Las monstruas de Karina Sainz Borgo

4 octubre, 2026

Juan Marielli, entre reseña y crónica, relata su experiencia de lectura de Nazarena, la más reciente novela de la escritora venezolana radicada en España, Karina Sainz Borgo. En esta obra, la violencia hostil que atraviesan las protagonistas las transforma en verdaderas monstruas literarias.

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Esta autora nos ha acostumbrado a frases que suenan como disparos. Con dos balas de adjetivos o un par de símiles presenta y remata un personaje («Brígida era bruta. Tenía los ojos verdes y una mirada siempre a punto del espanto»). Y con ello, el personaje ya anda suelto por el texto sin necesidad de más atributos para que pongamos el ojo en sus acciones sin demora. De cuántos tachones, reescrituras y dudas haya detrás de cada una de las frases y adjetivos, solo la autora llevará la cuenta, pero se agradece sin duda su propuesta para que el ritmo, cuando no la acción, nos arrebate.

En esta última novela, cuyo título es el nombre de una de las ocho hermanas de una familia trágica, el desafío era enorme, porque cada personaje compite por acaparar el peso de los hechos supuestos u ocultos, o a medio enseñar.

El peso de la narración lo llevan dos voces: Nazarena y Brígida. Solo hasta el final de la novela hallaremos la conexión entre ellas. Se recrea una atmósfera lorquiana de cara adentro y violencia latente, pero de un Lorca que pasa por América Latina. Al tremendismo y el duende de la Andalucía de Lorca, se le suma un realismo mágico que raya en lo gótico en la Araira venezolana. Pero, sobre todo, y nuevamente, Karina Sainz Borgo despliega su particular colección de «monstruas», como ella misma llama a esas mujeres que extrae de sueños y pesadillas: mujeres que combaten la violencia, a veces desde el deseo y el exceso y otras desde una violencia aún más sorda, más implacable.

Los finales de las monstruas no pueden ser buenos, a no ser que se crucen el amor y el humor por lados imprevistos y a eso acuden el personaje del gitano andaluz y una huérfana que ve mujeres muertas colgadas de un árbol. La vida se abre paso con su «olor de azúcar y tierra mojada». Ese es el olor de la vida.

Minicrónica:

Mi lectura empezó por tratar de asirme a cada personaje, guardar en la memoria el carrusel de detalles que los caracteriza en cada acción o que parecen condicionar el correr de los acontecimientos. Al final, como me pasó ya en La isla del doctor Schubert, me entregué al fluir de las palabras, a esa especie de ritmo incandescente con el que habla cada personaje. Me dije: «Esto no es una historia; esto es una música». El resto era dejarme llevar.

El relato del parto de la yegua del General es un ejemplo muy bueno de las cosas a las que aspiraba esta novela. Dos mujeres, Eufrasia y Nazarena asisten al nacimiento de la criatura encerradas y a cobijo de los animales, más que hombres, que esperan fuera. Eufrasia es la que sabe las artes de traer criaturas al mundo y Nazarena es una jovencita. A los hombres «no les gustan las mujeres como Eufrasia, acostumbrada a la brega y al mando. Los montaraces preferían a las que aún podían desvestir a zarpazos». Es decir, mientras ayudan a una yegua a parir, se protegen del acoso.

Sainz Borgo dialoga con los clásicos, hace guiños constantes de monstruos literarios y reivindica y ensalza la enorme gesta de mujeres sometidas o enfrentadas a la violencia más sorda y animal. De esto surge una literatura que navega por su cuenta, y una escritora, cuyo modo de narrar está pidiendo a gritos encajarse en la realidad, destriparla y alumbrarla con esas mismas armas que pone en la ficción. Es periodista y de eso sabe. Es decir, pide a gritos un ensayo sobre monstruas reales, pero mientras eso llega, su prosa es disfrutable como fiesta, incluso podría escucharse sobre un escenario.

Unas pocas veces las escenas merecerían más desarrollo; algunos personajes también, pero era una novela ambiciosa, como cualquier historia que ocurra en una casa bajo una maldición. La autora parece haber preferido el trenzado de los hilos argumentales para dotar de sentido y fortalecer al menos una de las historias mayores de violencia, y que, en medio del infierno, se pueda contar todo lo «que no es infierno».

Novela para degustar ritmo, lenguaje, técnicas narrativas y descriptivas. De nuevo, una historia que une ambas orillas del Atlántico y que muestra mujeres que podrían caber en ocho novelas. Y hasta aquí no se puede contar mucho más porque es al final cuando se descubre una clave que distingue la realidad de la ficción, la muerte de la vida, esa cosa que huele a azúcar y tierra mojada.

Bibliografía:

Sainz Borgo, Karina. Nazarena, Alfaguara, 2026.

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Filólogo, editor y escritor. Ha publicado, editado y coeditado diversas obras de ficción para adultos y niños, así como de crítica literaria y de temas relacionados con la salud global en América Latina. También coordina proyectos creativos sobre cultura, ciencia y cooperación internacional. Vive entre España y América Latina y comparte las nacionalidades española y nicaragüense.