adriano de san martin

El tigre está en los ojos (Homenaje a José Coronel Urtecho)

28 noviembre, 2016

Adriano Corrales

– El 19 de marzo, de este 2016, día de San José (sí, las casualidades no existen), se cumplien 22 años de la muerte del maestro nicaragüense José Coronel Urtecho, quien descansa en el cementerio de Los Chiles, Costa Rica, junto a su amada esposa María Kautz.
He aquí un sencillo y sentido homenaje:


.
A Don José Coronel Urtecho

 1

No te conocí Don General
(no sé si decirte Don José el Poeta o Don Poeta el soldado)
es decir no hubo tiempo o el tiempo no me fue propicio
para la visión más feroz de tu mirada

Pero la visión acaba con el sueño
mientras destilás las cifras de mi triste ciudad
que confundiste con el cantón siendo ésta su cabecera
la chinfonía tropical de tus asombros
el enorme amor por la María
expandiéndose como tu nombre en la memoria

2

La ciudad es más que triste Don Coronel
ahora que sabemos allá en Los Chiles
el olivar de los pájaros ya no existe

Y sin embargo la gente va
viene
como si no te hubieras muerto

No cambia nada o todo cambia
a pesar de tus poemas y la imagen profunda
en el Medio Queso de tu luna de palo
con su lluvia de cometas

Porque los periódicos los televisores
las radios
las parabólicas
continúan ladrando por colores duros
fechas negras elecciones de fantoches
y fronteras que se incendian

Pero nadie anuncia tu voz desde La Merced
tu ternura desde las callejuelas de Granada
tus pasos cósmicos por el planeta de las palabras

Nadie rememora el largo camino hacia vos mismo
hacia nosotros
escapándose siempre reencontrándose
en la noche clara de peligros
o regresando a ese presagio ciego de las iluminaciones
No recuerdan a la María escopeta en mano
o subida en su tractor Caterpillar D 4
vistiéndose de verde en los abriles
o en un marzo como éste en que nos venís a fregar
con tu penosa y prosaica muerte

3

El día se muere con las mariposas rojas
que caen en cascada tras el Arenal

Todo nace y muere y nace
en el estallido escarlata del horizonte
mientras corren los ríos desde el lago hacia el Gran Lago
porque todos los ríos van a dar a la mar

Y todos los colores se mezclan
y los sonidos
la selva
el campo
la bajura
la ciudad
el tiempo son una inmensa melodía

Es la frontera de los árboles y el agua
cuando el último tigre salta y se evapora

Es el rugido de la vida

4

Acá se quedan esos ángeles
– todo ángel es terrible –
esas mujeres bellas seductoras y cadavéricas
estas puertas que golpean se abren y se cierran
y todos los poetas que han sido
danzando con trapos en la avenida

Nada es el misterio y el misterio es tu tiempo
lo que no hiciste o no terminaste de hacer
esos pecados ligeros capitales
la niebla del San Juan las niñas bajo la nieve

¡El Capitán ya está muerto!
su funeral es un canto
Canto de guerra de todas las cosas

Canto y no me celebro corno en Solentiname
en la guerrilla florida
pastando sobre Merton en su monasterio
o las flores oblicuas de la tarde acribillada
por las serpientes de Managua

5.

El tiempo nos devora Coronel
nos tienta y nos devora

6.

La noche nuevamente es un presagio
una cruz de sangre un sobrevuelo de guitarras

Yo cabalgo con todos los cadáveres
por este desierto no inmune al aguacero

Sólo mi mujer con su cabellera de fuego
su blancura de riesgo sobre el lecho
mis temores sobre la tumba

Sólo Ella como María exorcizando nuestras travesías
estos pactos secretos brisa de marzo
en la corriente negra del tranvía

Solamente los madroños los sauces llorones
el pochote florecido la corteza amarilla
para resguardamos de la guadaña
de la fruta apetecida

Sólo tu voz
tu mirada complacida

7

Es la alborada de cuchillos
en la línea humedecida de la bajura

son los patos amarillentos
en la placidez del Caño Negro
los sahínos las dantas los armadillos
por la verdura dudosa del tiempo

Te llegan de Managua recortes de periódico
a la frontera de Cosía Rica, hasta el remoto sitio
donde estás retirado, en la margen de un río
y una selva sin nombre, que ni figuran en el mapa

ningún recuerdo basta
para tapar el hueco
de su ausencia

Y los potros azules retozando en tus playones
el ganado llenando de manchas la mañana
el campisto arreando centauros en el viento
como una cantata lejana triste como un invierno

Pero la muerte no interrumpe nada

8.

