Púrpura encendida (fragmento)
3 agosto, 2025
En este fragmento de Púrpura encendida de Aída López Sosa, la narración nos transporta a un otoño vibrante donde la juventud se vive con intensidad. En una Mérida evocadora, Ricardo y Guty descubren nuevas afinidades en barberías, cafés y cantinas, donde la música y la palabra encienden la noche. El capítulo captura la efervescencia de una generación creativa, marcada por los afectos, los rencores familiares y las lealtades forjadas en la complicidad artística.
PÚRPURA ENCENDIDA
CAPÍTULO IX
(SEGUNDA PARTE NOVELA)
Esa tarde de otoño, los acordes de una guitarra van acompañando a Ricardo mientras avanza por la calle 62, rumbo a la barbería del señor Cherriz. A medida que se acerca, la melodía se le hace conocida, es la misma que Augusto tocó en la farmacia de Roque. Queda sorprendido cuando entra. Su amigo está recibiendo instrucciones del peluquero. A pesar de que desde niño lo llevaba su papá junto con sus hermanos a esa barbería para que les cortaran el pelo -ya que los niños López Méndez tenían que estar bien alineados para las tandas dominicales-, no sabía que el barbero tocaba la guitarra y menos que fuera maestro. Nunca ha oído que su papá lo mencione.
Cuando Augusto ve a su camarada atravesar la puerta, salta de la silla y va a palmearle la espalda.
-¿Qué haces aquí? ¿También vienes a clase de guitarra?
Ricardo está asombrado de tantas coincidencias, primero en El Louvre y ahora en la Barbería Cherriz. Don Lucio queda extrañado de que se demuestren tanta confianza.
-Es un gran poeta -afirma Augusto.
-Conozco a su papá, es un cliente de hace tiempo, pero no sabía que fueras poeta, muchacho. ¿Vienes a ver a tu amigo o a que te corte esos pelos volados? -pregunta en son de broma el barbero.
-Claro que vengo a que me corte y me engomine, para que se aplaquen estas ondas mías más rebeldes que las olas del mar -responde Ricardo mesándose los cabellos.
-¿Lo ve, maestro? Tiene los versos a flor de piel.
–Flor se llamaba, flor era ella… flor de piel -le contesta Ricardo, recordando la anécdota que contó en la farmacia de Roque. Ambos ríen en complicidad.
-Guty, mientras domo el pelo de tu amigo, sigue practicando -instruye don Lucio. En ese momento, Ricardo se entera de que lo conocen por el diminutivo de su nombre.
–Un rayito de sol por la mañana / filtra sus oros por la enredadera / que quiebra en el cristal de tu ventana / y matiza tu hermosa cabellera…
-¿La acabas de inventar? -pregunta Ricardo, ya que su pelo es rubio. Guty suelta la carcajada.
-¿Cómo crees que te escriba algo así? La escribió Ermilo “Chispas” Padrón para su novia y me pidió la música. ¿No es tu primo? Su segundo apellido es López.
Ricardo, inmovilizado por el barbero, responde con el índice que no
-A propósito, quiero que me escribas un poema para una golondrina que está a punto de volar y me gusta mucho, pero yo a sus papás no. Es Olga, ¿la conoces? Vive frente al parque…
Entrada la noche salen juntos de la barbería. En otoño los días son más cortos. A petición de Guty caminan hacia la Plaza Grande. A Ricardo se le viene a la mente la imagen de su hermano con Rosa en la banca, a la vista de todos. No pasará mucho para que se vuelvan la comidilla de las cantinas, si es que aún no lo son, y eso llegue a oídos de sus papás. No puede evitar el coraje. Está envenenado, siente odio por Alonzo. No sabe cómo va a reaccionar si los vuelve a encontrar, pero Guty insiste en que vayan al Colón para ver si está “Chispas”. Tiene algunas dudas acerca de la métrica de los versos de Rayito de sol. Aprovechando el viaje, se lo presentará a Ricardo. “¡Duelo de poetas! Que empuñen la pluma”, piensa. La sorpresa es para Ricardo. Rosa está sentada con un señor tomándose un helado. Otro hombre, uno de tantos. Lo peor es que trae en las orejas los aretes que se le perdieron a su mamá. Cuando ella lo ve, no le sonríe, ni lo saluda; en pocas palabras, finge no conocerlo. Para Ricardo es mejor; una sonrisa de ella hubiera sido una burla, una afrenta vulgar. Se congelan las miradas; él sobre ella, ella sobre él, aprieta los dientes hasta que le duelen. Por suerte, no está Ermilo y en seguida se alejan. Ricardo hace más lento el paso para tomar aire.
Se dirigen a Ambos Mundos, donde concurren los que quieren tomarse un café en vez de helado. El fresco otoñal amerita algo caliente con un pan dulce. Ambos Mundos está atendido por gentiles meseras que al ritmo de la música de piano se desplazan entre los parroquianos con charolas de pan y cafeteras. Viejos y jóvenes les dicen galanterías, las piropean y ellas se dejan lisonjear. Los poetas recitan versos que las embelesan y si alguien lleva guitarra les dedican canciones de amor.
