Irrealidades borgianas e Inteligencia Artificial

3 agosto, 2025
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En este ensayo, Miguel España propone un diálogo entre la literatura fantástica de Jorge Luis Borges y los desafíos actuales de la Inteligencia Artificial. A partir de relatos como Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, La Biblioteca de Babel y El Aleph, el autor examina cómo las ficciones borgianas anticipan problemáticas clave de la era digital: la desmaterialización del mundo, la ilusión de una verdad única y la amenaza de la simulación total. Con agudeza, España interpela las promesas tecnocráticas del metaverso y la IA general, y señala las “grietas” que Borges abre en todo intento de clausura del sentido. Un ensayo que combina erudición, actualidad y reflexión  para pensar desde América Latina los desafíos de nuestra era.

En Borges se figuran mundos irreales, más no por eso irrealizables, en los que la realidad y la ficción se entretejen de forma paradojal, haciéndonos dudar de nuestra propia realidad, como le sucedió a un usuario de ChatGPT que terminó creyendo que vivía en una simulación al estilo de Matrix. ¿Qué es lo real o lo irreal?¿Cuáles sus continuidades y diferencias? Antaño fueron preguntas particulares de la filosofía y la teología, que en el siglo XX cobraron interés en la literatura fantástica y en la ciencia ficción; hogaño la ciencia ficción es una realidad que nos plantea serias cuestiones sobre lo real y artificial, sobre lo real realizable y lo irrealizable en la realidad. ¿Todo mundo figurado debe ser realizado o existen figuraciones, que, por sus altos peligros existenciales, deben ser desrealizados desde su propia figuración? “El papel aguanta todo” lo que la imaginación literaria le trace, pero hay creaciones humanas que tienen el potencial de desrealización de la vida tal como la conocemos actualmente. Es el quid de la cuestión de estas reflexiones, y se tratará de desarrollarlas poniendo en diálogo algunas ficciones borgianas con figuraciones “opacas” de la Inteligencia Artificial (en adelante IA).

Advertimos al paciente lector que quien escribe estas líneas es un simple turista en el mundo borgiano, por lo que no se debe esperar una crítica especializada o un hallazgo que asombre o agregue nueva luz a la obra de quien dice de sí mismo: “si es que alguien soy”. El turista ve con ojos descomprometidos, solo quiere la experiencia, disfrutar, pasarla bien y tomarse las respectivas selfis para su Insta. No le importa mucho ser según la idiosincrasia lugareña y sus modismos; al contrario, eso lo ve con asombro e inquietud, como parte de lo exótico y del ser fuera de sí. Eso sí, la mirada del turista puede percibir ciertas formas del moris, dejes o tesituras, que, por normales, los lugareños no reparan en ellas. Es la distancia del hermeneuta, como precondición de comprensión crítica y de creatividad. 

Borges tenía su propio estilo (¿método?). Alberto Giordano lo sintetiza al comentar la postura de Borges ante lo Clásico (¿sensibilidad clasicista, escolástica, nacionalista?) y su elección por el ensayo conjetural que implica un lector inocente y amateur (Borges, 2017). La perspectiva del amateur e inocente será mi justificación como turista ante los eruditos borgiásticos y sus supersticiones.1

Borges, comenta Barrenechea (1957, 14-15), como autor de ficciones, expresa la condición del hombre perdido en un universo caótico y angustiado por el fluir temporal, con una gran capacidad de asombro ante las teorías de los hombres que intentan interpretar un mundo y un destino definitivamente impenetrable. Mundos inciertos y de irrealidades simuladas que rozan, y hasta punzan, las realidades fluentes y sensibles, como el personaje de El Muerto que se creía dueño de su destino, y no era más que el títere, el juguete de un Dios que lo había condenado desde la eternidad; así como el protagonista de Las ruinas circulares que se consideraba un hombre real y descubrió humillado que no era sino el sueño de otro hombre (Barrenechea, 1957, 15).

