente el escenario de la vida diaria, están embebidos de la percepción violenta que los atañe, de tal manera que no hay otra opción: referirla: directa o tangencialmente.

Los escritores actuales dedican mucho de su talento a tomar el toro por los cuentos, y esta coyuntura que nos atraviesa el alma como un puñal herrumbroso, corrosivo, inmisericorde, con la inevitable infección de arterias, vísceras y sentimientos, es contada con pelos y señales por la generación de neo-autores nacidos en este tiempo, pero también por aquellos que han acompañado el desarrollo de dicho fenómeno, ya sea desde el punto de vista ensayístico, testimonial o histórico, nombres como el de Elmer Mendoza en las novelas del género negro Balas de plata y La prueba del ácido, donde por cierto nace el policía de Sinaloa, Edgard El Zurdo Mendieta; y las crónicas sobre el narco en Cada respiro que tomas y Buenos muchachos. Anabel Hernández desde la investigación periodística escribe Los señores del narco, presentado en dos tomos, Ed. Grijalbo. Ricardo Ravelo documentando en Crónicas de sangre, cinco historias de los Zetas, grupo criminal violento por naturaleza y Osiel, vida y tragedia de un capo, seguimiento minucioso sobre uno de los jefes importantes del narco. Jesús Blancornelas, periodista de Tijuana y prácticamente un historiador con su libro pionero, acaso, en estas lides: El cártel. Los Arellano Félix la mafia más poderosa en la historia de América Latina, quien ha sido blanco, como su apellido, de atentados contra su vida y sin embargo no ha detenido su insobornable tarea de denunciar los crímenes ejecutados por estas bandas delincuenciales. José Reveles mostrando en El cártel incómodo. El fin de los Beltrán Leyva y la hegemonía del Chapo Guzmán, las atrocidades ejecutadas cuando entran en pugna dos de los grupos más representativos de la delincuencia organizada. Sin olvidarnos del magnífico periodista Julio Scherer García, en la revista Proceso ofreciendo información recabada con mucho peligro para su persona y equipo, sobre el entorno de corrupción, decadencia de la clase política y vicios que ha arrastrado al tejido humano hacia el borde del pricipicio. Estos autores, entre otros, conforman un grupo de inteligentes investigadores que indagan con visos de profundidad, orígenes, planteamientos, y recorridos de esta lacra que azota nuestro país. Todos ellos reafirman desde su mirada, que la ignorancia y la miseria son caldo de cultivo del narcotráfico, del secuestro, de la trata de personas, del fraude y robo de cuello blanco, de los asesinatos dizque políticos, o sencillamente del asalto al erario público mediante la sustracción “legal” de los bienes públicos, y claro todos estos actos criminales y delincuenciales abonan al florecimiento de la violencia.

Tomando como punto de partida la ficción literaria, también están los autores que desde esa zona atisban, penetran a este universo. Antonio Ortuño, narrador relativamente joven, originario de Zapopan, Jalisco, como lo indica su biografía, ha trabajado la narrativa en El buscador de cabezasRecursos humanos (finalista del premio Herralde de Novela y Ánima, pero además ha incursionado en la cuentística con El jardín japonés y La Señora Rojo, ofrece su más reciente proyecto novelístico titulado LA FILA INDIA, historia por demás cruda, dura y a la vez reflexiva de los acontecimientos a los que aludí al inicio de mi comentario, relacionados con ese mundo áspero y doloroso de la trata de personas y el narcotráfico.

Cuando hablamos de estos asuntos vinculados al tráfico de estupefacientes, por regla general nuestro punto de observación se dirige al norte del país, casi nunca volteamos a ver la frontera sur, a nuestra colindancia con los países centroamericanos, he aquí una visión distinta del fenómeno que orienta la atención lectora a LA FILA INDIA. Según el mismo autor, trata de abordar “otro aspecto del horror del mapa de la violencia  de México”. Su focalización está en la migración de salvadoreños, hondureños y guatemaltecos a territorio azteca, para de ahí catapultarse a “american way of life”, vale decir que los nicaragüenses ocupan más bien la vía aérea y/o marítima hacia Miami por el lado del Caribe, los costarricenses quizá sean más sedentarios y se asientan en su lugar de origen, y los panameños no tienen esa suerte de ilusión porque viven justo con los mismos valores gringos.

La gente que pasa la frontera sur para llegar a Chiapas y subirse a La Bestia (nombre dado al tren que viaja al interior mexicano) padece, desde la misma entrada, los avatares de la criminalidad ya asentada en todos los estamentos de las comunidades fronterizas y eso es lo que cuenta Antonio Ortuño, sin “poetizar la criminalidad, sino circunscrito a las consecuencias del horror”, como menciona Alondra Flores en una entrevista que el autor le concedió para el diario La Jornada.

