Gioconda Belli y Alejandro Carrasco durante el acto de premiación.
Gioconda Belli y Alejandro Carrasco durante el acto de premiación.

«La disciplina es importante»: Conversación con Alejandro Carrasco, premio Carátula 2025

1 febrero, 2026

La narrativa centroamericana —o narrativas centroamericanas, como a veces se le llama para resaltar su riqueza y diversidad— ha ganado interés en los últimos años. Mesas redondas, seminarios y congresos se convocan para estudiarla(s), no solamente desde algunas de las capitales de Centroamérica, sino también en los Estados Unidos, Europa, México, Brasil… 

Para impulsar y visibilizar a quienes usan las palabras para contar historias, existen iniciativas como los premios Rogelio Sinán, convocado en Panamá; Monteforte Toledo, en Guatemala, y Carátula, originalmente en Managua y ahora itinerante. Todos tienen en común admitir la participación de personas nacidas en los seis países de mayoría hispanohablante en la región, con la particularidad de que los dos primeros alternan cada año entre géneros literarios (novela, cuento, poesía…) y el último se abre también, desde 2021, a personas nacidas en Belice y la República Dominicana, aunque se restringe a menores de 35 años.

Creado en 2012 por la revista Carátula, este premio tiene como propósito promover los nuevos talentos y alentar el desarrollo del cuento en Centroamérica. La edición más reciente, en 2025, tuvo como ganador al hondureño Alejandro Rene Carrasco Cerrato, con el cuento «Felipito», publicado en el número 126 de la revista. Platiqué a través de videollamada con Alejandro, que vive en Santiago de Chile, para conocer un poco sobre su visión literaria y su acercamiento al ejercicio narrativo.

Me cuenta que llegó a Sudamérica en enero de 2024. No fue por estudios, como a menudo creen —dice— quienes lo conocen, sino por amor. Tras varios años sosteniendo una relación a distancia con alguien a quien conoció por redes sociales, y de ir y venir en ambas direcciones, decidieron que era mejor que él cambiara Honduras por Chile y se mudara de una vez a la ciudad de María.

—¡Qué loco! —le suelto al oír su historia.

—Sí, qué loco —replica él sonriendo, y añade algo que nos aclarará más adelante—: Y el cuento con el que gané Carátula, si no pasa eso, no se llega a escribir nunca.

*

Alejandro tiene 34 años y es risueño y muy honesto. Le pregunto si ha establecido relación con la escena literaria santiaguina, que tiene fama de ser muy activa. 

—No, hasta el momento, no. De hecho, en Guatemala conocí ya a autores chilenos. 

Se refiere al viaje que hizo en mayo de 2025, invitado por el festival Centroamérica Cuenta, en cuya inauguración fue anunciado como ganador del Carátula. La primera vez que se convocó este premio, en 2012, se hizo como parte de «la celebración de los 70 años de vida y 50 de creación literaria» de Sergio Ramírez, a como puede leerse en la convocatoria. El ganador ese año fue Maurice Echeverría, escritor guatemalteco nacido en 1976, con una carrera literaria relativamente sólida para la fecha. Pronto el Carátula se convirtió en una iniciativa dedicada a promover las nuevas voces de la narrativa breve centroamericana y se vinculó con el festival Centroamérica Cuenta, fundado en 2013 por Ramírez. Y a partir de la segunda edición del premio, obtenido por el también guatemalteco Rodrigo Fuentes en 2014, el acto de entrega se ha realizado en el marco de este festival.

Tras las revueltas de 2018 en Nicaragua y la persecución política a la que muchas personas —incluido el propio Ramírez— han sido sometidas por parte del Estado nicaragüense, el Centroamérica Cuenta se ha convertido en un festival itinerante. Ha tenido ediciones en Costa Rica (2019), Guatemala (2022 y 2025), República Dominicana (2023) y Panamá (2024), con apoyo oficial en cada país, además de presentar un programa completo en España cada año a partir de 2021, en alianza con instituciones de prestigio como Casa de América, y de participar en la Feria del Libro de Guadalajara (FIL), en México, uno de los eventos editoriales más importantes de la lengua en que este artículo está escrito. Quienes han ganado el premio Carátula han recibido invitación oficial al Centroamérica Cuenta, y en alguna ocasión también a los eventos de la FIL. Se trata, pues, de una plataforma de despegue para voces centroamericanas emergentes. Alejandro no me deja mentir:

—Mi primer contacto con autores chilenos cara a cara ha sido en Guatemala, no en Chile. En Guatemala estaba Nona Fernández, estaba Raúl Zurita, pude conocer a Raúl Zurita, fue una locura eso. Florencia Richards. Y algunos periodistas chilenos que estaban ahí. Entonces, fue curioso que los primeros contactos reales con autores chilenos los tuve en Guatemala. Carátula me dio esa oportunidad.

