La construcción de la virilidad con la experiencia femenina en La ciudad y los perros
5 octubre, 2025
Este artículo retoma los estudios críticos realizados en función del tratamiento femenino en la novela La ciudad y los perros (1963) de Mario Vargas Llosa, con el propósito de reconocer una constante en cuanto la utilidad de la mujer en el contexto en el que se desarrollan los personajes sometidos a un adiestramiento castrense.
1. Abordaje hermenéutico de la mujer en La ciudad y los perros
Este tema condiciona a colocar los géneros en dos planos, complementarios y contrapuestos, en los que la mujer es asumida como quien desempeña un rol de sumisión frente a la ideología que se instaura en una sociedad machista. Para desarrollar estas ideas, he seleccionado los criterios que investiga la crítica literaria al respecto: el machismo, la noción que tiene el hombre acerca de la mujer para favorecerlo, la hipocresía femenina y la propuesta del triángulo amoroso en la novela.
En primer lugar, el machismo implica un sometimiento forzado y que es aceptado por la mujer. Pernilla Sövgren (3) aprecia este concepto desde el inicio de la obra. Karen Díaz Reátegui (35-39) precisa que ese fundamento se evidencia al construir la identidad masculina desde el maltrato a un personaje en esta obra literaria; en rigor, por imposición. Asimismo, se vincula con el universo femenino, por ser conservador y fracturado. Para hacer una aclaración al respecto, Zuzana Janků (21) argumenta que la búsqueda de hombría tiene como finalidad relacionarse de manera óptima y brusca con los padres y los amigos; sobre todo, si se trata de una pandilla como el Círculo. En cambio, para Ricardo González Vigil (32-33), el Jaguar representa el machismo en un caso peculiar, pero no cree en él. Otra forma de percatarlo es tal como lo formula Diana Angélica Vigil Pablo (75). Ella halla la animalización en los cadetes, que consiste en la dualidad animal-humano. Incluso, son notorios los apodos, tales como el Jaguar, el Esclavo, etc. Su propósito es que prevalezca el desempeño de cada uno. González Vigil (32) y García de la Concha (LXXVIII-LXXIX) se basan en esa bestialización que es parte del componente sexual del machismo. Ese calificativo es demostrado en el Boa por la zoofilia y otros cadetes, con la masturbación, la prostitución y la violación. Néstor Tenorio Requejo (124) indica que la virilidad y el machismo se desarrollan de manera óptima en los cadetes por la transgresión a las reglas lingüístico-sociales, tales como se aprecia con el eufemismo, las medias palabras o lo no dicho. Para Borys Salazar Jaque, el machismo se halla en las relaciones familiares de la novela. Estas son plasmadas tal igual como se incurre en Latinoamérica, donde el padre está ausente y la mujer es vista como objeto. Esto significa también las carencias y las limitaciones de estas sociedades (atraso cultural), que se contraponen al proceso de modernidad. Rafo León Rodríguez precisa que el Colegio Militar Leoncio Prado, con sus abusos, su machismo y su militarismo, no funcionaba solo como una metáfora del poder en un país estragado por la corrupción. Iván Thays (477) especifica que se retrata a una sociedad machista y falocéntrica, debido a la formación del carácter y el descubrimiento de la arbitrariedad del poder adulto, social o familiar, que se articula desde una adolescencia sin libertad.
Con lo planteado en el párrafo anterior, todos los críticos coinciden en que el machismo es un constructo utópico al cual siguen los cadetes para desarrollarse. Esta premisa es la propuesta por los militares, pero, a la vez, resulta inestable. Ese carácter no ha sido detectado por la crítica literaria. Se sabe que adoptando una postura machista los personajes no tendrán éxito en lo que desean. Esto sucede con la tríada protagónica. El Poeta anhela conseguir una enamorada bonita y estable. El Jaguar pretende ser el líder durante su estancia en el colegio sin recibir maltrato. Y el Esclavo se manifestará al acusar al serrano Cava para lograr su libertad. El machismo tiene aquí una peculiaridad. Es tan solo una prueba, una constante provisoria, que se obviará si no resulta eficaz. Para finalizar, el Jaguar se somete a lo ético y lo humanístico para subsanar su distanciamiento con Teresa y el cargo de conciencia por el asesinato de Ricardo Arana.