Las ficciones pueden ser irreales, mas no por eso irrealizables, a tal grado que no se puede estar ciento por ciento seguro de que lo figurado no sea una profecía o un oráculo. Toda gran empresa humana empieza como figuración, y quizá el mismo cosmos no sea más que la figuración de un Dios que, al concebirse como Otro, inició el diálogo del que acontece todo. Y esto no significa que el mundo sea el mejor o peor de todos los mundos posibles, simplemente es un mundo por realizar. Y se realiza figurando, como ya lo ha planteado Zubiri. Pero hay figuraciones prevenientes y otras que cargan, es decir, que nos ponen en situación de hacernos cargo de la realidad y del mundo, para figurar futuros mejores para todos.

Borges se ha encargado de sus realidades figurando mundos, o, como comenta Mignolo (Goic, 1988, 294), textualizando mundos, porque sus textos son, básicamente, comentarios de otros textos (a veces existentes, a veces supuestos). Estar de acuerdo con Mignolo no es difícil, pero habrá que advertir un transtexto en Borges, algo así como una Gestalt, un submundo de ondas danzantes que cobran forma y sentido frente al texto de la vida y de la literatura. Un transtexto configurado por su interés por la lógica, la matemática y la filosofía, que en palabras de Mignolo, le ha permitido encontrar posibilidades literarias; y, sobre todo, posibilidades para la literatura que más le apasiona: la literatura fantástica (Goic, 1988, 297-298). En este contexto cobra relevancia la IA como nueva tecnología productora de mundos.

Desde el boom de la IA en el 2023 ha proliferado mucha literatura al respecto, que puede brindar una buena introducción a la historia, desarrollos y desafíos de la IA. Nuestro breve espacio no nos permite entrar en tales pormenores. Nuestro interés es centrarnos en tres grandes desafíos de la IA a las sociedades actuales, según se desprenden de algunos análisis de especialistas en la materia: ¿Qué tipo de mundo nos promete la aparición de la IAG? ¿Quiénes tienen derecho a figurar, o, mejor dicho, con-figurar los posibles mundos futuros humanos? ¿Qué nos puede ofrecer Borges para pensar estos desafíos? Sobre esta última cuestión versa nuestro aporte, como una invitación a los creadores de diversas artes y ciencias, a cargar con los desafíos de la IA y sus realidades. Una mirada decolonial es justa y necesaria si se quiere ser fiel a cierta visión histórica y liberadora latinoamericana y caribeña.

Para realizar semejante acercamiento a algunas ficciones borgianas tomaremos tres relatos: Tlön, Uqbar, Orbis Tertius; La Biblioteca de Babel y El idioma analítico de John Wilkins. Inicialmente, reducimos el relato a aquellos elementos que por sus sentidos evocan ideas relativas a la IA, para luego evidenciar la tendencia tecnoutópica y sincronizadora presente en las IA. Finalmente, recuperemos la idea de grietas en Borges como disrupción del discurso hegemónico.

Mundos figurados y mundo artificial

La lectura de Tlön, Uqbar, Orbis Tertius nos proporciona tres elementos fundamentales desde los cuales pensar los desafíos de la Civilización Artificial (Lassalle, 2024) en ciernes: Desmaterialización/digitalización, Uno/Sincronización y los hrönir/duplicación. En Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, Borges figura un mundo elaborado por una sociedad secreta, un mundo tan real, coherente y riguroso que tiene el poder de sustituir al mundo real. Tlön es un mundo desmaterializado, donde los objetos existen como actos mentales, sin consistencia material porque lo espacial no perdura en el tiempo mental. Su Ursprache o lengua primigenia es acumulación de adjetivos de valor metafórico y los verbos son impersonales, lo que reafirma la inconsistencia de lo real material: el ser de cada cosa solo es un código, una representación impersonal. Por ello la filosofía en Tlön no busca la verdad, sino el asombro a través de una metafísica de lo fantástico: la ficción define la verdad. El tiempo sin espacio en Tlön deviene un presentismo en el que no hay dialéctica o evolución, porque no hay materia como principio de movimiento y de cambio, que conectado con lo temporal diera lugar a los procesos históricos y la posibilidad de lo nuevo. Tlön es el mundo de las ideas o los pensamientos, de la igualdad y la identidad, donde el sujeto del conocimiento es Uno y eterno, y todo lo demás solo es copia (Platón) o pensamiento (Berkeley). Los hrönir son objetos educidos por sugestión, son duplicados de las cosas reales con el poder de sustituir lo real por lo figurado. De esa manera Tlön es una prefiguración del mundo configurado por el advenimiento de la IA general y fuerte.