Berly Denisse Núñez, ganadora de la cuarta edición del premio, en 2016, y a quien envié un cuestionario hasta su natal Ciudad de Panamá, donde reside, dice que «es lo más bonito» que le ha pasado hasta hoy. Cuenta que cuando Sergio Ramírez, presidente permanente del jurado hasta hace un par de años, le comunicó que había ganado el premio, se puso a saltar «por toda la casa, fácilmente, por más de veinte minutos, antes de llamar a alguien y compartir la noticia». Y añade: «No solo es el hecho de ganar el premio, pero la exposición que te da, la experiencia de, en ese momento, viajar a Nicaragua y luego a México y compartir y conocer a tantos escritores y luego publicar ese y otros textos, es algo que me parece necesario para darse a conocer cuando estás empezando y por lo que estoy agradecidísima».

*

A diferencia de Berly, que había empezado a escribir ese mismo año luego de tomar un diplomado en creación literaria en Panamá, y que no se dedica a la literatura, Alejandro, como todas las demás personas que han recibido el Carátula hasta ahora, tenía ya un recorrido previo en las letras. Le pregunto si en Honduras se relacionaba con otras personas que escribieran:

—Sí. Sí, digamos, con otro ganador del Carátula, que pues vos también lo ganaste —me dice—: Luis Lezama, que lo ganó en el 2020. 

Alejandro se refiere a que yo obtuve el mismo premio, un año después de Luis. Pero dejemos que continúe:

—A Luis lo conozco desde el 2016. Porque yo pertenecía a un colectivo de poesía que se llama Letra Ele, todavía existe, todavía está fuerte, que lo dirige Valeria Cobos, poeta. Y ahí, pues… Luis ganó en aquel momento un premio de cuento, Ciudad de Pupiales. Y Valeria Cobos, a través de otro escritor que también me ha ayudado mucho, Manuel Ayes, pudimos hablar con Luis, nos vino a hacer como una especie de charla y después participamos en un cuentacuentos navideño con él. Y de ahí no solté el contacto con Luis. Luis hizo talleres, en los que participamos las personas que te acabo de mencionar. Y esa ha sido, digamos, mi comunidad de escritores, de cuentistas y de poetas en la que yo me he ido desarrollando.

Yo conocí a Luis Lezama en noviembre de 2024, seis meses antes de que Alejandro ganara el premio. Visité por primera vez la FIL de Guadalajara, a título personal, movido por la curiosidad y las ganas de entender un poco mejor las dinámicas del mundo editorial. Luis formaba parte de la programación oficial de la feria, invitado por el Centroamérica Cuenta. La noche que coincidimos, él era parte de una mesa en la que conversaba con la autora guatemalteca Denise Phé-Funchal y la costarricense Larissa Rú, con moderación de la española Berna González Harbour, narradora y periodista de El País. La sala estaba llena, con apenas algún asiento disponible, y entre el público, en primera fila, se encontraba Sergio Ramírez.  

*

Ningún texto de origen costarricense, beliceño o dominicano, hasta ahora, ha sido distinguido por el Carátula. Alejandro es el ganador de la decimotercera edición, luego de que se entregara a cuatro personas nacidas en Guatemala (los dos que ya mencioné, además de Andrea Morales, que lo ganó en 2017, y Carlos Roberto Calderón del Cid, en 2023); tres en El Salvador (Alejandro Córdova, 2018; Allan Barrera, 2019, y Michelle Recinos, 2022); dos en Nicaragua (José Adiak Montoya, 2015, y el que esto escribe, 2021); una en Panamá (que ya mencioné) y otra en Honduras (de quien hablamos recién). En 2024 el premio fue otorgado a una persona cuya identidad no fue dada a conocer: CharDee MacDennis, seudónimo de alguien «nacido a finales de 1988». En dos ocasiones (2020 y 2023) se han otorgado menciones honoríficas: la primera al costarricense Diego Meza Marrero, y la segunda a Fátima Villalta y Enrique Delgadillo Lacayo, nicaragüenses. 

Hasta el año 2023, el jurado del premio fue presidido en cada ocasión por Ramírez. En 2024, el insigne novelista y exvicepersidente de Nicaragua dejó de tener voz y voto en la deliberación. Esa vez el jurado fue presidido por el salvadoreño Horacio Castellanos Moya. Y en 2025 fue el turno de la nicaragüense Gioconda Belli, quien hizo entrega a Alejandro Carrasco del certificado que lo acreditaba como ganador del premio durante la inauguración en Ciudad de Guatemala del Festival Centroamérica Cuenta, en mayo de ese año.

Además de la publicación del cuento en la revista Carátula, el premio ha incluido una cantidad variable de dinero en efectivo para quien lo recibe, además de una residencia de escritura que, a partir de la cuarta edición, en 2016, se ha realizado en la Universidad de Nuevo León, en Monterrey (México). La primera residencia que se otorgó fue en la MEET (Maison des écrivains étrangers et des traducteurs), en Saint-Nazaire (Francia), y la recibió el nicaragüense José Adiak Montoya. Para él, según lo que me dijo en un audio como respuesta al cuestionario que le envié hasta la Ciudad de México, donde vive desde 2018, esta residencia le generó el compromiso de seguir escribiendo. Dijo que le dio la oportunidad de trabajar gran parte de su novela Aunque nada perdure, publicada en 2020 por Seix Barral. Eso fue lo más importante del premio para Montoya: «Representó la oportunidad de que a través de la creación se gestara mucha más creación, mucha más escritura».