En segundo lugar, la mujer es tomada como un estímulo o un complemento para el desarrollo de los hombres en La ciudad y los perros. Mary Davis (124) menciona que esta es un canal entre los cadetes para alcanzar su nivel social concomitante. Sharon Magnarelli sostiene que las mujeres son un estímulo en la novela para estos personajes, quienes adquieren o conocen su masculinización; pero también son originadores de conflictos, como la traición, el deseo, el desamparo y la complicidad. Para Borys Salazar Jaque, prevalece una relación asimétrica entre el hombre y la mujer, puesto que ella es tomada como un objeto de deseo por parte del hombre, inferior y receptora de la infidelidad, el alcoholismo y el maltrato. Por ese motivo, también es representativa en las sociedades latinoamericanas. Zuzana Janků evidencia que las mujeres se complementan con los hombres, ya que sus apariciones son esporádicas: no tienen autonomía ni protagonismo. Giulia de Sarlo indica que la mujer en esta obra literaria es descalificada, porque eso reafirma la masculinidad de los personajes. David Wiseman (36) propone que el amor con Alberto Fernández es una ficción o una ilusión: crea situaciones y escritos totalmente compensadores. Arturo Fontaine (7) señala que en La ciudad y los perros la sexualidad es absorbida por una tendencia uniforme. Verbigracia, no es casual que los cadetes vayan con la misma prostituta y se enamoren de la misma chica. Pernilla Sövgren especifica que la mujer en la novela se ve limitada a un espacio social y económico reducido, del cual es difícil desplazarse. Por otro lado, clasifica a las mujeres de esta obra literaria como buenas y malas, por lo que las primeras son las que plasman un estereotipo complaciente, pulcro y delicado, como lo es Teresa para el Esclavo, el Jaguar y el Poeta. Entretanto, para el caso de la segunda tipología, se trata de quienes ejercen el rol de prostitución para complacer a los hombres. Iván Thays (481) hace una taxonomía similar (entre decentes y prostitutas), pero les proporciona más importancia a las segundas, debido a que ellas logran captar y atraer con eficacia a los personajes masculinos. Pedro de Felipe (91) precisa que el contacto con Teresa transforma negativamente a Alberto Fernández, puesto que traiciona a sus amistades. Así sea la mujer de cualidades positivas o negativas, tal como la han podido distinguir Pernilla Sövgren e Iván Thays, tiene una función estimulante hacia el hombre, así como la proponen los críticos del párrafo anterior. Y más que ayudarlo, generan que este discierna entre lo bueno y lo malo de la vida; a la vez, lo incitan a madurar, como sucede notoriamente con el Poeta, frente a Teresa y la Pies Dorados.
En tercer lugar, con respecto a la hipocresía femenina, Joel Hancock (40) menciona que en la novela la mujer es hipócrita en la elección, merced a que solo le importa el matrimonio; sobre todo, en el caso de Teresa. Entretanto, Marie-Madeleine Gladieu afirma que más se trata de demostrar lo contrario: la existencia de una mujer comprometida. En torno a lo formulado por Hancock y Gladieu, sostengo que no prevalece la hipocresía con el personaje. Más bien, es una conveniencia en el momento de querer estar con algún otro chico. Por ejemplo, su afinidad con Ricardo Arana surge porque él estudia en el Colegio Militar, con Alberto Fernández es debido a que pertenece a una clase acomodada, y con el Jaguar se siente atraída, puesto que él le enseña y la acompaña muchas veces. A lo largo de la narración, se aprecia cómo rechaza al Jaguar, ya que hay una actitud que no le gusta: es celoso y violento. El matrimonio se condiciona con el transcurso de los años, pero no es su necesidad, ella podría haber estado soltera y su vida no se alteraría en absoluto.
En cuarto lugar, la presencia del triángulo amoroso, en el que se involucra a Teresa como participante principal, desata una serie de complejas interacciones entre los personajes protagónicos. Fernando Iwasaki (140) especifica que se ha configurado un triángulo amoroso entre el Jaguar, el Poeta y el Esclavo con Teresa. Esa situación ocupará un rol central, como motivo de lucha para la liberación. Por otro lado, en vez de relaciones, habría temores y admiración automática a ese paradigma viril que se focaliza en la preponderancia del hombre acerca de la mujer. David Gallagher (595) señala que la figura de Teresa es metafórica, debido a las tres posibilidades socioeconómicas que puede tener una mujer para relacionarse con estos tres personajes. Pedro de Felipe (91) indica que Teresa es un nexo lisonjero entre ellos. Víctor García de la Concha (LXXXV) propone que ella revela sus deseos por uno de los chicos y no por varios.
