Panel de pandemia y tiranos

8 junio, 2020

Donald Trump es igual a los tiranos de “Ninguna Parte”, en esta parte del mundo también llamada “Pandemónium”, por ser ajena a Coronavirus, Pandemia o COVIV-19…


Donald Trump – St. John´s Church

 

Donald Trump es igual a los tiranos de “Ninguna Parte”, en esta parte del mundo también llamada “Pandemónium”, por ser ajena a Coronavirus, Pandemia o COVIV-19, según dicen Porque Donald Trump es el mismísimo Coronavirus y ha “madurado” lo suficiente para ser como Nicolás, y reclamar mano dura, como lo hacen sus colegas ya citados, contra sus pueblos. Con una biblia en la mano, paseándose por los atrios de iglesias episcopales y católicas, se proclama un nuevo Abraham Lincoln -quien terminó con la esclavitud- pero sin la demencia de quien, como Donald, pide “ley y orden” cuando los pueblos, como en “Ninguna Parte” claman que les “duele respirar”, en la boca de un niño moribundo por las balas de la “ley”, o que “no puede respirar” dicho entre los estertores de un verdadero hijo de Lincoln.

Así la imagen de estos dos seres tan diferentes, se viralizó en el mundo. La del fariseo con la biblia en la mano como si fuera un arma llena de virus y pandemias, y la del “judío”. Pero George Floyd estaba muy lejos de ser judío, no porque le importara serlo o no, sino porque se sabía negro, y negro liberto, por sus propios valores de ser humano, y gracias a un verdadero e insustituible Abraham Lincoln. El asunto se transforma inolvidable para la historia contemporánea, porque la imagen de George Floyd es como una tragedia griega. Porque la sufrida humanidad de George Floyd logra heredarnos un épico poema de su tragedia personal, mientras agoniza “sin poder respirar” porque un policía lo asfixia con su rodilla sobre el cuello (¿la ley?) hasta que muere ( ¿El orden?). Entonces vino el caos, -que augura más caos para el futuro- provocado por un “gobernante” inconsecuente, que sólo aspira a reelegirse, y comenzó a aplicar su mano dura, a moros y cristianos, siendo estos últimos los representantes de las protestas pacíficas. Resulta que no distingue el carnaval macabro que hizo de lo que pudo ser una nueva lección de humanismo para los EE.UU, si supiera gobernar con cordura. Barack Obama se lo dijo en estos días: “EE.UU está perdiendo la oportunidad de poner en práctica sus principios más puros, y compartir entre todos sus valores más sagrados”.

Oficiales de policía de Minneapolis implicados en la muerte de George Floyd

Un policía desalmado, que creyó la ley y el orden a imagen y semejanza de Donald Trump, nos dio esta otra imagen que hoy estremece las conciencias del mundo, porque es la de un hombre desarmado y torturado en plena calle hasta la muerte. Por eso habla por sí misma de un héroe y mártir que no estaba preparado para serlo, ni siquiera por el color de su piel, pero que desde ahora en adelante será la imagen que condena todo tipo de violencia, venga de saqueadores en las calles, o de un saqueador en la presidencia de los EE.UU.

Las desgarradoras palabras que vamos a leer, son el testimonio de la agonía de un mártir.  Lo que hace unos días, la Alta Comisionada de la ONU, Michelle Bachelet, calificó de “racismo estructural”. Comparto este concepto para todo lo que está ocurriendo. Igual al “genocidio virósico” de que nos habló el Papa. Las que a continuación reproduciremos son las últimas palabras  (recogidas por el equipo de AVAAZ) de un negro de 46 años, que creyó que era libre, y murió cuando el oficial de policía del que ya hablamos, presionó con su rodilla su cuello durante casi nueve minutos. Este es el último testimonio de George Floyd, suplicando por su vida al policía:

“Es mi cara hombre/ No he hecho nada grave, señor/ por favor/ por favor/ por favor, no puedo respirar/ por favor, hombre/ No puedo respirar/ No puedo respirar/ por favor/ inaudible/ hombre, no puedo respirar/ mi cara/ solo levántate/ No puedo respirar/ por favor, una rodilla en mi cuello/ No puedo respirar/ mi’eda/ Voy a/No me puedo mover/ mamá/ mamá/ No aguanto más/No puedo/ mi rodilla/ mi cuello/ No aguanto más/ Soy claustrofóbico/ me duele el estómago/ me duele el cuello/ todo me duele/ dame agua o algo/ por favor/ por favor/ No puedo respirar, oficial, no me mate/ me va a matar, hombre/ dale, hombre/ No puedo respirar/No puedo respirar/ me va a matar/ me va a matar/ No puedo respirar/ por favor/ por favor/ por favor, no puedo respirar.”