*

«Felipito», el cuento con el que Alejandro mereció el Carátula, cuenta la historia de una mujer, doña Crisantema, que sufre la lejanía de su único hijo, que ha migrado. Para sobrellevar la soledad, la señora sintoniza cada mañana un programa de televisión animado por Felipe, «su Felipito». 

—Felipito es una persona que sí existió —revela Alejandro, y aquí hay que advertir que vienen lo que llaman spoilers. Si no has leído el cuento, tal vez prefirás dejar esto que sigue para otro momento y acceder primero al enlace que te llevará a su lectura. Alejandro continúa—: Fue un conductor de televisión de programas de la mañana, que aquí en Chile les llaman matinales, y que culturalmente son fuertes, se pelean rating y todo eso. Felipito era un conductor joven, bien parecido, con personalidad, con talento, actor, todo. Y en el 2011 él tiene un viaje en avión. El viaje tiene como objetivo la caridad, iba a ayudar a unas personas que habían sufrido con el terremoto del 2010, habían perdido casas y todo eso. Y el avión sufre un trágico accidente, no hay sobrevivientes. Entonces, este fue un golpe súper fuerte para Chile. Pero María me contó esto, mi novia, me contó esto hace mucho tiempo y me impactó la historia cuando un día vamos a la casa de una tía de María, entro a la sala y veo que al lado del televisor hay una foto, como que si fuera un familiar, yo creí que era un familiar de ella, y yo le pregunto a María: ¿Y él, quién es? ¿Quién es ese primo tuyo? Me dice: No, no es un primo, es Felipito. Y esa respuesta me dejó… ¿Felipe? Sí, es Felipe, Felipe el conductor. Y yo: Pero y su tía, ¿por qué tiene una foto de él? Casi todas las madres y abuelas de Chile tienen una foto de él en su casa. Y si uno va a calles donde venden cosas, hay estampas de él. O sea es un ícono que tiene como esta aura de santo. Y yo dije: Ahí hay una historia. 

El cuento pasó, como es natural, por varias fases de escritura. Alejandro lo compartió en algún momento con Luis Lezama, el otro hondureño que ganó antes que él el Premio Carátula, y Luis le sugirió hacer algunos ajustes. El autor de «Felipito» revela:

—En los primeros borradores eran dos hijos. Eran dos hijos y, en el taller, Luis me dijo: Creo que sería más fuerte si eliminás uno. Porque el otro hijo era mejor hijo. Entonces había como un equilibrio, pero si eliminaba al hijo que era mejor hijo, hacía más fuerte todavía lo que ocurría.

Alejandro me dice que su primer texto literario publicado fue un cuento que apareció en un «cuadernito» producto de un concurso convocado por el periódico hondureño El Heraldo en 2016. Ese cuento, reconoce, no fue resultado de la disciplina o el conocimiento literario, sino «pura inspiración». Al respecto, reflexiona:

—Después entendí que eso te puede dar para uno o dos cuentos, pero después hay que trabajar. Eso me lo enseñaron Luis y otros amigos escritores, de la disciplina, el escribir todos los días, de corregir, del editar, del cortar cosas que no funcionan, de eliminar personajes, todo eso.

Otro ganador del Carátula, Alejandro Córdova, me dijo muy a su manera algo similar acerca del oficio literario: «Aquí no es de suerte, es de horas-culo, hay que trabajar, hay que laburar, no hay que dormir, no hay que abandonar la página, hay que releer obsesivamente hasta que te sangren los ojos».

Hay que escribir todos los días, insiste Alejandro Carrasco antes de concluir nuestra plática:

—Creo que la disciplina es importante. Es complicado pedir esto porque la vida hoy, tanta cosa, hay gente que estudia, trabaja, tiene tres trabajos, tiene un montón de cosas, familias, esposas, hijos. Es complicado. Y en el mundo de hoy, con celular, con la batalla que la literatura va perdiendo en contra de las pantallas. Y con el poco tiempo que hay para todo, es complicado pedirles que se disciplinen. Pero si a uno realmente le gusta escribir, lo va a lograr. Sin importar qué, lo va a lograr.

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Nació en Managua, Nicaragua. Autor de Antropología del poema (2012, poesía), Cantar de inocencia (2022, ficción) y Aqueste mar turbado (2024, poesía). Obtuvo el Premio Centroamericano Carátula de Cuento (2021) y fue finalista del Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe, categoría Creación Joven (2020). Licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas (UNAN-Managua) y maestro en Enseñanza-Aprendizaje (Universidad ADA, Azerbaiyán), cursó la maestría en Estudios Hispánicos en la Universidad de la Columbia Británica (Vancouver, Canadá), cuya tesis explora los legados estéticos de la revolución sandinista en la producción cultural nicaragüense contemporánea. Edita libros para Quiebraplata ediciones y para Lector Disléxico.