En función de los planteamientos del triángulo amoroso, concuerdo con todo lo expuesto, a la vez que deslindo lo añadido por Pedro de Felipe y Víctor García de la Concha, quienes constituyen a Teresa como condicionada por preferir a uno o varios chicos; pero más resulta que no es tanto esa peculiaridad por un personaje, sino que ella en sí es interesada. Esto se comprueba luego de mucho tiempo, cuando el Jaguar va a la playa y la ve con otro adolescente, además de ser cuidadosa por no revelar el secreto a los tres personajes principales sobre el encuentro que tiene con cada uno de ellos. La información que se extrae es por parte de los cadetes, no de ella misma. Al configurarse de esa manera a Teresa permite que nunca se lleguen a confrontar el Poeta con el Jaguar ni con el Esclavo frente a ella.
2. Abordaje teórico de la mujer en la novela de Mario Vargas Llosa
Los críticos literarios Claudio Naranjo, José Luis Martín, José Santaemilia Ruiz y Ellen Watnicki Echeverría han tratado este tópico con percepciones distintas en La ciudad y los perros. La constitución femenina es evocada y repudiada, debido a que aceptarla implica una negación de la hombría. El hombre es allí el símbolo de poder, mientras que la mujer carece de este. Verbigracia, el hecho de que Alberto Fernández represente a las féminas en novelas pornográficas implica una descalificación. En ese sentido, los personajes más notorios son quienes viven el sexo como desviación. Eso acontece con el Boa al usar de modo grotesco a su perra Malpapeada, con quien tiene una relación sadomasoquista. Además, los chicos poseen una visión frustrada de la mujer. Por eso, optan por la prostitución y la asocian con el fracaso. En el caso de la Pies Dorados, ella constituye una imagen estereotipada de la prostituta. El hombre paga para satisfacerse sexualmente y la mujer se comercializa solo como objeto. El enfoque del otro tipo femenino de esta obra literaria se evidencia con Teresa. Por ejemplo, se señala que Ricardo Arana y el Jaguar asocian la figura de esta chica con la de sus madres. Por lo tanto, intentarán empatizar con ella, a pesar de que el amor en la novela es frustrado. El trato del Esclavo será de caballería al relacionarse con Teresa por medio de cartas; entretanto, para el Jaguar se complejizará un poco más, ya que también denigra la imagen femenina y recurre al robo. A la vez, prevalece una esperanza: el placer que se siente no será tan destructivo como el de la violencia o la crueldad.
En el libro El viaje a la ficción (170-171), Mario Vargas Llosa también ha afirmado algo al respecto: él prioriza el enfoque degradado de la mujer al articular que la prostitución se ha explayado más durante el tiempo, consecuencia que no se esperaba, a causa de los avances científico y cultural. Ha ocurrido todo lo contrario: el sexo se ha liberado de tabúes y la mujer conquista una libertad sexual que en el mundo subdesarrollado es inexistente. Para el autor, el burdel también es producto de la perversa visión puritana que la religión cristiana posee del sexo, como un quehacer con el que lo más instintivo y bestial de la naturaleza humana se manifiesta. El autor añade que el burdel es la personificación del machismo (otro criterio primordial del subdesarrollo), la doble moral que lo engendra (una para el hombre y otra más reservada para la mujer) y la hipócrita duplicidad frente al sexo (en el matrimonio, se tienen relaciones sexuales con el ser que uno ama, mientras que en un burdel se paga por la satisfacción sexual de cada uno).
En este caso, reanudando lo ya señalado por la crítica literaria y el autor, retomaré con distinción el sentido adoptado de la mujer y propondré tres tipos constantes y conflictivos de representación en la novela.
