
Acción migrante. Escrituras en tránsito
7 octubre, 2026
En el prólogo de Acción migrante. Escrituras en tránsito (Equidistancias, 2026), Clara Obligado reflexiona sobre la migración como una experiencia que transforma no solo la identidad, sino también la lengua. Cerca de cuarenta autores escriben desde ese territorio movedizo entre el origen, el desplazamiento y una nueva forma de escribir
¿Quién soy ahora que cambié de tierra? ¿Qué historias cuento, y cómo las cuento? ¿En qué idioma? ¿Quién leerá estos relatos trasterrados, escritos en un castellano mestizo, quién sabrá de qué estoy hablando?
Estas fueron algunas de las preguntas que surgieron en torno a una mesa en Madrid, muy cerca de la Puerta del Sol, donde, una vez a la semana, nos reunimos a hablar de libros. Somos un Taller de Escritura, con lo que, como es de esperar, leemos en común, comentamos textos, escribimos y damos cuenta de las modulaciones de nuestro idioma.
Un día, una idea se hizo carne. Sucederá en otra tierra, entre Londres y Buenos Aires, cuando tomamos contacto con la Editorial Equidistancias. Fue justamente un debate sobre el canon el que abrió estas compuertas.
El disparador inicial parece sencillo: ¿qué pasa cuando escribimos alejados de nuestra lengua madre? ¿Tenemos, quienes vivimos esta distancia, algún rasgo en común? Si es así, ¿valdría la pena investigarlo?
En el plano del Taller, llega la propuesta: ¿qué pasaría si reunimos los relatos de quienes no han nacido en España o de quienes, aún siendo españoles, tienen un vínculo doble con el idioma, o escriben fuera de su país de origen? ¿Qué pasaría si hacemos que compartan el territorio común de un libro? ¿Hay algo propio u original en esta situación frente a la escritura?
Abramos un poco más la mira: ¿qué incidencia tiene en España la creciente proporción de escritores nacidos fuera? ¿Cómo se suman al afluente del idioma y cómo se acercan las aguas de las dos orillas? ¿Y las otras lenguas que se hablan en España, modifican también el idioma común?
La situación es nueva porque el flujo migratorio en la península crece en proporciones inéditas hasta el momento, y hay además una significativa cantidad de escritores latinoamericanos radicados en España con la intención de hacer de este país su lugar. Escritoras y escritores con doble nacionalidad. Ya no se trata de los autores del boom, que se percibían a sí mismos como extranjeros y que se mantenían en paralelo con respecto a la literatura escrita en España. Se trata ahora de unos textos que mutan, que son mestizos, y que se entretejen con una cotidianidad destinada a modificar al conjunto.
Estas preguntas, a las que estamos dando forma quizá por primera vez, hace años que, de manera más o menos explícita, nos sobrevuelan. Discutimos, por ejemplo, sobre una forma verbal, sobre si esto se dice así o asá. Formas de nuestro idioma que vacilan, dudas, perspectivas que desprecian o valoran algunas variantes por encima de otras, y el debate se enriquece. Muchas veces, en el Taller, me siento en medio de un torbellino lingüístico creativo y mutilante a la vez.
¿Cómo es mi castellano, si mis padres son chinos? ¿Y si mi lengua de nacimiento es el gallego? ¿Qué sucede si somos latinoamericanas y vivimos en España, cuál es el proceso de hibridación que se da con respecto al castellano peninsular? ¿Existe un mestizaje confortable, o es siempre una experiencia traumática? Proust dijo alguna vez que debíamos escribir como si nos tradujéramos, y esta delicada observación comienza a ser el día a día de los autores migrantes.
En fin: ¿es esta traducción casi simultánea una condición inevitable para el extranjero, o llega un momento en el que las variaciones nos constituyen? Dos posturas antagónicas se hacen evidentes: disolverse en el castellano hegemónico o atornillarse en el pasado. ¿Hay una tercera posición? ¿Hay tantas soluciones como problemas?
Escribir fuera de nuestra tierra habilita estas preguntas.
Con este punto de partida apasionante comenzamos a reunir estos cuentos. Quienes los han escrito comparten la experiencia de la extranjería. Idiomas y costumbres desplazadas, turismo o vidas rotas, tradiciones ajenas, torsiones de la identidad para adaptarse a una tierra extraña.