En el decir de Barrenechea (1988, 314) Borges presenta un mundo imaginado por un colegio de sabios y que acaba por tomar existencia sustancial sustituyendo a nuestro planeta. Podemos imaginar, también nosotros hoy, un colegio de sabios programadores creando las bases de un mundo digital, desmaterializado; un mundo artificial y digital compuesto de ideas y códigos a través de algoritmos universales. Su Ursprache es lenguaje de programación que llegará a ser base del lenguaje universal de programación con la llegada de la Inteligencia Artificial General. Este sueño de un lenguaje universal, formal y formalizante, ha sido el sueño de la razón moderno/colonial desde la mathésis universalis o ciencia universal de Leibniz, al Tractatus lógico-philosophicus de Wittgenstein y las políticas neoliberales. En estos programas lo real debe ser reducido a lo formal, la materia a bit, qubits o silicio; la diversidad y conflictividad debe reducirse a sincronicidad (Yuk Hui, 2022), así como Borges presenta lo Uno como lo que genera los hrönir, la Ursprache y la fuerza centrípeta en torno a la cual todo se ordena engendrando Tlön.

Es muy sugerente la idea de hrönir o duplicados que finalmente sustituyen los objetos reales, porque es lo que sucede en la hiperrealidad del Metaverso. Mark Fisher (2022) retoma la idea de hiperrealidad de Baudrillard, en la que analiza el proceso de simulación de una realidad desmaterializada que media nuestra experiencia con el mundo, llegando hasta su sustitución: la hiperrealidad, donde las fronteras entre lo real y lo irreal es opaca o sustitutiva. Es una crítica a las sociedades de consumo y de la propaganda mediática. Visto desde los desafíos de la IA y del Metaverso (entramado entre Realidad Aumentada y Realidad Virtual) se está dando un proceso de minería de datos, no solo de los estados mentales y comportamiento humano, además de las composiciones materiales de todas las cosas, para ser reproducidas sintética y digitalmente. Aquí la IA esta directamente relacionada con la biología sintética, la ingeniería genética, la robótica, etc. En el programa Transhumanista la humanidad debe dejar atrás su condición natural, caduca y falible, para transitar hacia el desarrollo de todas sus potencias con ayuda de las ciencias y las tecnologías. Un mundo artificial propio del metahumano solo es posible a través de una IA general y fuerte, como lo Uno, que produce los duplicados y configura la simulación. Tlön, Matrix, Skynet o el Milenio: la ficción literaria, la ciencia ficción y la escatología religiosa se unen en la imaginería futurística siliconiana, es decir, proyecto de silicolonización.  A este futuro sin historia se le llama singularidad.  

Barrenechea nos recuerda, que, en Discusión, Borges imagina también una humanidad sin espacio ni corporeidad “irrealizada y afantasmada” (Goic, 1988, 316), tan afantasmada como en El Muerto o Ruinas Circulares. La simulación no solo es copia de lo real fluente, sino programación. Lo Uno se constituye en la verdad y fuente de realidad, es principio universal sincronizador. El Metaverso digital es una suerte de Tlön consumado: no hay cuerpos, no hay historia, no hay espacio; solo una sucesión sincrónica de actos mentales sin sujeto, perfilados por máquinas que conocen sin encarnar.

La Biblioteca de Babel, en cambio, presenta la versión inversa: no la creación ficcional de un cosmos coherente, sino el abismo de una combinatoria infinita. En esta babélica biblioteca todo puede ser codificado y no hay problema personal o mundial que no pueda resolverse; de esa manera el universo está justificado. Y por justificado se quiere decir, acabado o cerrado, a pesar de las posibilidades de las múltiples combinaciones que se realicen: la combinatoria es ley universal. Las infinitas combinaciones no dan lugar a lo nuevo, en otras palabras, no hay futurabilidad, solo repetición de mecanismos combinatorios. No puede haber vindicaciones personales (es de cómputo cero), porque ya se tiene un lugar asignado (codificación) y no se admiten anhelos que no correspondan a la función dentro de la combinatoria. Borges, con una elegancia de lo terrible nos alecciona: La certidumbre de que todo está escrito nos anula o nos afantasma.