I. La mujer ideal (Teresa): un personaje delicado, bueno, inocente y de condiciones económicas escasas. Su forma de ser se asocia mucho con el de tipo de mujeres trabajadoras, esforzadas y cumplidoras. Son los afectos los que desarrollan ellas en sus interrelaciones, por encima de lo racional. También, la mujer se socializa en silencios: no expresa sus deseos, su agonía y sus maltratos. Lleva su existencia adelante, sin traslucir sus problemas. En la vida de Teresa, interactúan tres personajes (el Jaguar, Ricardo Arana y Alberto Fernández) vinculados con el enamoramiento. Ellos poseen el deseo de ser amados por ella, a pesar de que las circunstancias los distancie; verbigracia, el Colegio Militar o las conductas violentas que rechaza Teresa del Jaguar. Este personaje femenino logra casarse con el asesino del Esclavo, luego del conflicto sucedido por un ataque de celos frente a sus amistades. En torno a ello, Ricardo Ruiz Carbonell (28) afirma que los más agresivos suelen ser los más celosos. Es una proporción patológica. El tiempo los une de nuevo. Asimismo, Aristóteles (332) señala que el amor es lo que se siente por otra persona por mucho tiempo, a quien inspira confianza y por quien no se avergüenza. Entre los tres personajes, el Jaguar era el más capacitado para estar con ella, ya que el Poeta no le prestaba mucha atención, porque no le gustaba del todo, y el Esclavo no era apto de entablar un enamoramiento por su timidez.
El amor es el ejemplo más notorio en cuanto al tipo de realidades de la vida humana experimentada, pero que no es conocido; aunque se sigue tratando de averiguar qué factores actuarían en el desarrollo del amor. Verbigracia, el “flechazo” o el enamoramiento fulminante será inexplicable en los dominios científicos. Es más, sus modos de manifestación también son complejos al interpretarse desde el Psicoanálisis: muchas veces, el impulso amoroso se evidencia bajo una máscara sádica. Entretanto, la representación obsesiva “quisiera matarte” significa “quisiera gozarte”. Explícitamente, esa demanda es de amor, debido a que ese sentimiento no es forzoso: se brinda de manera incondicional, una entrega gratuita, pero también no inofensiva. El ofrecimiento del amante no exige un intercambio, pero constituye un desafío: no le quitará nada al ser amado, sino que querrá poseerlo (sexual, política y militarmente). Por eso, Lacan (168) señala que el deseo no concierne al objeto amado: hay algo más allá que busca el amante. Por esa razón, se entiende el concepto de amar como un sentimiento o una acción que se otorga a alguien, no de cualquier forma: se trata de proporcionar al amado algo que uno no tiene.
Riane Eisler (129) afirma que el amor se plasma culturalmente en mitos subsistentes que idealizan la violencia y el dominio masculinos. En consecuencia, se iguala la verdadera masculinidad con la eliminación, no solo de pueblos inferiores, sino de sentimientos inferiores; es decir, emociones femeninas estereotipadas, como la compasión, el cariño y la empatía. Por eso, existe temor a que se pierda la idea del sujeto varón a través de la no violencia, que implica el contacto con las mujeres para desarrollar cualquier función específica, como la del enamoramiento o la del recurrir al prostíbulo. Por este motivo, si la verdadera vida está ausente en medida que el amor se retira, un caso específico es cuando se muestra la depresión por el Jaguar en el momento en que Teresa rehúye de él por su actitud violenta: pasa mucho tiempo sin estar en contacto con ella, por más que la busca y la proyecta como la mujer de su vida.
Los protagonistas construirán su comportamiento frente a una mujer. El cambio más llamativo es el del Jaguar, ya que él es el menos indicado para enseñar de valores a alguien. Es más, él mismo traiciona su saber frente a Teresa cuando arremete contra esos jóvenes que la acompañaban. En el caso de Alberto Fernández y Ricardo Arana, quienes se muestran un poco inhibidos, no logran nada más comprometedor, aunque por un instante se creyera que el Poeta está interesado realmente por Teresa, pero después resultará que ni siquiera le gustaba ni existía interés de su parte.
II. La mujer frustrada (madres de los protagonistas): típico caso de la madre que ha fracasado en el matrimonio y no cuenta en muchas oportunidades con la presencia física y económica de su esposo (y padre de sus hijos a la vez). Sucede con los personajes principales, quienes tienen una mala formación familiar, por las causales de divorcio o abandono de hogar. Estas mujeres son víctimas del machismo: son sometidas por el varón en todas las escalas de la vida social. Esto incluye su proceso de socialización (represivo), el servicio al padre (o el marido), su predominante reclusión en el hogar frente a la sociedad y su menor participación en los asuntos públicos (en la sociedad civil y política). También se plasman su dependencia económica y su escasa oportunidad de trabajo merecido y debidamente remunerado. En La ciudad y los perros, es apreciable esa dependencia económica y social que tienen las madres de familia hacia sus maridos; aunque se intenta mostrar una faceta hipócrita de desinterés en muchas ocasiones, como sucede con la madre de Alberto Fernández. Ella rechaza todo apoyo económico de su esposo por faltas éticas que atentan a su persona.
