De la revolución estética a la revolución política
4 octubre, 2026
Javier Padilla reabre el debate sobre la literatura modernista como herramienta revolucionaria del Sur Global en su libro Poéticas revolucionarias: poesía descolonial y el tiempo de liberación. El autor nos invita a releer la poesía comprometida de Ernesto Cardenal y Roque Dalton quienes superaron la estética modernista tan preocupada por la belleza lingüística. En esa superación germina el impulso descolonizador. La palabra poética se convierte en una semilla de liberación política e histórica.
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En la década de los sesenta —una época marcada por diversos encuentros intelectuales de gran relevancia— tuvieron lugar dos simposios destacados: el primero se celebró en 1965 en París, mientras que el segundo se llevó a cabo pocos años después, en 1969, en La Habana revolucionaria. El encuentro de París giraba en torno a una cuestión fundamental: ¿Para qué sirve la literatura?, y contó con la participación de figuras como Jean-Paul Sartre (quien en 1948 había publicado ¿Qué es la literatura?), Simone de Beauvoir, Jorge Semprún, Jean Ricardou y Jean-Pierre Faye. La reunión en Cuba congregó a pensadores de América Latina, tales como Roque Dalton, René Depestre y Roberto Fernández Retamar. El tema central del encuentro cubano abordaba el tema de El intelectual y la sociedad. Publicados como folletos poco después de cada evento, estos dos documentos revelan importantes divergencias y similitudes en cuanto a la relación entre sociedad y estética, así como respecto a esa compleja interrogante: ¿puede la literatura ser revolucionaria tanto en el plano poético como en el político?
En muchos aspectos, el encuentro en París representa un intento de responder afirmativamente a esta pregunta, con la excepción de Ricardou —novelista experimental francés vinculado a la revista de vanguardia Tel Quel— que niega tal posibilidad con su habitual tono sardónico. La reunión en Francia también pone de manifiesto cierto agotamiento en el núcleo del proyecto estético de la modernidad literaria; en este sentido, resulta muy reveladora la intervención de Simone de Beauvoir, quien comienza señalando su desacuerdo con Ricardou. Es reveladora porque la filósofa francesa ofrece —aunque de manera incipiente— lo que considero una síntesis excelente de los objetivos estéticos de dicho proyecto, por más agotado que este se encontrara ya hacia la segunda mitad del siglo XX. Al plantear la cuestión de la importancia de la literatura en términos existenciales, de Beauvoir destaca el papel de la instantaneidad:
Solo la literatura puede hacer justicia a esa presencia absoluta del instante, a esa eternidad del instante que, de otro modo, se habría desvanecido… Solo [la literatura] puede reconciliar todos esos momentos irreconciliables de la experiencia humana.
En la afirmación de de Beauvoir se halla integrada toda una constelación propia de la estética de la modernidad literaria. Esta abarca desde la epifanía joyceana y la poética de Pound («Una «imagen» es aquello que presenta un complejo intelectual y emocional en un instante de tiempo…») hasta conceptos más teóricos, como el «tiempo-ahora» (Jetztzeit) de Walter Benjamin y el Kairós, un término griego que cobraría relevancia en el desarrollo del existencialismo. No obstante, y centrándonos en lo que aquí nos ocupa, el Kairós puede definirse por oposición a la linealidad y homogeneidad de su contraparte temporal: el chronos. Si el chronos conlleva la uniformidad del tiempo, el Kairós evoca un tiempo dilatado o abierto, caracterizado por una mezcla de peligro y oportunidad. Kairós constituye así una herramienta conceptual fundamental para comprender el peligro, las posibilidades y la temporalidad de la revolución. En resumen, todos estos conceptos que emanan de la modernidad literaria están estrechamente vinculados a la temporalidad, a una especie de momento utópico de profunda revelación, así como a un momento de decisión y de cambio trascendental. Si bien la intervención de Simone de Beauvoir logra captar este grupo de conceptos que nutren la revolución estética de la modernidad literaria, no consigue llevar este proyecto al plano político.
