Sándwich de realidad
1 febrero, 2026
Gabriel Verdesia reflexiona sobre el avance de la inteligencia artificial (IA) y su relación con la experiencia humana del aprendizaje. Verdesia escribe desde varias perspectivas: su experiencia en las aulas, la política global y cómo el uso de la IA está transformando la tolerancia a la fricción necesaria para el pensamiento crítico en las democracias. Pensando junto a autores como Heidegger, Freire y Platón, el ensayo sostiene que si la IA representa hoy un desafío, se debe a la falsa conveniencia que promete hacer el trabajo humano de aprender. Verdesia se pregunta no solo qué se pierde, sino también qué podemos recuperar junto al avance de la IA: la dimensión humanizadora del encuentro, la lectura crítica y el diálogo como actos de construcción comunitaria.
El siguiente ensayo fue realizado enteramente por inteligencia artificial.
Mentira.
A finales de agosto estuvo circulando un video que compartió Will Smith en su cuenta de Instagram sobre una gira de conciertos en Europa. Varios medios y fans notaron que en partes del video el público se veía extraño, con ese aspecto ominoso típico de los materiales manipulados o creados con herramientas de IA generativa. En el video de los conciertos, un mar de personas sostiene pancartas que dicen “Philly te ama” y “You Can Make It me ayudó a sobrevivir el cáncer. Gracias, Will”.
Al parecer, las multitudes son de las cosas más difíciles de generar de manera creíble para la IA, al menos por ahora. Una persona ya resulta compleja: las manos se derriten, se pierden dedos, los movimientos se entorpecen. Una multitud es un caos de numerosos elementos en movimiento. Por eso es audaz (o descuidado) utilizar la IA específicamente para tomas de este tipo. “Mi parte favorita de la gira es verlos a todos de cerca. Gracias por verme a mí también”, escribió Smith en la publicación que compartió.
Uno pensaría que Will Smith (o su equipo) debería haberse enterado de los primeros videos falsos generados por IA en los que aparecía el actor comiendo spaghetti. Un editor en un reportaje de Vice apunta que este material del concierto se trata de un “sándwich de realidad”. Estas son tomas de su gira por Europa, efectivamente, pero “modificadas” o “alteradas” para dar la impresión de una mayor cantidad de personas. 60 % real y 40 % falso. Carrera de Will Smith aparte, creo que nada me ha resultado más apto para describir esta época que vivir en un sándwich de realidad.
Hace unas semanas tuve una conversación con estudiantes sobre el uso de chatbots y asistentes virtuales. Para este grupo en particular, en resumen, los usaban, sabían usarlos y sabían con qué docentes cuidarse más al emplearlos al entregar asignaciones. Pero parte de lo que les aquejaba era que muchas veces no percibían que sus asignaciones realmente eran revisadas (o leídas) y que, en materiales o evaluaciones que sus profes del colegio habían hecho incluso aparecían prompts para el chatbot. Esto resulta alarmante, sin duda. Es entendible que moleste la hipocresía del discurso de parte de docentes o instituciones al prohibir el uso de IA a estudiantes mientras estos lo emplean para ahorrarse trabajo o preparar material.
Ahora bien, la situación de la persona docente en Costa Rica, como ya lo apuntan informes del Estado de la Educación, resulta compleja. La mayoría de los docentes del Ministerio de Educación Pública (MEP) imparte lecciones a 100 estudiantes o más, y si a esto le sumamos los temas de remuneración para necesidades básicas, la carga laboral de preparación de materiales y planeamiento y demás condiciones desiguales, esa complejidad aumenta. Además, la mayoría de docentes empleados por el MEP tienen a su cargo también a personas que dependen económicamente de ellas, y generar materiales para diferentes secciones obliga a muchas y muchos a dedicar su “tiempo libre”. No se reconoce como trabajo. No es extraño, pues, que muchas personas docentes jóvenes abandonen el MEP.