—¡Fuera de aquí! —rugió la madre—. Esta es una casa limpia, no tienes derecho a venir a ensuciarla. Vete donde esas perdidas, no queremos saber nada de ti; guárdate tu dinero. Lo que yo tengo me sobra para educar a mi hijo.
—Estás viviendo como una pordiosera —dijo el padre—. ¿Has perdido la dignidad? ¿Por qué demonios no quieres que te pase una pensión? (105).
III. La mujer degradada (la Pies Dorados): en La ciudad y los perros, se alude a esa prostituta de pies blancos, pequeños y refinados, que es la preferida de los cadetes de la primera sección del 5.° año. Con ella, a la vez, se observa el código machista impuesto en la sociedad, el cual se traduce en fenómenos de menosprecio por la mujer. Riane Eisler (152) ya planteaba que el culto fálico no alude a la sexualidad, sino al símbolo masculino de violencia, conquista y dominio. En términos aristotélicos, los jóvenes serían los más propensos a los deseos pasionales y la condición de actuar con deliberación. Por eso, en esta novela, impera una manipulación enlazada y continua, que parte desde el concepto deteriorado de modernización (que deslinda más las conductas inmorales, como el libertinaje y la ruptura de tabúes sexuales), continúa con el de sociedad militar machista, el de hombre violento y el de mujer. La fémina será tomada como un objeto de aplicación para las modificaciones y los deseos que demanda un tipo de sociedad utópica y moderna. Mucho estriba de cómo se relacionan los dos últimos elementos de esta cadena continua: el hombre violento y la mujer; porque de ellos dependerá el vínculo afectuoso que surja o no. Se condicionará a los altibajos emocionales y anímicos entre ambos. Verbigracia, en la relación del Jaguar y Teresa, se aprecia una búsqueda de goce desinteresado, ya que, mientras él siente el poder y la dominación hacia ella no acarrea una actitud romántica para atraerla sentimentalmente (como sí la posee Ricardo Arana), se adaptará, puesto que gran parte de la violencia lo ayuda a regular su conducta frente a las mujeres. En el caso de Alberto Fernández, un rol muy esencial que exhibe cómo se ha configurado al tipo de mujer —que él usa como objeto sexual— es al corroborar su actitud en función de la creación literaria pornográfica. Esta no tiene el propósito de mostrar que la mujer es una entidad malformada, como señalaba uno de los críticos anteriormente, sino que pretende trastornar la mentalidad de los alumnos del Leoncio Prado. Al leer esas novelitas eróticas tituladas Lula, la chuchumeca incorregible, La mujer loca y el burro, La jijuna y el jijuno, Los placeres de Eleodora o Los vicios de la carne,provocan en ellos mismos fantasías que cubren sus carencias acerca de ese presente cerrado: el hecho de no estar con mujeres y, más aún, no fornicar con ellas. El único objetivo extraíble es complacer sexualmente a esos adolescentes de alguna manera, aunque el Poeta recurra también a sus ganancias que le genera escribir; pero el principal motivo es el de tranquilizar esas ansias hormonales. En el siguiente ejemplo de la novela, se aprecia ese modo de tomar el sexo en torno a las novelitas pornográficas de Alberto Fernández.
Él los insulta: “Pajeros, asquerosos, a ver por qué no leen la Biblia o el Quijote” […]. “Cinco cigarros, diez cigarros, negrito Vallanito, préstame a Ele-o-do-ri-ta-pa-ra-ha-cer-me-la-pa-ji-ta, yo sabía mamacita que el primero sería el Boa por la manera como rascaba a la Malpapeada mientras el negro leía, aúlla y aguanta quieta, ya se me ocurrió, pero qué buena idea para pasar el tiempo y ganarme unos cobres y tenía montones de ideas, solo que me faltaba la ocasión” (165-166).
El tipo de escritura que plantea el Poeta no se asemeja al que emplea de forma cortés y caballeresca. Al redactar cartas de amor, opta por la contraparte de lo ofensivo y lo pornográfico. Con esa modalidad, se busca simpatizar y enamorar al destinatario con la belleza de las palabras y sus respectivas intenciones. A continuación, se corrobora un fragmento de su novelita pornográfica titulada Los placeres de Eleodora.