La conversación en La Habana, por otro lado, giró en torno al papel de los artistas y pensadores en lo que aquél entonces era un proceso revolucionario aún en desarrollo. El breve prefacio que describe la conferencia no está firmado, aunque sí se indican la fecha y el año: «La Habana, 19 de mayo de 1969, AÑO DEL ESFUERZO DECISIVO»; se emplea así un lenguaje que evoca no solo los «planes quinquenales» de la URSS, sino también a la Revolución francesa y su intento de transformar la sociedad y la cultura mediante una reforma del calendario. De esta manera se subraya la relación crucial entre la revolución y la reapropiación del tiempo. En comparación con el coloquio de París, el tono en La Habana es más casual y, a la vez, políticamente urgente, dado que la isla acababa de atravesar una década especialmente convulsa: desde la fallida invasión de Playa Girón (Bahía de Cochinos) en 1961, respaldada por Estados Unidos, hasta la crisis de los misiles de Cuba (1962), apenas un año después. No es de extrañar que en las deliberaciones cubanas se perciban tanto radicalismo como determinación. El poeta salvadoreño Roque Dalton se perfila como el más radical de los seis participantes. Llega incluso a expresar sus dudas sobre el papel del poeta en los procesos revolucionarios, argumentando que para un poeta resultaría más valioso empuñar un fusil que escribir un poema o una novela. Para Dalton, el escritor comprometido es un trabajador cultural directamente involucrado en la lucha guerrillera —un escritor que busca la liberación colectiva— y que participa de forma directa en la lucha por un futuro mejor y el surgimiento de una nueva esperanza.
El poeta y novelista haitiano René Depestre adopta un enfoque más estético, al visualizar la realización de los aspectos más rescatables del surrealismo europeo. Un punto clave de su argumentación es que «todavía reina entre nosotros una gran confusión en lo que respecta al marco comparativo de ambos conceptos: revolución y literatura». Al reflexionar sobre la posibilidad de crear en Cuba un movimiento que fuera revolucionario tanto en lo estético como en lo político, Depestre considera la promesa inicial del movimiento surrealista —que buscaba revolucionar el tiempo mediante el shock estético—, al tiempo que lo critica y señala un defecto fundamental en sus premisas despolitizadas:
El error del surrealismo, la contradicción que le valió el fracaso y lo hizo convertirse en una nueva cosmología mágica, fue esperar la liberación del hombre solo de la emancipación de las facultades poéticas de su espíritu. Nosotros sabemos que es preciso comenzar haciendo la revolución social y, partiendo de ahí, hacer una síntesis de la liberación social y de la emancipación de las facultades culturales del hombre. ¡Descolonizar las estructuras socioeconómicas del subdesarrollo, y luego descolonizar la mente, descolonizar los corazones, descolonizar las conciencias, es decir, destruir los tabúes, los mitos nocivos, los dogmas y demás manifestaciones de la miseria espiritual del hombre y de la mujer subdesarrollados!
Depestre capta acertadamente las diferentes actitudes hacia la política, la descolonización y la estética que contrastan los simposios de París y La Habana. Mientras que de Beauvoir presenta la estética modernista como un momento revolucionario de revelación en la esfera sensorial del individuo, el discurso en La Habana gira en torno a la urgencia de buscar formas estéticas que sirvan a los objetivos colectivos de la revolución. En esencia, poetas como Depestre y Dalton incorporan hábilmente los elementos revolucionarios de la modernidad literaria y los transforman en formas políticas verdaderamente revolucionarias; formas capaces de impulsar los fines colectivos de la revolución. En palabras del poeta y crítico Roberto Fernández Retamar, también presente en el encuentro cubano, el objetivo no es solo producir formas estéticas revolucionarias, sino formas que sean también políticamente revolucionarias: «verdaderas mutaciones [estéticas] que las harían estallar de manera revolucionaria».