No me interesa definir cuál sería un uso irresponsable o responsable de la IA en educación; creo que esta es una negociación compleja: requiere, ciertamente, algún tipo de regulación y, sobre todo, honestidad. No sería realista hablar de prohibición, aunque algunas universidades han optado por esa alternativa. Lo que está ocurriendo en el sector educativo responde a una tendencia global de mercado, de una veloz integración de estas tecnologías, que también se observa en el mundo corporativo por sus ventajas. Proliferan charlas y “expertos” en IA, muchos ofrecen servicios y capacitaciones mientras empuñan la amenaza sutil de “no se quede atrás”. Y mientras aprendemos sobre estas herramientas nunca parece llegar el tiempo libre que prometen. Otras personas entrenan los mismos modelos que las sustituirán.
Sospecho que tanto estudiantes, docentes como personas empleadoras y empleadas, tenemos más en común de lo que podemos percibir. Estamos entre la espada y la pared, como si sintiéramos que al final de la cuesta del progreso tecnológico se llegara a un peñasco. Considero que nos encontramos cediendo, de manera más o menos forzosa, a una demanda general de rendimiento. Estamos de acuerdo: la IA generativa puede aliviar la carga laboral. Pero si los estudiantes utilizan herramientas de inteligencia artificial para escribir sus asignaciones y los docentes las utilizan para revisarlas o calificarlas, ¿qué estamos haciendo en las instituciones educativas?
¿Tiene realmente un propósito este proyecto social? ¿Tienen sentido la escritura y la lectura? Ya veníamos escribiendo mecánicamente desde antes. ¿Qué pasa entonces con la voz humana? En este momento, una plataforma de Microsoft me ofrece la opción de “mejorar” los comentarios que escribo, un tipo de retroalimentación para trabajos de estudiantes. La voz que me asigna la herramienta suena a la vez comprensiva y carente de emoción. Me molesta ese tono falso y complaciente. Me aumenta la cantidad de palabras, pero sacrifico mi forma de decir las cosas para dar una impresión de afectada cordialidad. Soy 60 % verdadero y 40 % falso. Le digo que no quiero mejorar.
Freire decía que el diálogo y el conflicto son piezas clave en la construcción de democracias. La educación —en especial la educación pública— es quizá el último bastión de las instituciones democráticas. Los centros educativos son lugares donde los estudiantes no solo se forman profesionalmente, sino que también donde se exponen a nuevas ideas, pueden pensar juntos y, ojalá, tienen la oportunidad de conocer y socializar con personas de diferentes procedencias y clases sociales. Pensaría que esto último es más importante que las mismas materias. Los chispazos de ideas que surgen cuando nos encontramos con personas en un ambiente de libertad de pensamiento. Compartir entusiasma, pero eso también viene con conflictos y discusiones.
No tengo boca pero debo gritar
Mientras escribo este texto, pasan cosas: Meta (Instagram y Facebook) viene censurando y moderando publicaciones de medios y periodistas de las regiones de Gaza y Cisjordania desde el 7 de octubre. Con ayuda de Google Fotos y otras empresas privadas, el estado de Israel desarrolla tecnología de reconocimiento facial para perseguir y realizar ataques de “limpieza étnica” contra la población palestina. Estos ataques continúan después del acuerdo de un cese al fuego. Google declaró desconocer dicha aplicación de su tecnología. Amazon, por su parte, anuncia que iniciará los mayores recortes de empleos en su historia, prescindirá de 14.000 puestos debido a inversiones relacionadas con IA. En documentos internos evitan emplear el término inteligencia artificial y se refieren a optimización tecnológica. Representantes de la región evitan referirse a Latinoamérica y Costa Rica.
Tendemos a naturalizar el discurso que culpa a ciertos usuarios de ciertas tecnologías y a no ver ni cuestionar los excesos de las grandes empresas (o de los señores tecnofeudales) que las rigen. Todo lo nuevo es bueno hasta que se demuestre lo contrario. Esa es quizá una forma de entender la ideología de los tiempos. La conveniencia. Pero esa conveniencia para el usuario representa la inconveniencia de alguien más. Presenciamos en tiempo real una carrera tecnológica que, a todas luces, parece estar a favor de los shareholders y en contra de la humanidad. Toda la movida y las enormes inversiones en IA generativa en este momento parecen tener una esperanza de utilidad no muy clara para estas herramientas y aplicaciones, todavía menos clara. Hay quienes hablan de burbuja. Gran parte de la inversión de diferentes empresas no ha dado frutos convincentes, pero se sigue inyectando dinero.