Somos habitantes de la Gran Llanura
estamos lejos ahora
solo por circunstancias temporales

Esta casa podría ser tu casa en La Hacienda Las Brisas
o mi casa nuestra casa

Entre llanos y selvas y ríos
en un lugar perdido
adonde solo llega dos o tres
veces por semana el avión que te lleva esta carta

Somos habitantes y no sé sí lo que escribo
es una carta o reinvento tus poemas
los transcribo en la piel de una ceiba
o simplemente en el lodo del tiempo

No sé si te escribo o si platicarnos sobre ese frágil limite
esa frontera que nos separa y nos acerca
mientras la noche se ilumina con fogonazos de la Contra
o de los compas o son relámpagos
o si todo es un solo instante flash para una fotografía

No sé si estamos chorreando barro cuando
salimos de este suampo con los mosquitos ardientes
y la guardia tras nosotros o todo es un espejismo
un vidrio roto en la memoria
como la lancha que pasa rauda por el San Juan
y nos recuerda a tu mujer pelirroja y alta corno el atardecer

Todo cabe pues ahora en este deletrear las líneas de tus manos por la selva
colmada de homicidios sin que los poetas se enteren
los artistas
los artesanos
los músicos
los obreros
los maestros
los sabaneros
las putas
los traficantes
los mendigos
los policías
los enamorados
los suicidas
los guerrilleros
los parques
la lluvia
la perenne lluvia de este aguacero
porque vos sabés que mi llanto fue de lágrimas
           y no de perlas

9

Tal vez ya sabías que sólo en la oscuridad están los dioses
y que la claridad puede ser obscura
que las diferencias existen solo en uno mismo
esa lucha por descubrimos más adentro más lejos

O tal vez no lo sabias
– ¡cuánto me ha costado hacer esa «O»! –
pero presentiste el rayo que no cesa
la tormenta sobre Barra del Colorado
el huracán contra la Costa Atlántica
el agua que corre purificando los crucifijos
las vírgenes del maíz las voces que nos interrogan

O tal vez todo estaba – ¡Otra vez la O! –
en la imagen repetida / bastón / boina / río / sonrisa
figura de roble frente al sol claro símbolo de la noche
mecedora oscilante en el terror del vacío

10

La sombra de mi padre en la corriente del río
en Boca de San Carlos transcurre y se detiene y transcurre
como las palabras en un sueño

Así también tu geografía de niño / hombre
maestro / chaman –  nagual / inevitable paisano

Así tus extravíos por otras líneas de otras manos
porque escribir era vivir o al revés
o lo mismo
porque moriste en silencio sin darnos cuenta
autoexiliado
sin panegíricos ni corbatas de polietileno
páginas de suplencia o pantallas de arena

Todo como el río y la luz del agua
el volcánico golpe en la desembocadura

Como el río porque todo tiene fin
pero no tienen fin
las cosas del corazón

11

Y si tú me preguntas como es que siento tu partida:
tal como caen las flores al terminar la primavera,
       confusamente, en agitado remolino

12

Así es como te palpo
te escribo
te platico
me platico
me escribo
me palpo
me escarbo
así Don Coronel Don Poeta Señor de la Poesía
venado frente al cazador
pájaro en la oscuridad haciéndole hoyos a la nada
a mí Nicaragua a tu Costa Rica
a este silencio de campanas a estos tugurios del alma

Así me duelo me sufro me lloro

Así me naufrago me libero me esclavo
y te dedico estos golpes o susurros
casi tentado a brindar por lo que vivimos
y no vivimos o lo que pudimos vivir
– ¡siempre la bendita “O”! –
o debimos vivir o beber
como tu rostro o tu abrazo
tu respirar de animal cósmico
tu arado de tiempo tu estatura de cielo
jinete de la aurora campisto de lo que viene
y entonces exijo que la tentación no sea una palabra
sino un brindis un embriagarme con vos
después de esta larga y dolorosa plática con la sangre

(Del libro de Adriano de San Martín PROFESIÓN U OFICIO).

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San Carlos, Alajuela, Costa Rica, 1958.
Escritor, ensayista, poeta y narrador costarricense. Prolífero hombre de cultura que ha incursionado en la poesía, la novela, la dramaturgia y la actuación teatral. Ganó en 1996, el premio de poesía de la Revista Nacional de Cultura, UNED. Se desempeña como profesor e investigador universitario en el Instituto Tecnológico de Costa Rica, Campus Metropolitano de San José.