El contraste entre estas dos conferencias nos remite a un problema estético y político que continúa siendo objeto de debate en la crítica contemporánea. Esta disyuntiva gira alrededor de como caracterizar a el proceso de diseminación de la literatura modernista (o vanguardista, como se le conoce en el mundo hispano). Aplicando un modelo geopolítico al asunto, el debate concierne el movimiento de procesos culturales del centro anglo-europeo a la periferia, tomando en cuenta que este modelo unidireccional de diseminación corre el riesgo de amputar al Sur Global de toda originalidad, cercenando a la región y a sus creadores culturales de cualquier agencia estética en cuanto a la evolución de la modernidad literaria. De una manera vulgar podríamos entramar una narrativa de esta versión del modelo más eurocéntrico de la diseminación en los siguientes términos: grupos metropolitanos de vanguardia formados en capitales del Norte Global producen novedades estéticas que luego son exportadas a lo que a veces todavía se llama el tercer mundo o Sur Global. Siguiendo la lógica de este método podemos decir también que el poeta de la periferia recibe la literatura modernista como una serie de planos y materiales ya ensamblados que le dan una suerte de expresión, pero que también lo enmudecen, lo que produce fenómenos como la mímica y la hibridez, conceptos asociados con la crítica postcolonialista.
Al contrastar el encuentro en París con el de La Habana se vislumbra que esta narrativa es mucho más compleja ya que el proyecto de la literatura modernista, en su movimiento de centro a periferia, se convierte en un programa político que radicaliza a las estéticas metropolitanas, mismas que corrieron el riesgo más bien de caer en un declive hacia procesos reaccionarios. Si bien no hay duda de que Dalton haya sido influenciado por Joyce, por ejemplo, o que Depestre construye su poesía haitiana sobre las bases del surrealismo europeo, el encuentro en La Habana nos deja entrever cómo esta influencia se transforma en algo completamente nuevo y que más allá de replicarla, la estética de la literatura modernista es reivindicada en el Sur Global: se ve redimida y ligada a procesos de revolución, liberación y descolonización. El proyecto de vanguardia anglo-europeo cambia de morada, sobrelleva una metamorfosis, y adquiere una segunda vida en la periferia—una vitalidad política que hace realidad la promesa de un nuevo tiempo colectivo augurado, pero no llevado a término, en el génesis individualista de la modernidad literaria metropolitana.
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En mi nuevo libro, Poéticas revolucionarias, examino cómo los poetas descoloniales reimaginaron y adaptaron la poética modernista de la instantaneidad y la ruptura temporal para fortalecer las perspectivas de revolución y descolonización. Poetas de diversas regiones —como Irlanda, El Salvador, Nicaragua, Haití y Nigeria— aprovecharon el poder del discurso modernista sobre la temporalidad y los momentos revolucionarios de ruptura para transmitir las luchas, los triunfos y, finalmente, el logro colectivo de la liberación. El libro demuestra cómo la estética modernista encuentra su verdadera expresión y plenitud revolucionarias en la periferia, en medio de convulsiones revolucionarias, revoluciones sociales, conflictos internos y procesos de descolonización. Al descolonizar el legado modernista, mi obra intenta arrojar luz sobre momentos transformadores que reconfiguraron tanto la historia política como la expresión poética en regiones anteriormente colonizadas. Así, Poéticas revolucionarias explora la interacción entre la poesía, la teoría revolucionaria y las convulsiones socioculturales, revelando cómo las formas poéticas modernistas de individuación evolucionaron hacia poderosas herramientas de colectividad en naciones inmersas en luchas anticoloniales. Además, destaca cómo la poesía ha sido una fuerza impulsora para las naciones y las alianzas transnacionales en su búsqueda de autonomía y, significativamente, de soberanía temporal frente a las fuerzas imperiales y neocoloniales.
En la literatura de poetas como W. B. Yeats en Irlanda, Roque Dalton en El Salvador, René Depestre en Haití y Cuba, Christopher Okigbo en Nigeria, Pedro Mir en República Dominicana y Ernesto Cardenal en Nicaragua las formas modernistas de individuación se convierten en formas de transformación revolucionaria. Ciertamente, uno de los acontecimientos clave del siglo XX fue la explosión de revoluciones y procesos de descolonización que tuvieron lugar en regiones periféricas como Irlanda y el Sur Global. Esta reconfiguración y transformación del modernismo en la periferia plantea una serie de interrogantes: ¿cómo puede la poesía ayudarnos a comprender mejor la relación entre el anhelo poético de un cambio político instantáneo y los procesos revolucionarios descoloniales? En un sentido más amplio, ¿de qué manera las revoluciones históricas y los movimientos políticos orientados a transformaciones descoloniales modifican las estructuras del lenguaje y la forma literaria? En lo que respecta a la política del tiempo, la poética revolucionaria examina cómo poetas e intelectuales de estas antiguas colonias se enfrentaron a una cuestión fundamental: ¿deben los procesos revolucionarios desarrollarse a lo largo del tiempo —por etapas— o, como sostuvo célebremente León Trotsky, pueden producirse mediante coyunturas volátiles, es decir, instantes temporales?
