Fotografía: Daniel Mordzinski
Fotografía: Daniel Mordzinski

Cantar y contar: Rubén Blades y Junot Díaz conversan en Panamá

10 junio, 2026

¿Qué le debe la novela a la canción y la canción a la novela? ¿Puede una canción lograr lo que a veces no consigue una novela? Estas fueron algunas de las preguntas que resonaron en el Auditorio Carmen Cedeño de la Ciudad de las Artes en Ciudad de Panamá durante el diálogo que Rubén Blades y Junot Díaz sostuvieron con Ronald Ávila-Claudio en el festival Centroamérica Cuenta. Presentamos una transcripción editada de la conversación.


Hay preguntas que solo cobran su verdadera dimensión cuando se formulan entre dos artes distintas. ¿Qué le debe la novela a la canción y la canción a la novela? ¿Por qué algunos artistas eligen narrar la ciudad, la migración y las tensiones sociales en lugar de esquivarlas? ¿Puede una canción de cuatro minutos lograr lo que a veces no consigue una novela de trescientas páginas? ¿En qué lengua, en qué ritmo, desde qué barrio se cuentan las historias que nos atraviesan? Estas fueron algunas de las preguntas que resonaron en el Auditorio Carmen Cedeño de la Ciudad de las Artes en Ciudad de Panamá la noche del sábado 23 de mayo de 2026, durante el diálogo «Cantar y contar», celebrado en el marco de la decimotercera edición del festival Centroamérica Cuenta.

El encuentro reunió a dos figuras cuyas obras han explorado, desde lenguajes radicalmente distintos, la memoria, la migración y la experiencia popular del Caribe y América Latina: Rubén Blades (Ciudad de Panamá, 1948), cantante, compositor, músico, actor, abogado y político panameño, uno de los artistas más influyentes de la música latina, ganador de 22 premios Grammy y Latin Grammy, Personalidad del Año 2021 de los Latin Grammy Awards, y cuyas canciones —de «Pedro Navaja» a «Buscando América»— han convertido la salsa en un vehículo de crónica social y pensamiento político; y Junot Díaz (Santo Domingo, República Dominicana), autor de Drown (Los muchachos), La maravillosa vida breve de Oscar Wao —con la que ganó el Premio Pulitzer en 2008— y Así es como la pierdes, becario MacArthur y de la Fundación Guggenheim, profesor en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) y miembro de la Academia Estadounidense de las Artes y las Letras, cuya prosa bilingüe y arraigada en la experiencia del barrio ha redefinido la narrativa de la diáspora caribeña en Estados Unidos. La conversación fue conducida por Ronald Ávila-Claudio, periodista, editor y productor en la redacción de Londres de BBC News Mundo, nacido en Puerto Rico de madre boricua y padre hondureño, con una trayectoria que incluye dos premios nacionales de periodismo en su isla y entrevistas a figuras como Rita Moreno, Residente y Natalia Lafourcade.

Lo que siguió fue una conversación de notable intensidad: sin poses ni declaraciones de principios, sino a través de recuerdos de infancia, abuelos que enseñaron a leer y a callar, barrios que formaron el oído y la conciencia, y la certeza compartida de que narrar la experiencia popular es un acto de integridad antes que de protesta, Blades y Díaz tejieron un mapa de las deudas cruzadas entre música y literatura. Aquí, la transcripción editada de esa noche.

Ronald Ávila-Claudio: Mi primera pregunta es para los dos. Rubén, usted pudo haberse dedicado a interpretar salsa bailable sin un contenido político explícito. Y Juno, a usted le encanta la literatura de fantasía, de ciencia ficción, lo he escuchado muchísimo hablar del tema y las referencias están muy claras en sus obras. Pero ambos decidieron contar la ciudad y las tensiones que allí ocurren: la migración, la violencia, la pobreza. ¿Por qué y cuándo decidieron transmitir estos temas en sus obras?