La empresa OpenAI recientemente comunicó su iniciativa de permitir un mayor rango de contenido, que incluye material erótico, en su chatbot popular. Según Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, quieren tratar a los “adultos como adultos”. Esto se debe a una actualización reciente de ChatGPT en la que se eliminó la funcionalidad relacionada con conversaciones eróticas. Esta actualización, a su vez, respondía a críticas y reclamos de diferentes grupos, pues se encontró que menores de edad mantenían conversaciones de carácter erótico con chatbots. Con la actualización, usuarios adultos que mantenían dinámicas de este tipo en el chat encontraron de repente que sus amantes de IA habían desaparecido, pero, según aclaró la compañía después, los adultos podrían tener acceso a la versión anterior del chat. Sus parejas virtuales estarían sanas y salvas de ahora en adelante detrás de un muro de pago.
Martin Heidegger tiene un texto hermoso que reúne una serie de conferencias titulada La pregunta por la técnica. Uno de los argumentos que encuentro interesantes es que, aunque colectivamente tenemos una noción de que la técnica (o tecnología en algunas traducciones) es una herramienta, no podemos decir a ciencia cierta que tengamos control sobre esta. De hecho, la comprensión “científica y objetiva” nos impide ver cómo opera realmente. La técnica, señala, conlleva necesariamente una ética o función con respecto a su uso, una forma de ver o comprender el mundo en la que nos vemos involucrados, lo queramos o no. Heidegger, quiero aclarar, no está en contra de los avances tecnológicos, pero en esta serie de conferencias se preocupa por la esencia de la técnica.
Para Heidegger, la verdad es algo que acontece. No se trata de una categoría de análisis. Siguiendo la tradición helenística, el filósofo rescata esa cualidad de la verdad como alétheia, la negación inicial de la palabra se relaciona con des-ocultar, aquello que “se hace evidente”. Estos procesos de ocultamiento y desocultamiento del ser son los que le conciernen. ¿Quiénes somos? ¿Qué se nos muestra?
El ojo humano es la creación más solitaria de Dios
No tengo que pensar mucho por qué me entristece que algunos estudiantes no escriban en realidad. Pero siendo sincero, tampoco lo resiento cuando parto de la idea de que escribir no sirve para nada. Lo que me molesta seguramente es el engaño —o la complicidad— de evitar la escritura o la lectura, hay algo que se manifiesta ahí, en la indiferencia por lo que el otro puede decir genuinamente. Escribir o evitar escribir te confronta por igual con la pregunta de por qué hacerlo. Pensaría que una visión mecánica de la escritura puede desestimarse del todo en ese escenario, pues si puede ser agilizada o sustituida quizá merece serlo. Finalmente se escribe de forma mecánica para hacer trabajos, para producir, notificar, etc. al menos en ciertos ámbitos (a mi parecer, la escritura académica sufre especialmente a raíz de esto). Quizá la escritura mecánica demuestra un desinterés por las verdades subjetivas. Pero escribimos también para poder pensar; para habitar un espacio en el que tenemos la oportunidad de existir si contamos con el tiempo o la disposición para hacerlo, para dar cuenta de quiénes somos en un momento, como una isla de significado. Esta escritura es quizá una práctica más cotidiana e inmediata. No sé si se encuentra realmente en peligro; quizá sus espacios sí lo están. En último término, mi respuesta a la pregunta de por qué escribir sería que siento que las cosas valen todavía más la pena cuando no sirven para nada. Con que existan es suficiente.
Entre estudiantes y docentes, finalmente, existe una relación: una erótica (según Platón). Esta comunicación afectiva resulta instrumental en los procesos educativos, pero, en términos más generales, en el compartir de saberes. Se comenta esa erótica en El Banquete como un impulso a la bondad y a la felicidad, que cada quien asume de forma diferente. Desconocerla es ignorar una dimensión radical de la educación y de la condición humana. Sabemos cómo una relación positiva o negativa con una persona docente o con cualquier otra persona nos acercó o nos alejó de un determinado saber o de una forma de vida.
