Breves incendios

5 poemas de Gema Santamaría

1 diciembre, 2025

Con una voz que oscila entre la confesión y el testimonio, los poemas de Gema Santamaría exploran las malas lenguas, el encierro, la precariedad del hogar, la enfermedad. De esta manera, la vulnerabilidad se convierte en forma, y el desamparo, en una manera radical de mirar el mundo.

rómpase en caso de incendio

y a mí qué más me da si me queman las lenguas, las malas
lenguas del terror-martillo de los diarios. me han sacado
moretones azul-sangre, rojo-lágrima y me he quedado
dándole vueltas a un café con harta leche. no tengo seguro
de vidas contra este tipo de incendios que abren su boca
explosiva cuando se asesina a una mujer en tacones y
lentejuelas. este fuego que se escribe en la última hora
de los diarios de Madrid se llama miedo, se escribe muerte,
se escurre la palabra: a pri sio na da.

gritan los pájaros desde la jaula. se cuelgan nuevos picos
para pelear un aleteo de más centímetros. piensan volar
sobre un punto fijo. como trompos girando sobre los charcos
resbaladizos de su biología. se ven las alas rotas y piensan
que es parte de su evolución gloriosa. porque su vocación de
encierro no la quiebran, ni los soles que se cuelgan como hilos
ni los días arrugados por la mano de la niebla. porque afilan
cada día más su hambre, para no comer sólo las migajas de
su nombre y devorar también la carne de los otros. que no
se diga que los encierros son sólo para los cobardes: tanta
voluntad para el engaño, tanta entereza para la monotonía.
mira que entre tanto cielo, haberse construido una jaula
diminuta y aun así creerse libres.

un tema busca un tema, como diría Chantal Maillard

casa. vivir en el paréntesis. vivir en el mientras tanto.
en la cuerda extendida y horizontal.
entre dos puntos
:
no ser la equilibrista. ser la cuerda, la cuerda misma.
en su punto más céntrico e inestable.

casa. ¿cómo se habita eso?
¿quién vive en una?
que me muestren.
aquí duele. ¿dónde duele?

aquí. en la falta de puertas y ventanas.
en el patio donde habita un zorro pero no viven las plantas.
en la sala repleta de migajas y de manchas.

¿dónde duele?
aquí duele.
en esta encrucijada.
en esta esquina azul debajo de las luces blancas.

un tema busca un tema.
y al tema le falta una casa
no sabe por dónde empezar a llorar.

Cama 132

Estás despierta.
Tus ojos se abren brillantes
detrás de la membrana gris que ha empezado a cegar
tu mirada.

Nos reclamas a tus hijas,
por haberte abandonado.
Te digo que no, que aquí estamos,
que no te dejaremos nunca,
pero tus venas lastimadas y tu piel quebrada y frágil
me desmienten.

Enfrente de ti, una mujer grita y dice aborrecer a su padre.
El padre me mira de reojo, pequeño y avergonzado,
mientras se refugia en el pasillo
y se esconde detrás de las batas
que resguardan a nuestros enfermos por las noches.

Me dices que sus gritos te exasperan,
que te hacen querer gritar a ti también,
porque nosotras, tus hijas, te hemos abandonado.

Me dices que no ves más que sombras
que sientes cómo tu voz desaparece
y se estrella contra un muro blanco incandescente.

No quieres ya soñar,
cerrar los ojos te produce vértigo.

Temes caer en un sueño profundo
del cual no puedas regresar jamás.

Por eso te aferras a cualquier sonido
y buscas nuestra voz para salir de la marea negra
en la que sientes hundir el barco de tu cuerpo.

Nadie aquí conoce tu nombre.
Te nombran como quien pronuncia un número cualquiera.

Te vendan mecánicamente,
te limpian sin mirar tus heridas.

Poso mis manos sobre ti
y cierras los ojos.
Me dices que te gusta sentir mis manos cálidas.

Reconozco tu cara, tus facciones, tu ternura.
A pesar del dolor, del miedo y de la angustia
eres tú en cada gesto:
mi madre vuelta hija, vuelta niña, desamparada.

noche en managua tras la muerte de los gallos

esta noche tiene la garganta enrojecida
ha gritado y está enferma
duerme al fondo de un cuarto blanco e iluminado sobre
el piso.

es un gran cerdo rosado.

contra la esquina, se lamenta.
perdió la lucidez y tiene todas las uñas rotas.
está mareada
está borracha.

esta noche no tiene una cama donde orinar sus miedos.
por eso se arrastra sobre los techos enmohecidos
se alimenta del musgo y del vapor que dejan los niños,
al dormir, en las ventanas.

se han muerto los gallos que ponen fin a su delirio
solo los grillos crepitan en el jardín eterno de las horas.

está sola con su boca ratonera
está tensa
está brava y es caliente.

nosotros dormimos en la mancha gris
que es su garganta.

nos creemos soñadores.
aún no hemos probado el filo.
ni siquiera intuimos sus navajas.

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Nació en Managua, Nicaragua, en 1979. Autora de los poemarios Piel de Poesía (400 Elefantes-Opción, 2002), Antídoto para una mujer trágica (Mezcalero Brothers, 2007) y Transversa (Proyecto Literal, 2009), ha visto sus poemas traducidos al inglés, portugués, francés y alemán, y en diversas antologías y revistas, incluidas Letras Libres, Revista Altazor y ReVista: Harvard Review of Latin America. Coeditó, junto a las poetas Lauri García Dueñas y Jocelyn Pantoja, la antología Apresurada cicatriz: Instantáneas de poesía centroamericana (Proyecto Literal, 2013).