Junot Díaz: Yo nací en la capital, en Santo Domingo, en un barrio popular que se llama Villa Juana, y yo creo que cuando uno crece en esa clase de ambiente, hay un baño de pueblo, hay un ritmo, hay un nivel de comunidad que, aunque uno es un niño que no conoce todo bien, que no entiende cómo funciona la ciudad, ni la política, ni quién es el gobernador o el alcalde, y tú nomás conoces tres o cuatro calles, par de callejones, pero ese ritmo y ese gentío y esa infraestructura, eso me impactó muchísimo. Cada vez que nosotros íbamos a un campo, al campo de mi abuelo, yo me cagaba, porque para mí eso fue el fin del mundo, porque no había electricidad, yo no entendía bien lo que se estaba moviendo. Y yo todavía si, cualquier ciudad que yo entro, no voy a decir que me siento súper bien a todo, pero eso es, si tengo un género, es una ciudad medio explotada, y todavía es así. Ahora vivo en Boston, que es sumamente aburridísimo, pero hay que aguantar la cosa.

Rubén Blades: Cuando yo empecé, yo tuve la suerte de tener una abuela muy especial, en mi casa las mujeres siempre fueron muy fuertes y fueron ejemplos muy buenos y muy fuertes. Mi abuela fue uno de esos ejemplos. Mi abuela me enseñó a leer a mí en la casa, cuando yo tenía 4 o 5 años, y yo empecé a leer desde una edad muy temprana y no sólo a leer, sino a tener conversaciones muy serias con mi abuela. Yo aprendí de la muerte a través de la conversación con mi abuela. Un día caminando, íbamos al Teatro Edison, pasó un cortejo fúnebre, mi abuela se paró, se detuvo y yo me detuve, le digo: ¿Qué te pasó? Dice: Un cortejo fúnebre, uno se detiene por respeto. Un cortejo fúnebre, ¿eso qué es? Se pueden imaginar, yo tenía 4 años preguntando, una pregunta fue a la otra. Finalmente: Eso va al cementerio. ¿Qué es eso? Ahí va la gente cuando se muere. Se muere, ¿qué es eso? Bueno, que llega un momento en que cambias y vas a otro plano. ¿Otro plano? Sí. Y ¿qué pasa? Te entierran. ¿Te entierran?, y ¿cómo respiras? No, tú no respiras cuando estás allá. Entonces me di cuenta, a través de mi abuela, y yo le pregunto a mi abuela: ¿Tú algún día te vas a morir? ¿Algún día tú no vas a estar conmigo? ¿Tú un día te vas a morir? Mi abuela me vio y me dijo: Sí, y tú también. Entonces, con esa clase de experiencia, y leyendo mucho, a mí me pareció siempre muy interesante el entorno, igual que dice Junot. O sea, yo amaba y amo mi entorno popular, siempre lo amé, y por esa razón me mudé al barrio donde nací, que es San Felipe. Y cuando estábamos escribiendo música, nuestros primeros poemas, mejor dicho —no había musicalizado todavía—, mi primer poema fue «9 de enero», y fue «9 de enero» porque fue una reacción hacia lo que nos pasó, hacia la manera como nos trataron en 9 de enero, y fue una reacción hacia algo que había ocurrido, que me molestó. Siempre consideré que era importante compartir y documentar nuestras experiencias, desde el sector popular, incluyendo todos los sectores, porque Panamá somos todos. Así que, cuando llegó el momento en que yo finalmente… yo no iba a ser músico ni actor, yo iba a ser abogado, eso que quede claro. Aquí hay un mito de que yo me gradué de la universidad y en una manera muy… fui donde mi madre y le dije: «Anoland, aquí tienes el diploma, yo voy a ser músico». Eso no pasó. Mi familia se fue de aquí en el 73, problema con la dictadura, y yo me fui en el 74 a acompañarlos. Ellos estaban viviendo en Florida. Mi papá había tenido un problema con Noriega. Y yo me fui en el 74. Y estando allá fue que terminé en Nueva York, como músico, y cuando estaba allá y escribiendo, escribía sobre lo que me parecía que era importante, que era documentar la experiencia de la ciudad, la experiencia de la comunidad, la experiencia de todos nosotros. Por ahí me fui. No solamente baile, sino también documentar la realidad.