LA FILA INDIA, es una novela con tintes escuetos, expuesta a diálogos entre sus personajes, con una potencia inusitada para comunicar y en ellos mismos relatar la historia, no se encuentran perfiles profundos de los protagonistas a la manera de los narradores decimonónicos, es decir con abundancia de detalles, sino con señales precisas, más a la manera chejoviana: ocupando materiales accesorios que parecieran tan desechables que no les ponemos atención y que sin embargo por su intermedio descubrimos las motivaciones de estos personajes.

La Negra, madre de una niña y Yeni migrante salvadoreña, son los dos puntos humanos fundamentales y femeninos, para más, en los que Ortuño basa la relatoría de su historia plagada de asesinatos, vejaciones de todo tipo, es decir, la degradación humana a la que se llega cuando se ha perdido toda la cauda de valores implícitos en el hombre para la convivencia.  Ortuño no se anda por las ramas, con una prosa escueta, un tanto desprovista de adornos innecesarios para ese tipo de narrativa, lleva a cabo el recorrido por el territorio sur mexicano en una ciudad inventada por él: Santa Rita.

La Negra es una funcionaria del sistema judicial –CONAMI Comisión Nacional de Migración-, que llega a Santa Rita, para investigar el asesinato de migrantes en una casa – alojo de estas personas, quienes fueron quemadas sin misericordia alguna por los miembros de una de las bandas que asolan la región, y que prácticamente son los gobernantes –el Delegado de la Comisión, sus secretarios, el encargado de Prensa, los funcionarios de medio pelo- en colusión con las autoridades venales, por demás corruptas e inmersas en el sistema de trata. Una de las sobrevivientes de la tragedia es Yeni que resulta ser el vehículo de la venganza. Sin más, Ortuño en LA FILA INDIA, plantea, mediante su ficción, episodios crudísimos de ese bajo mundo, pero además da cuenta de perfiles de personajes insertos en la cadena de corrupción que carcome las arterias de la justicia mexicana, y que por omisión, podría decirse, está inmiscuida la misma sociedad del país, incluido el sistema informativo –precisamente uno de los protagonistas está encarnado en el periodista Joel Luna, llegado igualmente que Irma La Negra, desde la capital a Santa Rita. Los paisajes físicos, humanos, los itinerarios burocráticos y criminales de las bandas, las maneras de accionar de estas comunidades del crimen, el modus operandis de ciertos funcionarios para sonsacar dinero y establecer cotos de poder a costa de la vida de los desgraciados migrantes que buscan salidas a su miseria, está expuesta con un laconismo atroz pero efectivo, que ha llevado a LA FILA INDIA ser considerada una de las mejores novelas del 2013, según lectores y columnistas del diario El País, español.

El periplo narrativo de Antonio Ortuño, es un viaje por el horror de nuestra circunstancia actual, su prosa está dotada de potencia expresiva, sin remilgos nombra las cosas tal cual, evitando regodeos  insustanciales y aunque las profundidades psicológicas de los personajes acaso quedan un tanto escasas, su lectura provoca la indignación en el público, y por supuesto orienta hacia la reflexión de lo que está sucediendo con nosotros ante este horroroso fenómeno de la barbarie en sus raíces, en su desarrollo y en su implantación. 

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(Chichigalpa, Nicaragua, 1951). Escritor, poeta, crítico literario. Estudió Ingeniería Química en la Universidad Autónoma de Puebla y laboró en la industria del papel y cartón para envoltura por más de 20 años.
Lector desde siempre. Maestro de talleres literarios en la Casa del Escritor de Puebla. Coordina la Sala de Lectura Germán List Arzubide. Autor de la columnaLibros de la revista semanalMOMENTO en Puebla.
Asesor literario independiente. Colaborador del suplemento cultural El Nuevo Amanecer deEl Nuevo Diario, de Managua. Editor de la sección Crítica y colaborador de la revista virtualwww.caratula.net
Ha publicado: ahora que ha llovido (Poesía, 2009 CNE).Miscelánea erótica (Poesía colectiva 2007, BUAP). Los guajolotes de donde La Güera, Antología de cuento Puebla directo (Ayuntamiento de Puebla y BUAP, 2010).
Colaborador de Radio ABC, 1280 AM, Puebla, con su columnaLibros al medio día, los viernes.
Ha publicado poesía, cuento y ensayo en diversos periódicos y revistas poblanas.