5 poemas de Graciela Aráoz

1 febrero, 2026

La voz poética transforma lo cotidiano —cocinar, mirar pájaros, escribir una carta— en actos de revelación. El ritmo fragmentario acompaña una reflexión sobre el deseo, la ausencia y el vínculo con el otro. La escritura, además, dialoga con la literatura y el cine sin perder cercanía.


La orilla

La mañana era un temblor en los ojos
de los pájaros exiliados
¿Las miradas, por qué terminan?
Mañana, ¿qué es el mañana?
una palabra,
                        la incertidumbre
algunas cerezas maduras
un intenso abrazo que desbraza
el instante.

Dos mundos
un puente
y la sombra de las sombras
Un hilo se desliza en otra trama
bailemos, sí, bailemos en la orilla
de este mar donde los pescadores de lejos
parece que fiestean
crucemos el día en la gota
bailemos
                        bailemos

Pájaros en la ventana

Cocinar es también escribir
inventas, mezclas especias mezclas palabras
te descalzas y atas el pelo aún con sabor a beso

Buscas el vino para la salsa
descorchas otra botella para el que vendrá

mientras prodigas las especias
los fragmentos del alma se recomponen
hay tiempo para dejarse ver por otros ojos,
                        otro cuerpo

Ella de nuevo canta

mira los pájaros que se posan en la ventana
enciende el fuego
y parecería
                        que se va

Carta en el agua

Te escribo y me escribes en ese espacio donde habitan
redes de arcilla
                               palabras en el barro
escribimos con humo en el agua
ese caracol con la perla dentro,
                                                           lee

los sonidos del Tajo en cuya cuenca los nombres

dan vueltas y vueltas
llegan al Danubio
                       Werther los espera para librar en el cuerpo
de ese río

los movimientos del agua, las miradas del texto
y con los nombres bailar el baile
de todos los ríos

Sombra breve

En las manos se guardan secretos que tocan
la cabeza
una leve brisa pasa con ese movimiento lento
lento que deja lo mínimo.

Se acerca una palabra pequeña que viene
con el pájaro aquel
                        que tocó la cabeza.

No hay canto porque los secretos son mudos

Todos se alejan y se acercan
una mujer se da vuelta
                        la sombra se había ido

toca su cabeza.

De un cuaderno

Esta no es una carta de amor, es la carta de una mujer que decide ser los libros que ha leído, las películas que vio, los viajes, la escena de Humphrey Bogart e Ingrid Bergman y ese avión que se va, y la poesía que la volvió millonaria porque puede ver poesía en una hormiga, en el universo, en una mano extendida y en el amor de dos viejitos. Todo esto es hoy un paraíso no perdido.

Quizá pueda ser una carta de amor. La que se construye de dolores y quiere salir desde las rendijas como una luz que al principio son tinieblas y luego, luz plena.

Soy vulnerable con mi cuerpo –dice- y entregarse al deseo es siempre un riesgo de a dos, porque el límite es el otro y recuerda la canción de Nina Simone: «Tienes que aprender a levantarte de la mesa cuando ya no se sirve amor».

¿Quién es el otro? ¿Alguien que buscamos o que no buscamos? Quizá pueda ser una extensión de nosotros para convertir un simple encuentro en los «Amantes de Teruel».

En cada historia de amantes el erotismo y el deseo son una sucesión de instantes. Alguien puede quedarse y alguien puede fugarse. Quien se fuga pierde la savia caída al pie de los racimos de las parras.

Existe cierta tristeza en este texto, pero también destellan escenas como en Rayuela de Cortázar donde podría convertirme en «La Maga y Oliveira», aunque en este día se huela noche sin sueño ella sabe que más cerca del Sena o del miedo y la ignorancia, habrá un deslumbramiento. Esto se llama así, eso se pide así, ahora esa mujer va a sonreír, más allá de cualquier jardín.

Quizá como en la intuición de Oliveira el Cielo es algo que no está encima de la Tierra, sino en la superficie de esta, pero a cierta distancia, al cual uno se acerca de manera similar a como los niños juegan a la rayuela.

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Nació en Villa Mercedes, provincia de San Luis. República Argentina. Es Profesora en Letras, y realizó postgrados en Madrid. Actualmente es la vicepresidenta de la Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina, (SEA.) Integró el Consejo de Redacción de la revista de poesía Último Reino. Es la directora del FIP Festival Internacional de Poesía de Buenos Aires, que lleva 16° ediciones, Publicó los libros de poesía Equipaje de Silencio, Itinerario del fuego, Diabla, El protegido del ciervo. En 2023 se publicó una antología de su obra Dicen que estuve viva. Su último libro se titula El río que escribo y fue publicado en 2025.