El libro plantea que a pesar de las complejidades del desarrollo desigual inherentes a los conceptos de revolución y desarrollo histórico, la perspectiva de un cambio radical se convirtió en una poderosa herramienta heurística e ideológica tanto en las luchas de liberación en Irlanda como en las del tercer mundo. Así, el libro sostiene que, si bien la mayoría de la vanguardia metropolitana consideraba que estaba protagonizando una «revolución», esto ocurría únicamente en un sentido estético, dado que sus actos de subversión eran mayoritariamente formales y lingüísticos, centrados sobre todo en el sujeto y la individuación. Por el contrario, los poetas descoloniales, en su afán de liberación política, crean poemas que funcionan como irrupciones históricas: representaciones literarias de una insurgencia temporal y colectiva. Mediante este replanteamiento, el libro se propone descolonizar el legado histórico de la estética modernista anglo-europea y rastrear cómo evolucionaron las estéticas de la temporalidad en manos de escritores comprometidos con la revolución, la descolonización y la liberación.
En consecuencia, Poéticas revolucionarias remite los estudios literarios al escenario histórico de la descolonización mediante la lectura de poetas y pensadores políticamente comprometidos. Sostengo que resulta sumamente fructífero reflexionar —a través de la poesía y la poética— sobre la historia, las experiencias y las ideas que impulsan los procesos revolucionarios de liberación y descolonización. Esto se debe a que los poetas y pensadores descoloniales articulan el surgimiento histórico de una subjetividad colectiva que, aun enfrentándose a la brutal perspectiva de un largo camino hacia el cambio revolucionario, anhela nuevos comienzos y, fundamentalmente, una liberación inmediata del tiempo colonial. En palabras de Helen Vendler: «especialmente para las naciones que emergen de la condición colonial… es preciso dotar a la historia de un nuevo significado, de un carácter sagrado renovado». A través de la representación poética de momentos revolucionarios y descoloniales, el individuo —el «yo» poético— se disuelve en la celebración de la liberación colectiva. «Minuto a minuto… / una terrible belleza ha nacido», escribe Yeats en su célebre canto a la descolonización irlandesa, «Pascua de 1916». «En esta tierra exorcizada…», escribe Aimé Césaire en un momento de transformación interior dentro de su desafiante Cuaderno de un retorno al país natal, «por una inesperada y bienhechora revolución interior, honro al presente mis repulsivas fealdades». El objetivo de Poéticas revolucionarias es, por tanto, utilizar la poesía como vía para reflexionar sobre la revolución y analizar la relación entre la estética descolonial y la historia de los movimientos políticos periféricos, a fin de comprender cómo la poesía piensa a la par de los procesos revolucionarios y las transformaciones sociales.
Es en este sentido que podemos evaluar a los poemas documentales escritos por Ernesto Cardenal en los años previos a la Revolución Sandinista (1979) en Nicaragua. En un poema como «Canto nacional» la poética modernista norteamericana (heredada de Pound) y la política revolucionaria de Cardenal finalmente convergen. Publicado clandestinamente en 1972 tras el viaje de Cardenal a Cuba (que él denomina su «segunda conversión», después de su ordenación como sacerdote católico en 1965), el primer movimiento del «Canto» comienza con una obertura dedicada a los ecosistemas de Nicaragua —en particular a su avifauna. Cardenal intenta vincular así la historia natural con el proceso revolucionario:
Decía que desovan las iguanas . . . Es el proceso. Ellas
(o las ranas) en el silencioso carbonífero
emitieron el primer sonido
la primera canción de amor sobre la tierra,
la primera canción de amor bajo la luna
es el proceso.
El proceso viene de los Astros.
Nuevas relaciones de producción: eso
También es el proceso. Opresión. Tras la opresión, la liberación.
La Revolución empezó en las estrellas . . .