Tenía las piernas gordas, blancas y sin pelos. Eran ricas y daba ganas de morderlas […]. El aposento temblaba como si hubiera un terremoto; la mujer gemía, se jalaba los pelos, decía “basta, basta”, pero el hombre no la soltaba; con su mano nerviosa seguía explorándole el cuerpo, rasguñándola, penetrándola. Cuando la mujer quedó muda, como muerta, el hombre se echó a reír y su risa parecía el canto de un animal […]. La mujer pensó que los mordiscos del final habían sido lo mejor de todo y se alegró al recordar que el hombre volvería al día siguiente (163-164).
Para terminar, Sigmund Freud (349) fundamenta que existen tres tipos de personas que hacen un uso convencional cuando se refiere al contacto con las mujeres que brindan servicios sexuales. Un primer grupo se compone de individuos cuyo propósito sexual es considerado como un mero acto preparatorio del fin verdadero: inspeccionan, palpan y tocan a la persona de sexo opuesto, con la intención de entrever las intimidades de su cuerpo, y esperanzarse en obtener una reciprocidad. En el siguiente fragmento de la novela, se observa cómo el Poeta recurre a esta primera modalidad de ser por su falta de experiencia en el área sexual.
Alberto se desnudó, despacio, doblando su ropa pieza por pieza. Ella lo miraba sin emoción. Cuando Alberto estuvo desnudo, con un gesto desganado se arrastró de espaldas sobre el lecho y abrió la bata. Estaba desnuda, pero tenía un sostén rosado, algo caído, que dejaba ver el comienzo de los senos. “Era rubia de veras”, pensó Alberto. Se dejó caer junto a ella, que rápidamente le pasó los brazos por la espalda y lo estrechó. Sintió que, bajo el suyo, el vientre de la mujer se movía, buscando una mejor adecuación, un enlace más justo. Luego, las piernas de la mujer se elevaron, se doblaron en el aire, y él sintió que los peces se posaban suavemente sobre sus caderas, se detenían un momento, avanzaban hacia los riñones y luego comenzaban a bajar por sus nalgas y sus muslos, y a subir y a bajar, lentamente. Poco después, las manos que se apoyaban en su espalda se sumaban a ese movimiento y recorrían su cuerpo de la cintura a los hombros, al mismo ritmo que los pies. La boca de la mujer estaba junto a su oído y escuchó algo, un murmullo bajito, un susurro y luego una blasfemia. Las manos y los peces se inmovilizaron.
—¿Vamos a dormir una siesta o qué? —dijo ella (126-127).
Un segundo grupo lo constituyen los enigmáticos sádicos, quienes infligen dolores y sufrimientos a su objeto de toda clase, desde la simple humillación hasta las graves lesiones corporales. Paralelamente, un tercer grupo se compone de los masoquistas, cuyo único goce consiste en recibir todas las humillaciones y los sufrimientos en forma simbólica o real del objeto amado.
3. Análisis metateórico con respecto a la experiencia femenina en La ciudad y los perros
En esta obra literaria, la mujer es un incentivo que dinamiza al Jaguar, Alberto Fernández y Ricardo Arana, para conseguir un cambio de identidad notorio. Puede ser considerado como un estímulo que altera la personalidad, pero también es parte de la evolución humana o el crecimiento psicológico de cada individuo. La progresión mencionada remite al tránsito de un tiempo de soledad e imperfección a otro, en el que el aprendizaje en función de la conquista de las mujeres es requisito para lograr la confianza de cada personaje. Estas modificaciones se observan gradualmente; sobre todo, en tres etapas, las cuales se explicarán a continuación.
La etapa más desarrollada es la que se alcanza por un alto nivel de confianza en relación con las mujeres, teniendo en cuenta que el individuo ha atravesado antes por un estadio de timidez y otro de conocimiento de la situación. En este rango, se halla el Jaguar, quien ha adoptado una autoestima que le permite interactuar con las mujeres de forma más directa. Si necesita tener sexo con alguien, se irá a un prostíbulo; y si requiere de la compañía de una chica para enamorarla, la conseguirá con artimañas, como ocurre con Teresa.