Ronald Ávila-Claudio: Me contaba el maestro Rubén, Junot, que ustedes habían estado hablando de la influencia de sus abuelos, no sé si también quisieras compartir algo de eso.

Junot Díaz: Es que yo (…), yo vivía en Santo Domingo, mi papá estaba en los Estados Unidos. En ese tiempo yo no tenía memoria de mi papá, él se fue cuando yo tenía un par de meses. En ese tiempo no había, tú sabes, los recursos, el dinero… Él volvía para visitarnos de vez en cuando. Yo no lo vi los primeros seis años. Y mi mamá tenía cuatro niños. Ella sufrió muchísimo. Ella tenía muchos problemas para tener niños en sus primeros años, también salió herida durante la guerra civil, la revolución en la República Dominicana. Entonces, imagínate, la doña tenía mucha cosa encima, y tenía que trabajar. Yo explico esto para tratar de describir la casa, la situación. Es que mi mamá, yo no la culpo, ahora no la culpo, he tenido mucha terapia, pero es que ella estaba muy ocupada, sufriendo mucho y ella no tenía mucho cariño a mis hermanos, a mí, a mis hermanos, yo entiendo ahora por qué. Si no fue por mi abuelo, el papá de mi mamá, yo no creo que en los primeros diez años de mi vida, yo hubiera entendido qué es el amor familiar. Él me quería muchísimo. Era un campesino sureño dominicano, del sur, cerca de la frontera con Haití. Y tú sabes que hay ese estereotipo del caribeño: muy alegre, habla mucho, bla, bla, bla, súper caliente… mi abuelo no era nada de eso, era un sureño, los sureños no, eso es el sur de la República Dominicana, es el único desierto en el Caribe. Y eso cambia la personalidad de las comunidades ahí. Y él no hablaba, casi nunca hablaba. Y ese señor me enseñó… para un artista, para un escritor, el lenguaje más importante: el silencio, ¿«lo indecible» se dice?, is that it?, the unspoken, what cannot be said, ¿cómo se dice «the unspeakable»?, bueno, lo que no se puede decir. Y él lo entendía bien y me lo enseñaba, porque todas las culturas tienen cosas que no dicen, temas que no tocan, que todo el mundo lo reconoce, pero pretenden que no está pasando, y muchas de esas cosas para mí fueron sorpresas, pero él me ayudó. Yo todavía recuerdo que ese señor que no hablaba mucho, yo estaba visitándolo en el campo, en Azua, y por su trabajo… por muchos años, él cortaba caña, y los que conocen eso, eso es algo súper difícil y cruel, y él lo cortaba, cortaba caña por años. Y yo todavía recuerdo que yo lo estaba visitando, y estaba con él, y estábamos caminando, paseando, yo todavía me acuerdo, y él me decía, un tipo que nunca hablaba, decía: Antes éramos esclavos. Y yo tenía seis años, yo ni sabía qué era un esclavo, y ni qué eso significaba; pero yo sabía en ese momento que eso era algo muy importante, porque mi abuelo casi nunca hablaba. Pero también, cuando yo le pregunté a mi mamá, yo dije: Bueno, abuelo dice que éramos esclavos; y ella tenía esa cara, y yo me di cuenta: eso es un tema que no se toca, que ella no quiere hablar de esa historia, ni lo quiere reconocer. Y primero fue ese cariño que él tenía, y también fue que un hombre campesino, que no sabía cómo leer, que mucha gente le decía que era bruto, pero no, ese tipo tenía mucho que ofrecer, y a mí me ofreció una conciencia histórica sumamente importante, que me impactó en una manera que, como escritor, todavía estoy tratando de entender.