Luego sus ojos se cerraron y las súplicas se detuvieron. George Floyd fue declarado muerto poco tiempo después. Debo decir que cuando ví el video en donde policías se arrodillaban en la calle junto con manifestantes, y estos últimos los saludaban y hasta abrazaban, sentí que aquello era un homenaje a Floyd y a la no violencia. Y también a Alvarito Conrado, a quien en “Ninguna Parte” asesinaron a sus quince años, y a quien un joven poeta, Carlos Alemán Rivas, dedicó su libro con el título de su última frase antes de morir: “Me duele respirar”.  Y desde entonces en este país todos aprendimos a respirar aún con dolor. Y yo concluyo sobre “Ninguna Parte”:

EN UN PAÍS LLAMADO “NINGUNA PARTE”

Aquí, como diría la pareja,“todo está normal”.
No existe el coronavirus
y quienes deben morir
lo hacen apaciblemente
de “neumonía atípica”
o de una “típica muerte súbita”.
Aquellos que agonizan están
“delicados pero estables”
y los muertos, según dicen,
para evitar desvelos prefieren
los “entierros nocturnos”.

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Nació circunstancialmente en Panamá en 1942, pero es nicaragüense por los cuatro costados y, para más señas, hijo de poeta. Efectivamente, Luis Rocha renació en Granada, Nicaragua, pues de Panamá fue traído por sus padres a los pocos meses de vida. Su padre fue el poeta Octavio Rocha, uno de los fundadores del Movimiento de Vanguardia en Nicaragua, junto con Pablo Antonio Cuadra, Luis Alberto Cabrales, José Coronel Urtecho y Joaquín Pasos.

Enviado por su padre a España para seguir estudios de Medicina, pronto los abandonó y se dedicó a lo que sería la pasión de su vida: la literatura. A su regreso de España, ocupó el cargo de Secretario del Departamento de Cultura de la Universidad Centroamericana. Luego fue editor del semanario Testimonio. Dirigió la librería “Club de Lectores” y colaboró con el periódico Semana.

Después trabajó para el diario La Prensa, especialmente en la edición de La Prensa Literaria, como colaborador de Pablo Antonio Cuadra.

A Luis Rocha se debe la celebración anual del Día del Escritor Nicaragüense (18 de enero, día del nacimiento de Rubén Darío). También, como diputado, logró la aprobación de la personalidad jurídica del Centro Nicaragüense de Escritores, del que actualmente es Presidente Honorario.

Entre sus obras podemos mencionar “Códice de la Virginidad Perdida”, Madrid, Cuadernos Hispanoamericanos; “Puerto”, Managua, El Pez y la Serpiente (1964). “Domus Aurea”, Managua, Ediciones Librería Cardenal (1968), “Ejercicios de Composición”, Managua, Ediciones “El Pez y la Serpiente” (1969), “Phocas: versiones/ interpretaciones: 1962-1983”, Managua, Editorial Nueva Nicaragua, “Premio Latinoamericano de Poesía Rubén Darío” (1983). Luis Rocha fue, también, por varias décadas, editor del suplemento semanal “Nuevo Amanecer Cultural”, de El Nuevo Diario.

Pertenece a la promoción de los años sesenta, pero no se afilió a ningún grupo. Su obra, recogida en el volumen, “La vida consciente”, ocupa un lugar muy especial en el amplio panorama de nuestra poesía por su vocación doméstica, al punto que José Coronel Urtecho pudo afirmar que Luis Rocha y José Cuadra Vega son los poetas que mejor han contribuido “de distinta manera, a la difícil y peligrosa poesía doméstica, matrimonial, uxórica de Nicaragua”. Difícil y peligrosa, agregamos nosotros, pues si no la respalda un auténtico estro poético, como es el caso de Rocha, puede caer fácilmente en el sentimentalismo. Coronel afirmaba que el breviario Domus Aurea de Luis Rocha es el perfecto manual de ese género de poesía. “Se debería regalar a los recién casados como en España se regalaba La Perfecta casada, de Fray Luis de León”, recomendaba Coronel.

La poesía de Rocha desborda el tema del amor familiar, como lo comprueba la amplia gama de temas de sus distintos poemarios: patrióticos, religiosos, así como sus preciosos y tiernos villancicos al Niño Dios. Sin embargo, el leit -motiv predominante es el de los dedicados a su mujer, (“Mi virgen de Mercedes”), sus hijos, sus nietos y a la felicidad de la vida hogareña y cristiana. Cabe destacar que Luis Rocha, en plena dictadura somocista, escribió poesía revolucionaria y de protesta, siendo su poema “Treinta veces treinta”, de 1962, uno de los primeros y más recios cantos en homenaje a Sandino y a los héroes de la lucha en contra de la dictadura, incluyendo a los mártires del 23 de julio, cuando apenas amanecía la lucha sandinista.

Es de los pocos poetas nicaragüenses que aparecen en “La Historia de la Literatura Universal”, escrita en coautoría por José María Valverde (Editorial Planeta, 1966).