La condición de migrante se presenta como una rareza, como una excepción, pero está clavada en nuestra identidad desde los orígenes. Los antiguos relatos nos cuentan cómo fuimos expulsados de un Edén y lanzados a una tierra donde los peligros se amontonaban. Así, el abandono del lugar donde se nació se asemeja a un castigo. Lejos de allí, perdemos la calma, la estabilidad, la cordura, hay una marca en el hecho de ser extranjero, una desconfianza original.
Sin embargo, es curioso que este relato que por un lado nos constituye, nos defina como parias porque, según la Biblia, todos los humanos somos migrantes. Eternos exilados, metecos, seres sin tierra, diaspóricos, foráneos, ninguna palabra parece definirnos de manera demasiado amable. En la tradición, los primeros extranjeros fueron Adán y Eva, expulsados de un supuesto paraíso donde un ángel, con una espada de fuego, cierra la entrada e impide regresar a casa. O sea que, lejos de ser una rareza, ser trashumantes es lo normal. Sin embargo viajar, emigrar, alejarse, se perciben como una anomalía. En el mundo actual, los desplazamientos son cada vez más poderosos, hijos de la violencia, la aventura, el desastre ecológico, la pobreza.
En todo caso, mudarse de tierra, sea por la razón que sea, es una acción inaugural. Todos cambiamos cuando nos desplazamos. Somos mutantes. Mutamos de cuerpo, con el paso del tiempo, mutamos de pareja, de vínculos, de trabajo. Mutamos cada vez que un cambio nos golpea y en esta herida fundacional hay búsqueda y elocuencia. Nuestra pregunta, como escritoras y escritores, es evidente: ¿cómo escribir lejos del paraíso, si es que la propia tierra lo es? ¿Qué sucede si nos toca vivir dentro de otra variación del castellano, como es el caso de los latinoamericanos que residimos en España, un país que se percibe a sí mismo como dueño del idioma?
Al fin y al cabo, toda cultura es intercambio y mezcla, y escribir estos textos ha generado un debate constante. Hemos hablado de emigración de manera literaria y libre, no necesariamente a través de la biografía, sino a través de la ficción. Casi todos los autores y autoras que forman este volumen han nacido en «tierra extranjera». La lectura común de los textos, los matices del idioma, las historias que arrastraban y el sedimento de otras culturas nos han alimentado. Hemos debatido sobre lo correcto, y lo que no lo es. Sobre el imaginario de quien llega y sobre sus pérdidas. Sobre las fantasías del que emigra y sobre su deseo de agradar. Sobre la hostilidad que la emigración genera por momentos. Sobre la fascinación de los sueños y sobre nuestras pesadillas. Sobre la cruda realidad y el racismo. Sobre la xenofobia. Sobre el canon, y su sentido o sinsentido, cuando se vive fuera.
Bajo mi punto de vista, uno de los debates literarios más interesantes que surgieron fue el que nos hizo imaginar cómo sería el lector ideal de un libro con estas características, donde se modulan tantas versiones de una misma lengua, donde se levanta una Babel escrita en un mismo idioma.
Nació en Buenos Aires. Exiliada política de la dictadura militar, desde 1976 vive en España. Es licenciada en Literatura, y ha dirigido los primeros talleres de Escritura Creativa que se organizaron en este país, actividad que ha llevado a cabo para numerosas universidades y diversas instituciones y que realiza de forma independiente. En 1996 recibió el premio Femenino Lumen por su novela La hija de Marx y en 2015 el premio de novela breve Juan March Cencillo por Petrarca para viajeros. Ha publicado con Páginas de Espuma las antologías Por favor, sea breve 1 y 2, señeras en la implantación del microrrelato en España, y los volúmenes de cuentos Las otras vidas, El libro de los viajes equivocados (que mereció el ix Premio Setenil al mejor libro de cuentos de 2012), La muerte juega a los dados y La biblioteca de agua. Tiene numerosos libros de ensayo, entre otros, Una casa lejos de casa. La escritura extranjera y, el más reciente, Todo lo que crece. Naturaleza y escritura, publicado en esta misma editorial. Es colaboradora en medios periodísticos y su obra ha sido traducida a diferentes idiomas.