La palabra «proceso» se repite cuatro veces y, sin embargo, en cada aparición el contexto modifica su significado. El proceso es, a la vez, científico, cósmico y revolucionario, aunque todas estas vertientes parecen formar parte de una misma progresión cósmica, lo que convierte a la revolución misma en una extensión del desarrollo natural en la historia del universo. Aquí, mediante la compresión lingüística del tiempo cósmico en el instante revolucionario del poema —una contracción temporal y transformadora—los acontecimientos liberadores se vuelven inteligibles, y la promesa de la revolución y la descolonialidad adquiere un sentido político. En última instancia, para Cardenal, la verdadera tarea de una auténtica revolución consiste en cambiar el tiempo. Su poética vertical de lo instantáneo y lo repentino está ligada a la inevitabilidad de la revolución, a los antecedentes históricos de la liberación nacional y —al igual que la filosofía descolonial de Frantz n— a la creación de un nuevo tiempo y de un nuevo ser humano.
Si la poesía de Cardenal se caracteriza por un instante híbrido atrapado entre el tiempo precolonial y el mesiánico, el pensamiento descolonial de Fanon nos ofrece una versión más secular del momento de la liberación. En Los condenados de la tierra, él denomina un «tercer período» en el desarrollo político de los escritores descoloniales: en un «llamado de lucha, el colonizado —tras haber intentado perderse en el pueblo, perderse con el pueblo— va por el contrario a sacudir al pueblo. En vez de favorecer el letargo del pueblo se transforma en el que despierta al pueblo.». Es a través de esta síntesis política, lograda por el escritor descolonial, como surge la «literatura revolucionaria, la literatura nacional». Fanon describe la obsesión del poeta descolonial «por precisar el momento histórico de la lucha, por delimitar el campo en que se desarrollará la acción, las ideas en torno a las cuales se cristalizará la voluntad popular». Resultaría difícil hallar una definición más acertada del instante descolonial conceptualizado en Poéticas revolucionarias: un tiempo del «ahora» donde se aloja la promesa de la liberación. El poeta debe esforzarse para que su poesía habite esa zona de fluctuaciones latentes donde convergen la posibilidad de la descolonización y la ruptura temporal, dando lugar a un momento extático de liberación nacional.
Como parte de este proceso, es en su poema documental «Oráculo sobre Managua» donde el instante revolucionario de Cardenal llega, por así decirlo, a la ciudad. Si «Canto Nacional» es un poema rural, «Oráculo» se publica en 1973, un año después del terremoto que había devastado la capital de Nicaragua en 1972. El poema se construye como una constelación temporal que se desplaza desde la época precolombina hasta la muerte del joven poeta sandinista Leonel Rugama, ocurrida durante una incursión en la casa clandestina que habitaba en Managua en 1970. El acontecimiento que sirve de eje al poema es el devastador terremoto, que constituye en sí mismo una suerte de súbito fenómeno geológico. Cardenal presenta estos sucesos como parte de un proceso horizontal continuo—un proceso que, no obstante, puede captarse en un instante vertical— y, para ello, el poema hace converger la diacronía y la sincronía:
¿Qué es en realidad la fecundación?
Toda sustancia viva: fusión con lo diferente
unificación con lo opuesto.
Aunque la Muerte es tan antigua como el cosmos
los antiprotones combaten a los protones
los antineutrones combaten a los neutrones
la antimateria combate a la materia.
Tenemos aquí un gran ejemplo del uso que hace Cardenal de los documentos científicos en su poesía. Si bien utiliza el lenguaje de la física, el poema parece describir, una vez más, un proceso revolucionario, uno que está incrustado en la creación misma. No solo el tiempo de la historia natural se superpone al tiempo histórico, sino que la estructura misma de la realidad se transmite como si vibrara con potencial revolucionario. Como en «Canto Nacional», Cardenal desplaza las convulsiones del presente hacia un pasado casi irrecuperable. Pero este no es solo un pasado «histórico», sino un pasado mineral, una especie de gradiente. De hecho, son las perturbaciones revolucionarias en los primeros atisbos del cosmos: «velocidad pasmosa de la evolución, esto es / un preludio telúrico de la revolución». Aquí, en el choque de la materia primordial, la estructura sincrónica de la revolución está presente, genéticamente, por así decirlo. Podemos denominar a esto una especie de fusión de temporalidades en la que la posibilidad vertical de la revolución se transmite en la estructura horizontal del tiempo cósmico. Es así, a través de esta fusión de temporalidades, que Cardenal transmite su propia versión del instante decolonial. Su poética del instante transmite la alegría revolucionaria de la totalidad y la finitud, que alterna entre ritmo y pensamiento.