La Biblioteca de Babel nos recuerda la Big Data, ese mundo de datos fijos, etiquetados y procesados, que dan como resultado una realidad artificial que niega la libertad, la incertidumbre y lo novedoso. Los algoritmos creadores de la simulación no buscan lo nuevo, sino lo probable; no crean, sino recombinan; en una palabra, afantasman. Todos lo que no es posible en sus combinaciones no merece la pena existir, revelando los límites del Uno: lo otro, diferente y extraño es anulado, no tanto en cuanto no sea posible su duplicación en el Metaverso, sino en tanto realidades resistentes, conflictivas y vivas. La Big Data es el banco donde se ha depositado el código de la vida, es el almacén de materia prima que, luego de ser procesada y etiquetada, pasa a convertirse en hrönir o duplicados digitales o artificiales.

El deseo de un “libro total” que nos dé todo el saber ha estado relacionado con la búsqueda de poder y dominio. Para Adán y Eva ese saber estaba en el fruto prohibido, para los alquimistas en la Piedra Filosofal, para los teólogos era la Biblia, para los filósofos el Logos, para los literatos y artistas su propio genio y para los científicos la naturaleza. Hoy emerge una forma novedosa de saber y poder: la IA, alba de una nueva humanidad. 

El ensayo borgeano El idioma analítico de John Wilkins muestra un sistema en el que toda la realidad puede codificarse, diríamos, reducirse a códigos. Lo insidioso no es que haya un sistema de acceso y manejo a la realidad fluente como necesidad para las ciencias y la creación artística, sino en la sustitución del territorio por el mapa, de lo vital y dinámico por la clasificación, el dato y la combinatoria. Para Borges no hay clasificación del universo que no sea arbitraria y conjetural; además, no sabemos qué sea el universo, razón por la cual todo intento de clasificación, codificación y fijación de la realidad fluente es arbitrario. Todo sistema de clasificación, incluido la Big Data y sus algoritmos de procesamiento, pueden ser artificios útiles para la ciencia, la tecnología y la toma de decisiones, pero se convierten en peligro cuando se tornan dataísmo y cosificación de las realidades vivas, además de reducción de las realidades erotizadas y corporizadas en diseño psicográfico con el fin de predecir, controlar y orientar la existencia total humana.

El Dios creador de la tradición bíblica, que en su creatio integra el caos (Tojú/Vojú) como principio de perfectibilidad dialéctica, es destronado por una nueva deidad o demiurgo, que todo lo clasifica, lo etiqueta y lo combina, creando un mundo artificial y digital perfecto, que sustituye al mundo natural vivo (imperfecto). En todo esto, Borges no solo prefigura, sino también nos da claves para desfigurar, es decir, anular el potencial de realización de las figuraciones indeseadas. Lo conjetural de toda clasificación del universo es una clave, ya que no es posible penetrar en el diccionario de Dios, en el esquema divino. Son posibles los esquemas mentales, siempre y cuando reconozcamos que son provisorios.

A estas claves las llamamos grietas en las ontologías sincronizadoras, llámense ideologías, religiones o programas tecnocráticos. El asombro, la ironía, la paradoja, la contradicción y la imposibilidad de clausurar los sentidos, son estrategias literarias borgianas con las que rompe la artificiosidad de mundos perfectos y sincronizados.  En el Aleph apreciamos con nitidez las grietas de todo proyecto de mundo perfecto. El Aleph, primera letra del alefato, contiene en ella todas las demás letras y sus posibles combinaciones: el universo está en el Aleph. Aleph es uno de los puntos del espacio que contiene todos los puntos, mide de dos a tres centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño. El Aleph promete una visión total, simultánea y perfecta del universo. No hay ocultamiento, no hay tiempo, no hay pérdida.