En la etapa intermedia, se aprecia un conocimiento, aún imperfecto, con respecto a la manera de enamorar y tratar bien a una chica. El Poeta se encuentra en esta posición. Lo predominante en este periodo es que el personaje, desde lo que conoce, pondrá a prueba lo acatado. En rigor, su función se caracterizará por una dinámica dialéctica consuetudinaria, por la que los variados intentos construirán su aptitud de conquistador. Recuérdese que Alberto Fernández acude a un burdel para acostarse con la Pies Dorados. A partir de allí, las demás acciones se complementarán con las acciones que le facilitarán conquistar a las mujeres. Pero el ámbito en el que mejor se articula esta etapa es cuando está con sus amigos de su entorno social miraflorino (Tico, Pluto, Marcela y otros), y no tanto en el Colegio Militar (donde predomina más la degradación y la mala imagen de la mujer), porque estos muchachos lo retan con frecuencia: le presentan chicas, lo llevan a fiestas, comentan en torno a gustos del sexo opuesto, le recomiendan con quién debe declararse, etc. El Poeta está en una etapa en la que quiere aprender de las mujeres. Por eso, no le importará si por error se contacta con alguien equivocada, como sucede al besar a Teresa, a quien considera fea, motivo por el que la dejó después.
El tercer estadio se caracteriza por manifestar una atmósfera de timidez y baja autoestima en el individuo. El Esclavo se introduce en ese ámbito. Él es un inexperto en el trato con las mujeres. No tiene la voluntad ni la osadía para conquistar a una. Recurre a su compañero Alberto Fernández para que lo aconseje para actuar con determinación y le haga llegar una carta a la chica que le gusta (Teresa).
La pregunta a partir de los tres momentos estribados en la mujer es la siguiente: ¿la instancia postrema es diacrónica? ¿Los personajes se resignan a permanecer allí? Ricardo Arana quiere conquistar a Teresa. El Poeta y el Jaguar no se sienten realizados si no están en contacto con una muchacha. Los personajes anhelan entablar una relación con una mujer por encima de todo. Por ello, ocurre también una deconstrucción en este triángulo jerárquico, que se graficará a continuación para explicarse sus variables. En función de la alteración, en la última etapa, la de la timidez, se han encontrado a los integrantes de la tríada protagónica (el Jaguar, Ricardo Arana y Alberto Fernández), aunque esta no es del todo satisfactoria. Ellos, al igual que los cadetes del Colegio Militar Leoncio Prado, pretenden ser como el Jaguar; es decir, hallarse en su misma posición. Esta taxonomía se desvirtúa, merced a que el interés por la satisfacción lograda al poseer una mujer es relevante para estos personajes. En algunas ocasiones, la violencia será la que conllevará ese ascenso radical que desestructurará lo establecido; pero también es la sociedad la que demanda que los sujetos se interrelacionen con eficacia para no ser atacados psicológicamente. Para finiquitar, un motivo definitivo es la evolución humana: el hombre aprende a enamorar, porque su ciclo de vida le demanda vivir acompañado de una mujer.
Conclusiones
En la novela La ciudad y los perros, es necesaria la articulación de la mujer para que los cadetes maduren y conozcan más acerca de la realidad en la que viven. No importará la función que ellas cumplan, pues se hallan en una condición enjundiosa. Con Teresa, el Jaguar reluce lo mejor que tiene para sí, como querer enseñar, ser responsable y atento. El Esclavo yace enamorado, y todo lo que hace dentro del Colegio Militar Leoncio Prado lo realizará por confrontar a esa chica. Para terminar, el Poeta desarrollará su seguridad al sentir que logra conquistar a Teresa. Por otro lado, al referirse a la Pies Dorados, su inclusión será ineludible para que los cadetes aprendan a desear y conocer más sobre el acto sexual. Es más, se trata de una liberación con respecto al internamiento en la institución militar, donde la representación femenina está ausente.
Bibliografía
Aristóteles. Retórica. Gredos, 1990.
Davis, Mary. “Dress Gray y La ciudad y los perros: el laberinto del honor.” Revista Iberoamericana. Vol. 47, nos. 116-117 (1981): 117-126.
De Felipe, Pedro. “Un cuarto de siglo en la búsqueda de la felicidad en tres novelas de Mario Vargas Llosa. La ciudad y los perros (1963), La tía Julia y el escribidor (1977) y Las travesuras de la niña mala (2006).” Contexto. Vol. 16, no. 18 (2012): 85-101.