Así, en estos poemas documentales se puede vislumbrar cómo la poesía nos ayuda a reflexionar sobre procesos complejos: en este caso, la revolución y la descolonización. Se trata de un debate especialmente relevante en los países llamados periféricos o subdesarrollados, dado que en la literatura marxista existe una rica discusión sobre si un país debe «madurar» pasando del capitalismo al socialismo o si el «salto» del feudalismo agrario al socialismo constituye una posibilidad real. Como señala Michael Löwy, uno de los pensadores más originales en este respecto es León Trotsky, ya que su teoría de la revolución permanente le «permitió trascender la concepción evolucionista de la historia como una sucesión de etapas rígidamente predeterminadas y desarrollar una visión dialéctica del desarrollo histórico a través de saltos bruscos y fusiones contradictorias». Para Löwy, la principal herejía de Trotsky frente a las teleologías desarrollistas fue «la posibilidad de que la revolución democrática se desplegara ininterrumpidamente —sin etapas fijas— hacia la revolución socialista».
No sorprende, por tanto, que esta tensión entre proceso/desarrollo y conflagración instantánea constituya una poderosa dialéctica en la poesía de Cardenal, marcada a menudo por la verticalidad entendida como el colapso de la sincronía en la diacronía y viceversa. Según Iván Uriarte, Cardenal logra esto creando una tensión intertextual y temporal en sus poemas que, «mediante el salto dialéctico —en términos de Walter Benjamin—, […] marca la ruptura histórica con siglos de dominación y colonización». Los comentarios de Uriarte sobre este proceso nos ofrecen un resumen elocuente de este desarrollo temporal y dialéctico: «Precisemos ahora que esta contraposición opera tanto diacrónica como sincrónicamente. La imagen diacrónica… permite —como producto de la oposición— la aparición de una tercera imagen, una síntesis del presente que podemos denominar imagen dinámica (pues conecta y sitúa el pasado en un circuito con el presente). A ello se suma la oposición sincrónica, que actúa creando una imagen inmediata, a la que llamamos imagen sincrónica o inmediata». Al poner de relieve estas tensiones temporales, Cardenal utiliza sus poemas como espacios para reflexionar sobre el proceso y la instantaneidad de la revolución y la descolonización. Como escribe Benjamin en una célebre afirmación de su Libro de los pasajes: «No es que lo pasado arroje luz sobre lo presente, o lo presente sobre lo pasado, sino que imagen es aquello en donde lo que ha sido se une como un relámpago al ahora en una constelación. En otras palabras: imagen es la dialéctica en reposo».
En términos formales —y tomando prestada la formulación de Giorgio Agamben—, la lírica documental de Cardenal se caracteriza por la irrupción de la prosa: «una irrupción que, in extremis, marca la epifanía de una necesaria indecisión entre prosa y poesía». Si esta «emergencia poética» conlleva una «crisis decisiva del poema» debido a «la inesperada irrupción de la prosa», los poemas de Cardenal —en su oscilación entre historia y épica, entre poesía y documento (prosa)— se ven atravesados por una epifanía inmediata o instantánea de pérdida y recuperación de la identidad (una situación intrínsecamente descolonial) que impregna toda la estructura de sus poemas documentales. El instante descolonial queda así marcado, como afirma Enrique Dussel, «por anterioridad y posterioridad: anterioridad histórica de los oprimidos al sistema; posterioridad utópica por la lucha que comienza para instaurar un nuevo sistema».
En el «Oráculo sobre Managua» de Cardenal el «yo» poético se funde con la colectividad y la promesa de la descolonización. Al tiempo que el poeta se enfrenta a la destrucción de la ciudad, la vincula también con la destrucción del individuo encerrado en sí mismo y con el surgimiento de una nueva colectividad:
No lloraremos por estos escombos sino por los hombres
pero la muerte nace con el cuerpo y muere con él
la muerte es la del individuo.