Borges experimenta cierto grado de sobrecarga cognitiva y emocional en esta concentrada totalización y simultaneidad, de la que saltan grietas. Primera grieta, el desprecio a la tentativa del hombre moderno ineficaz y loco2 que pretende versificar toda la redondez del planeta y hacerlo según un depravado principio de ostentación verbal, que no sería más que un pedantesco fárrago, mensajero de perfección formal y el rigor científico. Segunda grieta,la finitud de la memoria y del lenguaje, o lo sucesivo del lenguaje al que no le es posible la simultaneidad: ¿Cómo transmitir a los otros el infinito Aleph que mi temerosa memoria apenas puede abarcar?, se pregunta Borges. Tercera grieta, la falsa promesa de Carlos, o, mejor dicho, su excesivo optimismo sobre los poderes del Aleph, que le hace prometer a Borges que en breve podrá entablar un diálogo con todas las imágenes de Beatriz, cosa que no fue posible, sino solamente tuvo acceso a la reliquia de lo que fuera Beatriz3. Cuarta y última, el olvido involuntario de Borges como venganza contra Carlos, aquel con el que compartía un íntimo desprecio. Olvido, que con el tiempo dejó de ser voluntario.

La IA como Aleph digital (AlephIA), que accede a la totalidad del conocimiento de lo real fluente de forma concentrada, se ve desfigurada por las grietas borgianas: crítica a la ostentación de la IA de formalización y rigor científico que decae en fárrago; la incapacidad de la IA de anular la memoria y la complejidad del lenguaje vivo a través de etiquetas y procesamiento de datos. El optimismo tecnocrático es confrontado con la finitud: la muerte y la imposibilidad de anularla. Por último, las pasiones humanas pueden introducir un imponderable que tenga implicaciones desfiguradoras para la prepotencia de la IA.

Al leer estas narrativas Irreales salidas de la pluma y genio de Borges, nos queda claro la actualidad del autor y su obra ante los desafíos de la IA y el Metaverso. En su obra obtenemos riquezas literarias para la crítica cultural ante el programa tecnocrático en boga; como autor, Borges muestra que todo creador puede aportar en su obra miradas que agrieten las ficciones con pretensiones de absoluto. Las figuraciones son de inestimable valor para concebir futuros y crear humanidades mejores, pero estas deben tener consciencia de provisionalidad. ¿Quiénes tienen derecho a figurar? ¿Los programadores e ingenieros del sistema tecnocapitalista o todas las personas que puedan verse afectadas? ¿Cómo podemos contribuir a desfigurar proyectos desrealizadores del bien común? Las artes, las ciencias y las espiritualidades, ¿pueden contribuir a figurar humanidades realizadoras del bien común?


Referencias bibliográficas

Barrenechea, Ana. La expresión de la irrealidad en la obra de Jorge Luis Borges. Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica, 1957.

Borges, Jorge Luis. Borges esencial. Edición conmemorativa de la RAE y la ASALE. Editorial Lengua Viva, 2017.

Borges, Jorge Luis. Obras completas. 1923-1972. Buenos Aires: EMECÉ Editores, 1974.

Fisher, Mark. Constructos F/atline. Materialismo gótico y teoría-ficción cibernética. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Caja Negra, 2022.

Goic, Cedomil. Historia y crítica de la literatura hispanoamericana. III época contemporánea. Barcelona: Editorial Crítica, 1988. 

Hui, Yuk. Fragmentar el futuro. Buenos Aires: Caja Negra, 2020.

Lasalle, José María. La Civilización Artificial. Barcelona: Arpa editores, 2024.


1 Los prejuicios que las instituciones culturales buscan establecer como evidencias, para imponer criterios de valoración que justifiquen y expliquen la existencia de lo literario (…) creencias que apartan a la sensibilidad del lector de sus potencias de actuar, de gozar e imaginar sin inhibiciones, conforme a lo intransferible de sus apetencias.

2 Carlos Daneri.

3 En su visión Borges dice: “vi tu cara”. ¿Será la cara de Beatriz?

Magister en teología sistemática por la Universidad Evangélica Nicaragüense Martin Luther King Jr; licenciado en teología por la Facultad Evangélica de Estudios Teológicos (UENIC MLK Jr/CIEETS) y docente en el campo de la ética, la filosofía y la teología. Es coordinador para Nicaragua de la Red Centroamericana de Investigadores del Fenómeno Religioso (RECIFRE) y profesor en la Universidad Bíblica Latinoamericana (UBL) de San José, Costa Rica. Ha publicado libros y artículos sobre temas socio-religiosos y teológicos. Su ORCID es: 0009-0008-6367-747X y su dirección electrónica [email protected]