Ronald Ávila-Claudio: Para ir de forma más específica al tema del panel, ¿qué le debe la novela a la canción y la canción a la novela?

Rubén Blades: El asunto de la lectura, para mí, como dije anteriormente, fue muy importante. Yo estaba leyendo desde muy temprana edad, como dije anteriormente, y leía todo tipo de libros. Recuerdo que había una editorial, que era la editorial juvenil Cadete, que tenía todo tipo de títulos, tenía más de 115 títulos, desde Moby Dick hasta Los Tres Mosqueteros, Heidi, es decir, todo lo que se te puede ocurrir, y yo me leía todo lo que podía. Y eso en una u otra forma es un ejercicio que uno hace, y por esa razón yo siempre hasta el sol de hoy me resisto a los videos. Cuando era músico no me gustaba hacer videos, porque los videos le roban a la persona la capacidad de imaginación, de imaginarse el personaje. Por ejemplo, Pedro Navaja nadie sabe si era negro, blanco, chino, gordo, flaco, alto, bajo, es decir, tú te lo imaginas como tú quieres. Así que lo que escribo es una consecuencia de lo que he leído, es decir, desde Albert Camus, la honestidad de Camus, hasta Donald Duck, es decir, todo se te va creando, todo se va formando, haciendo parte de tus herramientas, y en una u otra forma las vas presentando y combinando a través de la observación. Llego aquí a mi profesor Royo, que fue mi director de tesis, y la primera vez que fui a Coiba, fui con él, y de Coiba, de la observación en Coiba, surge «El Cazanguero», que fue la canción que grabé con Willy Colón y con Héctor Lavoe, en el álbum, un álbum que yo no tenía nada que hacer en ese álbum, se tituló The Good, The Bad and The Ugly, y la canté porque Héctor me dijo: Rubén, cántala tú, porque yo no sabría qué decir, aunque la había escrito para él. Pero ese es otro ejemplo. Yo llego allá como estudiante de universidad, pero estoy viendo lo que está ocurriendo, estábamos en el campamento central, los presos, había siete campamentos en Coiba en ese tiempo, los presos tenían distintos oficios, y uno de los oficios de los presos era el de espantar a las aves que bajaban a comerse la siembra. A las aves indiscriminadamente les decían la cazanga, y el que las espantaba era el cazanguero. Y había uno de los presos, no de los que yo entrevisté, entrevisté sesenta, pero eso fue más adelante. Yo fui a Coiba varias veces, pero en calidad de estudiante, ¿no?, hay que decirle a la gente. Y tratando de ver cómo ayudábamos. Pero fui allá varias veces. Y la canción básicamente lo que hace: Chino Juan, que era uno de los detenidos, se convierte en la figura, pero eso viene de qué, también de mi lectura, es decir, las lecturas fueron las que me permitieron a mí el poder, en la manera más sintetizada posible, decir lo más posible, y como me dijo Carlos Fuentes una vez: el truco, es decir, la posibilidad de que pueda yo decir algo en un cuento corto de cuatro minutos que va dirigido a una población que se asume no lee, que yo creo que no es cierto, pero que baila la canción, es decir, tiene un efecto a veces mucho más sólido que el de una novela, que la gente compra, lee quizás una vez, y no la compra mucha gente, y seguramente los hijos a veces tampoco la leen. Así que yo creo que la lectura fue la que me llevó a poder desarrollar las descripciones que ustedes aceptan, han aceptado hasta ahora.

Ronald Ávila-Claudio: Quisiera añadir algo, ¿Junot?