De Sarlo, Giulia. “Entre masculino y femenino. La narrativa de Vargas Llosa a la vuelta del milenio.” Libros & Artes. Vol. IX, nos. 44-45 (2010): 8-11.
Delgado Del Aguila, Jesús Miguel. Protagonismo violento y modos de representación en La ciudad y los perros (1963). Tesis de licenciatura. Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 2017.
Díaz Reátegui, Karen. Cuestiones de identidad, ficción y verosimilitud en la autobiografía latinoamericana: Antes que anochezca y La ciudad y los perros. Tesis de maestría. Universidad de Georgia, 2004.
Eisler, Riane. Placer sagrado. Sexo, mitos y política del cuerpo. Trad. Elena Olivos. Cuatro Vientos, 1999.
Fontaine, Arturo. “Vargas Llosa en 31 voces.” Estudios Públicos.No. 122 (2011): 5-14.
Freud, Sigmund. Introducción al psicoanálisis. Trad. Luis López-Ballesteros. Alianza Editorial, 2004.
Gallagher, David. “La fecunda aventura.” Estudios Públicos. No. 122 (2011): 589-597.
García de la Concha, Víctor. “Una novela en círculo.” En La ciudad y los perros. Alfaguara, Real Academia Española, (2012): LXI-C.
Gladieu, Marie-Madeleine. “La ciudad y los perros, novela inaugural.” 2013. Web. 7 mar. 2021.
González Vigil, Ricardo. “Faulkner y La ciudad y los perros.” Libros & Artes.Vol. IX, nos. 44-45 (2010): 30-33.
Hancock, Joel. “Animalization and Chiaroscuro Techniques: Descriptive Language in La ciudad y los perros (The City and the Dogs).” Latin American Literary Review. Vol. 4, no. 7 (1975): 37-47.
Iwasaki, Fernando. “Historia secreta de una orgía. Las primeras novelas de Mario Vargas Llosa.” Estudios Públicos. No. 122 (2011): 138-156.
Janků, Zuzana. Los personajes femeninos en la obra de Mario Vargas Llosa: Pantaleón y las visitadoras, La tía Julia y el escribidor, Travesuras de la niña mala. Tesis de maestría. Universidad Masaryk, 2008.
Lacan, Jacques. El seminario. Libro 10. La angustia. Comp. Jacques-Alain Miller. Paidós, 2006.
León Rodríguez, Rafo. “Lima, los lugares de Mario Vargas Llosa.” Localización: Viajar: la Primera Revista Española de Viajes. No. 379 (2010): 86-99.
Magnarelli, Sharon. “La ciudad y los perros. Women and Language.” Hispania. Vol. 64, no. 2 (1981): 215-225.
Ruiz Carbonell, Ricardo. La violencia familiar y los derechos humanos. Comisión Nacional de los Derechos Humanos, 2002.
Salazar Jaque, Borys. La violencia como temática en La ciudad y los perros de Mario Vargas Llosa. Tesis de licenciatura. Universidad de Chile, 2005.
Sövgren, Pernilla. Mario Vargas Llosa y sus personajes femeninos. Un estudio de La ciudad y los perros y Travesuras de la niña mala. Tesina. Universidad de Lund, 2011.
Tenorio Requejo, Néstor. Mario Vargas Llosa. El fuego de la literatura. Arteidea Editores, 2001.
Thays, Iván. “Poder, pene, erección, castración y machismo en la obra de Mario Vargas Llosa.” Estudios Públicos. No. 122 (2011): 467-488.
Vargas Llosa, Mario. El viaje a la ficción, ensayo sobre Juan Carlos Onetti. Alfaguara, 2008.
—. La ciudad y los perros. Alfaguara, Real Academia Española, 2012.
Vigil Pablo, Diana Angélica. Tiempo, espacio y formación en La ciudad y los perros. Tesis de licenciatura. Universidad Autónoma Metropolitana, 2009.
Wiseman, David. Mario Vargas Llosa and the Politics of Literature. Tesis doctoral. Universidad de Vanderbilt, 2010.
Es magíster y candidato a doctor en Literatura Peruana y Latinoamericana por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha ejercido la docencia en institutos y universidades nacionales. Su línea de investigación es la narrativa, la teoría literaria, la creación literaria, el cine y los ensayos. Ha publicado reseñas, artículos, entrevistas, notas y cuentos en revistas indexadas nacionales e internacionales.