Cuando Ricardo y Guty entran al café, está a reventar. De una de las mesas se escucha un chiflido que hace que todos volteen a ver. Al fondo está “Chispas” entre trovadores, teatreros, poetas y toda la crema y nata intelectual.
-Este flaquito le está poniendo música a mi último poema -comenta cuando presenta a Guty-. Apúrate antes de que vuele la paloma.
Todos echan a reír, ya saben de las ocurrencias de Ermilo. Esos son los chismes de café, las conquistas. Guty presenta a Ricardo como el gran poeta, admira a su amigo y a sus letras. Han pactado que siempre estarán juntos, en las buenas y en las peores. El primero que esté en los cuernos de la luna ayudará al otro. Guty pronto se irá a la capital a estudiar, pero no dejará la música, ya que es sólo por darles gusto a sus papás, para que no lo tachen de rebelde. La familia tiene esperanzas de que Guty atienda en un futuro los almacenes de la familia y por eso lo están enviando a estudiar contabilidad a la capital, al mejor colegio.
¿Quién mejor que el buen Guty para sacar adelante los negocios y administrar el patrimonio heredado y hecho a base de trabajo? Su destino ya viene etiquetado de niño bien, acomodado, con tiempo para dedicarse a estudiar instrumentos y viajar, todo gracias a los negocios familiares. La vida de Ricardo es similar, pues nació en una familia de hacendados y políticos, una de las más conocidas de la región. Por eso le molesta tanto el exhibicionista de Alonzo.
Después de ingerir varias tazas de café, siente ansiedad. Para serenarse sale a tomar aire y a fumarse un cigarro, echa humo por la boca y por la nariz, con la sangre avinagrada para acabarla de rematar. “La estupidez de la juventud”, piensa. Se le atraviesan tantas cosas por la cabeza engominada. Por primera vez roza la posibilidad de huir con Guty al Distrito Federal, lo mejor es poner tierra de por medio y santo remedio. Echa un suspiro histriónico y vuelve a sumergirse en el barrullo del café.
Mi alma que vive errante y soñadora, / vagando en pos de una visión lejana, / quiere llegar a ti como la aurora, / como un rayo de sol por la ventana.
Ricardo atraviesa el Ambos Mundos aplaudiendo recio mientras se acerca a la mesa donde está Guty cantando la última estrofa. Su entusiasmo contagia a todos y en unos cuantos segundos el lugar retumba con las palmas avivadas por la cafeína y la música. Ermilo no cabe de la emoción, ¿qué mujer podía resistirse a un Zeus moderno que en vez de lluvia de oro está dispuesto a convertirse en un rayo de sol para filtrarse hasta el lecho y seducir a su amada?
-Esto amerita celebrarlo. Yo invito. Vámonos a El Chemulpo -dice “Chispas» exaltado.
En lo profundo de la noche, salen del café rumbo a la cantina. Caminan echando bromas, rasgando la guitarra como si estuvieran en una callejoneada, en algunas casas abandonadas, o al menos que lo parecen, se detienen a cantar simulando una serenata.Algunos van diciendo versos o imitando a algún personaje. Cada uno siente la noche distinta, la cafeína es como el alcohol, aguijonea los ánimos. Ricardo quiere que ese momento se quede para siempre en su memoria, es mejor que recordar a su hermano robando los aretes de su mamá para regalarle a Rosa. Aquel pensamiento apenas lo ocupa unos segundos. No vale la pena estropearse la noche, aunque su espíritu tiene una mezcla de coraje y tristeza. La cara de Rosa se marchita en su pensamiento.
El amor es eterno, por lo que tiene de fugaz la vida.
“A ver cuánto le dura a mí hermano”, piensa mientras no deja de avanzar con la noche. Después de la primera ronda de cervezas, Ricardo comienza a garabatear las servilletas.
Escribe su nombre con distintos tipos de letra, a veces figuras amorfas o líneas caprichosas, hasta que de repente sus versos, rociados de sereno, se van sucediendo, desbordando su imaginación.
En el seno de sombras de esta noche de otoño repaso la geometría de tu cuerpo
hecho de selva y de marfil; de brisa… Así, toda desnuda,
tomo tu ausencia y tu presencia juntas en tus senos votivos; vigilantes…
Cantan, declaman, actúan, ríen al calor de las Carta Clara y las León Negra. Guty se echa sus palomazos. Las canciones llegan hasta la calle, pues los jóvenes, inspirados, pasande una canción a otra y no dejan de cantar. El propietario está feliz de que a su negocio lleguen parroquianos que no solo beben por beber, sino que son talentosos. Cree que eso le dará prestigio. “¿Quién quita que de aquí salga algún famoso? Tengo que quedar bien”, se dice al tiempo que sirve la ronda de cervezas y botanas.
La tertulia se prolonga hasta entrada la madrugada. Ricardo, Guty y Ermilo terminan en la ventana de la musa que inspiró Rayito de sol.
Mérida, Yucatán, México (1964). Es narradora, ensayista y periodista cultural. Su obra más reciente, la novela histórica “Púrpura encendida” (L.D.Books, 2024) fue ganadora del Programa de Estímulos a la Creación y Desarrollo Artístico. Su obra incluye, entre otros, los siguientes títulos: Despedida a una musa y otras despedidas, La vuelta al arte en 20 retratos excéntricos y Poeticuentos de fábula.