Junot Díaz: Imagínate, yo, como muchos niños, yo no sé… Mi papá era militar, era policía, fue una casa… Cuando por fin llegué a los Estados Unidos, conocí a mi papá, era una casa… Bueno, para mí, leer también fue lo clásico: escapar. Cualquiera que vivía con mi papá iba a necesitar escapar a algo. Entonces yo leía para escapar, pero también para entender, porque yo no hablaba inglés, yo no entendía nada de ese mundo gringo, mis padres no podían explicar nada, porque ellos no podían hablar inglés y ellos estaban metidos en sus cosas, y los libros me ayudaron mucho. Imagínate, no había internet. Y cuando tú no puedes hablar inglés, tú no le puedes preguntar a nadie, y yo me mudé a una comunidad que no había casi ningún latino, era completamente African American, que por un lado me convino, pero por el otro lado era difícil, entonces los libros fueron guía, fueron de todo, me ayudaron muchísimo, y todavía.

Ronald Ávila-Claudio: Yo leía una entrevista suya, Rubén, de no hace mucho, en la que usted decía que no le gustaba que dijeran que su música era de protesta, porque usted se considera un cantante, un artista de propuesta, y en ese sentido, como sabemos, ha incurrido en la política, etcétera. Junot, usted ha sido activista, ha sido una voz a favor de los migrantes en Estados Unidos, se ha declarado en contra del anti-haitianismo, del racismo y toda la situación complicada que viven en República Dominicana. Me pregunto si narrar la experiencia humana entonces no es suficiente y ustedes consideran que se deberían ocupar otros espacios para que haya cambios, ¿no?, en la sociedad.

Rubén Blades: Pero es que eso es importante. Por ejemplo, a mí me han dicho hipócrita, muchas veces, me lo siguen diciendo, gente que me dice: Este, tipo, tú criticas a Trump y a los gringos, pero vives allá, tú eres un hipócrita. Le digo: Váyase por favor al diccionario y lea la palabra hipócrita, defínala. Hipócrita es el que no dice lo que piensa, hipócrita es el que no dice lo que siente, hipócrita es el que se queda callado. Si yo hubiera escrito «Tiburón» en Cuba, me hubieran dado una casa con piscina. ¿Y dónde escribir «Tiburón» yo? En Estados Unidos. ¿Y qué me dieron? Quince años fuera de la radio. Que me sacaran de la fila del avión y me metieran en un cuarto. Entonces, hipócrita hubiera sido yo si, para evitar eso… lo que los griegos llamaron parresia: decir las cosas a pesar de que tengan un efecto negativo sobre ti. Para mí era más importante. ¿Por qué? Porque la integridad es lo que te da felicidad. O sea, ¿qué es integridad? Esa es otra pregunta. La integridad. Rubén, ¿qué es la felicidad? Yo digo a la gente: Para mí la felicidad es cuando lo que siento, pienso, digo y hago es lo mismo. Así que todos podemos ser felices. Mi abuela, una vez yo le pregunté a mi abuela, cuando tenía cuatro o cinco años, una de esas conversaciones, ya te digo, ¿no?, que te digo que tú te vas a morir también un día. Le pregunto yo a mi abuela que si éramos pobres. Mi abuela se me queda mirando y me dice: ¿Por qué me preguntas eso? Digo: Bueno, porque yo veo que aquí hay cosas que no hay. Aquí a veces no hay esto, aquí no hay esto. En la casa de mi tía yo vi esto, en el anuncio. Mi abuela se me quedó mirando y me dice: Mira, nosotros no somos pobres, lo que pasa es que no tenemos plata. Le digo: ¿Y cuál es la diferencia? Me dice: Cualquiera puede ser, mañana te ganaste la lotería, eres rico, y no tienes nada en la cabeza y no tienes nada en el alma. Esta es mi abuela: Entonces, lo único que tienes es dinero y sigues siendo pobre. Y hay gente pobre que lo único que tiene es dinero. Entonces, no estés preguntando esas pendejadas. Entonces, uno crece así y yo crecí así. Eso no es que me salió en un paquete de Corn Flakes.