Aunque Leonel Rugama haya sido abatido, el proyecto revolucionario perdura, ya que «el pueblo nunca muere». Esta imagen hace eco también de la analogía de la transformación formal que realiza Cardenal a través de su voz poética hacia un discurso colectivo. Como afirma la critica Joan Dayan sobre el poeta haitiano René Depestre, en los poemas descoloniales «la expresión poética surge literalmente como un análogo lingüístico del impulso revolucionario». En términos temporales, en el instante revolucionario del poema descolonial, el individuo —el yo poético— se disuelve en la fiesta histórica de una nueva temporalidad colectiva. O, citando a Dussel, destacado pensador de la liberación: «En el instante de la proximidad, tiempos distintos y separados convergen y se disuelven en la alegría de estar juntos».
Los poetas y pensadores descoloniales buscan una nueva estructura del tiempo: una temporalidad liberadora situada fuera de la historia colonial. En su afán por aprehender el tiempo del «ahora», los poetas descoloniales transforman a la epifanía modernista (así como el Kairós, la profecía y el martirio) en momentos de ruptura histórica y liberación colectiva. La figura de un poeta-mártir como Roque Dalton y su visión de una futuridad descolonizada resultan ejemplares en este respecto:
Preguntarán qué fuimos,
quienes con llamas puras les antecedieron…
Bien.
Eso hacemos:
custodiamos para ellos el tiempo que nos toca.
Al concebir un tiempo futuro generado por las luchas políticas del presente, Dalton sugiere que el poeta descolonial puede convertirse en una suerte de médium para las transformaciones revolucionarias. Ser poeta se convierte así en una suerte de custodio del tiempo, lo que conlleva un peso estético, ético y político. Poéticas revolucionarias es un libro dedicado a explorar el quehacer del poeta de cara a esta triple constelación.
Bibliografía
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Akal, 2005.
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Dalton, Roque, René Depestre, et al. El intelectual y la Sociedad. Siglo XXI, 1969.
Dalton, Roque. En la humedad del secreto. Edición de Rafael Lara Martínez. CONCULTURA, 1994.
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Dayan, Colin. “A Rainbow for the Christian West: Towards a Revolutionary Synthesis.” En A Rainbow for the Christian West. Traducción de Colin Dayan. University of Massachusetts Press, 1977.
de Beauvoir, Simone, Jean-Paul Sartre, Jean Pierre Faye, Jorge Semprún, et al. ¿Para que sirve la literatura?. Traducción de Floreal Mazía. Proteo, 1966.
Dussel, Enrique. Filosofía de la liberación (1977). Editorial Nueva América, 1996.
Fanon, Frantz. Los condenados de la tierra (1961). Traducción de Julieta Campos. Fondo de Cultura Económica, 1963.
García, Guadalupe Valencia. Entre Cronos y Kairós: Las formas del tiempo sociohistórico. Anthropos, 2007.
Löwy, Michael. Walter Benjamin: Aviso de incendio. Una lectura de las tesis ‘Sobre el concepto de historia’. Traducción de Horacio Pons. Fondo de Cultura Económica, 2003.
Löwy, Michael. The Politics of Combined and Uneven Development: The Theory of Permanent Revolution. Haymarket Books, 2018.
Uriarte, Iván. La poesía de Ernesto Cardenal en el proceso social centromericano. Centro Nicaragüense de Escritores, 2000.
Vendler, Helen. Poems, Poets, Poetry: An Introduction and Anthology. St. Martin’s, 2018.
Yeats, W. B. The Collected Poems of W. B. Yeats. Edited by Richard J. Finneran. Scribner, 1996.
Javier Padilla. Nicaragua, 1987. Es poeta, crítico literario y profesor del departamento de inglés de la Universidad de Colgate. Sus artículos han aparecido en publicaciones como Revista Iberoamericana, Cuadernos Hispanoamericanos, Modern Philology y Modernism/modernity. Es autor del libro Revolutionary Poetics: Decolonial Poetry and the Time of Liberation (SUNY, 2026). Su libro de poemas, Dodecadencias, fue publicado por Valparaíso en 2023.