“No saber es libertad”, dice Krishnamurti. El saber que vale la pena no consiste en poseer datos ni en vivir en la certeza, pues se entabla fundamentalmente en relaciones. Como describe Alexandra Kohan en una columna reciente sobre la lectura y la erótica, “el saber que proviene del encuentro, no del conocimiento”. Hay algo de escuchar, de leer, de perderse un poco y de atender otra perspectiva que es profunda, amplia y, quizá, bondadosa. El intercambio es una función esencial de la educación y de la vida en común entre seres humanos que es especialmente escasa en estos tiempos. La posibilidad de hacernos espacio, de encontrarnos.
Nuestro problema como sociedad es habernos convencido, sin dudar, de lo que nos dijeron los desarrolladores de estas tecnologías: creernos la mercadotecnia. La IA se nos presenta como el futuro. Pero sabemos, muy en el fondo, que la IA no sustituye el contacto con otra persona, la mirada de otra persona, la complicidad de reunirnos, de pensar juntos, de preguntarnos, de estar juntos o de no estarlo. El futuro, a fin de cuentas, solo es lo que imaginemos ahora. Y los avances tecnológicos no lo predeterminan. Esto es lo que nos quieren vender los señores tecnofeudales: futuro, certeza. Pero como dice aquella frase de Le Guin, el poder de las monarquías tampoco estaba predeterminado. Nada lo está.
Tengo una sospecha sobre lo que nos resulta más prometedor de estas tecnologías. A lo que estamos apuntando colectivamente es a la posibilidad de eliminar la fricción de lidiar con nosotros mismos, con nuestra incertidumbre, con la autenticidad de nuestros estados emocionales y de los demás, con sus dificultades y las nuestras. Tenemos razones para hacerlo. Pero la conveniencia del usuario es la inconveniencia de alguien más y no queremos ver ese sufrimiento. Esta distancia nos resulta ahora más posible que nunca gracias a las tecnologías. Considero que cuando evitamos ver el sufrimiento de alguien, tendemos a negar su realidad, su cualidad de otro. Solo hay espacio para el yo y para lo que ese yo prefiere. Dejamos de ser personas y nos convertimos en users. Terminamos bajo una suerte de anestesia.
Si llevamos este modelo de vida a su deriva social, empezamos a ver que calza a la perfección con el clima político actual. La era del individuo tirano. Cuando las sociedades no están en capacidad de ver otras realidades, florecen las narrativas fascistas y mesiánicas, así como las promesas de magnates y dictadores. El tirano nos dice “no se preocupen, yo voy a pensar por ustedes”. “La realidad es esta”. Y cuando el otro no importa y los hechos no importan, se termina escuchando al que haga más ruido, al que más genere reactividad y nos mantenga ahí. Aparecen los líderes que operan como memes en sí mismos, que se ocupan tan solo de robar nuestra atención para luego robar todo lo demás. La nueva economía de la atención ha producido gobiernos de algoritmo.
¿Por qué incluir IA en la educación? No hay una buena respuesta. Aprender no es necesariamente fácil. No debería serlo tampoco, requerimos fricción, nos hace crecer, cuestionarnos. ¿Por qué incluirla en los trabajos? Porque facilita las cosas. Perfecto. ¿Para quién termina facilitando las cosas?
A fin de cuentas, ¿qué tipo de sociedad queremos tener? Ser humano es también trabajar y, a la vez, no solo trabajar, sino encontrar propósito o sentido en lo que hacemos. Ese sentido para muchas, para muchos, se encuentra en otros seres humanos, en lo que podemos crear, construir o cuidar. Estos capitanes de industria, a menudo hombres y a menudo blancos, han creado todos estos avances tecnológicos y proponen eliminarnos la inconveniencia de tratar con alguien más, la inconveniencia de la oralidad, de la fricción de las interacciones, del silencio, del deseo, del proceso creativo, del conflicto, etc. para que seamos hiperindependientes, o dependamos, más bien, de sus tecnologías.
