Poemas de Whigman Montoya Deler

3 agosto, 2025

En estos poemas de Whigman Montoya Deler, el cuerpo es campo de batalla y de resistencia. Con una voz poética original, el autor entrelaza imágenes de suplicio, deseo y subversión para revelar los dispositivos del poder que marcan la carne y la memoria. Cada verso es un corte —literal, simbólico, histórico— que interpela al lector desde una intensidad que recuerda las poéticas del exilio y la disidencia. Aquí, el lenguaje no limpia ni consuela: abrasa, desgarra y transforma. Estos poemas no buscan redención, sino dejar constancia de que resistir también es una forma de escribir.

El suplicio de la rueda

Los hombres se pusieron en pie
no hubo ley, media luna ni cruz que los atara.
Ya nadie cree en oráculos, palomas
nadie quiere morir aplastado por el peso de la casa  
ni verlos regurgitar la ceba-palabra: aguante.     
Cualquier yugo puede nombrarse
Vía Dolorosa:
Avenida Habib Burguiba
Paseo Marítimo de Alejandría
calles de Bengasi
llanura del Ariguanabo.
Caes y te levantas.
En la pubertad se cambia la voz
pero los verdugos han decretado romper
las calles del descontento
fragmentar las nueces desde arriba   
semejante a los quebrantahuesos.
Ellos reavivan el suplicio de la rueda
lanzan sus tortugas sobre los Esquilos.   
Tenerte postrado es el peor martirio. 
Te levantas y caes.
Niegan la rueda del molino
la arcilla en movimiento.
Los osos no huelen una idea
ni las ratas son fieras en los circos romanos.
La desobediencia también es rueca.
De tanto resistir nos hemos convertido en resistencia.  

Desgarrador de senos

La sangre ha corrido, la desgracia ha pasado.                                                       

Proverbio Árabe

Ella tuvo senos transitorios, seudo amantes
abuelas con carbones encendidos, algo ajeno.
Otra vez seno como maldición depositaria.
Si hay algo de valor guardado, ha sido el asco
o aquellos tatuajes:  puntas al rojo vivo.
Los ha usado como magia imitativa:
y no te tuvo
y se agrietaron sus pezones por la herrumbre
por tanta sal sobre la superficie metálica.
Así como el tatuaje de abeja garantiza la miel
has asegurado ver correr la sangre.
Todo sacrificio invierte.
Hay algo místico en la marca
más que en la señal de la cruz.
El cuerpo es tuyo.

Lingchi

               muerte de los mil y un corte

Sólo era uno, el torturado
solo con su desnudez a cuesta
desnudez pública
como centro de la diana.
Cada tajo de la misma carne
multitud de cortes
turba que grita:
carne de hombro, de pecho, de costilla:
la descentralización de la carne.
Ellos no saben de conversiones.
Cada trozo es carne de mi carne.
Todo grito es de la multitud que sobrevive
privada de voz, dispersa
cuando en algún seno materno
se forma un hijo.

Jaula colgante

Hay toda supresión en el desorden
derecho no se explica, solo dicho
un algo excepcional, puro capricho
transgrede y decolora lo que aborden.
¡No soy tan animal, qué ni me engorden
con lo de libertad si colaboro!

Yo me resemantizo como el loro
apenas dimorfismo ya en mi raza
exhiban lo que quieran, mi carcasa
no callo tropelías, reincorporo.

Cinturón de San Erasmo

Con cada movimiento me lacera
respiro lo preciso; limitado
ceñido a mi cintura lo has atado
verdugo, tú el gusano de la Era.
Estoy determinado en una esfera
ya nadie nos protege, nos desunen
que igual a un Ouroborus nos vacunen
tatuándonos la piel: la culebrilla
el hombro romperá la jeringuilla
los malos se trasmutan, se reúnen.

La Máscara

La máscara fue sólo el instrumento
en tu totalidad te castigabas
los golpes en tu frente como aldabas
la lengua atravesada, el excremento.
El ojo tras la puerta el complemento
la casa más verdad que el disimulo
te lanzas al abismo como el mulo
la cápsula se abrió ya no hay sutura
la brida te has clavado en la escritura
redacta ya tu verso, a lo Catulo.

Limpieza del alma

El alma la he perdido, sobrevuelo
el palo de la escoba se ha partido
mi lengua a mis hermanos ha barrido
hoy vivo con la carga por el suelo.
Recojo piedra, leña; entonces muelo
la gran olla caliente: mi tranvía.

Carbones, agua, hierro abrasaría
ya tuve mi desplome y mi mostaza.
Quedó el jabón ardiente en esta taza
tragarlo es el remedio, cosa mía.

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Cuba, 1973. Poeta y ensayista. Ha publicado recientemente el poemario Los cantos de Samael (Ediciones Laponia, 2024) su obra incluye los siguientes títulos El Lyceum y Lawn Tennis Club: su huella en la cultura cubana (UnosOtros Ediciones, 2017 y Ediciones Laponia, 2022) y los poemarios El oscuro bosque de mis manos (Ediciones Laponia, 2019) y Nudo gordiano (Ediciones Laponia, 2021).