Ronald Ávila-Claudio: En la obra de los dos, el español del barrio, el Spanglish, y bueno, el modo de hablar del Caribe no es una decoración, sino es una voz que narra, ¿no? Me preguntaba: ¿Esto ocurrió de forma natural o ustedes tuvieron que pelear para que esto fuese una realidad?

Junot Díaz: Yo no puedo hablar de todo ese panorama, porque yo solo conozco un barriocito en la República Dominicana y un pedacito de tierra en New Jersey. Pero lo que yo vi es lo que todo el mundo conoce: cuando uno vive en un barrio pobre, es que somos sumamente vulnerables y tenemos que buscar la manera de protegernos. Entonces, yo creo que una de las tecnologías que los pobres utilizan para protegerse es el idioma. Tú tienes un idioma que la gente, una jerga, que la gente de afuera, la gente ajena, no lo reconoce. De una vez tú lo puedes identificar: ese pendejo no es de aquí, ¿verdad?, que te ayuda. Y yo tuve que aprender eso: inglés y también ese idioma particular en ese barrio. Y cambia mucho. Tú sales del barrio, algo te pasa que tú te tienes que ir un año, tú vuelves, ya ha cambiado muchísimo. Muchas veces hablan de los idiomas híbridos, de translingualism, pero también eso es vaina de los seres humanos. Y también entender lo que nuestros idiomas, claro, es la manera como nos comunicamos, pero para muchas comunidades es una tecnología, la única que tenemos. Y la movilizamos por muchas razones. Y una de esas, para mí, lo que me interesaba mucho fue que era una clase de protección y una clase de decir: con estas palabras somos. Y los que no hablan así no son nosotros. Y yo sé que eso suena como medio simple, pero para una comunidad vulnerable que no tiene nada, que ni tiene ese sentimiento de que tú existes, ayuda mucho. Entonces, yo quería en mi escritura tratar de reflejar eso, de mostrarlo, de darle un poquito de valor. Y tú sabes, cuando tú escribes algo, no es como una película. En una película tú puedes poner una cámara, tú puedes tener cinco personas hablando a la misma vez, tú puedes demostrar que aquí hablan inglés, español, hablan mandarín, de todo. En un segundo una cámara lo puede enseñar todo. En ficción, tú tienes que buscar la manera de meter todo eso en un par de oraciones. Entonces, utilizar registros, registres, diferentes, eso fue una manera de dar esa ilusión que aquí hay una comunidad caribeña con muchos lenguajes, con mucha diversidad y bla, bla, bla. Entonces, claro, estoy tratando de demostrar cómo hablan los latinos allá, pero también es un truco para convencer a un lector de que estoy escribiendo en una manera realista sobre una comunidad diversa.

Ronald Ávila-Claudio: ¿Qué significa narrar América Latina desde Estados Unidos? Y desde Estados Unidos de hoy también.

Rubén Blades: En realidad era difícil y todavía sigue siendo difícil y las experiencias son diferentes. Tenemos un antecedente común, pero las experiencias son muy distintas y no es fácil porque las imágenes no corresponden en muchos casos a lo que la gente conoce o espera. Por ejemplo, en Maestra Vida, nunca se me olvidará, hay una frase, en «La Doña», la canción «La Doña», que dice: «cuelga en sus manos un rosario y en los labios la plegaria». Y había gente que creía que la plegaria era una plaga. Recuerdo que había una canción que se hizo muy popular que el coro decía: «¡ay, qué coquetona te has volvido!», y cuando yo llamé la atención, dije: Oye, se dice vuelto. Me dicen: No importa si tiene swing. Así que no es tan fácil la comunicación en muchos casos. Yo siempre traté de utilizar palabras que describiesen el asunto, pero a la vez también que fuesen generalmente conocidas para que la canción fuera más comprendida. Pero tampoco quieres comprometer la integridad del texto, ¿no? Lo que quieres es hacerlo de la manera más chabacana posible para que lo entienda la mayor cantidad de gente. Pero siempre es una cuestión que siempre tuve presente, porque incluso en Latinoamérica cada país tiene sus cosas, sus cosas que son muy de barrio, que de pronto nadie más las conoce.