Pues sí, no ofrezco soluciones. Pienso que estaría bien hablar, hacer fricción. Empecemos por ahí. Siento que necesitamos un respiro. Hemos tomado el aislamiento narcisista en el que nos han encausado estas tecnologías y le hemos llamado autosuficiencia. Nos quitan el sueño, el tiempo, la atención, la salud, nos desproveen de nuestro sentido de verdad, de perspectiva, y peor, nos hacen creer que sabemos. Estaría lindo resistir, boicotear, desconectarse. No podemos hacer esto de una misma forma, estamos viviéndolo, descubriéndolo en tiempo real. Al rato, conversando entre nosotros, algo ocurre y empezamos a tener una mejor relación con las tecnologías. Al rato, resistiendo, nos topamos con nuestra humanidad colectiva. Pues como escribió Freire: “Nadie libera a nadie, nadie se libera solo. Los seres humanos se liberan en comunión”. ¿Existe otra historia además de esta historia?
Referencias
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Euronews. (21 de octubre, 2025). OpenAI permitirá el contenido erótico en ChatGPT: Altman anuncia una nueva era para la IA de adultos. Euronews en español. https://es.euronews.com/next/2025/10/21/openai-contenido-erotico-chatgpt-altman-ia
Freire, P. (1970). Pedagogía del oprimido. Siglo XXI.
Heidegger, M.(1993). La pregunta por la técnica (Trad. de Francisco Soler). Editorial Universitaria.
Kohan, A. (2025). La erótica de la lectura. Cenital. https://cenital.com/la-erotica-de-la-lectura/
Krishnamurti, J. (1987). Tradición y revolución. Editorial Sudamericana
Kosmiya, N.; Hauptmann, E.; Yuan, Y.T.; Situ, J.; Xian-Hao, L.; Beresnitzky, A.; Braunstein, I. & Maes, P. (2025). Your Brain on ChatGPT: Accumulation of Cognitive Debt when Using an AI Assistant for Essay Writing Task. https://arxiv.org/pdf/2506.08872v2
Mauran, C. (2025). How to identify AI-generated videos online. Mashable. https://mashable.com/article/how-to-identify-ai-generated-videos
Platón. (2007). El Banquete, introducción, traducción y notas de M. Martínez Hernández, Biblioteca Clásica Gredos.
Quesada, A. (28 octubre, 2025). Amazon anuncia la supresión de 14.000 puestos, evita referirse al impacto en Costa Rica. Semanario Universidad. https://semanariouniversidad.com/pais/amazon-anuncio-este-martes-28-de-octubre-la-supresion-de-14-000-puestos-como-primera-etapa-de-una-reduccion-global-vinculada-a-su-reestructuracion-para-acelerar-inversiones-en-inteligencia-artificial/
Real, D. (2025). Una investigación interna dictaminó que los productos de Meta estaban dañando a sus usuarios: la ocultaron. La Razón. https://www.larazon.es/tecnologia-consumo/investigacion-interna-dictamino-que-productos-meta-estaban-danando-sus-usuarios-ocultaron_202511256925854a6c137a69877bd737.html
Salas Gómez, N. (2 de julio, 2025). Docentes del MEP enfrentan sobrecarga laboral, inestabilidad y abandono estatal, advierten sindicatos y académicos. UNA Comunica. https://www.unacomunica.una.ac.cr/index.php/julio-2025/6205-docentes-del-mep-enfrentan-sobrecarga-laboral-inestabilidad-y-abandono-estatal-advierten-sindicatos-y-academicos
Thompson, N. (2025). Did Will Smith Really Create AI Fans to Make Himself Look More Popular? We Asked an Expert. VICE. https://www.vice.com/en/article/will-smith-ai-tour-fans-europe-video/
Costa Rica, 1987. Es autor, poeta y profesor. Obtuvo una mención honorífica en el Certamen permanente de cuento y poesía de la Revista Nacional de Cultura UNED en el 2020. Escribe para el blog SAMOA.