Ronald Ávila-Claudio: Junot, ¿qué significa narrar América Latina desde Estados Unidos?

Junot Díaz: Todavía no sé. Es que lo latino, lo español, siempre fue parte de ese país. Entonces, no sé. Yo creo que con cada libro estoy tratando de entender esa locura. Pero, tú sabes, que ahora yo no soy pobre nada, soy de clase media, tengo un carro y todo. Pero una cosa interesante, ¿verdad?, es que cuando tú no perteneces a un grupo élite, ¿verdad?, una cosa que tú conoces es que mucha gente te odia. Y yo creo que algo que los Estados Unidos te enseña es que hay muchísimo odio, man. Yo creo que en todos los países, pero en este país, el Estados Unidos que yo estoy tratando de escribir, de describir, hay muchísimo odio en este país. Pero también, como en todos los países, hay tanto amor y tantas cosas bellísimas. Y eso lo pone muy complicado. Cada vez que tú crees que ya tú tienes ese jurón apretado, no es.

Rubén Blades: Sale un trompo.

Junot Díaz: Sí, sale un trompo. Sale tu mejor amigo que hace algo bueno. Es difícil. Y con Trump, Trump ha fucking jodido todo. Si tú tenías como una idea, una filosofía, una teoría sobre los Estados Unidos, fuck that!, out the door man!

Rubén Blades: Es una fase. Yo lo veo como fase. Yo siempre creo que en todos lados vamos a encontrar eso. Son fases que nos van a llevar a una mejor realidad. Pero es bueno enfrentar las realidades y ser responsable, ¿no? Ver las cosas como son. No culpar a todo el mundo. Y buscar siempre, como escribí una vez, que nunca es demasiado tarde para ser feliz. Siempre tener eso como un norte y caminar hacia allá y decir las cosas con honestidad y siempre tratando de, como alguien dijo aquí: barrer para adentro.

Junot Díaz: Rubén, ¿tú has leído la novela Duna, de Frank Herbert? Mira, el otro día, la novela Duna, que hicieron esa película con Timothy Chalamet. El otro día, yo estaba en el tren y un tipo estaba hablando de Dune. Y yo me reí, porque… hay una oración en Dune que dice: Dios, God created Dune, Dios creó Duna, to test the faithful. Y el tipo dijo: God created Trump to test the faithful. Yo me reí y yo dije: Coño, Duna sirve para algo.

Rubén Blades: Esto es una fase.

Junot Díaz: Y difícil.

Ronald Ávila-Claudio: ¿Hay historias que solo pueden vivir en una canción y otras que solo pueden vivir en un libro?

Junot Díaz: Yo no conozco a nadie que vea el título de una novela y ahí mismo empieza a llorar. Pero la cantidad de gente que tú le pones una canción y ahí mismo [hace ruido efervescente]: memoria, cuerpo, comunidad, amigos, amores, de todo. Y claro, yo quiero mucho la literatura, pero ese poder de la canción, de la música, es impresionante.

Ronald Ávila-Claudio: Tengo una última pregunta que queda exacta con el tiempo que nos falta. Rubén, usted en la década del 80, bueno, en el 84, cantó que estaba buscando a América, ¿no? Porque la habían desaparecido. Me pregunto si 40 años después y con el contexto actual en nuestra región, la ha encontrado o si la sigue buscando.

Rubén Blades: Yo sigo buscando a América, seguimos buscando a América. El proceso de educación no termina jamás. Y aquí tenemos tantas cosas. Yo sigo teniendo la fe de que la vamos a encontrar. Soy optimista a pesar de todo, pero tenemos que hacer el trabajo y tenemos que hacerlo todo juntos. Uno no va a encontrar a América, todos tenemos que encontrarla.


Sobre el evento

El diálogo «Cantar y contar: una conversación entre Rubén Blades y Junot Díaz» tuvo lugar el sábado 23 de mayo de 2026 en el Auditorio Carmen Cedeño de la Ciudad de las Artes (Ciudad de Panamá), en el marco de la decimotercera edición del festival Centroamérica Cuenta 2026, celebrado del 18 al 23 de mayo en Ciudad de Panamá y Colón.

Centroamérica Cuenta es el festival literario más importante de América Central. Fue fundado en Managua en 2013 por el escritor nicaragüense Sergio Ramírez, Premio Cervantes 2017, con el propósito de contribuir a la difusión de la literatura iberoamericana. El festival se celebra dos veces al año: durante el primer semestre en un país centroamericano o del Caribe, y durante el segundo semestre en España. La edición panameña de 2026 fue la segunda celebrada en el país —tras una primera en 2024— y reunió a más de cien participantes de veinte países en más de ochenta actividades entre conversaciones, lecturas, talleres, proyecciones de cine y encuentros. Entre los momentos más destacados del cierre estuvo el homenaje a Rubén Blades, quien entregó a la Caja de las Letras del Instituto Cervantes unas maracas autografiadas y el manuscrito original de su canción «Patria».

La conversación completa, que incluye otros pasajes no recogidos en esta transcripción editada, puede verse a continuación:

Participantes

Rubén Blades (Ciudad de Panamá, Panamá, 1948) es cantante, compositor, músico, actor, abogado y político panameño. Desde los años setenta hasta la actualidad ha participado en más de veinticinco producciones discográficas propias e incontables colaboraciones con diversos artistas. En reconocimiento a su labor ha recibido 22 premios Grammy y Latin Grammy, además de otras distinciones, entre ellas Personalidad del Año 2021 por los Latin Grammy Awards, la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes otorgada por el Ministerio de Cultura de España y la Medalla de Artes otorgada por la Universidad de Harvard. En 2024 recibió el Doctorado Honorario en Música por la Universidad de Princeton y en 2025 fue nombrado miembro de la American Academy of Arts and Sciences. Como actor ha participado en más de 45 películas y series de televisión, entre ellas Once Upon a Time in Mexico y Fear the Walking Dead.

Junot Díaz (Santo Domingo, República Dominicana, 1968) es escritor. Creció en Nueva Jersey. Es autor de Drown (Los muchachos), La maravillosa vida breve de Oscar Wao —obra con la que ganó el Premio Pulitzer de ficción en 2008— y Así es como la pierdes. Ha sido galardonado con una beca de la Fundación Guggenheim, el Premio PEN/Malamud 2002 y el Premio Roma de la Academia Estadounidense de las Artes y las Letras. Es profesor en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), becario MacArthur y miembro de la Academia Estadounidense de las Artes y las Letras.

Ronald Ávila-Claudio (Puerto Rico, 1992) es periodista, editor y productor en la redacción de Londres de BBC News Mundo, el servicio en español de la BBC. Nació en Puerto Rico de madre boricua y padre hondureño. Escribe sobre cultura y asuntos sociales, con especial interés en la región del Caribe. Ha entrevistado a figuras como la ganadora del Óscar Rita Moreno y los ganadores del Grammy Residente (René Pérez) y Natalia Lafourcade. También ha cubierto política, gobierno y desastres naturales en Puerto Rico y Estados Unidos. Antes de vivir en Reino Unido, trabajó en la redacción de BBC News Mundo en Miami. En su isla ganó en dos ocasiones el Premio Nacional de Periodismo. Fue editor en los diarios El Nuevo Día y Metro, y fue docente universitario. Ha sido nominado tres veces al premio GLAAD. Tiene un grado en publicidad y diseño y una maestría en periodismo.

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Revista bimestral y digital que promueve las ideas, la creación y la crítica literaria. Fundada en 2004 por el escritor Sergio Ramírez